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Cf. la Galería de argumentos con más de 150 títulos propuestos por C. González en su Centro de periódicos de la Plaza Mayor de Valladolid a principios del siglo XX. Con esta indicación: «se hacen todos los nuevos cuyas obras se estrenen en Madrid y sean aplaudidas por el público».

 

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El editor Maucci propone a finales del XIX 57 obras a 50 céntimos cada tomo, con una mezcla de narraciones sacadas del teatro (romántico), de algunas óperas o zarzuelas como Don Juan Tenorio, Carmen, Julieta y Romeo, Juan José, peor también Manon Lescaut por el abate Prébots (sic), historias de bandidos, obras de Paul de Kock, el Libro de los enamorados, unos juegos de escamoteo, Bocaccio, «el» Bertoldo, etc. (cf. Botrel, «Lectura y modernidad...»).

 

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En Candelario, en el inventario post mortem de Ángel Hoyos en 1862 se encuentran tres cuadros de Pablo y Virginia (12 rs) y cuatro de otras historias (Cea Gutiérrez, 1993).

 

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Hasta en los libritos de papel de fumar aparecen poesías (décimas) con secuencias a construir por colección como las diez imágenes de la Vida del jugador que empieza: «De la noche de San Juan/los lances aquí presento,/Que los lectores vrán (sic y termina: «Por fin cúmplese el destino/Del jugador y su amigo/En vano buscan abrigo/Pues la tropa que allí vino/los coge fuera de tino» (Colección personal).

 

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En 1902, el fotógrafo Kaulak (Antonio Cánovas) afirma haber vendido 180.000 colecciones de su serie Las Doloras, «basada en el conocido poema de Campoamor».

 

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Sería necesario analizar y comparar las categorías introducidas por los editores o difusores donde se nota a menudo una confusión entre el continente y el contenido; la forma editorial y la forma literaria, para llegar a un género editorial. También convendría interpretar los indicios presentes en el paratexto como «para recitar» o deducibles de la puesta en libro (cf. los resúmenes de capítulos en las historias de cordel o las llamadas con cifras en las estampas, etc.).

 

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El cine se exhibe en barracas ambulantes desde 1896 en Asturias donde se puede ver «Vida y muerte de N. S. Jesucristo»; en 1901, Juana de Arco y adaptaciones de obras o temas literarios (Don Quijote de la Mancha (1903), Don Juan Tenorio (1904), Genoveva de Brabante, La torre de Nesle, Los Misterios de París (Uría, 1996, 121, 127).

 

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En los primeros años del siglo XX, cuando María Goyri, con R. Menéndez Pidal, estaba buscando romances en la tradición oral, las personas ilustradas de Riaza afirman que «ya no se cantaban tales antiguallas porque también a aquel pueblo llegaban las canciones del llamado en el teatro género chico, que eran las únicas que sabían cantar las jóvenes» (apud Calvo, 1993, XXI).

 

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Desde los arrieros con su «siembra de cuentos», pero también los segadores ambulantes, los quintos, los estudiantes, las chicas de servicio (Pedrosa, 1995) hasta las compañías «artísticas», en un circuito en el cual entran poco los libreros o los bibliotecarios, aunque se observa su incipiente protagonismo a finales de siglo.

 

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Cf., por ejemplo, el éxito de R. de Campoamor como gran «Poeta Amatorio» (El tren expreso, Doloras y humoradas, ¿Me caso o no me caso?, Dulces cadenas con dedicatoria a R. Campos y Doménech se pueden adquirir por 20 céntimos cada una hacia 1900) pero también el de Espronceda (del que se publican Poesías Amorosas Escogidas) o la «Canción del pirata» añadida a la segunda parte de «Los bandidos de Toledo» (Madrid, Marés, 1848) (apud Estepa, 1998, 276).

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