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Era extraordinariamente sencillo en sus gustos y modo de vestir, aunque tenía un refinadísimo sentimiento artístico, y a pesar de su larga permanencia en Europa y de la suntuosidad de la casa paterna, en que se acumulaban los objetos de arte traídos también de Europa.
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Parece oportuno recordar al lector que la situación político-económica de Puerto Rico en el período de 1867 a 1870 no pudo ser más delicada. La agitación política en España, precursora de la revolución de septiembre, repercutía ominosamente en las Antillas.
En junio de 1867 principia en Cuba la conspiración de la Guerra de los Diez Años. En Puerto Rico, la crisis económica provocada en 1867 por la pérdida de alrededor de trece millones de escudos ocasionada por el huracán de «San Narciso» obligó a los pueblos de la Isla a suspender el pago de los «cupos»
(más o menos arbitrariamente asignádoles) para el subsidio, especie de impuesto de que se alimentaban las arcas del tesoro insular. La pobreza reinante engendró el malestar, y éste, agravado por la situación en la Península, que hacía ya bambolear el trono de Isabel II, se agudizó de tal manera que, antes de un año, tuvo manifestaciones violentas, como el sofocado Grito de Lares, seguido una quincena después, por la proclamación de la independencia de Cuba en Yara.
Las medidas decididamente liberalizadoras adoptadas en España durante el Gobierno Provisional y la regencia de Serrano, tales como los decretos estableciendo la libertad de cultos, el nombramiento de la comisión antiesclavista, la derogación del proceso de limpieza de sangre, la reducción de los gastos del Clero, la amnistía de los presos de Lares y otras, tuvieron el doble efecto en Puerto Rico de avivar el separatismo de algunos de sus naturales y por otro lado, el de compeler a sus gobernadores -todavía empeñados en sostener la casi ya desvanecida importancia militar de Puerto Rico en América- a adoptar actitudes reaccionarias en la colonia tan desacordes con el movimiento liberal que avanzaba en la metrópoli. Tal estado de cosas produjo la torpe gestión del general José Laureano Sanz, el hombre que ofendió a los criollos suprimiendo las Milicias Disciplinadas y creando en su lugar el Instituto de Voluntarios, organismo de velado carácter político llamado a fomentar el incondicionalismo español, auxiliado por la Guardia Civil que había de suprimir con mano de hierro toda manifestación del sentimiento regionalista.
Para el año 1869 la Isla de Puerto Rico, a pesar de haberse obtenido de nuevo la representación en Cortes, vivía abatida en el mayor abandono y pobreza; arruinados los agricultores por el ciclón del 1867, casi imposibilitada su recuperación por la falta de vías de comunicación y de estímulo comercial, el pueblo se había abandonado al pesimismo, estado de ánimo propicio al desarrollo de las ideas separatistas (Nota de Adolfo de Hostos).
3
Amaba entrañablemente a su familia, y sus hijos, a quienes consagraba sus ocios, eran dormidos por él personalmente, al son de cánticos -era muy aficionado a la música religiosa, y oía con delectación la música clásica de los grandes maestros- que él mismo compuso; cada uno de los cuatro mayores de sus seis hijos tuvo el suyo: dos de los varones, canciones; la hembrita, una «berceusse», y el menor, una marcha.
Las Pascuas y demás fiestas de familia, así como los cumpleaños de sus hijitos, eran celebrados por él con árboles de navidad, retablos, fuegos artificiales, «guiñoles», audiciones musicales, sombras chinescas y representaciones teatrales en que los mismos niños hacían de actores, y para los cuales él escribió las comedias: «¿Quién preside?», «El Cumpleaños», «La Enfermita» y «El Naranjo».
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Perteneció a gran número de academias, ateneos y sociedades literarias, científicas, políticas y benéficas, americanas y europeas.
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Hostos dirigió o redactó y colaboró en más de 80 revistas, diarios y periódicos, literarios, artísticos, científicos, filosóficos y políticos, de Europa y América.
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En 1892 escribió también varias odas para cantar el cuarto centenario del descubrimiento de América.
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En prueba de gratitud por los servicios prestados al Municipio, el Ayuntamiento de Juana Díaz puso el nombre de «Hostos» a la antigua calle «Sanz».
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El Ayuntamiento de Mayagüez tributó un «voto de gracias» a la comisión, presidida por Hostos, que con el fin de salvar la situación de la Isla, estudió las necesidades de ella por consecuencia del ciclón del 99, y presentó las bases del empréstito.
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La Soberanía Nacional, diario progresista, Madrid, 1864-66. Lo redactaron Hostos, Guillermo Crespo, Eduardo de la Loma y Serrando Ruiz Gómez; La Nación, revista hispanoamericana, política, científica, literaria y comercial. Madrid 1866. Eran redactores propietarios Hostos, Primitivo Andrés Cardaño, Ricardo Molina, Matías Ramos y Julián Santín de Quevedo. (Eugenio Hartzenbusch, Apuntes para un catálogo de periódicos madrileños, Establecimiento tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra», Madrid, 1894. V. págs. 229 y 240-241).