Eugenio María de Hostos: trabajo hacia el futuro
José Emilio González
Eugenio María de Hostos
Ilustración por Adrián Nelson
Estamos en los comienzos del cuarto cincuentenario del natalicio de Eugenio María de Hostos. Vivimos los últimos instantes de la celebración gloriosa del Primer Sesquicentenario. Aquel Hostos que apenas si era conocido por la mayoría de sus compueblanos en los comienzos del siglo veinte, a la hora de su muerte y después, ha ido abriéndose paso entre la multitud. Todavía en los años posteriores al Centenario -en 1939-, Hostos seguía siendo el olvidado o el ignorado, en su propia patria. No faltaban personas para quienes el nombre de Eugenio María de Hostos era motivo de denuesto y difamación. Pero también es cierto que hubo quienes supieron defenderlo. Hicieron vibrar su nombre en el aire de nuestra historia actual. Así consiguieron que el último país en entrar en contacto vivo y prolongado con el Maestro fuera su propia patria. Hoy podemos afirmar que esta es la última visita de Eugenio María de Hostos: la visita prolongada y eterna de Eugenio María de Hostos al último país de su existencia: Puerto Rico.
Pero tales logros no significan que hayamos alcanzado las metas que deben guiarnos en nuestra acción hostosiana. La verdad es que queda muchísimo por hacer. Apenas si hemos orillado el campo de labranza. No contamos ni tan siquiera con el equipo completo de las herramientas. Apenas si se vislumbran los surcos del conuco.
¿Cómo haremos desde este primer año del ciento cincuenta y uno aniversario para que nuestras preocupaciones hostosianas vayan convirtiéndose en carne de realidad? Las modestas líneas que siguen sólo aspiran a bosquejar unas cuantas directrices hacia la concreción de tareas y objetivos.
Primero, naturalmente, debemos conservar lo conquistado hasta la fecha, y ampliarlo en el tiempo. Es fundamental la nueva edición crítica de las Obras completas, ya iniciada bajo la sabia dirección del profesor Julio César López. Es fundamental, repito, esa nueva edición crítica, porque es y ha de constituir la piedra angular de todo lo que tenemos que hacer. Estas Obras completas, editadas conjuntamente por la Editorial Universitaria y el Instituto de Cultura Puertorriqueña, perpetúan la palabra y el pensamiento del Maestro, y lo vinculan a todas las generaciones presentes y del futuro.
Como auxiliares, en segunda fila, podemos contar con elementos bibliográficos del pasado, relativamente autónomos. Por ejemplo, textos originales de Hostos que circulan en recientes ediciones como la de la Biblioteca Ayacucho, de Venezuela, La Casa de las Américas, de Cuba, y Siglo XXI, de México. Podemos también contar con libros nuevos sobre cuestiones hostosianas, como los de Manuel Maldonado-Denis, Isabel Freire de Matos, Carlos Rojas y José Emilio González. Es importantísima la labor que han venido desplegando los investigadores jóvenes como Carmelo Delgado Cintrón, Marcos Reyes, Carlos Rojas y Alfonso Latoni. Y es importantísimo que continúen esa brillante labor, develando nuevas rutas y perspectivas, nuevas interpretaciones de la obra de Hostos. De seguro que, con el tiempo, a ellos se añadirán novísimos investigadores.
En fin, hay disponibles ediciones separadas de ensayos, materiales fotográficos e iconográficos, cuñas televisivas y bandas sonoras. Los artistas gráficos han contribuido con imágenes, materiales y cromáticas. Y esa actividad debe multiplicarse y ser ampliada. El Departamento de Instrucción Pública ha facilitado algún material aprovechable, pero, por desgracia, ha cometido errores y ha incurrido en su acostumbrada práctica de limitar y tergiversar el legado cultural puertorriqueño.
Se trata pues de un tesoro que está a la disposición de las generaciones actuales, y que tiene la virtud de contar con el potencial para reproducirse y dispersarse por todo el ámbito cultural de nuestra patria.
Tercer punto. Con estos recursos materiales y espirituales, los que amamos y estudiamos la obra de Hostos debemos entrar en acción para asegurar en nuestro medio la gestión rescatadora del Maestro.
En esta encrucijada creo que es urgente destacar que tal acción y sus efectos no son de una índole aislante. Es preciso que se tome en cuenta su coordinación con el pensamiento y la

obra de extraordinarios seres humanos como Betances, Albizu Campos, José Martí, Benito Juárez y Simón Bolívar, para mencionar sólo a unos pocos. No debemos olvidar en este sentido que el pensamiento y la obra de Eugenio María de Hostos se hallan enlazados a las culturas de los pueblos de las Antillas y también polarizados hacia una visión universal de esa América que solemos llamar comúnmente América Latina.
Con el cuarto enfoque, volvemos a regiones de cercanía. Es necesario que lo esencial, lo vital, de la meditación hostosiana sea diseminada por todo Puerto Rico. Debemos hacer por que Hostos sea una presencia que se haga sentido en cada hogar puertorriqueño. Que su imagen, su nombre y sus ideas e ideales repercutan por campos, pueblos, calles, esquinas, rincones. Su imagen física como reflejo de una superioridad espiritual debe salirle al paso a nuestros párvulos, a nuestros adolescentes, a nuestros jóvenes en los planteles escolares y en los institutos universitarios. Una de nuestras metas debe ser que en cada hogar sus moradores puedan leer y estudiar a Hostos en una pequeña biblioteca o antología.
Hostos es nuestro Gran Educador. No es el único, ciertamente, pero es el más importante. Es preciso advertir a las personas interesadas en eso que por ahí se llama «la reforma educativa», que en Puerto Rico, por lo menos, no puede instalarse tal reforma educativa, verdaderamente, si no se toma en cuenta el pensamiento y la práctica pedagógicas de Eugenio María de Hostos. Y observemos que insisto en el uso de la palabra «pensamiento», y no «ideas», porque «ideas» Hostos tiene a granel; unas suyas, originales, y otras, tomadas de prestado de los grandes pensadores de la filosofía educativa, naturalmente. Todas deben ser estudiadas y conocidas por aquellas personas interesadas en los problemas de la educación y luego, analizadas y evaluadas.
Esto es un proceso lógico de selección. Pero ello no basta. Hay algo que va más allá del plano de las ideas. Estas son, después de todo, objetos de la contemplación del discurso del pensamiento. Debemos hacer todo lo posible para captar además la actividad viva del pensamiento, yo diría: la hondura del alma de Hostos. Ese movimiento, ese momento intuitivo en que Hostos funda un descubrir o un crear.
Este acto, que es como una esencia viva, al trascenderse en la idea educativa, enriquece a nuestros alumnos, a nuestros hombres y mujeres. Los hace más capaces de conocer, los transfigura, los transforma, los vuelve más hermosos más luminosos.
Enseñar para Hostos no es instalar un museo de ideas o de conocimientos en cada hombre. Es activar, prender el fuego de la creación en cada espíritu. Crear no es posible sin esa libertad esencial, radical. Una reforma educativa no es posible donde los seres humanos no pueden ser fieles a ellos mismos: In interiore homine habitat veritas, en el interior del hombre habita la verdad, dice con inmortal sentencia San Agustín, pues esa es la consigna de nuestra Universidad. ¿Cuántos la conocen? ¿Cuántos la han estudiado? ¿Cuántos han penetrado en sus múltiples y fecundos sentidos? Sólo los auténticos educadores pueden cumplir a cabalidad la tarea de la educación. Y sólo los que poseen como Hostos en grado máximo la sensibilidad educativa pueden llegar a ser libertadores del hombre. Los que entran en complicidad con estructuras opresivas no pueden educar a un pueblo.
Y con el tema de la reforma educativa, nos internamos en las terribles actualidades en que Hostos tiene mucho que decir. Es fácil verificar que varios de los grandes problemas con que tenemos que lidiar en el presente, ya palpitan en la entraña del siglo diecinueve. Nos está vedado, naturalmente, en el escaso tiempo disponible, ni tan siquiera analizar uno solo de ellos. Pero el más somero estudio revela la vigencia del pensamiento de Hostos en la centuria que está a punto de terminar y en los comienzos de la próxima, o sea, el siglo veintiuno.
Por ejemplo, la lucha por los derechos de la mujer, entre los cuales sobresale el derecho a la educación, que ya defendiera Hostos hace más de un siglo en Chile. Aunque es innegable que se han logrado progresos en varios países, en la mayor parte del planeta la mujer sigue deprimida y humillada. El mensaje irrendentista de Hostos se mantiene. Es una obligación moral para los educadores.
Pensamos también en los prejuicios raciales que siguen devastando a la humanidad. Y basta recordar a los Estados Unidos de América, África del Sur, Israel, Arabia Saudita, Etiopía y Brasil. En Puerto Rico tenemos también muchos casos de prejuicio racial. Y muchos puertorriqueños hemos estado en la complicidad de disfrazar y ocultar la verdad sobre esos casos de prejuicio racial. Una vez más, las consignas justicieras del Maestro siguen siendo válidas. Creíamos que la libertad de imprenta y los periódicos traerían inmensos beneficios y felicidad a los hombres y que servirían de invencibles armas en defensa de la verdad, la justicia y la libertad. Sin embargo, ya el propio Hostos tuvo que expresar su angustiada preocupación porque vio muchos ejemplos abusivos de la prensa. Reconocía, naturalmente, los beneficios que la imprenta y los periódicos aportaron a la humanidad, pero expresó sus temores ante las prácticas de engaño, desinformación y desorientación. Ahora tenemos más periódicos, pero también tenemos más engaños, más mentiras, más manipulaciones, más egoísmos. La tarea libertadora de Hostos se ha intensificado y se ha complicado.
Ahora hay que contar no sólo con la prensa, sino con la radio y con la televisión, que se han convertido en muchos casos en instrumentos para impedir que los seres humanos puedan llegar a pensar y conocer la verdad. La tecnología científica se ha prestado a toda clase de complicidades con los grandes centros del poder económico, del poder político y del poder militar. Esos recursos del poder económico, del poder político preparan a los hombres para la guerra y para la destrucción, cuando no para ser esclavizados. El imperialismo, en vez de disminuir, como era la esperanza de Hostos, ha aumentado. Los líderes políticos de naciones inmensamente poderosas envían sus ejércitos terribles, con barcos de guerra, aviones, artillería y toda clase de elementos destructivos para aplastar pequeños países que no responden a lo que ellos dicen allá. Se habla de paz, pero esas poderosas naciones se arman hasta los dientes. Con el mayor cinismo, los líderes políticos emergen de conferencias internacionales por la paz para ir a hablar ante las cúpulas militares y preparar las armas para la próxima guerra. Estos son sólo algunos de los problemas aterradores que enfrenta el género humano. Pero Hostos no se deja intimidar. No olvidemos sus maravillosas palabras:
| (Cita del discurso sobre «El propósito de la Normal» en Santo Domingo. Obras completas, XII, 60) | ||
Hostos demuestra su superioridad sobre otros pensadores cuando concibe a la Civilización como el ideal supremo y abarcador del ser humano. Hostos repudia ese hablar fácil de la civilización, en el «hojarascoso sentido», como él dice, «de la cultura incompleta de una metrópoli estacionaria en su desarrollo y reaccionaria en sus costumbres...»
(Ver Obras completas, V, 26). Para Hostos, la civilización no consiste en una realidad urbana, altamente complicada y en algunos casos muy desarrollada tecnológicamente, pues tal realidad puede ser muy poco humana, como aquella llamada «civilización» europea que fue denunciada como antihumana por los pensadores y artistas del movimiento expresionista de Vanguardia en las primeras décadas de este siglo. Civilización, para Hostos, envuelve el «concepto de organización completa de los medios y los fines de la vida colectiva». Aún más, la civilización, es la realización plena, y positiva, del hombre. El ideal de humanización completa de la raza humana. Sólo la educación puede lograr este ideal.
Creo que el trabajo del futuro debe tomar como punto de partida de su despliegue este concepto de humanidad, de civilización, tal como lo concibe Hostos. Las generaciones actuales deben recoger en sus fuentes prístinas el mensaje de Hostos, el mensaje de paz basado en la libertad, la justicia, el bien y la verdad. Creo que no hay ninguna manera mejor de inaugurar el cuarto cincuentenario del natalicio del Maestro.
Y para terminar les voy a leer un poemita corto. Se llama Hostos, el oficiante de la aurora:
