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11

La Vía Láctea. (N. del A.)

 

12

Véase otra y otra vez lo más sublime de la ley de Jesucristo demostrado prácticamente por el pueblo católico español, pues de las ocho Bienaventuranzas, la que según todos los Santos Padres debe conceptuarse más excelente, y de todas ellas la primera, es la de los pobres de espíritu.

La más alta cultura dice hoy por boca del liberal Carlos Nodier: «La culpa del Paraíso es la ciencia malhadada, hija de la curiosidad.» (N. del A.)

 

13

¡Qué ignorancia tan crasa, qué evidente prueba de superstición! Creer que Dios puede oír nuestros ruegos, creer que pueda conceder nuestras peticiones, y llamar a esta concesión -sobre todo si es pronta y extraordinaria- milagro, es el colmo del fanatismo. Si no nos desfanatizan y desuperstician los misioneros protestantes y sus secuaces, ¡qué será de nosotros! (N. del A.)

 

14

Textual del relato popular. (N. del A.)

 

15

¡Qué versión popular católica, del Judío errante, esa tradición universal que es en verdad apócrifa, porque puede que sea esto parte del destino de aquel ser excepcional! ¡Sufre su expiación certera en este mundo, en que pasa desconocido! Tradición que nada obliga a creer, pero que nada impide que sea creída; tradición que se desea cierta, porque nos pone casi en contacto directo con la gloriosa época de nuestra redención; tradición profundamente melancólica y altamente consoladora, que corona la expiación con el premio; tradición que guarda el pueblo en el archivo de su Fe ciega, como debe ser, pues así se simboliza la Fe. Lo cual no prueba ignorancia ni falta de alcances, como lo suponen las medianías pedantescas, sino sumisión, obediencia, buena fe y espiritualismo; cualidades de corazones sanos. (N. del A.)

 

16

La preciosa leyenda del Cristo de la Vera-Cruz que acabamos de referir, no es de Carmona. Está en otro pueblo esta efigie del Señor de la Vera-cruz, de la que era muy devoto el afamado torero Paco Montes. Según decía, por su poder había sido libertado en grandes peligros. Aseguraba que en los momentos supremos se encomendó e imploró a este Cristo con tanto fervor y fe, que le vio con sus ojos acudir y presentarse a sus ruegos. «Tocos, -añadía- vieron desvanecerse como por ensalmo la certera catástrofe, y todos decían que me había salvado mi suerte: yo solo sabía que me había salvado mi fe.»

Los extranjeros llaman a Juan Espera-en-Dios, Ashavarius. (N. del A.)

 

17

¿Puede darse un sentimiento más tierno y más poéticamente expresado? (N. del A.)

 

18

Ramillete de divinas flores de Bernardo de Sierra. No es la primera vez que hacemos notar que en el espíritu religioso y en los preceptos cristianos se hallan aún las más cultas reglas de delicadeza y finura social. (N. del A.)

 

19

Don Ramón Navarrete. -Tipos españoles. (N. del A.)

 

20

Del pueblo sencillo de campo, católico. (N. del A.)