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Escena VIII

 

DOÑA ÁNGELA.

 
DOÑA ÁNGELA
No he menester yo más desto
para hacer que se dilate
esta boda: mi amor trate
nuevos pleitos y sea presto;
que aunque más celosa estoy
de la condesa que escucho,
la dilación puede mucho.
A buscar mi hermano voy.

 (Vase.) 



Escena IX

 

DOÑA MAGDALENA, con otro vestido; QUIÑONES.

 
DOÑA MAGDALENA
Esto pasa: yo, Quiñones,
soy amada aborrecida,
desdeñada y pretendida:
¡Mira mis contradicciones!
Cubierta, doy ocasiones
a su pasión amorosa;
vista, soy fea y odiosa;
enamoro y desobligo;
y compitiendo conmigo,
de mí misma estoy celosa.
Esta mano causa enojos
que esta misma mano enciende;
déjame quien me pretende,
por unos mismos despojos.
Mal ha dicho destos ojos,
cuando los llama más bellos;
huye lo que busca en ellos;
y puede la aprensión tanto,
que es bastante sólo un manto,
a amallos y a aborrecellos.
Por desposarse conmigo,
de mí misma se descasa;
y por pasarse a mi casa,
deja mi casa, enemigo.
Yo que como sombra sigo
sus pasos, pues lo parezco,
lo que gano, desmerezco;
lo que me da gusto, lloro;
porque me adora, le adoro;
y porque no, le aborrezco.
¿Has oído tú jamás
caso como éste en tu vida?
QUIÑONES
Cosa es ni vista, ni oída;
pero tú la ocasión das.
Envidiosa de ti estás,
y niegas lo mismo que eres;
por ti que te olvide quieres;
y sin darte a conocer,
siendo sola una mujer,
te partes en dos mujeres.
Dasle joyas, y conjuras
su amor, que no te dará
la mano, ni vivirá
donde hospedallo procuras.
Que rasgue las escrituras
le pides, y niegue el sí
que anoche concertar vi;
y pues de ti misma agora
vencida, eres vencedora,
véngate por ti de ti.
DOÑA MAGDALENA
Mira: el verle tan constante
en amarme, me enloquece,
y en cuanto a esta parte, crece
mi fe, a su amor semejante.
Según esto, no te espante
que me obligue la fortuna
a ser conmigo importuna,
y quiera ser sola amada;
pues soy dos imaginada,
aunque en la verdad soy una.
Sólo en la imaginación
vive amor; y siendo en ella
dos, una fea, otra bella,
tengo celos con razón,
en cuanto doy ocasión
a que se case conmigo.
Si soy dos, ya desobligo
a la que desprecia y deja,
y si no, ya forma queja
la que es de su amor testigo.
Como corren por mi cuenta
una y otra, he de acudir
a entrambas hasta morir,
a un tiempo triste y contenta.
Premiarele porque intenta
pagar firme mi esperanza,
y entonces daré venganza
a su injurioso rigor,
porque el desdén y el favor
paguen firmeza y mudanza.
Yo le querré eternamente,
y eternamente también
se vengará mi desdén
de lo que en el suyo siente.
QUIÑONES
De ti misma diferente,
tejes contrarios desvelos.
DOÑA MAGDALENA
Sólo es poderoso, cielos,
en tan proceloso abismo,
partir un corazón mismo
el cuchillo de los celos.


Escena X

 

DOÑA ÁNGELA, DON SEBASTIÁN, DON JERÓNIMO, DON ALONSO, DOÑA MAGDALENA, QUIÑONES.

 
DOÑA ÁNGELA
Su criado lo confiesa,
y otros afirman lo mismo,
que le han contado los pasos.
DON SEBASTIÁN
A mí algunos me lo han dicho
y no lo quise creer,
hasta que siendo testigo,
por mis ojos lo que pasa
en agravio vuestro he visto.
Palabra se han dado ya,
(sospecho que por escrito)
y se hubieran desposado,
a no habérselo impedido
la muerte del conde viejo.
Como sois nuestro vecino,
sentiré cualquier desgracia,
que en la casa donde vivo
os suceda: remediad
este daño a los principios;
que si le dejáis crecer,
corre riesgo su peligro.
DON ALONSO
¡Don Melchor enamorado
tan presto! ¡De ayer venido,
y hoy casado por conciertos!
¿Quién creerá tal desatino?
DON SEBASTIÁN
¿Qué sabéis vos lo que ha
que el leonés a Madrid vino,
y los engaños que ha hecho
disfrazado y escondido?
DON JERÓNIMO
A no hablarle don Lüis
en la Vitoria conmigo,
dudo que a vernos viniera,
y así la verdad colijo
que afirma don Sebastián.
DON ALONSO
Alto: si vos lo habéis visto,
¿qué hay que dudar? Esta corte
es toda engaños y hechizos.
No ha de estar una hora en casa,
Magdalena.
DOÑA MAGDALENA
Señor mío,
más certeza tengo yo
en las dudas que os he oído.
Don Melchor, nuestro paisano,
como más discreto y digno
de estados y de bellezas,
que los que en mí empleo ha visto,
está en vísperas de Conde.
DON ALONSO
¿También tú lo sabes?
DOÑA MAGDALENA
Quiso
el cielo desengañarme.
Su esposa me ha dado aviso
en la Vitoria hoy de todo,
que es muy amiga, y me dijo
que un don Melchor de León,
aunque pobre, bien nacido,
viniéndose a desposar
con otra, en fin, ha podido
más en un hora con ella
que otra pudiera en un siglo.
Hanse parecido bien
los dos; de suerte que ha sido
del luto de un padre muerto,
su presencia regocijo.
Ignoraba que era yo
la interesada; y convino
disimular por sacar
toda esta verdad en limpio.
En fin, estoy convidada
al desposorio el domingo.
Que es, por su luto, en secreto.
DON ALONSO
¡Casamiento repentino!
¿Y quién es esa Condesa?
DOÑA MAGDALENA
Por hoy no puedo decillo,
que me ha encargado el secreto
hasta que esté concluido.
DON JERÓNIMO
¡Vive Dios! Si no mirara
que él mismo se da el castigo
del necio trueco que hace...
DON ALONSO
¿De qué os alborotáis, hijo?
¿Qué pierde mi Magdalena
en que no sea su marido
quien tan presto se enamora,
que hoy se casa y ayer vino?
DOÑA MAGDALENA
Es muy hermosa de manos,
tiene los ojos muy lindos,
llámala Italia Condesa,
muere por ser palatino...
Muy buen provecho le haga;
que ni lo siento, ni envidio
las mejoras de su amor.
DON ALONSO
¿Hay caso más peregrino?
Mal me paga la amistad
que su padre y yo tuvimos;
pero es mozo: no me espanto.
Vaya con Dios: yo he cumplido
con lo que a su padre debo.
Ni es más noble, ni es tan rico...
Yo te buscaré consorte
caudaloso y bien nacido.
DON SEBASTIÁN
Si yo ese nombre merezco,
y con mi hermana os obligo
a que por hijos troquemos
el título de vecinos,
doce mil ducados tiene
de dote, y siendo los míos
seis mil, que de renta gozo,
daréis a mi amor alivio.
DON JERÓNIMO
Deberele a don Melchor,
si eso se cumple, infinito;
pues por dejar a mi hermana,
tan bella esposa consigo.
DON ALONSO
La oferta me está muy bien,
y como vuestra la estimo,
aunque para más despacio
los tratos della remito.
Venga agora el Conde nuevo;
que el parabién le apercibo,
sin que de sus mocedades
me piense dar por sentido.


Escena XI

 

DON MELCHOR, VENTURA. Dichos. DON MELCHOR.

 
DON MELCHOR

 (Aparte.) 

(Hoy tengo de despedirme.)

 (A DON ALONSO.) 

¡Oh, señor! Aquí ha venido
un capitán de León,
algo deudo y muy amigo.
Va a casarse a Talavera,
y necesita testigos
que abonen su calidad:
la cortedad del camino
me fuerza a que le acompañe.
Licencia vengo a pediros,
y a vos, señora, paciencia
para reprimir suspiros,
en vuestra ausencia forzosos.
DON ALONSO
sois cortesano cumplido.
Andad, don Melchor, con Dios,
y traed apercebidos
a la vuelta parabienes;
que aunque breve, ya imagino
que hallaréis a Magdalena
consolada y con marido.

 (Vase.) 

DON JERÓNIMO
No es el vïaje tan largo,
don Melchor, como me heis dicho,
ni está de aquí muchas calles
la posada que ha podido
alejaros de la nuestra.
El pláceme os apercibo
del título y desposorio.

 (Vase.) 

VENTURA

 (Aparte.) 

(Algún Merlín se lo dijo.)
DON SEBASTIÁN
Pésame, como es razón,
que os hayamos conocido,
señor, por tan poco tiempo.
Gocéis la Condesa un siglo.

 (Vase.) 

DOÑA ÁNGELA
Si no tiene inconvenientes
el Estado clandestino
que honráis, decidnos el cuándo,
porque vamos a serviros.

 (Vase.) 

VENTURA
Quiñones, aquella ropa
que te di ayer en un lío,
dos camisas son y un cuello...
QUIÑONES
Hoy las llevaron al río.
Acuda a la lavandera
que se llama Mari-Pinos,
porque si también se casa,
aunque roto, vaya limpio.
Y Vueseñoría vea
a los nietos de sus hijos,
archiduque al mayorazgo,
y a los otros arzobispos.

 (Vase.) 



Escena XII

 

DOÑA MAGDALENA, DON MELCHOR, VENTURA.

 
DOÑA MAGDALENA
Todos le dan parabienes
a Vuesiría, y yo he sido
de diverso parecer,
pues pésames le dedico
de su desposorio en cierne.
Habrá una hora que me dijo
la Condesa, con quien tengo
mucha amistad, que un su primo
viene hoy por ella de Italia;
que está la herencia a peligro
de sus Estados, si deja
de dar a no sé qué Enrico
la palabra y sí de esposa;
y que así al instante mismo
es fuerza el irse a embarcar
a Barcelona; que han dicho
que se parten las galeras,
y corren riesgo navíos,
porque en toda aquella costa
andan cosarios moriscos.
Pidiome que de su parte
me despidiese a lo fino,
y enjugó a los soles perlas
con aquel marfil bruñido,
en cuya comparación
es yeso, es carbón el mío,
y es en fin, una Etïopía.
VENTURA

 (Aparte.) 

¡Oste, puto! ¡Piconcicos!
DOÑA MAGDALENA
Por no tiznar señorías
que se quiebran como vidros,
no sostituyo condesas,
que abrasan, y yo granizo.
Mi padre me busca esposo,
a obedecelle me animo;
pésame que Vuesiría
fue llamado y no escogido.

 (Hácele una gran reverencia, y vase.) 



Escena XIII

 

DON MELCHOR, VENTURA.

 
VENTURA
Conde en calzas y en jubón
te han dejado. Vive Cristo,
que la tapada borracha
nos la pegó de codillo.
Patibobo te has quedado;
alma Garibaya has sido:
ni te quiere Dios ni el diablo,
pues las dos te han despedido.
Vendamos aquesas joyas
con que alquilemos hospicios,
si no son falsas como ellas
esa firmeza y anillos.
DON MELCHOR
Volverme quiero a León.
VENTURA
¿Qué has de hacer allá, corrido
más que perro por antruejo,
sin mujer y sin bolsillo?
DON MELCHOR
Yo tengo fortuna corta.
Salgamos de laberintos,
donde hoy se casan amantes,
y enviudan al tiempo mismo.
¡Jesús mil veces, cuál voy!
No más Madrid.
VENTURA
Motolitos
entran, como tú, brillantes,
y salen almas del limbo.



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