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1671

Véase el pár. 125 del lib. I.

 

1672

San Agustín, lib. II, contra Cresconio, cap. 7.º, dice: Schisma faciunt, quibus cum eis, a quibus se dividunt, una religio est; eadem sacramenta nihil in christiana observatione diversum. En el mismo sentido dice el papa Pelagio, causa 23, quaest. 5.ª, cap. 43: «Schismaticos Corpus Christi, hoc est Sanctam Ecclesiam lacerare

El mismo San Agustín establece la diferencia entre el cisma y la herejía en los siguientes términos, lib. único, quaest. 17; in Matth., quaest. 11: Solet quaeri, schismatici quid ab haereticis distent, et hoc inveniri, quod schismaticos non fides diversa faciat, sed communionis disruptae societas.

 

1673

Los donatistas, simplemente cismáticos al principio, acabaron por incurrir en varios errores contra la fe.

 

1674

San Cipriano, epíst. 67 a Cornelio.

 

1675

Van Spen afirma, part. 3.ª, tít. IV, cap. 2.º,que no pueden ser consideradas como culpables del cisma, que hemos llamado universal, las iglesias que no comunican con la Iglesia romana como iglesia particular, con tal que estén en comunicación con otras muchas iglesias. Por cuya causa no fueron cismáticas las iglesias de Asia que, en la cuestión sobre la celebración de la Pascua, estuvieron en desacuerdo con el papa San Víctor, porque la cuestión, según manifiesta el referido autor y expone Cavalario sin contradicción, no la tuvieron los obispos de Asia con el romano pontífice, sino con el obispo de Roma. Comprendemos bien esta distinción, y no dudamos de que alguna vez podrá aplicarse rectamente, pero en general nos parece que encierra una doctrina peligrosa, que se presta fácilmente al abuso, y con cuya salvaguardia se podrían eludir en casos dados las disposiciones de la autoridad pontificia. Por lo que hace a la cuestión sobre la celebración de la Pascua, nos referimos a lo que dijimos en la nota 3.ª del pár. 56 del primer libro, a saber: que el papa San Víctor amenazó con la excomunión al obispo de Éfeso, Policarpo, jefe de los disidentes, la cual, según algunos autores, llegó a verificarse. Pero aunque esto último no hubiera tenido lugar, la simple amenaza nos manifiesta bien claramente que los obispos asiáticos no se entendieron precisamente con el obispo de Roma, sino también con el romano pontífice. Esto no quiere decir que nosotros demos por seguro que la discordia tuviese todos los caracteres de un verdadero cisma, porque para esto debería constar que el romano pontífice había hablado ex cathedra y como cabeza de la Iglesia universal.

 

1676

Berardi, Comment. in jus Eccles., etc., tít. de Apostat., Haeret. et Schismat., causa 7.ª, quaest. 1.ª capítulos 5.º, 6.º y 9.º; causa 16, quaest. 7.ª, cap. 19; causa 23, quaest. 5.ª, capítulos 42 y 43; causa 24, quaest. 1.ª; causas 19, 23, 31 y 34.

 

1677

De Sent. et re judicata, cap. 1.º, in Sexto.

 

1678

De Schismat., cap. 1.º Fue dado este canon para extinguir el cisma promovido por los antipapas Víctor IV y Pascual III contra el legítimo pontífice Alejandro III. La nulidad de las órdenes debe entenderse en cuanto al ejercicio, como ya dijimos al tratar de este asunto en el pár. 371 y nota 1.ª, lib. I.

 

1679

Causa 23, quaest. 5.ª, cap. 43.

 

1680

Hechos de los Apóstoles, cap. 8.º, v. 19.