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El centro de la iglesia, aún más, toda la iglesia debía ser principalmente para que los fíeles y los laicos ocuparan a toda hora, la llenaran durante los oficios divinos, celebraran allí sus procesiones y, sobre todo, oyeran la predicación. Afuera, pues, órganos, coros y rejas, y venga en su lugar el púlpito. Bien se podía relegar el órgano al pie de la iglesia, y para el clero construir unas tribunas a lo largo de las naves. Y así nació el «Gesú»: iglesia de cruz latina, de una sola nave con capillas laterales, púlpito y tribunas corridas a lo largo de las capillas, cuya altura es inferior a la de las iglesias catalanas: tribunas que en España llegan a ser corredores espaciosos que ocupan extensiones varias de la nave central. Organizada de este modo, la iglesia jesuítica llegó a ser la iglesia típica de Corte, cuya traza impone la división entre el pueblo y las dignidades, así eclesiásticas como civiles. Ejemplos de este tipo son en España la iglesia del Seminario Conciliar en Salamanca, la de San Isidro el Real en Madrid, la de San Juan Bautista en Toledo: todas de jesuitas, y la Basílica   —38→   del Real Monasterio de El Escorial, la más grande y más grandiosa iglesia de Corte en todo el mundo, en la cual su amplia tribuna corre por todo el perímetro del templo y por encima de las capillas laterales, lo que impide a los religiosos y cortesanos asistir a las ceremonias y practicar sus devociones con comodidad en esas capillas. Este defecto se halla corregido en las iglesias jesuíticas de Barcelona.

Pero los jesuitas crearon también en España otros tipos de iglesias procesionales y de predicación. La de Murcia ha realizado, como ninguna, la idea de una iglesia procesional católica con las ventajas de las de predicación, gracias a su planta en escuadra; y la de Nuestra Señora de Belén, en Barcelona, que reúne en sí la iglesia de Corte, la de predicación y la procesional, merced al curioso deambulatorio para las procesiones, construido entre la nave central y las capillas laterales, y sobre el cual y el primer tramo de la nave mayor corre por todo el perímetro de la iglesia una tribuna apoyada sobre sus pilares12.

Figura 15.- Detalle del cuerpo central de la fachada

Figura 15.- Detalle del cuerpo central de la fachada

(Foto Noroña)

Como puede verse, esta digresión era necesaria para comprender mejor la organización arquitectónica de la iglesia de Quito, y lo será más aún para explicarnos muchas cosas de capital interés que iremos exponiendo.

La iglesia de la Compañía de Jesús de Quito, según esto, sí en su planta se deriva del modelo del «Gesú», en su alzado no se le parece; pues si ésta tiene una nave y tribunas a lo largo de las capillas, aquélla tiene tres naves y carece de tribunas. En lo único que se asemejan es en la cúpula sobre el crucero de las bóvedas que cubren las naves de la cruz latina. En cambio es el trasunto de la iglesia de San Ignacio, el más   —39→   perfecto ejemplar de iglesia jesuítica, al decir de los críticos, que rivaliza con el «Gesú» por la grandiosidad arquitectónica y, en parte, aun por el lujo de su decoración. Como aquélla, la de Quito, es también dedicada a San Ignacio («Divo Parenti Ignatío Sacrum» dice la cartela de dedicación del templo quiteño) y ambas, en su interior de cruz latina, se hallan divididas en tres naves, decoradas con gran riqueza, lujo de formas y colorido, y carece de tribunas sobre las capillas laterales. En resumen: la iglesia de San Ignacio de Quito es, en su organización, la iglesia de San Ignacio de Roma. Son idénticas en este punto, sólo que los arcos formeros de la iglesia quiteña descansan sobre pilastras y no sobre columnas acantonadas, como la romana.

Figura 16.- La elegante finura del detalle decorativo

Figura 16.- La elegante finura del detalle decorativo

(Foto Laso)

La planta de la iglesia pertenece al tipo italiano de cruz latina, admitida, sin excepción alguna, en la segunda época del Renacimiento. Tiene, pues, un solo ábside y semicircular por añadidura. No nos referiremos a la horrible capilla absidial que hace poco se ha añadido junto al crucero izquierdo, pues nuestro estudio se relaciona con la iglesia tal como fue creada por su autor. Sobre esa planta se levanta el edificio compuesto de muros exteriores construidos de mampostería, para la que se ha utilizado toda clase de piedras, sin consideración a su altura y longitud, lo que hace al despiezo desigual en la altura de las hiladas. No faltan, además, algunas hiladas de ladrillo. Sin duda, no se puso cuidado en la mampostería porque las partes visibles de los muros debían forrarse con sillares de piedra formando almohadillado, como lo hicieron los mismos jesuitas en su antiguo convento de la ciudad de Ibarra. Desgraciadamente, el decreto de expulsión dictado por Carlos III contra aquella Comunidad, impidió la ejecución de ese detalle, por lo cual el muro sudoeste de la iglesia aparece horriblemente descarnado.

Las tres naves se separan con dos filas de pilastras, en las que descansan arcadas y sobre éstas, los muros de la nave central con las ventanas necesarias para la iluminación. Los techos de la nave central y de los del crucero son de bóveda de cañón, reforzada con arcos fajones. Son todas de ladrillo, como son también la cúpula central y las que cubren el ábside y las capillas de las naves laterales.

La cubierta de la bóveda central y de la del crucero es a dos vertientes, de ladrillo   —40→   vidriado, y asentada directamente sobre las bóvedas. Como con esta clase de construcción de la cubierta aumentaba el empuje de la bóveda central, grandes contrafuertes, aparentes como en la arquitectura románica, lo descargan hacia los muros exteriores del edificio. La bóveda de crucero está suficientemente sostenida en los sólidos muros sobre los cuales se apoya.

Las cúpulas, por el exterior, aparecen aplastadas, porque no se las peralta doblando el casquete, como fue costumbre muy usada por los arquitectos de la segunda época del Renacimiento. Sin embargo, la del crucero se muestra airosa sobre un tambor calado con ventanas de arco zigzagueado, separadas por pilastras gemelas jónicas, coronada de su elegante linterna de doce luces y destacándose sobre una azotea adornada de barbacanas, curiosa reminiscencia medieval muy usada en la arquitectura quiteña en los siglos XVII y XVIII, cuando en España no se la recordaba.

Figura 17.- Una cartela decorativa del estilobato de la fachada

Figura 17.- Una cartela decorativa del estilobato de la fachada

(Foto Noroña)

La capilla mayor está organizada según el tipo español. Un gran retablo de elegante barroquismo llena completamente el fondo del presbiterio, cuyos muros laterales visten también riquísima ornamentación de madera tallada. El retablo tiene tres cuerpos superpuestos, que se corresponden perfectamente en su construcción arquitectónica; y cada cuerpo, tres secciones: la del eje y las de los flancos. El cuerpo inferior tiene en su eje un gran sagrario, convexo de traza, flanqueado de dos nichos aconchados: uno frontal y otro lateral. Ocho columnas salomónicas, distribuidas convenientemente, separan los nichos: los dos laterales, ocupados por las estatuas de Santo Domingo y San Francisco, y los centrales, cegados ahora sin razón.

Encima de cada uno de estos nichos hay otros circulares trazados sobre una repisa y que llevan una venera en su parte superior, y dentro de ellos curiosos relicarios   —41→   a manera de bustos. Flanquean a los nichos inferiores, encima de su arco semicircular, dos cabecitas de ángeles, y al sagrario, dos embutidos en ademán de sostener abierta una cortina simulada. Todo este cuerpo del retablo descansa sobre precioso estilobato decorado con riquísimas cartelas y remata en magnífico entablamento apoyado sobre las columnas y coronado por un cornisón de ricas molduras. La decoración fina del friso está acentuada con cabecitas de querubines, y la de la cornisa con piñas pendientes de cada uno de los ángulos formados por las diversas salientes de la quebrada línea arquitectónica que caracteriza el exagerado barroquismo del altar. Encima de esta cornisa se levanta el   —42→   segundo cuerpo, muy semejante al descrito anteriormente; sus columnas salomónicas no son estriadas en su tercio inferior como las anteriores, y se han eliminado los nichos circulares sobre las grandes hornacinas, que se reproducen en ese cuerpo exactamente como los encontramos en el cuerpo inferior del retablo. En lugar de aquellos nichos se han colocado repisas, a la manera de los derrames de un frontón, sobre las cuales se extienden dos figurillas rampantes, destacándose sobre el fondo de una ventana.

Figura 18.- La hermosa arquitectura de la Cruz del atrio, destacándose sobre la fachada

Figura 18.- La hermosa arquitectura de la Cruz del atrio, destacándose sobre la fachada

(Foto Noroña)

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Figura 19.- La mampara de la iglesia

Figura 19.- La mampara de la iglesia

(Foto Laso)

El sagrario del primer cuerpo se halla reemplazado en éste con un gran nicho cuya bóveda pasa hasta el tercero, en donde es flanqueada por cuatro pequeños nichos ovalados, ocupados los dos con los bustos de Jesús y María, representación curiosa e inédita en la iconografía cristiana. Sobre este último cuerpo, que es como   —43→   una preparación, de veras magnífica, para el gran coronamiento, viene éste sobre la cornisa final que sirve de imposta para el doble frontón interrumpido, dentro del cual un grupo de ángeles sostiene entre sus manos una enorme corona. El gran nicho central del retablo lo ocupaba antes una imagen de la Virgen del Pilar, y hoy, un moderno grupo de la Sagrada Familia, obra del escultor quiteño Severo Carrión. Es lástima que se hubiere mutilado la mesa del altar, cortando buenos trozos de la antigua para poner esa horrible escalinata, sin más objeto que colocar sobre ella adornos que no hacen falta y más bien opacan la magnificencia del retablo.

Figura 20.- El interior de la iglesia, visto desde el coro

Figura 20.- El interior de la iglesia, visto desde el coro

(Foto Laso)

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Los muros laterales del presbiterio se hallan, como ya lo dijimos, forrados de preciosos revestimientos de madera, y tienen dos tribunas caladas sobre medias pilastras que flanquean las puertas de salida; todo ello lleno de profusa decoración floral estilizada: Encima de las tribunas se ha figurado una abertura de arco semicircular, dentro de la cual se dejan ver varios elementos arquitectónicos formando un pórtico de frontón interrumpido, sobre el cual se halla un ojo de buey que ilumina el presbiterio. Entre este conjunto y el retablo se hallan, a lo largo del muro, catorce cuadros al óleo con los bustos de Jesús, María y los doce apóstoles, formando parte integrante de la decoración del revestimiento. La cúpula que cubre el presbiterio está decorada a estuco. Advirtamos, para sacar las debidas consecuencias, que toda la decoración del presbiterio tiene unidad completa en su variedad de formas, habiéndose usado, como principal motivo, los follajes serpeantes y de acanto que con tanta preferencia y extremada delicadeza se trataron en la época del Renacimiento. Igualmente consignemos cómo el fuste de las columnas salomónicas del segundo cuerpo del retablo tiene seis espirales, lo que indica una observancia estricta de los preceptos, entonces flamantes, de Viñola; en cambio, el de las del primer cuerpo tiene siete, si se han de contar las estriadas.

Figura 21.- La perspectiva del interior de la iglesia, desde el presbiterio

Figura 21.- La perspectiva del interior de la iglesia, desde el presbiterio

(Foto Laso)