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231

M.: «passo». (N. del E.)

 

232

M. añade «toda». (N. del E.)

 

233

229-17. «Conde de gitanos -dice Covarrubias en su Tesoro-, el capitan y caudillo desta mala canalla, que tienen por oficio hurtar en poblado y robar en el campo; parecieron en estas partes de Europa cerca del año de mil y quatrocientos y dezisiete.» La más antigua referencia que conocemos en España a los gitanos (a quienes llama bohemianos) consta en la traducción del Viage de la Tierra Santa, de Breidembach, por Martín Martínez Dampiés (Zaragoza, Paulo Hurus, 1498).

Sobre los gitanos, véase especialmente la segunda parte del discurso VII de la Restauración política de España y deseos públicos, del Dr. Sancho de Moncada (tenemos a la vista la edición de Madrid, 1746; pero la primera es de 1619). Opina que «los gitanos se debían condenar a muerte», porque son traidores a la Corona, espías, vagabundos, cuatreros, encantadores, adivinos y herejes.

En La Sabia Flora malsabidilla (Madrid, 1621; acto I) dice Salas Barbadillo: «¡Qué bien le ha dicho que, si viviera su padre un año más, llegara a ser conde de gitanos!» Acerca de los gitanos, véanse dos notas extensas de Clemencín, D. Q., I, 30; y El Donado hablador, II, 3. (N. del E.)

 

234

229-19. Véase la nota 137-9 del tomo III de las Comedias y Entremeses. (N. del E.)

 

235

M.: «y martillos». (N. del E.)

 

236

M.: «de que». (N. del E.)

 

237

M.: «anguazil». (N. del E.)

 

238

M.: «cristiana». (N. del E.)

 

239

M.: «augmenta». (N. del E.)

 

240

M.: «nuestras propias». (N. del E.)