—86→
La geografía política es la que describe las diferentes regiones y estados en que se halla dividida la Tierra. También se llama histórica, porque refiere los usos, religión, gobierno y población de todas las naciones conocidas.
La histórica admite tres divisiones, a saber: antigua o clásica, la cual comprende todo el tiempo conocido y anterior 500 años a la Era cristiana; de la edad media, la cual se cuenta desde aquella época hasta el año 1500 de la Era cristiana; moderna, la que abraza todos los nuevos descubrimientos y los que se aumentan diariamente.
Nada se sabe con exactitud aún sobre la población de la quinta parte del Mundo, así es que la que se le dará, hace relación a los cálculos más seguidos y a las escasas noticias que se tienen de sus territorios; casi igual ignorancia hay sobre una gran parte del África, y mucho de lo que se dice del Asia carece de una completa exactitud. En cuanto a las repúblicas americanas, cada día se aumenta el caudal de noticias preciosas que confirman su importancia y hacen conocer el valor de cada gran división.
| Partes del Mundo | Superficie en leguas | Población |
| América | 1.500.000 | 41.562.167 |
| Europa | 300.000 | 220.820.459 |
| Asia | 1.220.000 | 580.000.000 |
| África | 860.000 | 75.000.000 |
| Oceanía | 390.000 | 20.000.000 |
| Total | 4.270.000 | 937.382.626 |
—87→
El hombre, esparcido, según se ve, en las cinco partes de que consta la Tierra, forma una sola familia; pero con muchas variedades en su estatura, color, cabello, etc., las cuales provienen seguramente de la clase de alimentos, dulzura o aspereza del clima, calidad de aire y otras circunstancias; y de los usos que influyen en su estatura y facciones.
La especie humana, pues, parece reducida a cinco razas: 1.ª la raza occidental del antiguo continente, la cual se extiende por toda Europa, el Asia occidental, el África Oriental y Septentrional y gran parte de la América, y cuyos caracteres son: color blanco y mejillas encarnadas, degenerando en algo moreno, según el clima, cabello rubio o castaño, nariz algo arqueada, rostro ovalado, etc. 2.ª la raza oriental del antiguo continente o más propiamente la tártara, que se extiende por el Norte de la Europa y de la América y por el Sur del Asia, y cuyos caracteres son: color amarillento, cabello negro y tieso, rostro cuadrangular, mejillas salidas, etc. 3.ª la raza americana, cuyos rasgos característicos son: color de cobre con alguna diferencia en el colorido, según la elevación del país y su latitud, rostro semioval en la América Septentrional y circular en la Meridional, cabello negro, lacio y fuerte, frente pequeña, ojos negros o pardos, también pequeños, cuerpo bien proporcionado y pie —88→ chico con puente, cutis liso y sin vello, facciones expresivas y aire desconfiado y apacible. 4.ª la raza de las Tierras Oceánicas, que se extiende por parte del Sur del Asia, sus islas y las del mar Pacífico, y cuyos caracteres son: color moreno, cabello negro, flojo y rizado, nariz ancha y chata, etc. 5.ª la raza negra, que se extiende del Este al Sur del África y en alguna parte al Sur del Asia y sus islas, y cuyo color es negro azabachado o amarillento, cabello lanudo y encrespado, nariz ancha que casi se junta con el labio superior, frente muy convexa y labios abultados.
La vida del hombre en su término natural puede regularse entre 80 y 90 años; son contados los que pasan de este término. El clima, las costumbres, los alimentos y las ocupaciones, influyen visiblemente en lo corto o largo de la vida; y se observa que en las poblaciones pequeñas y en los campos vive el hombre más que en las ciudades, donde el libertinaje, el divorcio, las pasiones violentas, la bebida y una porción indecible de vicios contribuyen a destruirle.
El número de nacidos siempre es mayor en los hombres que en las mujeres, de modo que para cada veinte hembras, nacen veinte y un varones, que generalmente se destruyen más, por las guerras y otros accidentes a que aquéllas no se exponen.
La duración media de la vida se regula en 30 años, atendiendo a que de un número de nacidos —89→ en un mismo día, una cuarta parte perece en el primer año y la mitad antes de cumplir 20.
Las probabilidades de la vida, ateniéndonos a lo que observan las compañías de seguros que especulan con la existencia del hombre, según sus edades y estado de salud, son las siguientes:
| Podrá vivir | ||
| Edades | Años | Meses |
| 1 | 27 | 0 |
| 2 | 32 | 0 |
| 3 | 34 | 0 |
| 4 | 35 | 6 |
| 5 | 36 | 0 |
| 6 | 36 | 0 |
| 7 | 35 | 8 |
| 8 | 35 | 6 |
| 9 | 35 | 2 |
| 10 | 34 | 8 |
| 11 | 34 | 3 |
| 12 | 33 | 7 |
| 13 | 33 | 1 |
| 14 | 32 | 5 |
| 15 | 31 | 9 |
| 16 | 31 | 3 |
| 17 | 30 | 7 |
| 18 | 30 | 1 |
| 19 | 29 | 5 |
| 20 | 28 | 9 |
| 21 | 28 | 3 |
| 22 | 27 | 7 |
| 23 | 27 | 2 |
| 24 | 26 | 6 |
| 25 | 26 | 1 |
| 26 | 25 | 6 |
| 27 | 25 | 1 |
| 28 | 24 | 6 |
| 29 | 24 | 1 |
| 30 | 23 | 6 |
| 31 | 23 | 1 |
| 32 | 22 | 7 |
| 33 | 22 | 3 |
| 34 | 21 | 9 |
| 35 | 21 | 5 |
| 36 | 21 | 1 |
| 37 | 20 | 7 |
| 38 | 20 | 3 |
| 39 | 19 | 9 |
| 40 | 19 | 6 |
| 41 | 19 | 2 |
| 42 | 18 | 8 |
| 43 | 18 | 5 |
| 44 | 18 | 1 |
| 45 | 17 | 8 |
| 46 | 17 | 4 |
| 47 | 17 | 0 |
| 48 | 16 | 7 |
| 49 | 16 | 3 |
| 50 | 16 | 0 |
| 51 | 15 | 6 |
| 52 | 15 | 2 |
| 53 | 14 | 9 |
| 54 | 14 | 5 |
| 55 | 14 | 2 |
| 56 | 13 | 8 |
| 57 | 13 | 4 |
| 58 | 13 | 1 |
| 59 | 12 | 7 |
| 60 | 12 | 4 |
| 61 | 12 | 0 |
| 62 | 11 | 6 |
| 63 | 11 | 2 |
| 64 | 10 | 8 |
| 65 | 10 | 5 |
| 66 | 10 | 1 |
| 67 | 9 | 8 |
| 68 | 9 | 4 |
| 69 | 9 | 1 |
| 70 | 8 | 8 |
| 71 | 8 | 4 |
| 72 | 8 | 1 |
| 73 | 7 | 8 |
| 74 | 7 | 5 |
| 75 | 7 | 2 |
| 76 | 6 | 8 |
| 77 | 6 | 4 |
| 78 | 6 | 0 |
| 79 | 5 | 5 |
| 80 | 5 | 0 |
| 00 | 0 | 0 |
—90→
La urgencia de atender al sin número de necesidades que acompañan la existencia del hombre, le han hecho buscar los medios de remediarlas; y los ha encontrado en la sociedad, por la cual se ha proporcionado las luces y los conocimientos que pueden hacérsela más agradable.
De semejantes necesidades, y las que le impone al hombre la naturaleza y la religión de vivir con la compañera que eligió y de mantener sus hijos, ha resultado la formación de cada familia.
De la reunión de varias familias con el objeto de defenderse y cuidarse mutuamente, se forma la sociedad civil, que toma el nombre de pueblo cuando aquéllas se establecen sobre un mismo y pequeño territorio.
Los pueblos reunidos constituyen un Estado o nación siempre que estén gobernados por unas mismas leyes; y su población será tanto mayor cuanto más familias sean comprendidas en menor extensión.
Cuando se dice que en un punto residen verbigracia cincuenta familias, se debe multiplicar por cinco esta cantidad, calculándose a cada familia cinco personas, de cuyo número no debe subir, ni tampoco estimarse en menos de tres personas. Un país que contiene de 500 a 600 habitantes por legua cuadrada se mira como bien poblado; cuando es —91→ superior a este número, constituye una fuerte población.
Cuando la población puede aumentarse sin obstáculos, se duplica cada 36 años; pero llega el caso de que sus progresos marchan en equilibrio con los recursos naturales del país.
A este respecto una nación será tanto más industriosa cuanto mayor y más reunido se halle el número de sus familias; y según el número de individuos a que éstas asciendan y el resultado del valor de las producciones, de su industria agrícola, fabril y comercial, así será también la fuerza de cada Estado.
Entre las naciones se distinguen: 1.º las que se llaman civilizadas, que son aquéllas entre las cuales se observa el derecho de gentes y se cultivan las artes y ciencias; 2.º bárbaras, las cuales tienen poca idea del derecho de gentes y se dan al robo y a la piratería; 3.º salvajes, que son aquellas que se dedican únicamente a la caza y pesca, encarnizándose en el prisionero desarmado del modo más cruel. Según la precedente división y la subdivisión que admite la primera, deben clasificarse los habitantes de la Tierra en la manera que sigue: civilizados, los europeos y sus descendientes; medio civilizados, los chinos, persas, japoneses, turcos y los naturales de la India; salvajes, los indios de la América que conservan su antigua independencia, los negros y los naturales de la Nueva —92→ Holanda y otras islas; bárbaros, los árabes, tártaros, moros y malayos.
Aún se hace otra subdivisión relativa a su modo de vida, llamando nómadas a los pueblos que viven errantes, cuidando sólo de sus ganados; agricultores a los que labran la tierra donde tienen su domicilio; pescadores a los que se ocupan de la pesca; ictiófagos a los que se alimentan de peces; trogloditas a los que habitan en cavernas.
El gobierno de una nación puede ser republicano, aristocrático, monárquico, mixto y teocrático. El republicano se puede dividir en puramente democrático y en representativo. Para la primera denominación sería necesario que el pueblo ejerciera por sí mismo, e inmediatamente, los tres poderes con una autoridad soberana e ilimitada. La segunda denominación corresponde con propiedad a nuestros gobiernos republicanos, en que el pueblo, por medio de una representación nacional y el ejercicio dividido de los poderes, asegura el orden y su libertad. Esta clase de gobierno admite otra subdivisión en federal y central, cuya denominación no altera la esencia principal de aquella clase de gobierno, acomodado bajo de estos dos respectos, a la conveniencia que se procuran los pueblos según sus elementos de prosperidad, y la previsión de conservar mejor sus instituciones.
El gobierno aristocrático es aquel que se compone —93→ de individuos sacados de clases privilegiadas. El gobierno monárquico, aquel en que un solo individuo reúne en sí toda la autoridad, titulándose rey, emperador, autócrata, sultán, schah, etc. Si éstos gobiernan con sujeción a las leyes, se llama monárquico moderado; si se deja a los habitantes el poder de hacer leyes, monárquico representativo o mixto; pero si el príncipe es quien dicta las leyes y gobierna a su capricho, se llama despótico. La mezcla del gobierno republicano y aristocrático se llama aristo-democrático; designándose con el nombre de teocrático, aquel en que gobiernan los clérigos.
La monarquía se llama hereditaria si recae por sucesión en una misma familia; electiva, cuando la nación está en posesión de nombrarse soberano en cada vacante; tiránica, cuando alguno asciende al trono por usurpación. Cuando los pueblos carecen de gobierno fijo y legítimo y sus individuos despotizan el poder supremo, se dice que se hallan en anarquía.
En las sociedad cuyo gobierno es monárquico o aristocrático se distinguen tres estados, a saber: el eclesiástico, que se compone de los ministros de la religión; el noble, en que se comprenden las personas de distinción; y el llano, compuesto del resto de sus individuos. También se distinguen otras cinco clases de diferente orden, a saber: la clase productiva, —94→ como labradores, pescadores y demás que sacan de la tierra y del agua las materias de primera necesidad; la clase industriosa que las perfecciona y hace que produzcan otras nuevas, dedicándose a las ciencias y a las artes; la clase comercial, compuesta de negociantes, banqueros, navegantes, corredores y otras ramificaciones subalternas; la clase de empleados, compuesta de funcionarios públicos e individuos de ejército y marina; la clase mercenaria, que consta de aquellos que sirven por salario.
Entre los gobiernos republicanos, donde sin perjuicio de los derechos de cada individuo se respeta y debe respetarse a los funcionarios públicos y a los ministros de la religión, siendo todos iguales ante la ley, no se admiten jerarquías ni clases privilegiadas; y sólo para el goce de ciudadanía se prescriben las reglas y excepciones que son necesarias para no hacerlo un título insignificante y para no confundir al vicioso y holgazán con el virtuoso y aplicado. Bajo de este concepto pueden designarse sólo cuatro clases, a saber: la productiva, la industriosa, la comercial y la mercenaria.
La primera y segunda clase son las que forman el alma de una nación; las otras dos son su resultado. La primera clase lo saca todo de su trabajo y de su experiencia; la segunda de su genio inventor y aplicado; la tercera de las necesidades que tienen las dos primeras de dar salida a lo que recogen y manufacturan; la cuarta las auxilia a todas. Estas clases —95→ se conocen desde que hay sociedades, con la sola diferencia de que la comercial no progresó hasta que se facilitaron los cambios por medio de la moneda, cuyo uso y correspondencia en todas las naciones se hará ver al fin bajo el número 5.º, y sucesivamente bajo el 6.º la correspondencia de los pesos y medidas y bajo el 7.º las costumbres de las plazas de comercio para el pago de las letras de cambio.
Entre todas las naciones conocidas, ninguna carece de religión. Pueden reducirse a cuatro las que se observan en todo el mundo, a saber:
1.ª El judaísmo
Fue dada por Dios a Moisés en el monte Sinaí 1496 años antes de la venida de Jesucristo, y se halla subdividida en dos ramas, que son: la judaica propia y la samaritana que sólo existe en la Tierra Santa. Los judíos se hallan diseminados en diferentes partes de la Tierra en número de 4.000.000 de individuos.
2.ª El cristianismo
Fue instituido por Jesucristo; cuenta cerca de 223.000.000 de sectarios que se comprenden en tres ramas, a saber: 1.ª la católica apostólica romana, que reconoce al Papa por cabeza visible de la iglesia y domina, o es exclusiva en Francia, España, Italia, Irlanda, Austria, Portugal, Bélgica, Polonia, algunos cantones suizos y en todas las repúblicas —96→ americanas, cuyos territorios se hallaban antes bajo la dominación de España. 2.ª la protestante, cuyos individuos se hallan separados de la iglesia romana, formando diferentes subdivisiones o sectas, de las cuales las más conocidas son: la luterana, que principió en Alemania en 1515 y se sigue en Suecia, Dinamarca, Noruega y varios distritos de Alemania; y la calvinista, que apareció en Francia en 1535 y es seguida en Holanda, Prusia, Alemania, Suiza y otros territorios; antes de ésta se introdujo en Inglaterra en 1534 la religión reformada. De todas ellas se han derivado otras, acomodadas al espíritu de innovación de que adolecen los hombres, conociéndose diversas creencias esparcidas en diferentes partes del globo, según se dirá al describir las religiones que se observan en cada país; 3.ª la cismática griega, que tampoco reconoce al Papa, y tiene en Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría patriarcas particulares, se halla subdividida en otras ramas, también con patriarcas propios, cuales son los de la Georgia y la Mingrelia, los de los armenios y nestorianos, los de los siro-jacobitas y coptos, y los de la Rusia y Abisinia; la cismática griega se separó enteramente de la iglesia romana hacia el año de 1048.
3.ª El mahometismo
Se le llama también Islamismo, fundado por el falso profeta Mahoma el año 620 de la Era cristiana y subdividido en las sectas de Omar, que fundó —97→ un discípulo suyo y se observa por los turcos, tártaros, berberiscos, árabes y mongoles; y la de Alí, fundada por el yerno del mismo profeta y observada por los persas; unas y otras están mezcladas de prácticas cristianas y judaicas; se le reputan 125.000.000 de sectarios.
4.ª El paganismo
El paganismo o idolatría, en que se da culto a ídolos de cualquier naturaleza y figura, se halla subdividido en muchas ramas, estimándose el número de sus sectarios en 450.802.626 individuos; las principales ramas son: las de los bramas y bonzes extendidas en la India y en el Japón, donde dan culto a ídolos horribles; la de los lamas o el chamanismo, extendido en la Tartaria y en la Rusia Asiática, donde creen en la transmigración de las Almas; la de los sabios en la China; y otras que siguen los salvajes.
El cristianismo es la que observan los pueblos más civilizados del mundo, y su benéfico influjo es sin duda el vehículo más eficaz para los progresos de la misma civilización. Después del paganismo es la que cuenta con mayor número de individuos, aumentándose siempre, a diferencia del judaísmo, que se aniquila cada día más, mirándose con el mayor desprecio aun entre las naciones que deben admirarnos por su tolerancia y cultura.
Todas las religiones conocidas se comprenden bajo dos denominaciones, que son: el monoteísmo —98→ y el politeísmo. A la primera pertenecen los que reconocen un solo Dios. A la segunda los que reconocen muchos.
Son diferentes las que se hablan por las naciones que se hallan esparcidas sobre la Tierra. Las principales conocidas se derivan. De la latina: la española, portuguesa, italiana y francesa; de la teutónica: la alemana, flamenca, inglesa, sueca, prusiana y dinamarquesa; de la esclavona: la rusa, húngara y polaca; de la griega y árabe: la turca; de la árabe: la persa, indiana y africana en parte; de la africana: la negra, etiópica, y las demás que se hablan en África; de la tártara y árabe: la china y otras que se hablan en el Asia. En América hay diferentes idiomas de que se han derivado multitud de dialectos; se hablará de los principales al tratar de cada país.
De todos los idiomas europeos el más general en el Mundo es el francés; después sigue el inglés y el tercero es el castellano. Según el incremento que tomen las repúblicas del continente de Colón, así será el lugar que ocupen estos tres idiomas en adelante. Después de los predichos siguen en orden la lengua portuguesa, la holandesa, la dinamarquesa y la sueca.
Para principiar la descripción de las regiones del —99→ globo y habiéndose hablado sobre su estructura, elementos que lo componen, modo con que se hallan organizadas sus sociedades y población en general, será conveniente repasar ligeramente los acontecimientos que fijan el origen de las naciones, a fin de conocer algo de la historia antigua, la de la edad media, y la moderna. De este modo se conocerán también los progresos de las artes, de las costumbres y del comercio de cada país, y se esclarecerá una de las partes más importantes de la geografía.
Los mejores cronologistas datan la creación del Mundo desde el año 4004 antes de la venida de Jesucristo. Según el Génesis, o el primero de los cinco libros de Moisés, el cual contiene la historia de la creación y la de los primeros patriarcas, poblada la Tierra en una manera considerable y después de grandes progresos en las artes, las costumbres perversas de los descendientes de Adán provocaron tanto la ira del Supremo Hacedor que, a excepción de Noé y su familia, perecieron todos ellos en el diluvio ocurrido el año de 1656 del Mundo. Después de esta gran inundación, que mudó el aspecto del globo, Jafet, Sem y Cam, hijos de Noé, fueron los encargados de repoblarlo. El nombre del primero se hizo célebre entre los pueblos del Occidente que lo reputaron como padre; el del segundo fue reverenciado entre los hebreos por la misma razón; y el del tercero lo fue igualmente entre los egipcios que le acataron largo tiempo bajo —100→ el nombre de Júpiter Hammon. En los primeros tiempos después del diluvio la ocupación principal del hombre fue la caza; y como la Tierra se cubrió de bestias feroces, el valor que cada uno desplegaba para destruirlas constituyó el signo de heroísmo a que llegaron algunos en aquella época. Nemrod, fundador de Babilonia y el primer monarca de cuyo origen hace mención particular la historia, se adquirió por semejante medio la superioridad que le elevó sobre sus contemporáneos. Poco después Assur fundó a Nínive. En Egipto los tres gobiernos de Thebas, Menfis y Tanis principiaron a tomar una forma regular. La población continuó aumentándose prodigiosamente, pero a proporción que se separaban para formar otros pueblos, el conocimiento del verdadero Dios no sólo llegó a debilitarse, sino que casi desapareció. Entonces fue cuando el mismo Dios eligió a Abrahán por padre de un pueblo escogido.
Reunidos los hombres en sociedad, su carácter los inclinó a oprimirse y a destruirse mutuamente para dominarse. Godorlahomor, rey de los elamitas o persas, tomó la actitud de conquistador; sus fuerzas nunca fueron numerosas, y Abrahán, seguido sólo de su familia, le persiguió y destruyó. Abrahán dejó luego el país de Canaán a causa de una hambre general y pasó a establecerse en el Egipto. Esta región componía ya un estado poderoso bajo un solo jefe; y es en aquel tiempo cuando seguramente —101→ se formaron las leyes egipcias que excitan la admiración. Entretanto los reinos de Babilonia y de Nínive permanecieron separados muchos siglos; se ignora hasta el nombre de sus príncipes, y sólo hay noticia de que Nino, dominado por la sed de conquistas, se apoderó del de Babilonia y echó los fundamentos del grande imperio de Asiria, que llegó al más alto grado de esplendor en tiempo de Semiramis, a cuyos pies se vio toda el Asia.
Javan IV, hijo de Jafet y nieto de Noé, es el tronco de donde descienden los pueblos conocidos por griegos. Javan se estableció en las islas de la costa occidental del Asia Menor. Una colonia egipcia penetró más adelante en la Grecia el año 2000 antes de la Era cristiana bajo el nombre de titanes, los cuales, aunque intentaron establecer sus leyes y un gobierno monárquico, fueron destruidos por los griegos, cuya ferocidad era imponderable. Nuevas colonias del Asia se trasladaron a la Grecia, y su establecimiento produjo al fin un gran cambio en las costumbres de los habitantes. Las más antiguas de dichas colonias fueron la de Inaco y la de Ogiges; la primera se estableció en Argos el año de 1856 antes de Jesucristo; la segunda, de que poco se sabe, se fijó en el Ática.
Cuando los de la colonia de Argos hacían esfuerzos para reunir a los griegos que vivían vagamundos, se ofrece a nuestra atención la historia de los israelitas, siéndonos bien conocidos los sucesos que —102→ condujeron a Jacob y su familia hacia aquella parte del Egipto de que era Tanis la capital. Muerto el patriarca en 1794 antes de Jesucristo según la versión de los Setenta, o en 1689 según la cronología de los hebreos, se contaba el año 2315 del Mundo, cuya Era, muy remarcable con respecto a las naciones de la antigüedad pagana, terminaba el período que los griegos miraban como desconocido y que ellos confundieron más, desfigurando los sucesos con relaciones fabulosas.
Recorriendo desde los principios el período predicho se encuentran en los libros sagrados muchas noticias importantes sobre los progresos de las artes, sobre las costumbres, y sobre la legislación de los antiguos pueblos. Probablemente Noé conocía todas las artes descubiertas y practicadas antes del diluvio; comunicadas a sus hijos, para que las transmitiesen a la posteridad, era consiguiente que las naciones establecidas en las cercanías de la cuna del hombre fuesen también las primeras a reunirse en sociedad y aprovecharse de aquello más necesario y conveniente a su comodidad y conservación. El cultivo fue conocido en aquellos siglos; los libros sagrados hacen memoria de instrumentos de labor existentes antes de ser conocidos entre los griegos; y no era posible otra cosa, si se atiende a la fundación en el Asia y en el Egipto de muchas ciudades, que ciertamente no se habrían edificado a componerse entonces los habitantes de tribus —103→ cazadoras acostumbradas a una vida errante y vagamunda.
Usándose la agricultura, el comercio por tierra debía seguirla; también los libros sagrados atestiguan sus progresos en tiempo de los primeros patriarcas; pero éstos debían ser lentos por las dificultades del cambio; más adelante en tiempo de Jacob hubo moneda, representando un cordero, con precio fijo. En tiempo de José, su venta comprueba el comercio que hacían entre sí las naciones. Los madianitas y los ismaelitas exportaban perfúmenes y otras mercancías preciosas de su país, que vendían o permutaban en Egipto; en el libro de Job se habla de los caminos de Thema y de Sabah, y de las caravanas que salían de estas dos poblaciones de la Arabia; comúnmente los cargamentos para el Egipto eran de cosas de lujo; y a la verdad, que éste no se propaga en regiones incivilizadas.
En cuanto al comercio marítimo, sus progresos debían ser más lentos, así como su institución fue más reciente, y debida a los descendientes de Noé que se establecieron sobre las costas de la Palestina en un suelo árido e ingrato que les prescribió la conveniencia de aplicarse a las artes y sacar partido de la navegación para mejorar su suerte. A los habitantes de la primera colonia se les llamó por los hebreos mercaderes; en tiempo de los griegos se conocían por fenicios los que componían esta nación. Abrahán y Jacob hacen mención de —104→ sus relaciones mercantiles; y cuando vivía el primero se les consideraba ya en un pie brillante.
Los conocimientos de agricultura, comercio y navegación, suponen otros muchos; y efectivamente la revolución de los cuerpos celestes, o astronomía, y el arte de trabajar los metales, les era bastante familiar. Antes de la muerte de Jacob varias naciones sabían calcular la duración del año; todas las de la antigüedad dividían también el tiempo, como los judíos, en siete porciones o días que daban 5 cada semana; los pueblos dedicados a la vida pastoril se hallaron en aptitud de observar las fases de la Luna y fue consiguiente la creación del mes; los dedicados a la agricultura encontraron en el curso y sucesión de las estaciones la pertenencia de doce meses a cada año; y es sin duda este conocimiento general el origen del año lunar. El descubrimiento del año solar debe considerarse como el mayor y más reciente progreso de la astronomía, cuya ciencia no era descuidada por aquellas gentes, según se deduce del libro de Job cuando habla de la observación de las estrellas fijas.
Semejantes conocimientos estaban limitados, sin embargo, a los Egipcios y a un corto número de pueblos asiáticos. La Europa entonces se componía de habitantes absolutamente bárbaros. Los griegos descendían de una raza de salvajes, cuyo placer era habitar en los bosques o en las cavernas, luchando con las bestias más feroces. Todos los descendientes —105→ de Noé, a proporción que se habían alejado de las llanuras de Sennaar, se fueron embruteciendo del todo, hasta no gustar sino de la vagamundería y de la miseria.
La historia del Egipto y de la Asiria no deja de ser obscura después de la muerte de Jacob. En cuanto al segundo imperio, nada se sabe de los ocho siglos que siguieron al reinado del sucesor de Semiramis; los historiadores de aquel tiempo parece que no gustaban de transmitir a la posteridad otros acontecimientos que los de la guerra.
En cuanto al Egipto, los cuidados y el talento de Sesostris, sucesor del príncipe que pereció en el mar Rojo hacia el año 1492 antes de la venida de Jesucristo, elevaron los establecimientos civiles y militares del imperio a un alto grado de perfección; su población se juzgaba de 27.000.000 de almas; y aunque después de Sesostris hasta el año 781 antes de la venida del Mesías ni aun se saben con certeza los nombres de sus sucesores, debe presumirse que continuó floreciendo, puesto que en la misma época salieron de allí varias colonias que se establecieron entre naciones diferentes.
Atenas, lugar después en que brillaron la política y la erudición, fue fundada por Cecrops, que hizo esfuerzos indecibles para civilizar a los habitantes que vivían como irracionales, reproduciéndose a favor de encuentros casuales. Otros pueblos de la Grecia que habían recibido colonias del mismo —106→ Egipto y del Oriente principiaron a darse una forma regular de gobierno. Las instituciones dadas por Amphictión demuestran el interés y tino con que este genio esclarecido aspiró a destruir el germen de la discordia que amenazaba a la tranquilidad de la Grecia. A la asamblea de aquel nombre y al espíritu de unión que ella inspiró a los griegos deben atribuirse los triunfos con que se libertaron de las cadenas de la Persia.
Es bien conocida la historia de la Grecia y los sucesos que la elevaron, cuando conservó su unión, y los que la humillaron, cuando la olvidó. En el año 1322 antes de Jesucristo, Pelops celebró los juegos isthmios en Corinto; y en 1303 los olímpicos. Estrechadas las relaciones de los Estados que formaban la confederación Amphictiónica, la primera empresa a que todos cooperaron fue la de los Argonautas. Más adelante tuvo lugar la guerra de Troya, a la cual concurrieron 1.200 embarcaciones que condujeron cerca de 120.000 guerreros.
En cuanto al gobierno de los Estados de la Grecia, parece que originariamente tenían constituciones políticas muy semejantes, y que cada uno era regido por un rey, o jefe, que servía de general en tiempo de guerra y de juez en tiempo de paz.
Hacia el año de 1234 antes de Jesucristo, Teseo rey de la Ática, aprovechándose de la reputación que había adquirido, se constituyó en un verdadero soberano, dominando los demás Estados. Atenas se consideraba como una corte brillante; aquel —107→ príncipe, para asegurarse, estableció fiestas religiosas y protegió a los extranjeros que aspiraban a establecerse en el país; clasificó a los atenienses en nobles, artesanos y agricultores, pero concediendo muchos privilegios a las dos últimas clases para debilitar el poder de la primera. Sus sucesores jamás se apartaron de este sistema y de su observancia resultó que adquiriesen propiedades, haciéndose ricos e independientes a favor de los progresos de su industria y aplicación. A la muerte de Codro, príncipe de gran mérito, los atenienses, bajo el pretexto de no encontrar sujeto digno de reemplazarle, abolieron el gobierno monárquico, proclamando la libertad. Esta revolución sucedió poco tiempo después que los judíos, gobernados teocráticamente, aspiraron al cambio que debía nivelarlos con otras naciones, gobernadas por un jefe particular.
Thebas, otro de los Estados de la Grecia, adoptó también el gobierno republicano. Un siglo antes de la guerra de Troya, fundó Cadmo esta población auxiliado por una colonia de fenicios. Hasta el tiempo de Pelópidas y Epaminoudas, o durante 700 años, esta república careció de reputación. Otras ciudades de la Grecia también se hicieron republicanas a ejemplo de Thebas y Atenas; pero ésta y su rival Esparta sirvieron de modelo a las costumbres y política de toda la Grecia.
Entre los atenienses, abolida la dignidad de rey, duró 331 años en la familia de Codro la de Arconte, —108→ que le era semejante; pasado aquel tiempo, la duración de estos magistrados se ciñó a tres años; pero un sistema de esta naturaleza no podía parecer bien a los atenienses, que aspiraban a perfeccionar las instituciones que habían adoptado.
Se eligieron pues nueve magistrados para desempeñar las funciones del Arconte y se les obligó a dar cuenta al pueblo de su conducta cuando terminaban su administración. Aún no había en Atenas leyes escritas. En el primer delirio de la independencia todo fue desorden, y éste se acrecentó en razón de los cambios que tuvo el gobierno. El código formado por Dracon en 624 antes de Jesucristo fue tan rigoroso, que el desorden y la confusión continuaron hasta Solón, que falleció en 559 antes de Jesucristo dejando a sus compatriotas un nuevo código de leyes políticas, cuya observancia nunca infringieron los atenienses mientras conservaron la libertad.
El sistema de aquel hombre sublime estaba fundado en la base de que una república perfecta, en que los ciudadanos gozasen de igual influencia, ofrecería un sistema de gobierno cuya teoría sería magnífica y la práctica imposible. Por esto dividió a los habitantes en cuatro clases, en razón de las riquezas o propiedades que tenían. El senado compuesto de 400 miembros preparaba todos los negocios que debían presentarse a la asamblea del pueblo. El Arcopago era propiamente —109→ una corte judicial compuesta de sujetos que se hicieron altamente respetables por su exactitud e imparcialidad.
Las antiguas repúblicas se organizaron por el mismo orden, pero el gobierno de Esparta, dirigido por reyes, ofrece la singularidad de que sus funciones las hubieran desempeñado a la vez desde el año 1102 antes de Jesucristo dos individuos: los primeros fueron los dos hermanos Eurísthenes y Procles; su posteridad ocupó el trono, observando dicho sistema, por espacio de 900 años hasta Cleomene.
El gobierno de Esparta tomó aquella forma particular de gobierno, que lo hizo tan notable, desde el tiempo de Licurgo, cuyo sistema, abrazando todos los establecimientos necesarios para asegurar la independencia pública, se diferenciaba de los demás gobiernos de la Grecia en tener a la cabeza aquellos dos reyes cuya dignidad era hereditaria. Las costumbres severas de los lacedemonios, su valor en los peligros, el desprecio que hacían del oro y el gran respeto con que consideraban a los ancianos estaban prescriptos en sus leyes, y se observaban con tanta escrupulosidad que aun en nuestros tiempos se señalan dichas virtudes.
Para continuar recorriendo la historia de las diferentes partes del globo se hace necesario volver a hablar de los grandes imperios del Asia, tomando la relación desde el año 781 con respecto al Egipto.
—110→El gobierno de dicho país fue destruido por Cambises en 524 antes de Jesucristo; los Egipcios se habían adquirido para entonces más reputación por sus leyes e instituciones políticas que por las armas; el grande imperio de Asiria había desaparecido ya en 820 antes de Jesucristo, pereciendo Sardanápalo, su último soberano, cuyos estados partieron entre sí los gobernadores de la Media y de Babilonia que lo destronaron.
Estos dos últimos reinos, gobernados unas veces por un solo príncipe y otras por dos, dominaron algún tiempo sobre los demás del Asia. Phul restauró el imperio de Asiria en 777 antes de Jesucristo; Salmanasar, uno de sus sucesores, destruyó en 720 el reino de Israel, cautivando diez tribus. En 587 Nabucodonosor, rey de Babilonia, trastornó el reino de Judá gobernado por la familia de David desde 1055. A su turno Ciro, el grande rey de Persia, tomó a Babilonia en 538, apoderándose de toda aquella parte del Mundo. La Era de Ciro es memorable, tanto por la libertad que concedió a los judíos, como por que fija una época en que termina propiamente la historia clásica o la de las grandes naciones antiguas que se han mencionado; y con cuyo motivo recapitularemos aquello que da a conocer mejor el genio de los asirios, babilonios y griegos, y el grado de perfección a que habían llevado las artes y ciencias.
Las tres naciones manifestaron siempre gusto por —111→ todo lo que tenía el sello de grande y de magnífico; aún son admiradas las enormes pirámides egipcias situadas cerca del Nilo a algunas leguas del Cairo. Su construcción tuvo por objeto encerrar los cuerpos de los soberanos difuntos, era necesario que gozasen de un asilo seguro y tranquilo. Semejante costumbre fue general en aquella nación, lo mismo que la de embalsamar a los que fallecían, por la creencia en que estaban de que el alma no se separaba del cuerpo sino cuando principiaba la corrupción.
Entre aquellas naciones no se conocía gusto ni elegancia en la arquitectura, ni tampoco los órdenes en que luego se ha dividido; las murallas de Babilonia, el templo de Belo y otros edificios del Oriente pueden considerarse únicamente como moles majestuosas e imponentes. El modo de construir las bóvedas también era ignorado. Entre las artes sobresalió la escultura; y aunque también adelantaron mucho en la astronomía, las máximas absurdas de magia y de astrología en que estaban imbuidos se oponían a los progresos de esta ciencia.
Dichas nación era afeminada a causa de la riqueza del país, y no por otra razón fue dominada por la Persia, cuyos habitantes acabados de salir de la barbarie eran aguerridos y osados. El valor lo decidía todo en un combate, y como el arte militar se hallaba en su infancia, el sistema de puestos fortificados era desconocido.
—112→Después de la muerte de Ciro en 529 antes de Jesucristo, es muy importante la historia de la Persia, considerándola con relación a la de la Grecia, donde el espíritu de libertad hizo desplegar todas las virtudes que se necesita ejercer para conservarla. Esparta mantuvo siempre las instituciones de Licurgo. Atenas se veía libre de la tiranía de Pisístrato, cuya familia había usurpado el poder supremo y destruido las leyes de Solón. Darío intentó subyugar la Grecia a instigación de Hippías, que había sido lanzado de su territorio y aspiraba vengarse, pero vio desecho en los llanos de Maratón, por 10.000 atenienses al mando de Milciades, su ejército compuesto de 100.000 infantes y 10.000 caballos. Temístocles y Arístides, célebres el 1.º por sus talentos y el 2.º por sus virtudes, fueron los que contribuyeron al brillante resultado de aquella jornada.
Jerjes, hijo de Darío, llevó en persona a la Grecia otro ejército más poderoso, y no obstante el número de los que lo componían fue completamente batido. Pero los resultados refluyeron contra los vencedores, que se volvieron arrogantes, corrompiéndose con el oro recogido en el botín. Atenas y Esparta olvidaron también la unión, fomentaron la guerra del Peloponeso y prepararon por su discordia a Philipo, rey de Macedonia, el dominio de la Grecia que obtuvo en la batalla de Cheronea. Alejandro completó el triunfo resistido inútilmente por Thebas y Atenas, y no teniendo ya por qué temer a —113→ la Grecia llevó sus armas vencedoras hasta donde no había llegado su nombre, y humilló a Darío y sojuzgó la Persia. Alejandro falleció en Babilonia y sus capitanes se repartieron sus Estados.
El número de hombres ilustres que contó la Grecia desde Ciro hasta Alejandro es infinito. En el mismo período llegaron las artes al colmo de la perfección; y si las naciones del Oriente habían construido edificios majestuosos y gigantescos, los griegos les añadieron la belleza y la elegancia. Los templos de Júpiter Olímpico y de Diana en Efeso, construidos por las colonias griegas que se fijaron en el Asia Menor, fueron los primeros monumentos que excitaron la admiración. Fidias, muerto en 432 antes de Jesucristo, fue el primer escultor que se inmortalizó por sus obras. Zeuxis, Parrasio y Timantes desplegaron en el mismo siglo toda la magia de la pintura. La lengua griega llegó a una perfección que no puede figurarse. Después de Hesíodo y Homero, que florecieron cerca de 1000 años antes de la Era cristiana, Esquilo, Sófocles y Eurípides, poetas trágicos, fueron los primeros que perfeccionaron la poesía; Herodoto adornó la prosa con la elegancia y la sencillez; Isócrates le dio cadencia y armonía; y Tucídides y Demóstenes la presentaron con toda la energía de que es capaz.
Sócrates, digno del más alto respeto, dejó en sus discípulos Platón, Aristóteles y Jenofonte unos filósofos que se le igualaron; para siempre se admirará el saber de estos hombres inmortales y su memoria —114→ se conservará a la par de los legisladores Amphictión, Licurgo y Solón. Los griegos fueron también los primeros que hicieron una ciencia de las operaciones de la guerra; ellos se distinguieron por su talento, su valor, su actividad y su patriotismo; y nada faltó para que su patria fuese considerada, con justicia, como la parte habitada del globo donde se hallaba todo lo mejor.
Roma entretanto debía enseñorearse de la Grecia y de cuanto le pertenecía; para llegar a esta época es preciso recorrer su historia desde su fundación el año de 752 antes de Jesucristo. Dicha ciudad tomó el nombre de Rómulo, que propiamente era un jefe de bandidos con el talento necesario para no destruir los pueblos que subyugaba, y que antes bien reunía a la que estaba destinada para capital del primer imperio del Mundo.
Rómulo, aprendiendo las maniobras militares de los enemigos que vencía, perfeccionó las de los romanos, acabando por hacerlos completamente superiores a los pueblos que combatía. No por esto se olvidó de organizar la policía interior de su monarquía naciente; instituyó un senado compuesto de 100 miembros, distinguidos por su saber y experiencia; formó leyes, tanto para la administración de justicia como para contener en disciplina la ferocidad de sus compañeros de armas; y cuando se había dedicado útilmente durante un largo reinado en hacer la felicidad de su país, parece que fue asesinado por algunos del senado que había creado.
—115→Los sucesores de Rómulo fueron todos personajes extraordinarios. Numa, que le reemplazó, instituyó el culto religioso e inspiró a sus súbditos un respeto santo e inviolable hacia el juramento. Tulio Hostilio, Anco-Marcio, Tarquino el viejo y Servio Tulio, todos trabajaron por engrandecer a Roma. Pero los vicios de Tarquino el soberbio excitaron el odio público y tanto por su tiranía como por la osadía de su hijo Sexto, que violó a Lucrecia, fue expulsado con toda su familia y abolido el gobierno monárquico.
Ocupados siempre los romanos en hacer la guerra y conociendo la necesidad de un jefe revestido del poder supremo, a la vez de haber adoptado un sistema republicano, crearon en 509 antes de la Era cristiana dos magistrados amovibles cada año, los cuales, aunque ejercían la autoridad de los reyes, no podían hacérseles sospechosos. Todos eran soldados en aquel país; de consiguiente no era posible que en la Italia escapara pueblo alguno de la dominación de una nación guerrera, entusiasmada por su libertad personal.
Reunida la Italia, hallaron en Cartago la rival poderosa que les convenía humillar. Dicha ciudad fue fundada el año 869 antes de Jesucristo por una colonia de fenicios que se estableció en África sobre la costa del Mediterráneo. A ejemplo de sus progenitores, se dedicaban los cartagineses al comercio y a la navegación; eran señores del Mediterráneo, de casi toda la costa de África, de una parte de la —116→ España y de las islas de Córcega y de Cerdeña; y a resultas de haber invadido la Sicilia, principiaron las hostilidades entre ambas repúblicas, tomando el nombre de guerras púnicas. Aníbal, elegido general a la edad de 23 años, atravesó los Pirineos y los Alpes, bajó a la Italia, ganó cuatro batallas consecutivas e hizo temblar a Roma. Casi todos los aliados de ésta la volvieron la espalda y se declararon por el vencedor; pero Fabio Máximo conteniendo el ardor de sus tropas, Marcelo ocupando a Siracusa, y Scipión imponiendo un tributo a Cartago, la humillaron después de haber batido sus tropas y salvaron su capital, haciendo más formidable el poder de su patria.
El Mundo conocido estaba dividido durante aquella guerra en dos secciones, que servían de teatro a ocurrencias diversas. Roma y Cartago se disputaban la soberanía, y la agitación que causó la muerte de Alejandro se extendió a la Grecia, al Egipto y al Oriente. Los Estados de la primera, libres del yugo extranjero, componían tres federaciones llamadas de los Etolios, Achenses y Beocianos; los primeros eran los más poderosos y también fueron los que llamaron en su auxilio a los romanos para resistir al rey de Macedonia; semejante socorro les costó muy caro, porque aquellos se hicieron sus señores y de nada les sirvió la protección de Antioco, rey de Siria, que pagó la imprudencia de favorecerlos con someterse también a Roma. Mitridates, rey del Ponto, único que había resistido —117→ a los romanos durante 20 años, fue al fin vencido por Pompeyo, perdiendo la vida y sus Estados el año de 163 antes de la venida de Jesucristo.
Entretanto Yugurta era vencido en África, los romanos, asegurando esta parte, habían además llevado sus armas victoriosas más allá de los Alpes. Los cimbrios, los teutones y otros bárbaros del Norte invadieron la república en la última dirección; pero Mario, vencedor de Yugurta, los escarmentó. Roma sin embargo no gozaba de tranquilidad: los patricios y el pueblo se hallaban en continuos altercados; y si el amor patrio pudo sofocarlos en muchas ocasiones, al fin la desaparición de la república se hizo consecuencia inevitable.
César fue reconocido por señor de Roma y de todos los países que ella dominaba; inútilmente Bruto y Casio asesinaron a este caudillo en el senado para volver la libertad a sus conciudadanos, la autoridad pasó a manos de Marco Antonio; César-Octavio, nieto de César, lo deshizo en una batalla y se apoderó del poder supremo; sus armas victoriosas mantuvieron luego dignamente y aumentaron el esplendor del imperio. El Mundo conocido se halló en paz en su reinado y vino Jesucristo a la Tierra, cuatro años antes de la Era común.
Durante los primeros siglos de Roma sus hijos se desdeñaron de cultivar las bellas artes; la guerra, la política y la agricultura llamaban sólo su atención; la ruina de Cartago, la conquista de la Grecia y después la del Asia, causaron un gran —118→ cambio en todas sus costumbres y afecciones; y de ciudadanos sencillos llegaron a hacerse los más ostentosos del universo, apasionándose también del afán de saber y del interés de ejercitar las artes. Siempre cultivaron la elocuencia, como medio eficaz de adquirir honores y empleos. Las oraciones de Cicerón no ceden a las de Demóstenes; Virgilio sólo cede a Homero, cuyos versos se reputan por inimitables, como la prosa de Demóstenes; las sátiras y epístolas de Horacio han conservado una superioridad que nadie ha disputado; y Tito Livio, historiador, fue más elocuente que Herodoto. En todo lo demás, les llevaron los griegos muchas ventajas.
La historia de los emperadores romanos deshonra la del hombre: sólo un corto número de entre ellos lleva una memoria esclarecida. La corte de Roma era dirigida por el capricho y la corrupción; jamás hubo un gobierno más despótico; gran parte de la Europa se vio humillada ante gobernadores codiciosos y tropas mercenarias, sin otro fruto que tomar algún gusto por las artes, las ciencias y las costumbres civilizadas de sus señores; y sólo el consuelo de sacudir el yugo y reconquistar su libertad podía hacerles sobrellevar la condición vergonzosa a que se hallaban condenados.
La misma extensión del imperio lo hizo luego débil; el germen de la disolución se anunciaba en todos sentidos, y las violentas irrupciones de los godos, vándalos, hunos y otras naciones bárbaras apresuraron su destrucción. Estos pueblos feroces ocupaban —119→ el territorio que pertenece en el día a los dinamarqueses, suecos, polacos, diferentes regiones de la Germania, y otras que habitan los rusos y los tártaros. El pillaje los alentaba; vencidos en los primeros encuentros, aprendieron el modo de combatir, y no desmayaron; nada les imponía respeto, y desde el año 395 de Jesucristo hasta el de 568 en que los lombardos se establecieron en la Italia, ninguna pintura puede esclarecer las escenas de destrucción que afligieron la humanidad.
A principios del siglo IV Constantino abrazó el cristianismo y trasladó la silla del imperio a Constantinopla; éste fue el principio de su división en imperio de Oriente e imperio de Occidente. Roma fue saqueada por Alarico, rey de los godos, el año 410 de Jesucristo; en 455 lo fue por Gensérico, jefe vándalo; Odoacre, rey de los hérulos, ocupó luego el trono de los césares, que al fin desapareció.
Al fin del siglo VI los sajones, que hacían parte de la nación germánica, se apoderaron de la parte meridional de la Gran Bretaña; los francos, otra tribu de la misma, se apoderaron de la Gaula; los godos subyugaron la España, cediendo el puesto a los moros al fin del siglo VIII; los lombardos dominaron la Italia y adyacentes, según se ha dicho; y hasta principios del siglo XVI es evidente que casi toda la Europa se hallaba envuelta en la ignorancia, a pesar de los esfuerzos que hicieron Carlo Magno y el Grande Alfredo.
Data desde aquellos tiempos el sistema feudal —120→ introducido por los reyes que conducían sus gentes al combate y les repartían las tierras de los vencidos, bajo las condiciones de seguirlos a la guerra con cierto número de soldados y de tomar, todos, las armas para defenderlos. Este sistema fue el origen de la tiranía más detestable, porque los nobles abusaron de la institución, esclavizando a cuantos vivían en las tierras donadas. Más adelante los reyes abolieron la esclavitud para contener las vejaciones y usurpaciones de los nobles, con cuyo objeto se concedieron privilegios a los habitantes de las ciudades, para que se gobernaran por concejos o municipalidades. Esto reanimó la sociedad y avivó la industria.
El comercio progresó por otras muchas causas. En Constantinopla, capital del imperio del Oriente, se conservó bastante gusto por la literatura y las ciencias, que también habrían desaparecido si las naciones bárbaras que invadieron la Europa la hubieran ocupado. Durante el XII y XIII siglo todo el comercio estaba en manos de los lombardos o italianos. Hacia la mitad del siglo XIII los dinamarqueses, suecos y otros pueblos cercanos al mar Báltico se hallaban sumidos en la barbarie. Lubek y Hambourg fueron entonces las primeras ciudades que, para defender sus empresas mercantiles de los piratas, formaron una liga, haciendo el comercio con los italianos; cerca de 80 ciudades más, de la Alemania y la Flandes, engrosaron la liga, que tomó el nombre de Anseática. Los miembros de esta poderosa —121→ asociación formaron el primer sistema de comercio conocido en la Edad media. Eduardo III de Inglaterra fue el que planteó en sus dominios los primeros establecimientos o manufacturas de lana; haciendo cultivar con esmero las artes, que después han colocado en el primer lugar a la Gran Bretaña.
El comercio de la India fue el que produjo más cambios en la Europa; y mientras que los portugueses, ávidos por empresas marítimas, se ocupaban en el siglo XV para encontrar un paso por el Oriente hacia aquellas regiones, acontecimientos prefijados por la Providencia proporcionaron otro descubrimiento más importante e inesperado.
La América se extiende sobre los dos hemisferios formando dos inmensas penínsulas conocidas por América Septentrional y América Meridional, las cuales se unen por el istmo de Panamá perteneciente a la Nueva Granada. En cuanto a su extremo meridional, no queda duda que termina en el cabo Froward situado a los 54º de latitud Sur; o a los 56º en el cabo de Hornos, si se quiere comprender la Tierra del fuego separada del continente por el estrecho de Magallanes que corre de Este a Oeste un espacio de 140 leguas, con un ancho desde una hasta diez. Por el Septentrión se considera extenderse hasta los 80º y hasta el mismo Polo, si es que la Bahía de Baffin está formada por algún territorio —122→ del continente. Contada la extensión total de la América entre sus términos conocidos, se la dan 2.680 leguas de largo, 600 en su ancho medio y 1.500.000 de superficie.
El Atlántico la separa de la Europa y del África por su parte oriental. Por el occidente la separa del Asia el Grande Océano o Pacífico, tomando ambos mares otras denominaciones de que se hablará al describir sus costas.
El mayor largo conocido de la América Septentrional, sin interposición de mar, es de 1.1081/3 leguas contadas desde el puerto de Tehuantepeque en México hasta el 71º de latitud pasado el cabo Yey al Norte del estrecho de Bering; el mayor ancho es de cerca de 961 contadas de Este a Oeste desde la península de Nueva Escocia hasta el Pacífico.
El mayor largo de la Meridional es de 1.370 contadas desde el cabo de Hornos al Sur hasta punta Gallinas o cabo Falso al Norte, el más saliente de la Goajira, territorio interpuesto entre Maracaibo y Río Hacha; el mayor ancho es de 1.100 leguas desde el cabo San Roque en el Brasil, hasta el cabo Blanco en el Perú.
Se debe el descubrimiento de este Nuevo Mundo al genio observador de Cristóbal Colón, que desde antes de 1474 había concebido la fundada posibilidad de encontrar tierras al Oeste de la Europa y cuya empresa trató de tomar a su cargo. Hallándose en Portugal y necesitando de alguna potencia que lo protegiera, su primera diligencia fue regresar a —123→ Génova, su patria, ofreciéndola en 1482 en testimonio del interés con que aspiraba a su engrandecimiento, un servicio cuyo resultado debía producirla gloria y prosperidad6.
Desgraciadamente para aquella república el senado desestimó el proyecto y aun se reputó al autor como visionario. El ilustre Colón, dotado de un espíritu altamente magnánimo, muy lejos de desanimarse por semejante repulsa, insistió en solicitar medios para ejecutarla; y al intento, volviéndose a Portugal, presentó su proyecto a Juan II, quien, por la actividad y afición que manifestaba a empresas marítimas, le pareció que era el único soberano capaz de atenderle y considerar mejor la estimación que se merecía por sus proposiciones y los fundamentos en que se apoyaba.
También fue desgraciado en aquel país; siguiendo el consejo de un prelado y de dos médicos judíos, incurrió el príncipe en la bajeza de escudriñar el secreto de Colón y confiarlo en reserva a otro piloto para que lo pusiera en ejecución; y cuando a éste le faltó en el viaje el valor y el genio de su inventor, no contentos en la corte de Portugal con semejante —124→ perfidia, añadieron la iniquidad de desacreditar el proyecto, reputándolo por extravagante, peligroso y temerario.
Colón dejó a Portugal y se trasladó a España en 1484; despachó a la vez para Inglaterra a su hermano Bartolomé, con el objeto de que negociara de Henrique VII lo conveniente para la ejecución del mismo asunto; y no perdió por su parte tiempo para ponerlo a la resolución de los reyes católicos. Oído por Fernando e Isabel, tuvo el sentimiento de que, trascurridos cinco años de esperanzas y de entretenimiento empleados en responder a las objeciones de individuos pusilánimes e ignorantes, se adhiriesen aquéllos al dictamen del confesor de la reina y se le diera por respuesta otra repulsa, que se trató de suavizar con el pretexto de que la guerra que se hacía entonces contra los moros de Granada impedía atender a otras erogaciones.
Menos contristado Colón por este golpe que por la ignorancia en que se hallaba sobre la suerte de su hermano, y habiendo sido ineficaces sus tentativas para hacer variar la decisión de los reyes de España, resolvió pasar a Inglaterra y se alejó de la corte, preparándose a la partida.
El ilustrado religioso Juan Pérez de Marchena se la hizo suspender; escribió a la Reina desde su convento cerca de Palos (condado de Niebla, costa y provincia de Sevilla) instándola para que hiciese examinar de nuevo el glorioso y bien meditado proyecto del genovés; y tuvo la satisfacción de que —125→ se le llamara a Santa Fe, en que se hallaba la corte, para conferenciar con la misma soberana. Fue tan poderoso el influjo y tan eficaz la mediación del prior Pérez, que a su primer entrevista se invitó a Colón y se le auxilió con una corta cantidad para que costeara su viaje de regreso hasta la expresada población, en que permanecieron después los reyes hasta la toma de Granada.
Todo principió a cambiar a vista de las demostraciones bondadosas con que la Gran Isabel recibió en esta ocasión a Colón. Alonso Quintanilla, fiscal de la real hacienda de Castilla, y Luis Santángel, recaudador de rentas eclesiásticas en Aragón, se declararon sus protectores; otros españoles les imitaron; se examinaron de nuevo las proposiciones de Colón; parecieron exorbitantes sus peticiones, por ventajoso que fuera el resultado; se creyó también ridículo conceder las primeras distinciones a un triste piloto extranjero; y como Fernando sostenía con ardor la repulsa dada antes a Colón, la Reina rompió inesperadamente la negociación, mortificándole más con este desaire que con las alternativas de lisonja y humillación que se le habían hecho sufrir desde el momento en que dio a conocer su plan atrevido y difícil.
Ya había tiempo que Bartolomé, después de haber sido cautivado en su viaje para Inglaterra, había podido escapar y arribado a dicha isla, en la cual, no obstante su estado de indigencia por haberlo perdido todo, dibujando y vendiendo mapas halló modo —126→ de presentarse a Henrique VII, quien, en medio de su economía y del temor de emprender cosas costosas, recibió el proyecto del hermano más favorablemente que los reyes de España y Portugal y la república de Génova ya nombrados.
Cristóbal Colón se separó segunda vez de la residencia de los reyes católicos; dejó a éstos con la toma de Granada en posesión de la parte más fértil y rica de la Andalucía; se celebraron por tan plausible motivo fiestas magníficas; Quintanilla y Santángel aprovecharon aquellos momentos de enajenamiento general para fijar la voluntad de Isabel, y hacerle concebir los resultados gloriosos de la expedición de Colón; se comunicó por ésta la resolución de aceptar las proposiciones rechazadas, se despachó un correo volviendo a llamarle, y aunque aquella soberana se manifestó también dispuesta a vender sus diamantes, Santángel se comprometió a facilitar las cantidades necesarias para los gastos, a fin de no recurrir a arbitrio tan desagradable.
Tantos años de pretensión y tantos sinsabores para Colón por el disgusto de no lograr lo que debía cambiar la faz del Mundo, desaparecieron al fin por el convenio que se firmó en 17 de abril de 1492, constante de cinco artículos, cuya sustancia se redujo: 1.º al nombramiento con que los reyes católicos investían a Colón, declarándole almirante en todos los mares, islas y continentes que descubriera; 2.º al nombramiento de virrey hereditario —127→ de las mismas islas y continentes, con la prerrogativa de proponer en terna las personas que juzgara a propósito para desempeñar los gobiernos que conviniera establecer; 3.º se le concedió para sí y para sus herederos el décimo de las utilidades agrícolas y mercantiles de los mismos países; 4.º se le revistió de facultades para terminar por sí, o por medio de jueces electos a su voluntad, cualquier pleito sobre asuntos de comercio; 5.º se le admitió la anticipación que ofreció para cubrir la octava parte de los gastos de la expedición y de los que se erogasen en establecimientos de comercio, debiendo ser la indemnización proporcionada y sacada de la masa de utilidades.
La reina activó la salida de la expedición; Colón recibió sus últimas instrucciones y las de su esposo el 13 de Mayo; en Palos de Moguer, residencia del prior Pérez, halló que éste había empleado su crédito en proporcionarle algunos fondos y compañeros para el viaje; enarboló el pabellón en la carabela Santa María; dio el mando de la Pinta a Martín Pinzón. Y el de la Niña a su hermano Yáñez Pinzón; y se hizo a la vela de la barra de Saltes el 3 de Agosto del mismo año a presencia de un numeroso concurso, después de haber rogado al cielo por el buen éxito de la empresa, comulgando al intento con toda su gente en el convento de la Rábida, a que pertenecía el prior. Esta célebre expedición constaba de las tres pequeñas embarcaciones ya dichas y de noventa hombres, inclusos algunos —128→ aventureros y gentiles hombres de la corte encargados de acompañar a Colón; tenían víveres para 12 meses y además muchas probabilidades para perecer por la mala construcción de los buques, sólo a propósito para viajes cortos7.
Las averías ocurridas en la Pinta a la travesía para Islas Canarias y el conocimiento que Colón acabó de tomar del mal estado de su pequeña flota, le detuvieron en la Gomera hasta el 6 de Septiembre en que dio principio, dirigiéndose al Oeste de las expresadas islas, a los días gloriosos de su vida. Mares desconocidos, abatimiento y consternación en una gran parte de los que le acompañaban y se estremecían al considerar los peligros que iban a arrostrar; ignorancia, pusilanimidad y arrepentimiento en otros; todo conspiraba para desgraciar la empresa y todo lo allanó Colón por su perseverancia y sus conocimientos y por el gran talento de sobreponerse y gobernar diestramente las pasiones de los que le rodeaban.
No obstante, el 14 del mismo mes la variación inesperada de la aguja, inclinándose un grado al Oeste, causó nuevo terror entre aquellos navegantes, pero felizmente pudo disiparlo Colón. A distancia de 370 leguas de las Canarias, un mar cubierto de plantas desconocidas, y que se les figuró una cosa espantosa, volvió a alarmarlos, en lugar de tranquilizarlos; —129→ pero cuando vieron aves, ignorando que éstas se alejan de las costas a mayores distancias, volvieron a animarse. El 1.º de Octubre Colón, por no asustar su gente con lo andado, les ocultó que se hallaban a 700 leguas de las islas, sin que sacase gran fruto de este disimulo, porque, cansados de esperar el descubrimiento de las tierras anunciadas, principiaron a murmurar y se prepararon a desobedecer y aun a tratar de volverse, arrojando antes al agua al Almirante.
El célebre Colón no tuvo desde aquel día un momento de reposo ni de seguridad; las maquinaciones de su gente fueron terribles; casi todos se dolían de haberse sujetado, según decían, a un miserable aventurero; y más que a su prudencia y a su autoridad vacilante, es necesario atribuir a los decretos del cielo que hubiera podido contener una tripulación irreflexiva y disgustada.
Se demuestra esto palpablemente en la descubierta insubordinación que estalló en 8 de Octubre. Los oficiales de mayor confianza para Colón se pusieron de parte de los malcontentos; y en medio de una furiosa desesperación le reconvinieron y amenazaron tumultuosamente, exigiéndole que se volviera. Dominados por fortuna por las insinuantes y persuasivas manifestaciones del Almirante, cesaron en sus clamores y ofrecieron esperar sumisos tres días de plazo que les pidió Colón, asegurándoles el regreso si no descubrían en ellos la tierra.
El poco fondo del Atlántico en los mares en que —130→ navegaban, la vista de los pájaros que se separan poco de la tierra, las cañas recién cortadas y las piezas de madera labradas que encontraban, acabaron de persuadir a Colón de que el término y objeto de su viaje se había logrado. En la tarde del 11 hizo aferrar las velas para esperar el día sin exponerse a las contingencias desagradables que resultan en la obscuridad de la noche y a las 10 de ella llamó a Pedro Gutiérrez, paje de la reina Isabel, y le mostró una luz que había divisado. Después de media noche en la Pinta se gritó tierra, y en medio del júbilo, del sobresalto, de la incertidumbre y de la impaciencia, nadie se acordó más del sueño, permaneciendo inquietos hasta el amanecer.
Una isla cubierta de bosques verdes y frondosos se les presentó, con el día, a dos leguas de distancia; las tripulaciones entonaron el Te Deum, que se principió en la misma Pinta; los españoles pidieron al Almirante perdón de su ignorancia y de su insubordinación; trocaron las injurias en demostraciones de respeto, con que admiraban el espíritu sobrehumano que le hacía inmortal; y al son de una música militar, con banderas desplegadas, el Almirante Cristóbal Colón, ricamente vestido, fue el primer habitante del Antiguo Mundo que pisó las tierras del Nuevo, desembarcando con su comitiva en la isla Guanahani, o de San Salvador, el día 12 de Octubre de 1492.
Guanahani es una de las islas Lucayas o de Bahama; dista al Oeste de la Gomera 1.250 leguas; al —131→ Sureste de la Florida, en los Estados Unidos del Norte, 82; al Norte de la isla de Cuba 60; y al Noroeste de Puerto Rico 1868.
La América ha tomado este nombre de Américo Vespucio, natural de Florencia, quien después de su viaje emprendido en 20 de Mayo de 1499, por haber publicado relaciones del reconocimiento que hizo entonces de una parte del continente al sur de la Línea, suponiéndose su descubridor, usurpó a esta gran sección de la Tierra el nombre ilustre que la corresponde. Ha sido llamada Nuevo Mundo por su reciente descubrimiento, e Indias Occidentales por sus grandes riquezas y situación al occidente de la Europa, diferenciándolas así de las Indias Orientales situadas al oriente de aquel país. Los ingleses limitan generalmente aquel nombre a las islas Antillas, denominándolas del Oeste.
No ha podido decidirse si los antiguos tuvieron o no algún conocimiento de la América. Los que están por la afirmativa apoyan su opinión en lo que habla Platón sobre una isla Atlas, que figura mucho mayor que el Asia y la Europa, en lo que refiere Manilio de otra grande tierra situada al occidente de Europa y África, y en lo que se lee en —132→ Diodoro Sículo sobre los marineros fenicios que fueron arrojados por una tempestad a cierta isla situada al occidente del África por donde corrían grandes ríos. Envueltas sin embargo en el caos las conjeturas que arrojan de sí los datos precedentes, jamás podrá quitarse a Colón la gloria de haberlos confirmado, arrojándose a mares desconocidos y a costa de peligros imponderables, libertando así al Mundo Viejo de que otro papa semejante a Zacarías condenara por herejes a los que, a imitación de Vigilio, hubieran querido sostener la existencia de los antípodas.
Franqueada la navegación hacia la América por Cristóbal Colón, el espíritu de nuevas empresas alentó a otros para imitarle y adelantar aquel descubrimiento; el mismo Colón añadió nuevos timbres a su primera gloria, y hasta nuestros días varios pilotos de gran reputación no han cesado de trabajar para presentar al Mundo un exacto conocimiento al menos de sus costas. Las épocas generales más notables son las siguientes.
Años
1493.- Cristóbal Colón regresa de su primer descubrimiento y llega a Palos de Moguer el 15 de Marzo.
Ídem.- Segundo viaje del mismo; reconoce las Antillas menores.
—133→1496.- Retorna a España desde Santo Domingo.
Ídem.- Juan Cabot, veneciano, sale de Inglaterra y reconoce la costa del Labrador, avanzando hasta el 67º de latitud Norte.
1497.- Sebastián Cabot descubre a Buena- vista al Nordeste de Terranova y recorre mucha parte de la costa del continente septentrional.
1498.- Cristóbal Colón en su tercer viaje reconoce la isla de Trinidad, la embocadura del Orinoco y las costas orientales de Cumaná.
1499.- Américo Vespucio reconoce las costas orientales de esta parte de la América y los repite en 1501 y 1503; algunos datan su primer reconocimiento desde 1497.
Ídem.- En el mismo año recorrió Alonso Ojeda la costa de estas provincias desde el oriente hasta el cabo La-Vela.
1500.- Cristóbal Guerra, que salió a descubrir poco después de Ojeda, recorrió también las mismas costas; hizo comercio con los naturales de la provincia de Coro; continuó la Goajira y Río Hacha y, rechazado por sus habitantes, remontó hacia punta Araya; reconoció sus salinas y regresó a España.
Ídem.- Pedro Álvarez Cabral descubre el Brasil, cuyas costas habían sido reconocidas antes en algunos puntos.
Ídem.- Cristóbal Colón es conducido a España cargado de cadenas.
—134→1502.- Este hombre célebre olvida tan grande agravio y emprende su 4.º y último viaje; descubre las costas y golfos que se extienden desde el Darien, en la Nueva Granada, hasta Honduras en Centro-América. Naufraga y se salva en las costas de Jamaica.
1504.- Colón retorna a España; a la edad de 59 años fallece de gota en Valladolid el 20 de Mayo de 1506.
1511.- Juan Díaz Solís reconoce parte del curso del gran río de la Plata.
1512.- Vasco Núñez Balboa descubre el mar Pacífico por el istmo de Panamá y toma posesión de él a nombre del rey de España.
1517.- Francisco Hernández de Córdoba descubre la península de Yucatán.
1520.- Fernando Magallanes, portugués al servicio español, descubre la Tierra del Fuego y el estrecho de su nombre; atraviesa por él desde el Atlántico al Pacífico.
1525.- Francisco Pizarro, Hernando de Luque y Diego de Almagro se asocian en Panamá y descubren las costas de Chocó y de las Esmeraldas.
1526.- El mismo Pizarro reconoce las costas de Tumbez en el Perú.
1527.- Juan Ampués, comisionado por la Audiencia de Santo Domingo, funda la ciudad de Coro en tierras habitadas por los indios —135→ caiquetíos, súbditos del poderoso cacique Manaure.
Ídem.- Juan Bermúdez descubre y da nombre a la isla Bermuda.
1528.- El capitán Vito Bering se hace a la vela de la península Kamchatka en Asia, sube al 67º latitud Norte y atraviesa el estrecho a que después se dio su nombre.
1534.- El francés Santiago Cartier descubre el golfo y río de San Lorenzo.
Ídem.- Hernán Cortés hace reconocer las costas próximas al puerto de Acapulco sobre el Pacífico.
Ídem.- Sebastián Benalcázar descubre a Quito, Pasto y Popayán.
1535.- Descubrimiento de Cundinamarca por Gonzalo Jiménez de Quesada.
Ídem.- Descubrimiento del cerro del Potosí.
1536.- Diego Almagro descubre a Chile.
1538.- Hernando de Soto descubre el río Misisipí.
1539.- Pedro Valdivia reconoce el país de los Araucanos y mucha parte del Chile propio.
1540.- Gonzalo Pizarro reconoce el país de los Canelos y descubre los ríos Napo y Coca.
Ídem.- Pánfilo Narváez descubre el Nuevo México.
Ídem.- Francisco Orellana reconoce y da su nombre al río Amazonas.
1542.- Ruiz Cabrillo descubre el cabo Mendocino en la Alta California.
1576.- Martin Frobisher descubre y da su nombre —136→ a un estrecho de la América inglesa.
1578.- Francisco Drake, después de recorrer las costas occidentales de la América, da el nombre de Nueva Albión a la parte más septentrional de la Alta California y toma posesión de ella a nombre de la Inglaterra en 1579. Los viajes de este célebre marino duran hasta 1590.
1585.- Juan Davis reconoce la costa occidental de la Groenlandia.
1587.- El mismo descubre la isla Disco y el estrecho de Cumberland.
1594.- Hawkins descubre las islas Falkland o Malvinas.
1607.- Henrique Hudson reconoce la costa oriental de la Groenlandia hasta el 82º latitud Norte.
1610.- El mismo reconoce el estrecho y la bahía o mar que lleva ahora su nombre.
1616.- William Baffin con el capitán Roberto Bylat avanzaron hacia el Noroeste más que Davis buscando paso para el Asia; descubrieron varios estrechos, dando el primero su nombre a la bahía o mar de Baffin.
1728.- Se reconoce con exactitud el estrecho de Bering.
1745.- Algunos navegantes de la península Kamchatka, arrojados por una tempestad, reconocieron las islas Aleutianas.
1772.- Mister Hearne reconoce la América hasta el 72º de latitud Norte.
—137→1789.- Viajes de Mister McKenzie; da razón de los mares helados del Norte hacia los 70º grados de latitud.
1792.- Quadra y Vancouver reconocen toda la costa Noroeste de la América y dan nombre a todas sus islas y a varios puntos del continente.
1819.- Viajes del capitán Parry, que penetró en el mar Polar por el estrecho de Barrow.
1821.- Franklin descendió al mismo mar por el río Copper-Mine, reconociendo 180 leguas de costa.
Así de las épocas anotadas, como de otras no mencionadas, se hablará al describir cada región. El descubrimiento de esta parte del Mundo interesó tanto al gobierno español, que desde luego se la dio en 1524 un Patriarca especial con residencia en Madrid; también se creó en el mismo año un consejo, titulado de Indias, con facultades omnímodas sobre todos los ramos y empleados; pero éstas fueron restringiéndose poco a poco, a voluntad de los monarcas, que comúnmente se sometían al capricho de sus ministros o al parecer de los virreyes.
Los Almirantes, titulados también de las Indias, sólo lo fueron en el nombre, perteneciendo esta dignidad a la casa del descubridor. Igualmente se creó la de gran Canciller; pero sólo duró desde el año de 1528 hasta el de 1776 en que falleció el que la servía y era siempre Grande de España.
—138→
La América consta de las siguientes principales divisiones.
| Territorio | Población |
| Septentrional | |
| Posesiones inglesas y rusas y la Groelandia | 1.240.600 |
| Estados Unidos de América | 13.066.407 |
| Id. de México | 7.350.600 |
| República de Centro-América y provincia neutral de Soconusco | 1.702.120 |
| Antillas mayores y menores incluso la República de Haití | 3.068.965 |
| Archipiélago de Bahama y mar de Desembuques: Bermudas | 29.600 |
| Total | 26.458.292 |
| Meridional | |
| República de Nueva Granada o Cundinamarca | 1.144.300 |
| República de Ecuador | 743.000 |
| República de Venezuela | 767.100 |
| República de Perú | 1.100.000 |
| República de Bolivia | 500.000 |
| República de Chile | 1.300.000 |
| Patagonia | 1.500.000 |
| República de Argentina | 1.600.000 |
| Provincia del Paraguay | 5.306.418 |
| Guayana Francesa, Inglesa, Holandesa | 100.000 |
| Total | 15.083.875 |
| TOTAL | 41.542.167 |
Los cuales dan a más de 27½ individuos por legua de superficie.
Los mares Atlántico y Pacífico, que se ha dicho bañan esta parte de la Tierra, toman diferentes denominaciones, según se verá.
Entre la Groenlandia y la parte oriental de la América Septentrional la de la bahía de Baffin, a la cual se entra por el estrecho de Davis, que separa dicha isla de las posesiones inglesas. En la costa de éstas se halla el estrecho de Hudson, que comunica a la gran bahía del mismo nombre, formando su entrada la isla Resolución y las de Chudleigh; más al Norte hay otro estrecho llamado de Cumberland, que —139→ comunica con la misma bahía y está formado por las islas Forbishers y tierras no bien conocidas.
Corriendo la costa desde el cabo e islas de Chudleigh, situadas a los 60º y 30' de latitud Septentrional y orillando el litoral oriental de la Tierra del Labrador en dirección Sureste, se encuentra la bahía de los Esquimales y más adelante el canal de Belle-isle entre el continente y la isla de Terranova, situada al Este en la entrada al golfo de San Lorenzo, cuya comunicación principal con el Atlántico corre entre dicha isla y la de Cabo Bretón al Nordeste de la Nueva Escocia, o península de Acadia, limítrofe con el Estado de Maine, el más septentrional de la república de Washington por esta parte. Al oriente de Terranova y de estas últimas posesiones se extiende por 220 leguas de Norte a Sur el Gran Banco del mismo nombre, cuya profundidad se gradúa de 20 a 50 brazas.
En Maine principian las costas orientales de los Estados Unidos de América. Entre sus muchas puntas o cabos son los principales el Hatteras, el Fear y el Cañaveral, bañados por el Atlántico, llamando este último la atención por ser adonde se encuentra la salida del Gran Canal de Bahama, que orillea toda la costa de la Florida Oriental. El Gran Banco de Bahama, que se extiende al Este y del cual se hablará, da su nombre a dicho canal; llamándose Lucayas la multitud de isletas que se levantan de su fondo.
A la entrada por el Sur del Gran Canal es donde —140→ se agolpan las corrientes del Canal Viejo, formado por el mismo Banco y las costas septentrionales de la isla de Cuba, y más especialmente las que salen del golfo o Seno de México. Las aguas que bañan las costas septentrionales de Puerto-Rico y Haití son las que vacían por el Viejo Canal con un impulso de milla y media por hora, aunque en esto suele haber variaciones cuando tiran las corrientes hacia otro rumbo.
El largo del Canal Viejo, en dirección Sureste a Noroeste, pasa de 150 leguas, que son las más peligrosas, especialmente adonde lo estrechan, pocas millas, los bajos de las Mucanas y los cayos Guinchos y Lobos, situados a la parte opuesta del cantil de escollos que rodea a cayo Romano y otros menores que cubren al Norte la costa del departamento del Príncipe en la precitada Cuba. Es costumbre no pasarlo sin buenos prácticos, que se toman comúnmente en el puerto de Baracoa y se dejan a la proximidad de Matanzas o de La Habana, abonándoles 150 pesos; y es tan temible su navegación en tiempo de Nortes, desde principio de Octubre hasta fin de Abril, que se prefiere entonces hacer un viaje dilatado, rodeando a Cuba por el Sur para remontar luego desde el cabo occidental de San Antonio, si es que el buque lleva destino a las dos ciudades últimamente nombradas.
Las aguas del golfo de México se reúnen a las anteriores, vaciando por el canal que forma la misma Cuba y la península de la Florida. En la costa de —141→ aquélla se notan los peligrosos bajos de los Colorados; y en los de ésta, los de la Tortuga y las islitas Mártires, que circuyen el cabo meridional de la Florida, nombrado Sable. A este punto pertenece la islita Cayo Hueso, depósito de contrabando y fondeadero de la marina de guerra americana, que observa de cerca las costas de Cuba y cruza aquellos mares, persiguiendo a los piratas; lo mismo que la escuadrilla inglesa apostada en la isla Providencia, que es la principal de las Lucayas.
El largo del Gran Canal de Bahama pasa de 50 leguas de Sur a Norte, y su ancho de 14 a 20, siendo sus corrientes tan fuertes que llevan un impulso de cuatro a cinco millas por hora; esta velocidad se aumenta cuando hay vientos contrarios, a menos que soplen muy tempestuosos del Norte. En el primer caso la operación de los buques que intentan desembocarlo es atravesarse en medio del canal, para que las mismas corrientes los lleven fuera en poco tiempo. En el segundo las costas de la Florida constituyen un sepulcro cierto, de que pocos escapan, porque el mar embravecido forma un infierno de enormes oleadas a que no es dado resistir y que conducen las embarcaciones a estrellarse. Todas las costas de los Estados Unidos tienen en los parajes más peligrosos torres con faroles, que se cuidan esmeradamente para que sirvan de guía a los navegantes y se precaban de lo que deben recelar.
El Seno o golfo mexicano es el receptáculo de las aguas del mar llamado de los Caribes, o Antillas, —142→ y con mayor justicia de Colón, las cuales le entran por el otro canal que abren Cuba y la península de Yucatán, con corrientes laterales que siguen a descargar por el canal de la Florida, formando el gran río marino de Bahama, que principia a perder su fuerza luego que desemboca en el Atlántico, sin dejar de marcar bien su curso hasta más allá del Banco de Terranova, cuyo extremo meridional dista 540 leguas de la desembocadura del mismo Gran Canal.
Dichas corrientes se atribuyen a los vientos alisios y a las columnas o masas de agua dulce con que empujan al mar el Amazonas, Orinoco, y otros grandes ríos, cuya acción se dirige por nuestras costas orientales, hacia los freus o canales de las Antillas menores, siguiendo el curso a que les impele la configuración de las costas de Guayana y parte de las del Brasil, en que reinan aquellos vientos.
Las Antillas menores son las que, con las mayores, forman el mar ya nombrado, e interpuesto entre ellas y las costas orientales de Yucatán, Centro-América, Cundinamarca y Venezuela. Sus nombres se dirán más adelante, y cuando se trate de los anteriores territorios se describirá los golfos y bahías pertenecientes a dicho mar. A la demarcación de Centro-América corresponde el cabo Gracias a Dios, el de La-Vela a Cundinamarca, la península de Paraguaná, cabo Coadera y otros a Venezuela; y varias islitas y escollos de los cuales se hablará igualmente en su lugar.
—143→Desde el cabo Norte hasta el de Casipur en Guayana se ven desembocar, además del Orinoco, una porción de ríos caudalosos que no sólo hacen anegadiza la costa, sino que la obstruyen con bancos de lodo y arena que dificultan la navegación. La marea sube de 12 a 15 pies, que a la corriente de dos millas por hora hacia las Antillas le dan otra de aumento en las vaciantes. Entre el cabo Orange de la misma Guayana y el de San Roque en el Brasil se encuentra el desembocadero del gran río de las Amazonas, que se asemeja a un mar de agua dulce, con una profundidad de 100 brazas afuera de las islas que forman sus bocas. El cabo San Agustín, en el mismo imperio, a 80 leguas del de San Roque, es el más oriental de toda la América.
Desde el cabo San Agustín corre la costa del mismo imperio inclinándose al Suroeste hacia la boca de laguna de Patos, llamada de Río Grande, por donde se entra a la de Merin, en que desagua el río Llaguarón, límite con la provincia de Montevideo perteneciente a la República Argentina, que extiende su litoral 50 leguas más al Sur de la embocadura del río Salado, ocupando parte del territorio de los Patagones, que se ha tratado de comprar a los indios desde 1822. En esta costa se encuentra otro mar de agua dulce, poco profundo y formado por la embocadura del río de la Plata, entre los cabos de Santa María y San Antonio, a cuya parte interior disminuye mucho la acción de las mareas.
Desde el puerto de San Antonio, cerrado por la —144→ península de San José en los Patagones, la costa toma su dirección principal hacia el Sur o cabo Vírgenes, en que se encuentra el estrecho de Magallanes, que atraviesa el continente de Este a Oeste con una dirección irregular hacia el cabo Pilares. La boca oriental de dicho estrecho la forman el mencionado cabo Vírgenes y el de Santa Catalina, donde principia la Tierra del Fuego, cuyo litoral varía de dirección describiendo una curva hacia el Este y cabo de San Diego, donde se encuentra el estrecho Lemaire, que separa dicha tierra de la isla de San Esteban. Doblada ésta hacia el Suroeste se encuentran varias islitas próximas a la Tierra del Fuego, que avanza al Sur formando el extremo meridional de la América, cubierto por el cabo de Hornos. Al oriente del estrecho de Magallanes se hallan las islas Falkland, pertenecientes a la Inglaterra, y distantes 80 leguas de la Tierra del Fuego, cuyas costas al Suroeste están desiertas. Al occidente de la Tierra de los Patagones, corriendo la costa desde la boca del estrecho, en que se encuentra al Norte la islita de Santa Inés, y buscando la península de Tres Montañas, perteneciente al Nuevo Chile, se hallan sucesivamente sobre el mismo litoral y separadas del continente por anchos canales marítimos las grandes islas nombradas Roca Partida, Madre de Dios y Campana, con otras menores; entre las dos primeras islas se halla el golfo de Toledo, cuya entrada está dividida en dos canales por la isla de San Martín; entre la segunda isla y la tercera se —145→ halla el golfo de la Trinidad, y entre la misma isla tercera y la península se encuentra el golfo de Penas.
Al Norte de la península de Tres Montañas se extiende sobre la costa, entre el 45º 46' y el 41º 50' latitud Sur el Golfo de Guaytecas o archipiélago de Chonos, ocupado por ochenta islitas o rocas de granito, entre las cuales sobresalen por sus arboledas las nombradas Tequehuen, Ayaupa, Menchuano e Iquila. Hacia la parte septentrional del golfo se extiende la grande isla de Chiloé, cuyo nombre se da también al mismo archipiélago, y la cual en toda su extensión, de más de 40 leguas, corre siempre separada del continente por un ancho canal muy peligroso.
El mar que circuye a la América por el Occidente, desde que se dobla el cabo de Hornos, toma el nombre de Pacífico, sin serlo. Chile, Bolivia, el Perú, el Ecuador y Cundinamarca son los estados o repúblicas que tienen costas en el litoral occidental de esta parte de la América, con varios cabos y pequeñas islas de que se hablará en la descripción del territorio a que pertenezcan.
Desde el archipiélago de Chiloé hasta la bahía de Arica, la dirección principal de la costa es de Sur a Norte. En los 18º latitud Sur varía hacia el Noroeste o Punta Aguja en el 6º latitud Sur, volviendo a inclinarse hacia el Norte o Cabo Blanco cerca del 4º grado. De este cabo ya se habló; entre él y la punta de Santa Helena en el 2º 10' latitud Sur se halla el golfo de Guayaquil; ambas —146→ puntas están casi Norte Sur, y a pocas millas de Santa Helena roba la costa hacia el Nordeste o punta de la Galera, para continuar delineando una figura casi circular desde la bahía del Chocó hasta punta de Puercos que cierra el golfo de Panamá, donde se estrecha el continente hacia la bahía de Mandinga en la costa del mar de las Antillas, dando origen a la división natural de la América en Septentrional y Meridional, unidas por el istmo de aquel nombre, que tiene de ancho, entre el fondo del golfo y el de dicha bahía, ocho y media leguas.
En Golfo Dulce, al Noroeste de Panamá, principian las costas de Centro-América, o la antigua capitanía general de Guatemala; y en el de Tehuantepec, las de México a continuación. En éstas se hace notable el mar Bermejo o Rojo, que forma y toma el nombre de la península de la California, bañando a la vez las costas de la Sonora y de Sinaloa. El cabo Lucas a los 22º 53' latitud Norte es el más avanzado de dicha península en su dirección del Noroeste al Sureste.
Desde dicho cabo siempre corre la costa hacia el Noroeste, y bahía del Almirante en las posesiones rusas, a los 60º de latitud septentrional donde varía, contorneando la cordillera en que se eleva el monte San Elías, y despidiendo a continuación la península formada entre el puerto William al oriente y la bahía de Cook al occidente. Sobre esta bahía principia la península Alaska, que se prolonga considerablemente al Suroeste bajando desde el —147→ 60º hasta el 54º de latitud Norte. Al remate de la península, cuyos habitantes se titulan hombres del oriente, se halla la isla Ouneemak y sucesivamente la gran cadena de islas que componen el grupo del Fox o los Zorros, las cuales describen un arco de círculo hacia el 51º de latitud, y grupo Andreanof, que sigue hacia el de las Aleutianas, pertenecientes al Asia y península de Kamchatka.
Al Norte del arranque o unión de la península Alaska con el continente se halla en éste la bahía de Bristol, y 140 leguas más al septentrión el estrecho de Bering, que separa al Asia de la América; dicho estrecho, cubierto de islotes desiertos, tiene 17 leguas de largo y 10 en su menor ancho; al Norte del estrecho, pasado el grado 70, la costa es impenetrable por los hielos.
El litoral desde el cabo San Lucas hasta el grado 42 pertenece a México con las denominaciones de Vieja y Nueva California; a la parte más septentrional de ésta, la llaman también Nueva Albión; desde el confín de México sigue la costa Noroeste repartida entre los norte-americanos, los ingleses y los rusos, según se explicará en su lugar, haciendo a la vez mención de las islas que costean a las Californias y de las de Nutka, Carlotas, Kodiak y otras que siguen más al Noroeste.
No es posible describir las montañas, volcanes, lagos, producciones de los tres reinos, ríos y climas de ambas Américas para presentar su conjunto a un golpe de vista, puesto que todo es tan variado —148→ y exige relaciones particulares; así se practicará al tratar de los territorios que abraza su superficie.
Puede decirse desde luego que la América se diferencia de las demás partes del Mundo así por la raza de sus primitivos habitantes, como por rasgos especiales de una magnificencia tan palpable que no es dado desconocer el destino a que está llamada, y a que indudablemente llegará, atrayendo a su suelo toda la riqueza del Oriente y el saber y la civilidad de la Europa. Lo que más fija la atención del hombre, en el momento en que quiere considerarla, son sus extensas y elevadas montañas, sus grandes planicies y valles, sus furiosos volcanes, sus dilatados y caudalosos ríos y su abundancia en metales, en frutos y en maderas preciosas.
La gran cadena de los Andes se considera la madre u origen de casi todas las cordilleras, que con diversos nombres se ramifican, más en la América Meridional que en la Septentrional, tomando distintas direcciones. Su extremo Sur se encuentra en el cabo Froward sobre el estrecho de Magallanes, desde donde, acercándose más al Pacífico que al Atlántico, y atravesando casi rectamente al Norte por las repúblicas de Chile, Bolivia, Perú, Quito y Cundinamarca, varía absolutamente en este territorio, disminuyendo de elevación hacia el istmo de Panamá por el cual continúa, volviendo a elevarse en Centro-América y aumentando su altura en México, cuyo país atraviesa sin intermisión, para morir en tierras no bien conocidas y situadas al Septentrión; —149→ su largo pasa de 3.000 leguas.
El mayor ancho de la cadena en la América Meridional se encuentra en los nudos del Cuzco en el Perú, y del Porco en el Potosí, territorio de Bolivia, en cuya república se han reconocido recientemente los picos Sorate e Illimani, mucho más elevados que el Chimborazo y casi iguales a los que llevan mayor celebridad pertenecientes al Himalaya. Los Andes, al atravesar dicha república y la del Perú, forman dos cadenas diferentes; en la oriental es que se elevan los picos citados, mucho más altos que el Cuchibamba y el pico volcánico de Guatalieri, que pertenecen a la cadena occidental, más próxima al Pacífico. Entre estas dos cadenas se forma en la misma Bolivia la mesa donde se halla la laguna Titicaca; dicha mesa, a más de 4.300 varas sobre el nivel del mar, se reputa por la más elevada del globo, después de la del Tibet.
Antes era considerada como el Tibet de la América la mesa de Pasto, entre la cual y la ciudad de Popayán se forman por los Andes tres grandes ramales, que son: el Oriental, o de Suma Paz; el Central, o de Guanacas y Quindín; y el Occidental, o del Chocó. Aunque en la descripción de cada una de las provincias y gobiernos que atraviesan se hablará de ellos con detención, se anticipa su conocimiento, en general, para mayor claridad.
El oriental se prolonga por el Este de Bogotá y de Tunja hacia la provincia del Socorro, subdividiéndose, en el territorio de Pamplona, en otros dos ramales; —150→ de éstos, el más corto va a morir en tierras de los goajiros, entre las provincias de Maracaibo y Río Hacha, por cuya parte occidental se extiende a continuación la elevada Sierra Nevada de Santa Marta; el ramal más largo corre desde Pamplona inclinándose siempre al Este para formar, al Sur de la laguna de Maracaibo, la alta cordillera de Mérida, que cruza por Trujillo hacia el Nordeste, distinguiéndose separadamente los páramos de Mucuchies y las Rosas; en distrito de Barquisimeto deja una abra, y sigue prolongándose para tomar luego el nombre de cadena litoral de Venezuela, corriendo con otras denominaciones por las costas de Caracas y Cumaná, donde desaparece, terminando al Este en el golfo de Paria9.
La cadena central de los Andes corre de Sur a Norte entre los ríos Magdalena y Cauca, sin propasarse de su confluencia en la provincia de Mompox, departamento del Magdalena, en Cundinamarca. La cadena o ramal occidental deja al Este el volcán de Puracé y se introduce en la provincia de Buenaventura, despidiendo otro ramal, que corre paralelo al Cauca, hacia la provincia de Antioquia, y continuando con el principal por la provincia del Chocó, para atravesar el istmo con la corta elevación de 300 varas sobre el nivel del mar; ésta es la cadena llamada en México Sierra Madre.
De la cadena o cuerpo principal de los Andes —151→ antes de subdividirse del modo dicho, salen dos cordilleras muy notables, porque cruzan el continente meridional de Occidente a Oriente. La una, que corre al Sur del Guaviare, divide las aguas que por direcciones diversas descargan en el Amazonas y en el Orinoco, y forma, con la cadena de Venezuela, la extensa planicie por donde entran en este segundo río otros muy caudalosos. La otra, o cordillera de Chiquitos, origen de las del Brasil, sirve también de división entre los ríos que desaguan en el Amazonas y los que vacían en el de la Plata, formando las dos grandes llanuras del mismo Amazonas al Norte y de Buenos Aires al Sur, las cuales, como la del Orinoco, se hallan abiertas al Oriente y cerradas por los Andes al Occidente.
Las diferencias principales de las tres planicies dichas consisten: en que la del Amazonas se ve cubierta de bosques inmensos, sin otros caminos que los que proporciona la navegación de sus ríos, sumamente penosa; y que las otras dos, además de constar de extensas sabanas cubiertas de pastos y matas y con palmeras esparcidas, tienen un suelo tan igual que es difícil encontrar en muchas leguas algunas pulgadas de diferencia. La llanura del Amazonas, que es la más elevada de las tres, es de tan poca altura en algunos parajes que el embarcadero de Jaén, desde donde se dan al río más de 1.000 leguas de curso, sólo tiene 235 toesas sobre el nivel del mar.
Las mesas elevadas de los Andes en la América —152→ Meridional no pueden compararse en extensión con la que forma en la Septentrional la cresta de la cordillera de México, en cuyo artículo se hablará de sus particularidades, mediante a que su dirección principal pertenece toda a la misma república, a diferencia de aquélla, la cual atraviesa diversos territorios.
Es general en la América Meridional que los valles formados por la gran cadena sean por lo común estrechos y profundos, a excepción de algunos del Ecuador; así es que, separados los habitantes por serranías y páramos intransitables, viven como aislados en el universo, arrostrando mil penalidades y peligros para hacer un mísero comercio interior sin alejarse a mucha distancia.
También se observa que la misma cadena se halla interrumpida a cada paso por grietas y aberturas extraordinarias; y aunque su falda occidental es más rápida que la oriental, son bien frecuentes en ésta varias laderas inaccesibles, muy difíciles de superar.
No hay comparación entre los volcanes de las dos Américas, ya sea contrayéndose a su número, según se dijo en el artículo 27, ya a su elevación sobre el nivel del mar, o bien a sus erupciones y a los trastornos que causan. Especialmente en las repúblicas del Ecuador y de Chile parece que se habita sobre el fuego, singularizándose en el primer territorio el furioso Cotopaxi, el Sangay y el Tungurahua, que amenazan de continuo con una —153→ catástrofe general.
En la cadena de los Andes, al pasar por la Tierra de los Patagones, se encuentran dos volcanes en actividad, diez y ocho en Chile, tres en Bolivia y el Perú, siete en el Ecuador, siete en Cundinamarca, diez y siete en Centro-América, cinco en México y uno en la costa Noroeste. Entre los de Centro-América se cuenta como continental el que arde dentro del lago de Nicaragua en la isla Ometepec, que se considera como un pico sumergido de dicha cadena.
La abundancia en metales es asombrosa. Desde su descubrimiento hasta 1803, o lo que es igual, en 311 años, se estima el producto de la plata y del oro extraídos de su seno en 5.706.700.000 pesos fuertes, de los cuales no han sido registrados 987.000.000. Desde aquella fecha se puede graduar su aumento en 400.000.000.
Cada día brotan nuevos tesoros las cordilleras de ambas, y cada día también se producen en sus fértiles y deliciosos valles frutos exquisitos que satisfacen abundantemente las esperanzas y afanes del activo agricultor. Una guerra asoladora como la que han sostenido sus habitantes para adquirir la independencia habría aniquilado para siempre comarcas menos felices; y ciertamente que sólo se necesita de unión y desprendimiento de aspiraciones indebidas para que lleguen a ser la mansión perpetua de la paz y de la prosperidad.
En tal caso recordarán las naciones del Viejo Mundo que, si en el Nuevo se las debe el bien inapreciable —154→ de la civilización, se las brinda ahora con instituciones que enseñan al hombre su dignidad, y cuál es el modo con que aspira la América a la felicidad propia y ajena.
Los ríos caudalosos de la América son en número indescriptible, y muchos no bien conocidos; los de tercer orden se llevan la primacía sobre los mayores del resto del globo, así en lo largo de su curso, como en la masa de sus aguas. En la Meridional el Amazonas, el Orinoco y el de la Plata ocupan el primer lugar; en la Septentrional el San Lorenzo y el dilatado y majestuoso Misisipí. La Meridional tiene mucho mayor número de ríos y más caudalosos que la Septentrional, pero parece que la naturaleza ha querido contrapesar la diferencia concediendo a ésta más de 200 lagos, entre los cuales algunos, como el Superior y el Hurón, merecen el nombre de mares interiores.
En las descripciones particulares de los cinco grandes ríos nombrados, se hablará de su ancho, profundidad y demás circunstancias.