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11

Antoine Métel d'Ouville, Floresta, L'élite des contes (1669). Colección de 402 cuentos muy en la línea de la Floresta española de Santa Cruz, de la que toma y reelabora 47 textos (cf. María Pilar Cuartero y Máxime Chevalier, Prólogo a su ed. de la Floresta española de Melchor de Santa Cruz, Barcelona, Crítica, 1997, p. LVI).

 

12

Así citado, sin mencionar el título de su conocido Liber facetiarum (1470).

 

13

John Barclay, Euphormionis Lusinini (J. Barclari) satyricon (París, 1605). Novela satírico-política.

 

14

La primera edición (Corte na aldea) salió en 1619, y su traducción al español en 1622.

 

15

Menagiana ou les bons mots et remarques critiques, historiques, morales, et d'érudition de Monsieur Menage, recueillies par ses amis, París, 1693. Reeditado varias veces, Feijoo posee la edición de París, 1729.

 

16

Gracias de la gracia, saladas agudezas de los santos. Insinuación de algunas virtudes. Exemplos de la virtud de la eutropelia. Dedicadas a quien está en gracia de Dios. Su autor el Doctor Joseph Boneta, racionero de la santa iglesia del Salvador de la ciudad de Zaragoza. Impreso por primera vez en 1706, se reimprimió repetidamente a lo largo del siglo XVIII en diversas imprentas. Muy en la línea del pensamiento de Feijoo, el autor recoge un gran número de dichos y anécdotas que manifiestan la gracia y el sentido del humor de muchos santos.

 

17

Dominique Bouhours, Pensées ingenieuses des anciens et des modernes (1691).

 

18

La carta séptima la titula Dichos y hechos graciosos de la Menagiana, y la octava, sencillamente, Menagiana. Sobre el libro original y la adaptación feijoniana, véase: Jean Luis Flecniakoska, «Feijoo y El Menagiana de Gil Menage», en El P. Feijoo y su siglo. Cuadernos de la Cátedra Feijoo, 18, I (1966), p. 3-19.

 

19

Diccionario de la Lengua Española, s. v. humorismo. Como es sabido, esta palabra, como la de humorista, son tardías y no existían en el siglo XVIII. Su significación se ha ido perfilando -nunca del todo- al compás de la dilatada reflexión que se ha venido haciendo desde el pasado siglo. Aunque le definición de la Academia sea demasiado simple para algo que ha generado una bibliografía oceánica, resulta útil para evidenciar su rasgo más insistentemente señalado: la actitud de interpretar las personas o la realidad con un distanciamiento burlón e ingenioso. Sobra decir, como precisó Julio Casares, que el humorismo existió mucho antes de que se abriera camino la palabra que lo designa (El humorismo y otros ensayos, Madrid, Espasa-Calpe, 1961, p. 23). Feijoo, como Cervantes o Quevedo, es elocuente prueba.

 

20

«Feijoo y su papel de desengañador de las Españas», en Teoría e historia del ensayismo hispánico, Madrid, Alianza Universidad, 1984, p. 90-101. [1ª ed. con el título La voluntad de estilo, Barcelona, Seix Barral, 1957].