11
«Notes on Witchcraft and "Alcahuetería"», RR, XIX (1928), pp. 141-150.
12
«Rojas, mensajero del infierno», Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias, Montevideo, n.º 9 (1952), pp. 61-74.
13
«Das Dämonische in der Celestina», Festgabe zum 60 Geburtstag Karl Vosslers, Munich, 1932, pp. 117-148.
14
El tema se trata, a mi juicio de modo no totalmente convincente, en Michael J. Ruggerio, The Evolution of the Go-Between in Spanish Literature through the Sixteenth Century, Berkeley y Los Angeles, 1966, sobre todo, pp. 45 y ss. Creo que no tiene razón Ruggerio al decir (p. 53) que se llama a Celestina no sólo «hechicera» sino también «bruja». La única bruja mencionada en el texto es Doña Claudina y la distinción puede ser importante.
15
Historia de los heterodoxos españoles, III, Buenos Aires, 1945, cap. VII. Véase también Julio Caro Baroja, Las brujas y su mundo, Madrid, 1966, publicado después de redactarse la primera versión del presente artículo. Los caps. 6-8 interesan como síntesis de los conocidos datos históricos que tienen que ver con nuestro tema.
16
A History of Magic and Experimental Science. Utilizo en este artículo las siguientes ediciones: I y II, Londres, 1923; III, Columbia University Press, Nueva York, 1933; IV, Columbia University Press, Nueva York, 1934. Aunque basado sobre todo en documentos inéditos ingleses, muy importante para la historia de las artes negras en Europa es el reciente estudio de Keith Thomas, Religion and the Decline of Magic: Studies in Popular Beliefs in Sixteenth and Seventeenth-Century England, Londres, 1971.
17
Citado en Luis S. Granjel, «Aspectos de la literatura antisupersticiosa española de los siglos XVI y XVII», Medicina, II (1953), p. 15; artículo libre de la tendencia muy visible en los trabajos sobre el tema publicados en España hasta mediados del siglo XX de querer hacer creer a los lectores que la creencia en las artes negras en esta época estaba menos divulgada en España que en otros países. Ciruelo, como él mismo declara en el prólogo a su Reprobación, había ya tratado brevemente el tema de la magia en su Tratado de la confesión, 1525 (véase Gallardo, Ensayo, II, n.º 1828).
18
Thorndike, op. cit., III, cap. XXVI, especialmente pp. 428, 429 y 432, y cap. XXVIII, pp. 490, 494.
19
Ibid., pp. 602-610. Floreció Antonio de Montulmo en la Universidad boloñesa, entre 1384 y 1390. Para el desarrollo de los estudios mágicos en la Universidad de París, y sobre las supuestas escuelas dedicadas a dichos estudios en Toledo y en Salamanca, véase más abajo.
20
Col. Joyas Bibliográficas, VII, Madrid, 1952, pp. 86-87.