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41

«El problema es delicado todavía, porque aun se asimila por algunos la 'lustración' con la impiedad y la heterodoxia».

 

42

«[...] Pero en aquel siglo de las luces y la ilustración, [las ciencias] arrebataron de pueril optimismo a los hombres, y a muchos les hicieron perder la cabeza» (O. C., II, 1971, p. 582).

 

43

«En el transcurso del llamado -¡y con cuanta justicia!- siglo de las luces -el admirable siglo XIX, el de las grandes ilusiones, las grandes rebeldías, el de los grandes progresos en el conocimiento, el de las grandes independencias: todo ello es luz-; en el transcurso de este siglo, decíamos, empezaron las citas de autores a manchar las páginas de los libros [...]» («Cuando se escribe un libro nuevo» [1928], en O. C., I, 1975, p. 71). También en «Feijoo y Francia» [1938], O. C., IV, 1976, p. 411.

 

44

Pedro Álvarez de Miranda, «Siglo ilustrado y siglo de las luces, dos denominaciones a caballo entre dos siglos», en Entre Siglos, a cura di Ermanno Caldera y Rinaldo Froldi, Roma, Bulzoni, 1993, pp. 39-53. El último testimonio que recoge, procedente del Diccionario de argentinismos de Lisandro Segovia, es todavía de 1911: «Siglo de las luces: Fig. El siglo XIX, próximo pasado».

 

45

Dice así en su discurso de recepción en la Academia Nacional de Medicina de Lima, el 16 de septiembre de 1939: «Nunca disimulé mi romántica simpatía y mi entusiasmo por las Academias. Soy un enamorado del siglo XVIII, en el que casi todas fueron fundadas y de cuyo espíritu están llenas todas» (O. C., X, 1977, p. 173). Y en su contestación al discurso de recepción del padre Batllori: «El siglo XVIII, al que yo, pese a sus culpas, que en ningún otro faltan, profeso, como el padre Batllori, profunda admiración y simpatía» (O. C., II, 1971, p. 582).

 

46

Las ideas biológicas, p. 50. Para la comprensión del sentido que otorga a esta noción, resulta muy esclarecedor lo que dice en 1958 a propósito de la expulsión de los jesuitas:

«Para mí tiene, además, este episodio particular interés, porque su mismo desatino nos invita a reflexionar sobre el factor ambiental, sobre el espíritu de época en la génesis de los acontecimientos humanos. Hoy, en los medios de propaganda actuales -y aun están en mantillas- no podemos dudar de la plenipotencia del espíritu de época, que es una creación, en parte consciente, en parte inconsciente, de los que desde las cimas de la sociedad, oficiales o no, actúan sobre las masas humanas y las arrastran a movimientos salvadores o desastrosos. Pero aun en las épocas pasadas el espíritu de época tenía, aunque con mayor lentitud y más solapados argumentos, increíble eficacia. Lo esencial, siempre, es el espíritu de época, en el cual, con manifiesto error, no creía nuestro Menéndez Pelayo ["Esto del espíritu de época es frase doctrinaria, muy vaga y elástica, con la cual se explica todo y no se explica nada", Historia de los heterodoxos, lib. IV, cap. VIII], siendo así que es una realidad tan patente como las epidemias, a la cual no escapan más que los espíritus de privilegiada fortaleza».


(«Contestación al discurso de ingreso, en la Real Academia de la Historia, del R. P. Miguel Batllori, S. I.», O. C., II, 1971, pp. 581-582)                


 

47

Las ideas biológicas, p. 45.

 

48

«Lección de una vida inacabada» [comentario al libro de Felipe XIMÉNEZ DE SANDOVAL, Antonio Alcalá Galiano, el hombre que no llegó (1947)], O. C., I, 1975, p. 737.

 

49

«Feijoo sentía el amor a su patria, no como los que la explotan, sino como los que la sirven con el sacrificio de todos los días, que es a las veces severo con ella. Distinguía, desde luego, el patriotismo verdadero de la necia patriotería» (Las ideas biológicas, p. 264).

 

50

Las ideas biológicas, p. 281.