1
Aviso del editor José Benito Gaitán en La Prensa, trimestre IV, n.º 67, 2 de abril de 1867. Al ponerse en venta esta primera edición se cobró a «dos pesos sencillos»
. Se hicieron 800 ejemplares, que rápidamente se agotaron.
2
Cito por Jorge Isaacs, María, Caracas, Biblioteca Ayacucho, Hyspamérica, 1986.
3
Carlos es el encargado de informar al lector de que Efraín es poeta y de que la lectura había guiado su descubrimiento de la intensidad y de la significación del amor: «... recordarás que siempre me reí de la fe con que creías en las grandes pasiones de aquellos dramas franceses que me hacían dormir cundo tú me los leías en las noches de invierno»
, p. 76.
4
Véase Warshaw, J., «Jorge Isaacs Library: Light on Two María Problems»; en: The Romanic Review, vol. XXXII, n.º 4, dic. 1941, pp. 389-398. A principios de este siglo los libros pertenecientes a Isaacs citados y otros no mencionados en María fueron ingresados a la Biblioteca Nacional de Bogotá.
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En 1870 Colombia tenía 2.891.000 habitantes. La población era predominantemente rural; sólo algunas ciudades -Bogotá, 40.883, Medellín, 29.765- presentaban una concentración urbana relevante. El panorama general era el aislamiento de los centros poblados en medio de extensas zonas semidesiertas, aislamiento acentuado por los escollos provenientes de la geografía, acentuados por transportes deficientes. Todo ello incidió en el atraso de la integración de un mercado nacional, tanto como en el desarrollo de las comunicaciones y, por ende, también en la circulación del libro y del material impreso en general. El analfabetismo era alto. En 1844 la población escolar era de 26.924 alumnos, de ellos 19.161 varones y 7.763 niñas. La tasa general de analfabetismo continuó alta: hacia 1912, entre los mayores de 7 años, era superior al 70%; en 1938 desciende a 46,9; en 1951 a 43,9 y en 1961 a 39,3. Los datos provienen de VV. AA., Manual de historia de Colombia, Bogotá, 4.ª ed., Procultura-TM editores, 1992, vol. 2 y 3.
6
«La modernidad bífida o los avatares del capitalismo: Martín y Efraín»; en: Inke Gunia, Katharina Niemeyer, Sabine Schlikers, Hans Paschin, eds., La modernidad revisitada. Literatura y cultura latinoamericanas de los siglos XIX y XX, Berlín, Transvía, 2000, p. 94.
7
El libro mencionado ha dado pie a interpretaciones de la crítica respecto del judaísmo de María y su significación en la novela, dado que no se ha hallado una obra con tal nombre -se supone un error, o un error aparente; se trataría de La imitación de Cristo, muy leído y citado en muchas novelas hispanoamericanas hasta entrado el siglo XX. La «confusión» permitiría leer una flexión mariana, también en cuanto la virgen María era judía.
8
París, Garnier, s. f., pp. VII-VIII.
9
«El folletinista y sus públicos. Notas acerca de la reedición de El fistol del diablo»; en: Olea Franco, Rafael, ed., Literatura mexicana del otro fin de siglo, México, El Colegio de México, 2001, pp. 319, 325-326, respectivamente.
10
Arcadio Díaz Quiñones, «Recordando el futuro imaginario» en San Juan, CEREP, 1983, mimeo, p. 3.