31
Nicolás López Martínez, Los judaizantes castellanos y la Inquisición en tiempo de Isabel la Católica, Burgos, 1954, p. 170.
32
F. Baer, Die Juden im christlichen Spanien, I, Berlín, 1929, pp. 608-609 y 705-711.
33
Op. cit., p. 170.
34
Nótese que el tema, sin embargo, ya ha sido tocado por Sempronio (p. 31) en su diatriba antifeminil donde una de las características de la mujer, según él, es su inclinación hacia las hechicerías y la llama «arma del diablo, cabeça de peccado, destruycion de parayso», etc.
35
Para este artículo uso el texto de M. Criado de Val y G. D. Trotter, Tragicomedia de Calixto y Melibea, Clásicos Hispánicos, CSIC, Madrid, 1958. María Rosa Lida de Malkiel, Juan de Mena, México, 1950, p. 481, sugiere que la tela de cavallo, la flor de yedra y la piedra del nido del águila derivan del Laberinto (110 cdef y 241 gh), así como el uso de corazones de cera llenos de agujas quebradas, que describe Pármeno un poco más adelante. Una comparación de los dos textos, sin embargo, me hace dudar mucho de este supuesto calco. No hacía falta que el autor del Acto I recurriera a Mena para enterarse de los poderes mágicos de estas cosas que -igualmente que los otros objetos descritos por Pármeno- se mencionan con frecuencia en los corrientes tratados de magia y de medicina, sean clásicos, posclásicos o medievales. En este terreno, la medicina y la magia se confundían inseparablemente. Así, los huesos de corazón de ciervo (p. 44, l. 14) aparecen en los escritos médicos de Petrus Hispanus como un específico contra las enfermedades del corazón, y el pie de tejón (p. 44, ll. 17-18) se conocía como objeto que curaba enfermedades de los ojos. La haba morisca es tal vez la haba cuyo uso como maleficio y anti-afrodisíaco refiere Arnaldo de Vilanova (Heterodoxos, III, 376-377). De los corazones de cera, excusado es decir que aún hoy se usan como maleficio. Larguísima historia como maleficios tienen también la soga de ahorcado (p. 44, l. 17) y la flor de yedra. Recuérdese, también, la lista de objetos que guardaba «para hacer hechizos y cosas para bien querer» la vieja Mari García en las Coplas de las comadres de Rodrigo de Reinosa (ed. María Ivés Chamorro Fernanda, Madrid, 1970, pp. 51-53). Semejantes objetos se hallaban rutinariamente en las casas de las hechiceras procesadas por la Inquisición aun en el siglo XVII (véase Sebastián Cirac Estopañán, Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva [tribunales de Toledo y Cuenca], Madrid, 1942, pp. 40-41, 46, 48-52, etc.
36
Como señaló con razón Juan Gerson (1363-1429), el uso por los médicos de objetos tales los mencionados por Pármeno como remedios mágicos hacía difícil desacreditar su uso de parte de brujas y magos. Cuán íntimamente relacionadas estaban, aún a fines del siglo XV, la medicina y la magia, lo indica la oferta de Pleberio a Melibea en el Acto XX: «si tu me cuentas tu mal, luego sera remediado. Que ni faltaran medicinas, ni médicos, ni sirvientes para buscar tu salud, agora consista en yeruas, o en piedras, en palabras, o este secreta en cuerpos de animales» (p. 287).
37
P. Martín de Castañega, Tratado de las supersticiones y hechicerías, ed. Agustín G. de Amezúa, Madrid, 1946, p. 4.
38
Op. cit., p. 272, n. 10.
39
Castañega, op. cit., p. 141 y otra vez Ciruelo, op. cit., p. 137: «no es verdad que él [diablo] se dexe mandar por el nigromántico, aunque finge que se mande por él en hacer lo que el nigromántico le dice; antes es al revés, que el demonio trae engañado al nigromántico y se sirve dél en todo lo que quiere como de una acémila o bestia suya».
40
A Menéndez y Pelayo le parecía posible que toda esta historia, contada a Pármeno, de las unidas actividades de Celestina con la madre del muchacho, fuera una burlesca invención dedicada -presumiblemente- a socavar la resistencia moral del joven (Orígenes, III, p. XCIV). Claro es que las noticias que da Celestina a Pármeno sobre la madre de éste, ayudan poderosamente a destruir los escrúpulos morales del criado. Pero nada dice Rojas para indicar que fuesen inventadas las noticias de la vieja (véase también lo que dice Celestina a Sempronio sobre el asunto de Doña Claudina, Acto III, pp. 73-74 y otra vez a Pármeno, Acto XII, p. 224).