Figura 46.- Una pechina de la cúpula central
(Foto Moscoso)
Los altares y Capilla de San Ignacio y San Francisco Javier, que son los colaterales de la capilla mayor, están con retablos y grandes dorados e imaginería curiosa y otras capillas de diferentes Cofradías de indios, con que han sido atraidos a devoción y al mayor conocimiento de Dios Nuestro Señor. La capilla del Santo Cristo, hechura de Ecce homo, muy devoto, en su retablo dorado, ha sido y es milagrosa imagen para el socorro y amparo de enfermedades, conversiones, partos de mujeres, y esto se ha experimentado diversas veces de este Santo retrato, tan venerado como frecuentado de todos, reconociendo el favor y consuelo que han recibido de la piedad de tan gran señor. Tienen coro alto con órgano para las fiestas célebres de sus santos y las demás votivas anejas a esta religión, la cual ha acudido con toda veneración a su obligación con ejemplares acciones de sus vidas, predicación y buen ejemplo14. |
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Deduzcamos todas las consecuencias que se pueden sacar de este importantísimo documento.
Ante todo, ya podemos afirmar que si en 1650 se hallaba la iglesia completamente concluida, con sus retablos y capillas, y cubiertas sus naves con artesonado de madera, debió comenzarse la edificación casi al mismo tiempo que en Roma se levantaba su modelo, lo que corrobora también nuestra opinión de que tal vez fuera el mismo padre Grassi el autor de los planos. Y si bien es imposible precisar una fecha, bien podíamos decir que ella debe estar más próxima al año de 1626 que al de 1650, si se tiene en cuenta el tiempo que requería cualquier obra arquitectónica en aquella época en las entonces pequeñas y recién formadas colonias americanas. No podrían bastar diez años para ejecutarse los primores que Docampo vio en la iglesia de la Compañía de Quito y consignó en su Relación de 1650. Así, pues, si pusiéramos tal vez la fecha de 1635 con un signo de interrogación, creemos que cualquier documento que más tarde se encontrara al respecto, no movería mucho esa fecha como la inicial de los primeros trabajos de aquella admirable fábrica.
Figura 47.- La decoración de la cúpula del crucero
(Foto Noroña)
Quien leyere la Relación de Docampo después de conocer el convento y la iglesia descritos por él, o aún sin conocerlos de visu, la comparare con las ilustraciones gráficas que acompañamos a esta exposición, se dará perfecta cuenta de que si en buena parte corresponde exactamente al estado actual del edificio, en otra no despreciable difiere notablemente. Circunscribiéndonos a la iglesia, de la cual únicamente nos ocupamos en este libro, veremos que el deán Rodríguez Docampo
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la vio concluida con altar y retablos dorados, pero techada con artesonado de madera, en 1650. La descripción que nos hace de los retablos de la capilla mayor y de las laterales, consagradas a San Ignacio y a San Francisco Javier, y sobre todo el dato de las «cuatro tribunas doradas para los músicos y oración de los días festivos»
corresponde en parte, a pesar de su laconismo, a lo que actualmente existe.
Figura 48.- Detalles de una de las pechinas de la cúpula central. San Lucas
(Foto Laso)


