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Los capítulos que relatan la muerte del rey Amadís y los funerales que se realizan posteriormente son los más propicios para que Díaz exponga su punto de vista ascético. En otros casos, las intromisiones del narrador no tienen una proyección únicamente religiosa, sino que, a partir de ellas, Díaz reflexiona sobre diversos asuntos que le permiten establecer comparaciones con la realidad de su época. La actitud moralista, de corrector de costumbres, que adopta el autor, no deriva, sin embargo, en la existencia de un edificio doctrinal uniforme. Es así que la condena a determinadas conductas de la época aparecen en los primeros capítulos y luego se desvanecen, dando paso a la vocación amplificatoria del narrador.

 

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Me ocupo de estos paralelismos en el artículo: «Feliciano de Silva y la tradición amadisiana en el Lisuarte de Grecia», Íncipit, XVII (1997), págs. 175-217.

 

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Si Montalvo recupera la figura de la amazona, posiblemente a partir de alguna versión de la leyenda troyana, Silva no sólo recurre a dicho personaje sino que también se sirve de la doncella guerrera (a este respecto sigue siendo de gran interés el trabajo de M.ª Carmen Marín Pina, «Aproximación al tema de la virgo bellatrix en los libros de caballerías españoles», Criticón, 45 (1989), págs. 81-94). Con ninguno de estos tipos el de Ciudad Rodrigo llega a plantearse si las mujeres deben asumir unos roles tradicionalmente considerados como masculinos. Mientras Ribera y Díaz renuncian a introducir en sus historias a las mujeres guerreras, Silva se aprovecha de ellas en aventuras bélicas y amorosas. Menos obsesionado por falsos moralismos, dichas figuras dotan a la ficción de una mayor variedad y cierto exotismo.

 

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Resulta curioso que en la edición de 1587 de Lisboa este episodio del Lisuarte está abreviado, suprimiéndose aquellas frases que hemos destacado en cursiva que confieren al texto un tono más subido. Lógicamente, este fenómeno cabría explicarlo como resultado de una censura o autocensura por parte de los propios editores.

 

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Quizás la diferencia más significativa entre las obras que integran lo que hemos llamado la línea heterodoxa y la tendencia ortodoxa, reside en el hecho de que, mientras autores como Páez de Ribera reaccionan frente al modelo que prolongan rechazando varios de sus elementos característicos, Silva acepta lo mejor de la tradición en que se integra y la enriquece con diversas aportaciones temáticas y narrativas. Es por eso que D. Eisenberg subraya el talante innovador de Feliciano de Silva como uno de sus mayores méritos («Amadís de Gaula and Amadís de Grecia. In Defense of Feliciano de Silva», Romances of Chivalry in the Spanish Golden Age, Newark, Delaware: Juan de la Cuesta, 1982, págs. 75-85 [pág. 82]).

 

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Sobre este particular, pueden consultarse los trabajos de J. B. Avalle-Arce, «Los precursores» (La novela pastoril española, Madrid: Revista de Occidente, 1959, págs. 23-54), F. López Estrada, «Los pastores en la obra caballeresca de Silva» (Homenaje al profesor Carriazo, Sevilla: Universidad, 1973, III, págs. 155-169), y, muy especialmente, S. P. Cravens, Feliciano de Silva y los antecedentes de la novela pastoril en sus libros de caballerías (Chapel Hill, N. C: Estudios de Hispanófila, 1976).

 

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«Feliciano de Silva: A Sixteenth-Century Reader-Writer of Romance», Creation and Recreation. Studies in Honor of Stephen Gilman, ed. R. E. Surtz and N. Weinerth, Newark, Delaware: Juan de la Cuesta, 1983, págs. 77-88 [pág. 83].

 

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En el Amadís de Grecia Feliciano no sólo se conforma con recoger ideas de otros, sino que además de utilizar los tópicos enamoramientos a primera vista y de oídas, experimenta con nuevas fórmulas para despertar la pasión entre los personajes. Aquí aludiré al enamoramiento a través de un retrato, pero recordemos que príncipes como Zaír son heridos por Cupido a partir de un sueño en el que rememora a una Onoloria totalmente desconocida para él.

 

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La existencia de diversos triángulos amorosos en la obra es un mecanismo argumental que contribuye a crear una tensión narrativa, a la vez que le brinda al autor la posibilidad de desarrollar otros motivos que si bien están conectados con la aventura caballeresca, permiten escapar al lector momentáneamente del elemento bélico. Por citar sólo unos ejemplos. Como ya se ha dicho Amadís de Grecia está enamorado a la vez de dos princesas y es correspondido por ambas. Sin embargo, también la reina Zahara se enamora de él. Del mismo modo, Niquea es pretendida por el héroe, por su hermano o por Montón de Liça. Lisuarte de Grecia quiere a Onoloria, pero Gradafilea o la princesa Abra también lo desean y esta última acabará convirtiéndose en su esposa después de que el príncipe enviude.

 

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Conforme evoluciona literariamente el escritor de Ciudad Rodrigo son más habituales en sus obras las referencias a personajes o motivos de la tradición clásica. En el noveno de la saga la figura más citada es la del mítico Alexandre (2ª, XII, CVv; 2ª, XXXIV, CXXVIr), aunque también se alude a otros personajes como aquel Torcuato que sacrificó a su hijo (2ª, LVIII, CXLIXv) o se recuerda el episodio de Paris y la manzana (2ª, VII, Cr). Como tantos otros aspectos de la narrativa de Silva, la impronta clásica en este autor es un campo todavía por analizar.