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ArribaAbajoEnsayo de un estudio comparativo entre las pirámides egipcias y mexicanas

Al señor licenciado don Ignacio Ramírez, en testimonio de aprecio



Parte primera

Pirámides egipcias


Las pirámides egipcias y las que existen en el territorio mexicano, particularmente en las cercanías de Teotihuacán, tienen tantos puntos de analogía, que cuanto más detenidamente se estudian unas y otras, robustecen más la opinión generalmente   —270→   admitida de la antigua comunicación entre los habitantes de ambos mundos. El arqueólogo francés monsieur Medeah cree que no hay conexión ninguna entre unos y otros monumentos; mas para mí, su juicio es infundado por descansar en simples conjeturas, y además, en este asunto, si es algo aventurado el emitir una opinión en pro de aquel aserto, lo es aún más el asentar en contra una proposición definitiva. El estudio actual se reduce a comparar la forma, construcción, objeto y demás circunstancias similares de esas obras notables que en ambos hemisferios se conservan a pesar del trascurso de los siglos. Para que esas comparaciones sean ordenadas y puedan apreciarse más fácilmente, me propongo hacer la descripción de las pirámides egipcias y mexicanas por medio de párrafos correlativos, marcando con unos mismos números romanos los que se refieran a cada particularidad de la misma naturaleza, con el fin de hacer más palpable el paralelo.


I

Alrededores del Cairo. Descripción del terreno


El Nilo, célebre río de África, cuyo nacimiento ha permanecido desconocido durante muchos siglos, a pesar de los esfuerzos y de las investigaciones   —271→   de los geógrafos16, entra al Egipto por Asuan, antigua Siena, en donde forma la isla Elefantina, célebre por el nilómetro que en ella se encontraba y servía para indicar la futura inundación. El Nilo comienza a crecer insensiblemente cada año a la entrada de Junio, hasta que en el solsticio de estío se nota el aumento de sus aguas, el cual continúa hasta fines de Agosto. El terreno por donde pasa el río es estrecho, y va ensanchándose a medida que se acerca a su famoso Delta. La cuenca de este río es angosta hasta el Cairo, y cuenta apenas en algunos lugares de 2 a 5 leguas de anchura, y en el bajo Egipto unas 50, hallándose limitadas al Este y Oeste por varias cadenas de montañas. Su curso es impetuoso en algunos lugares, según los accidentes del terreno, formando muchas cascadas de renombre, aunque en realidad son de poca consideración, pues apenas llega su altura a dos o tres metros. Este río está sujeto a fuertes crecientes como se ha indicado antes, que producen desbordamientos, de manera que las aguas, depositando sus lamas a uno y otro lado de las márgenes,   —272→   fertilizan el terreno, formando contraste con la aridez de los adyacentes. Al Norte, y cerca del Cairo, el río se divide en dos brazos formando el Delta; el oriental o Diameta descarga en el Mediterráneo, cerca de la población de Diameta, y el occidental o Roseta, cerca de la población así llamada. El terreno comprendido entre ambos brazos, o sea el Delta, es el más fértil y el más bien cultivado del Egipto. Antiguamente el Nilo tenía siete bocas principales por donde desaguaba al mar; pero hoy, a causa de encontrarse obstruidos los canales por la arena, no cuenta más de las dos mencionadas.

Para dar una idea más exacta del aspecto del Egipto, oigamos a monsieur Rozzier, individuo de la comisión francesa, explorador de los monumentos egipcios:

«Son en extremo pintorescos los contornos de Siena y de las Cataratas; pero el resto del Egipto, especialmente el Delta, es tan monótono que acaso sería imposible encontrar otro parecido... Los campos del Delta ofrecen tres cuadros diversos, según las tres estaciones del año egipcio. Principiando por la mitad de la primavera, no se muestra más que una tierra gris y pulverulenta, con tan profundas grietas, que apenas osaría uno recorrerla. En el equinoccio de otoño se ve una extensión de agua roja y sucia y entre la   —273→   cual se elevan palmeras, pueblos y angostos diques para las comunicaciones; retiradas las aguas, que poco tiempo se sostienen a aquella altura, hasta fines de la estación, no se ofrece a la vista más que un suelo negro y fangoso. En el verano despliega la naturaleza su magnificencia; entonces la frescura, la fuerza de la nueva vegetación, la abundancia de los productos que cubren la tierra, superan a cuanto se admira en nuestros más afamados países. Durante aquella bienaventurada estación, es el Egipto, de un cabo al otro, una magnífica pradera, un campo de flores y un océano de espigas, cuya fertilidad hace más notable el contraste de la aridez absoluta que le rodea».

El Cairo, actual capital del Egipto, se halla situado a un cuarto de legua de la margen derecha el río Nilo y al Sureste de su bifurcación para formar el Delta. La cuenca del río es en este lugar de una y media a dos leguas de ancho. El terreno fértil está cultivado y tiene hermosos jardines. Frente al Cairo, atravesando el Nilo, se encuentra Gizeh, ciudad triste y mal construida, pero a la cual dan alguna agradable apariencia las palmas de dátiles, los sicomoros y olivos, y su hermoso palacio rodeado de jardines.

Cerca de Gizeh, se encuentran las famosas pirámides que son el objeto de este artículo. Su   —274→   situación no es en la parte fértil del valle del Nilo, sino en la estéril, arenosa y más elevada que por el occidente lo limita, de tal manera, que las bases de las pirámides han desaparecido bajo las arenas del desierto. Más al occidente se encuentra la cadena Líbyca.




II

De las pirámides en general


Tanto en el Egipto como en la Nubia encuéntranse a las márgenes del Nilo multitud de pirámides, aunque no todas tienen la importancia de las de Gizeh, y de éstas, cuatro son las de mayores dimensiones: la principal, llamada de Cheops, por atribuirse su construcción al monarca Egipcio así llamado, la de Chephren y Myserinus por igual motivo, y la cuarta o de Filista, que no es tan notable como las anteriores.

Aun cuando para mi objeto es inútil extenderme a otras materias que no sean las indispensables al paralelo que me he propuesto seguir, creo conveniente tratar de todas las que se refieran, por curiosas e interesantes, a las pirámides egipcias.

El geógrafo danés Malte-Brun, nos dice respecto de la etimología de la palabra pirámide,   —275→   que algunos sabios creen que ha sufrido alteración al trasmitirse de los egipcios a los griegos y otros que viene de estos últimos.

«Los árabes llamaban a una pirámide Haram en lengua copta; la palabra Khrom significa fuego, y como entre los egipcios la palabra pi era un artículo, debieron decir pikhrom, el fuego, de donde viene la palabra griega piram, y que más adelante se convirtió en pyramys (pirámide en español). La palabra indica la circunstancia de estar consagradas las pirámides al sol.

Volney cree que los griegos tomaron la palabra de los egipcios; que éstos llamaban a una tumba bour, lo mismo que en Palestina. Los griegos cambiaban la b en p, y añadían una terminación de su propio idioma, y en lugar de bour, decían pour-amis; y después pyramis.

En las obras modernas se asienta que a esos monumentos se ha dado el nombre de pirámides por su semejanza con la llama de una bujía.

Por último, César Cantú incluye en su preciosa historia la nota siguiente:

«Los griegos tomaron el nombre de pyrámide de pur, fuego, o de puroj, trigo, y solícitos de inventar una historia sobre una etimología, dedujeron aquélla de la semejanza con la llama, y ésta, de suponerlas destinadas para graneros».

Las anteriores líneas manifiestan las diferentes   —276→   conjeturas más o menos probables respecto de la idea que guió a los constructores de los monumentos de que tratamos para darles la forma piramidal. Sin embargo, existen circunstancias muy notables que hacen concebir otra idea con más viso de certidumbre. Los habitantes del Egipto medio, a imitación de los de Tebas, comparaban la vida humana a la carrera del sol, y abrían las sepulturas en las montañas situadas hacia el Ocaso, para demostrar que allí era el término de la vida humana. La cadena Líbyca se halla distante de las márgenes del Nilo y de las grandes poblaciones antiguas; tal vez por esta circunstancia concibieron la idea de construir montañas artificiales al Occidente y más próximas de los centros de población. Los cuartos interiores y galerías de las pirámides pueden muy bien ser la representación de las grutas y sus senderos. Por todas estas razones creo que la forma piramidal de los monumentos de que hablamos, proviene más bien de que los egipcios construían sus monumentos sepulcrales a imitación de montañas.

En Teotihuacán se nota igualmente la situación de las pirámides al Occidente del terreno en donde se encuentran vestigios de una antigua y grande población.



  —277→  
III

Disposición de las pirámides y orientación


Las pirámides de Egipto, según se manifiesta en la lámina primera, presentan una superficie unida en sus faces y terminando en punta; pero realmente no es así. Están formadas de una sucesión de pirámides truncas, colocadas unas sobre otras, de mayor a menor, dejando entre una y otra un escalón, de manera que van ascendiendo sucesivamente por gradas hasta la cima, que es una meseta. Las faces o caras de las pirámides corresponden exactamente a los cuatro puntos cardinales; sin embargo, las pirámides de Etiopía no se encuentran exactamente orientadas como las que se admiran en Egipto. La mayor de las pirámides cuenta de 208 a 250 escalones; los autores que he consultado a este respecto, así como acerca de sus dimensiones, están en completo desacuerdo. Esas gradas facilitan la subida a la cima.

Para mi objeto importa tener presente la siguiente circunstancia. Las pirámides de Gizeh no son un tipo inalterable de todas las demás egipcias que se encuentran en la región del Nilo. A cuatro leguas Sur de éstas existen las   —278→   de Sacarah y Dachour, que se distinguen sobre todo de las anteriores por su construcción de ladrillo.

Otras pirámides sólo están formadas de dos o tres gradas, pero que dificultan la subida a cada una de ellas por hallarse separadas de diez a trece metros de altura.

En la región del Nilo, en la Nubia, existen innumerables pirámides, aunque ninguna puede compararse con las de Egipto.

La dirección de la línea en que se encuentran los monumentos, es oblicua respecto del meridiano, según puede observarse en el plano respectivo.




IV

Objeto y construcción de las pirámides


La mayor parte de los que han escrito acerca de estos notables monumentos, que por su altura y construcción han sido considerados como una de las maravillas del mundo, creen que fueron levantados para servir de sepulcro a los monarcas egipcios, apoyando su opinión el sarcófago de granito encontrado en el interior de la pirámide mayor; pero la circunstancia de haberse hallado la osamenta de un buey en el sarcófago de   —279→   la pirámide de Chefren es un poderoso argumento en favor de los sabios que creen en el destino religioso dado a estos monumentos. El sabio Langles se adhiere a esta opinión, pues cree que fueron construidas en honor del sol, bajo el nombre de Osiris.

Muchos sabios han dado rienda suelta a su imaginación respecto del objeto de estas construcciones, y además de las dos opiniones anteriores, que son las más generales y se fundan en datos, existen otras por las que se pretende, ya que el objeto era puramente científico con el fin de perpetuar el sistema geométrico de los egipcios, o de fijar sus observatorios astronómicos, ya considerándolas como obras de utilidad y sabiduría, como diques opuestos en los sitios más convenientes a las invasiones de las arenas del desierto, y ya, en fin, atribuyendo dichas construcciones a la ambición y fatuidad de los ricos monarcas.

Por último, otros han tratado de probar que esos monumentos eran otras tantas líneas de defensa contra las incursiones de los pueblos vecinos.

No solamente los sabios han emitido su opinión respecto de la historia de estos monumentos, sino que aun la fábula ha intervenido con su parte romanesca. Por ser ésta tan curiosa como   —280→   entretenida, si bien inverosímil, no puedo prescindir de la tentación de relatar lo que me enseñan los autores que he consultado.

Agotados los tesoros de Cheops, que construía la pirámide que lleva su nombre, arbitró como recurso el prostituir a su propia hija: una gran piedra labrada por persona, era el precio de tan infame comercio.

Refiérese igualmente, respecto de la pequeña pirámide, que un águila arrebató la sandalia de la hermosa Radopa a la sazón que ésta se hallaba en el baño. El águila dejó caer tan gracioso calzado en las llanuras de Menfis; el rey, al verlo, se enamoró de su dueña, ordenando que al instante se la buscase. El Faraón vio a la griega y la hizo su esposa, quien, movida de gratitud, mandó levantar la pirámide en el mismo sitio en que había caído su sandalia.

Por último, otra de las versiones proviene de la interpretación que un anciano del monasterio cristiano de Kalmoun hizo de un libro escrito en caracteres desconocidos. En ese libro se hacía mención de las observaciones celestes para la construcción de las pirámides, y además, contaba allí la predicción de que la tierra sería sumergida. En consecuencia, un rey de Egipto, llamado Sourid, hijo de Salhoud, hizo construir una tumba para él y otras dos para su familia.

  —281→  

He presentado las diferentes opiniones que se han dado a conocer acerca de estas construcciones; pero, en mi humilde juicio, creo que ellas tienen dos objetos: el religioso y el de servir de sepulcro a los monarcas. Bajo del sarcófago en que se depositó el buey, símbolo de la divinidad, que prueba el fin religioso, se encuentra, como veremos más adelante, un pozo vertical y profundo con otras galerías interiores; tal vez es la vía que conduce a algún sepulcro, pues según la creencia más generalizada, las galerías, laberintos y rampas que existen en el interior de las pirámides, acaso no tienen otro fin que el de ocultar mejor los despojos mortales de un monarca. Nuestras catedrales han sido santuarios a la vez que criptas de las dignidades de la Iglesia, y algunas veces de los altos personajes del Estado. Esta costumbre de depositar en lugar sagrado a los muertos, la hallamos en todos los tiempos y en todos los pueblos.

Por último, confirma la idea de ser las pirámides sepulcros de altos personajes, la circunstancia de hallarse cercados de monumentos fúnebres de menos importancia.

Para explicar la diferencia de dimensiones entre las pirámides, se cree que desde el momento en que un monarca se hallaba investido del poder, los egipcios se encargaban de hacer su sepultura,   —282→   a la que llamaban la morada eterna. Se construía la base cuadrada en la roca, y sobre ella se iba levantando la pirámide, unas veces por capas horizontales, otras por capas inclinadas, pero conservando siempre la forma piramidal. De año en año, durante la vida del Faraón, se adelantaba la obra aumentando la base y las capas para dar mayor volumen a la pirámide, hasta que muerto aquél, se suspendían las obras de ampliación y se violentaba el término del monumento, de cuya circunstancia resultaba que cuanto más largo era el reinado del monarca, mayores eran las dimensiones de su monumento sepulcral.

Campo vasto es por cierto el de las hipótesis, en donde puede lanzarse atrevida la imaginación. Mahmoud-Bey, astrónomo distinguido del virrey de Egipto, observó en la pirámide de Cheops que los rayos de la hermosa estrella Sirio, al llegar ésta a su punto más culminante, caían casi perpendiculares a la luz austral de la pirámide, y esta circunstancia fue para él una revelación. Las pirámides debían estar consagradas a alguna divinidad astrológica, representada por la refulgente estrella del Can Mayor. El perro representaba (Figuier.- Año científico, séptimo año) al dios Sothis, el juez de los muertos, a quien se daba la figura de Cynocéfalo, es decir, de   —283→   hombre con cabeza de perro. El dios Sothis, bajo la forma de chacal, condenaba a los malos a penas eternas o al infierno; y entonces se constituía en el dios infernal Typhon, llamado Ceth en lengua egipcia, lo que quiere decir astro o perro; los griegos pronunciaban Soth y Sothis, de donde se deriva el nombre Sirio, estrella principal de la constelación del Can Mayor. Así, pues, Sothis, Cynocéfalo y Ceth, es siempre el Perro Celeste, cuya alma e inteligencia está representada por la estrella Sirio.

El perro Anubis, o sea el Mercurio egipcio, y Toht, o el gran Hermes, son igualmente la representación del Perro Celeste en la mitología egipcia. El símbolo que designa a Sothis se encuentra las más veces unido a la figura de la diosa Isis, a quien en todo tiempo Sirio estaba consagrado. No cabe duda, por tanto, que esta estrella sea la representación del dios de los muertos.

Según los principios de la astrología, Sothis, para juzgar el alma del cuerpo depositado en la pirámide, debía aparecer en el punto más culminante de su carrera, en todo su poder y majestad; porque la acción de un astro respecto de un objeto sometido a su influencia, es tanto más poderosa, cuanto más directos son los rayos que le envía, y de este razonamiento se dedujo la consecuencia   —284→   de que al construirse la pirámide, los rayos de Sirio debieron caer perpendicularmente a su faz austral, condición por medio de la cual, fácil era calcular la edad de las pirámides.

La latitud de Gizeh es de 30º. La distancia polar de Sirio es hoy de 106º 31'. Su distancia al horizonte Norte es de 136 grados y medio en el momento de pasar por el meridiano de Gizeh. Por otra parte, la inclinación de la faz austral de las pirámides respecto del horizonte, es de 52 grados y medio, de lo cual resulta que los rayos de Sirio forman hoy con el plano de dicha faz, un ángulo de 136º 31º - 52º 31', o sea de 84º. ¿En qué época, por consiguiente, dicho ángulo era igual a 90º, o sea a un ángulo recto?

Tal era el problema, fácil de resolver, por el distinguido astrónomo Mahmoud-Bey, basando su cálculo en la precesión de los equinoccios, obteniendo como resultado la cifra de 3.300 que expresa los años antes de Jesucristo, en que fue construida la pirámide. El error de esta fecha es próximamente de dos siglos.




V

Monumentos fúnebres


En todo el valle del Nilo se encuentran, además de las pirámides, obras de arte, unas aisladas   —285→   y otras construidas en las mismas rocas, que han llamado mucho la atención de los viajeros por su grandiosidad y por su forma, así como por las momias que en ellas se encuentran. Junto a cada ciudad se abren catacumbas con filas de galerías que conducen a salas cuyos techos están sostenidos por pilastras; y éstas, así como las paredes, se ven decoradas con pinturas al fresco o de relieve, unas históricas y otras representando actos de la vida doméstica. Las catacumbas más notables son las de los reyes, abiertas en la cordillera Líbyca, las cuales son profundas y contienen en salones y galerías, sarcófagos de granito, sepulcros, momias, vasijas y otros objetos.

Pero no todos los sepulcros son de igual magnificencia. La comisión francesa exploradora nos dice que alrededor de las pirámides principales se agrupan algunos monumentos del mismo género, menos elevados, y que el tiempo y la mano del hombre casi los ha destruido.

Salah-ed-dyn (Saladino), hizo demoler muchos de ellos para emplear su material en la construcción de las murallas del Cairo.

La citada comisión manifiesta además, que esas pirámides, rodeadas de monumentos fúnebres, están situadas en un páramo cerca de la llanura de las momias, cementerio de Menfis.

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Por último, César Cantú, al tratar de estas colinas fúnebres artificiales, dice: «A esta clase de construcciones pertenecen las colinas levantadas sobre los huesos de héroes que representan todas un tipo común. En Tesalia, hacia Tesalónica, en el Helesponto, y donde quiera que dominaron los Pelasgos, están llenos los valles de estos túmulos, segunda forma solemne de las sepulturas. En las Termópilas, en Queronea, en Maratón y Farsalia, se encuentran en gran número; antiquísimas las presentan el Cáucaso, la Cólchide y la Crimea; las riberas del río Hylas (Diniester) conservan los sepulcros de los príncipes ciméricos y de los reyes escitas que sojuzgaron el país. Pallas notó en la Rusia Meridional, los de los Escondos, y Meyer los que se hallan en las llanuras de los Kirguizes en las dos orillas del río Ablakilla, donde se recogen, entre las cenizas, pequeños objetos de bronce cincelados en forma de hojas y de flores, y se encuentran rostros humanos grabados en losas de piedra. Una infinidad de ellos se encontraron entre el Rhin y el Danubio, erigidos por los germanos y eslavos, y todos los días se descubren en las praderas del Elba y del Oder, donde duermen los héroes teutones y vendos. Entre los chinos y tibetinos apenas se elevan algunos metros; seis estadios de circunferencia tenía el de Aliates,   —287→   padre de Creso, rey de Lidia; más de trescientos metros de anchura y treinta de elevación tienen los túmulos del rey escandinavo Gormo y de la reina Daneboda; cerca de Pella, capital de la Macedonia, hay uno de tres cámaras con largas galerías; en fin, muchísimos conserva todavía la Armórica, en la cual existe uno cerca de Vannes, hasta de treinta y dos metros de altera, y cuando menos de triple anchura por la base.

«Si se cruza el Atlántico, las riberas del Ohio y del Lago Ontario, la Nueva York y la Pensilvania Occidental nos presentan millares de estas colinas fúnebres, muy parecidas a las que se hallan en la Siberia; lo cual podría indicar que aquellos pueblos pasaron por el estrecho de Bering. En el Perú, largas galerías que se comunican entre sí por medio de pozos, rodean lo interior de estas colinas artificiales que llaman huacas. Desde la cadena de los Andes hasta la de los Allheganis, y desde los lagos del Canadá hasta el Golfo de México, se ven montones de tierra y guijarros, tanto más abundantes cuanto más se camina hacia el Mediodía, y siempre de forma semejante. El italiano Beltrami vio, en las cercanías de San Luis, en América, muchísimos cerros sepulcrales, rectangulares, circulares o piramidales, entre los que había uno de sesenta pies de altura y treinta de circuito por la base, teniendo al lado   —288→   oriental un machón triangular, parecido al de la Torre de los Gigantes de Gozzo. Otro tanto se nota en los morais o sepulcros de la Oceanía».

Dos especies de tumbas rodean las Pirámides: unas se levantan como colinas de poca altura construidas con los materiales extraídos de las canteras inmediatas y en medio de la arena que casi las ha cubierto; y otras, según el uso troglodita, están abiertas en las rocas y enfrente de las llanuras del Nilo.

Hacia el Sur se encuentra la estatua gigantesca de la Esfinge17, y cerca de ésta, hileras de innumerables túmulos y ruinas, entre las cuales se elevan tres pirámides inferiores.

En fin, por todo lo que antecede, se puede observar que no todas las pirámides tienen el mismo número de gradas, ni están construidas del mismo material, así como independientemente de las pirámides existen innumerables túmulos que tienen la misma forma.



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VI

Dimensiones de las pirámides


La de Cheops, según los datos de la expedición francesa:

Lado de la base232m747
Altura138

La de Chefren, según los mismos datos:

Lado de la base204m90
Altura132

La de Myserinus, según la Guía en Oriente, por Quetin:

Lado de la base95m
Altura54

Como antes he manifestado, todas las cifras que se consignan en las obras que he consultado están en completo desacuerdo. Las que más confianza merecen, son ciertamente las que obtuvo la comisión francesa y que acabo de apuntar; sin embargo, éstas pueden haber sido perfectamente ejecutadas, y no por eso dar la verdadera dimensión de las pirámides, puesto que las bases de   —290→   éstas se encuentran cubiertas por la arena. Así es que, para mí; la noticia más exacta que se tiene respecto de la pirámide mayor, es la del general Grobert, que al medirla tuvo la precaución y cuidado de descubrir la base sumergida en la arena algunos metros, y medir de un ángulo a otro, obteniendo 728 pies, o sean 236m48. Para medir la altura se sirvió de otro medio que, si bien era penoso, en cambio se obtenía un resultado más satisfactorio, y consistió en medir la altura de los innumerables escalones que forman las gradas de la pirámide y sumar los resultados parciales. Este trabajo dio para la altura vertical 447 pies o 145m20.




VII

Interior de las pirámides


En la cara Norte de la pirámide de Cheops, a la altura de la decimoquinta grada, existe una abertura a la cual se llega por un montecillo adherido a la pirámide. Esta abertura, disimulada en otro tiempo y abierta hace siglos, da entrada al interior de las pirámides. Según la expedición francesa, para penetrar al interior, preciso es deslizarse por una estrecha galería, seguir después una rampa ascendente para llegar a otra galería   —291→   baja horizontal. Todas estas vías subterráneas están hechas de piedra calcárea. «A la entrada de la galería existe un pozo de 200 pies de profundidad, hecho en la roca, y por la misma se llega a la cámara llamada de la Reina, que no tiene inscripción ni cornisas; al salir de esa cámara se encuentra la continuación de la rampa ascendente, pero más inclinada y penosa. Esta rampa conduce a un descanso, en donde todo anuncia que pronto se verá la pieza misteriosa del monumento. Un cerramiento complicado en su construcción, con las señales de una abertura forzada, conduce a la cámara llamada del Rey, santuario pigmeo comparado con el gigantesco monumento. Este cuarto es un paralelogramo de treinta y dos pies de largo y diez y ocho de altura. Está construido con enormes piedras atravesadas de una a otra pared, a manera de los envigados de nuestros techos. Un sarcófago de granito, colocado de Norte a Sur, se encontró vacío y sin adornos; diversas circunstancias manifestaron que había sido profanado».





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Parte segunda

Pirámides de Teotihuacán



I

Descripción del terreno


A 50 kilómetros Noreste de la capital de la República se encuentra el valle de Teotihuacán, el cual se halla separado del ameno y fértil valle de Texcoco por una serie de eminencias que forman un contrafuerte de la Sierra Nevada. Los cerros Aztecatl, San Pablo, Patlachique, Locoyo, Cuafio, San Telmo y otros, elevan sus altas cumbres, unas cubiertas de vegetación y otras enteramente desnudas, presentando el aspecto que en lo general caracteriza a todas las demás montañas que circundan el valle. Éste, hacia el Oriente, se halla limitado por las últimas alturas de la Sierra Nevada, cuyas principales cumbres, por esta parte, son los cerros de Soltepec, Campanarie, Tepayo y otras de menos importancia. Por el Norte, cierran el valle los cerros Malinalco, Maravillas y Cerrogordo, que alza su cumbre a   —293→   unos 800 metros sobre las llanuras inmediatas, dominando todas las demás eminencias del valle. Forman la base de estas montañas una sucesión de lomas, que, ya cubiertas de tierra vegetal, o bien descubriendo su terreno de formación volcánica, ostentan el bello ropaje de una vegetación vigorosa, o tienen el aspecto triste de un suelo árido o improductivo. Aun cuando el valle de Teotihuacán no ofrece los pintorescos paisajes y risueños sitios de otros lugares de la República, particularmente de las Sierras, no carece, sin embargo, de lugares amenos. La vista que presenta el valle por la parte del Sur, al destender de la montaña opuesta, después de haber atravesado un terreno inculto y triste, es verdaderamente agradable. Los cerros Patlachique y demás mencionados, se levantan en medio de una vegetación lozana, y las campiñas se extienden, matizadas con los variados colores que producen las labores de los campos, contrastando con el verde oscuro de los simétricos plantíos de magueyes. Por otra parte se descubren los diversos pueblos y haciendas, también con diferentes aspectos, pues parece que en estos lugares reina por donde quiera el contraste; primero, San Juan Teotihuacán elevando la esbelta y elegante torre de su templo en medio de las frondosas copas de los sabinos; más a lo lejos, Otumba,   —294→   triste como sus alrededores, que parecen estar recordando la sangrienta batalla que allí empeñaron los aztecas en defensa de su nacionalidad; Axapusco rodeado de tierras estériles; Acolman con terrenos feraces que producen ricas mieses; Santa Catarina con sus largos callejones de enhiestos y bien alineados órganos; en fin, toda la parte Sur y del Poniente es fértil, mientras que la del Norte y Oriente es más o menos estéril.

Teotihuacán se asienta en medio de unas lomas ásperas y tepetatosas que insensiblemente van ascendiendo hacia el Norte, formando la base de Cerrogordo. Nada notable ofrece el terreno en este lugar, pues cubierto en su mayor parte de toba volcánica y de basalto escoriáceo, llamado vulgarmente tezontle, apenas nacen en él uno que otro árbol del Perú (Schinus Molle) y algunos matorrales que interrumpen la uniformidad de un suelo naturalmente árido y triste, aun cuando la tierra vegetal haya venido con el tiempo a fertilizar determinados lugares. La parte Sur de la población está muy lejos de presentar el mismo aspecto: manantiales purísimos de agua cristalina nacen a inmediaciones del templo, fecundizando el terreno y cubriéndolo de una espléndida vegetación; pintorescas y hermosas calzadas y arboledas; campos cubiertos de pastos y verduras, y la diversidad de plantas gramíneas que   —295→   allí se cultivan, embellecen el suelo, formando el principal y más notable contraste con el anteriormente descrito.




II

Situación de las pirámides


A tres kilómetros Noreste de San Juan Teotihuacán se encuentran las dos pirámides que son el asunto de este cuadro comparativo. Hállanse situadas en la parte menos fértil y más elevada del terreno que por este lado circunda a aquella población. En aquel suelo, cuya formación, según se ha indicado antes, es de basalto escoriáceo, se ven grutas profundas formadas indudablemente al extraer el material que hubo de emplearse en la construcción de los monumentos. Al Sur de la pirámide principal, llamada del Sol, existe otra obra digna de atención, conocida hoy con el nombre de Ciudadela, y la cual está formada de cuatro muros de igual longitud, cortándose en ángulo recto. El espesor de los muros es de 80 metros y la altura media 10, con excepción del occidental que mide cinco. Las faces anteriores son verticales, más no así las exteriores que forman talud. En el centro del cuadro se eleva una pequeña pirámide de base cuadrangular, y sobre   —296→   la parte horizontal de las murallas otras catorce de menores dimensiones colocadas simétricamente.

Las pirámides de Teotihuacán no sorprenden la vista del viajero que las descubre desde el camino de fierro que une la capital de la República, con la ciudad de Puebla, porque teniendo al frente de ellas la gran mole de Cerrogordo, la comparación que instintivamente se hace entre esos monumentos y las elevadas montañas, les es ciertamente desfavorable; pero si se desciende por la falda del cerro Malinalco, el aspecto que presentan desde el momento que se perciben, es en verdad sorprendente; entonces, destacándose sobre la llanura, elevan majestuosamente sus moles seculares, haciendo concebir al viajero la ilusión de que se halla trasportado a las regiones del Nilo, y le traen a los labios el verso del poeta Delille:


Leur masse indestructible a fatigué le temps.
Su indestructible masa al tiempo fatigó.



Nótase desde luego la analogía que existe en el sitio elegido para la construcción de las pirámides egipcias y estas nuestras. El río de Teotihuacán pasa al Sur de estos monumentos, sirviendo como de foso a la parte Norte y occidental de la Ciudadela. Este río desagua en la laguna   —297→   de Texcoco con grandes crecientes en tiempo de lluvias, siendo entonces su curso muy impetuoso. Sus aguas han descubierto en una inmensa extensión del terreno, cimientos de edificios y capas horizontales de una mezcla finísima endurecida como la roca, todo lo cual revela los restos de una vasta población, quizá la Menfis de estas regiones.

En una grande extensión del terreno que rodea a las pirámides, a más de una legua de radio, se observan, en efecto, los cimientos de multitud de edificios; descúbrense en las márgenes del río y a uno y otro lado de los caminos, las capas horizontales de cal; otras capas de tierra y lodo, de tezontle y de toba volcánica existen allí mismo, revelando un idéntico sistema de construcción; en los caminos que unen a las pirámides con San Juan, además de estas construcciones, se notan distintamente vestigios de paredes que se cortan en ángulo recto. La multitud de piedras labradas que se han extraído de todas estas ruinas, y que se emplean actualmente en las construcciones del pueblo de San Juan y de las haciendas inmediatas, indican que la antigua población era de cierta importancia.



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III

Forma y orientación de las pirámides


Las pirámides de Teotihuacán, aun cuando vistas de lejos muestran sus faces sin solución ninguna de continuidad, al observarlas de cerca se advierten muy distintamente los cuerpos de que constan, así como la meseta que da forma a la cumbre. La pirámide del Sol, según las observaciones de la Comisión científica de Pachuca, se halla situada a los 19º 41' 26" 74 de latitud septentrional, y a las 6h 35' 18" 32 longitud en tiempo al Oeste de Greenwich. Esta pirámide, que es la mayor y la más austral de las de Teotihuacán, está compuesta de cuatro cuerpos y tres gradas. La de la Luna cuenta igual número de gradas, distantes una de otra diez metros, aunque en la actualidad no se percibe de una manera clara y distinta, sino la superior.

En el párrafo correlativo, he hecho notar que no todas las pirámides egipcias tienen la misma forma; que unas cuentan innumerables escalones y otras apenas una, dos, tres y más gradas, como las del alto Egipto.

Al observar el plano de la Comisión científica de Pachuca, me llamó la atención la desviación,   —299→   hasta de unos 30 grados, de las faces de estos monumentos respecto del meridiano verdadero. Mi convencimiento en el particular, primero por las observaciones de algunos historiadores tocante a los monumentos antiguos, y luego por las que tuve ocasión de hacer en las ruinas de Mitlaltoyuca, es de que esa desviación apenas llega a unos cuantos grados; circunstancia que he atribuido a la imperfección de los instrumentos de que podían disponer los antiguos habitantes de México para sus observaciones astronómicas. En tal virtud, me decidí a dirigirme al lugar de las pirámides, con el fin de hacer personalmente todas las observaciones necesarias y llenar el objeto que me he propuesto en el presente artículo.

Las faces de las pirámides de Teotihuacán no están exactamente orientadas, aunque la desviación no es tan grande como la que se infiere de la consulta del plano a que antes me he referido, y sin embargo mis observaciones no están en desacuerdo con las de la Comisión de Pachuca, como intentaré explicarlo a su debido tiempo.

El estado difícil, para proceder a la observación, en que actualmente se encuentran las pirámides, por hallarse enteramente cubiertas de vegetación y por los derrumbes que han hecho desaparecer las aristas, me hubieran obligado a permanecer por más tiempo en esos lugares con el fin de despejar   —300→   convenientemente sus faces, si dos circunstancias no hubieran venido a favorecer mi intento. En la cara occidental, la grada del centro se conserva y muestra patentemente su arista, orientada la cual dio por resultado 7º Noreste respecto del meridiano magnético, y como la declinación de la aguja en Teotihuacán es de 8º 12' Este, la desviación de la faz occidental de la pirámide del Sol viene a ser, respecto del meridiano astronómico, de 15º 12' Este y no de 30º como aparece en el ya referido plano. Todas las faces de las pirámides se cortan en ángulo recto. La segunda circunstancia, aún más favorable al intento, me la ofreció la pirámide de la Luna. En muchos lugares de ella y aun en toda la longitud de la cara oriental, los derrumbes de la capa de piedra y lodo han dejado descubiertas las faces aplanadas y bruñidas, sin vegetación ninguna, y presentándolas convenientemente al observador. Las faces oriental y austral tienen las siguientes posiciones respectivas: faz oriental, 1º 30' Noreste; faz austral, 88º 30' Noroeste, y por consiguiente cuentan respecto del meridiano verdadero, la primera 9º 42' Noreste, y la segunda 80º 18' Noroeste.

De las observaciones anteriores se deduce que las dos pirámides no están igualmente orientadas, coincidiendo la de la Luna, aproximadamente, con el meridiano magnético.

  —301→  

Si, respecto de esta circunstancia, difieren estos monumentos de los del Egipto medio, no sucede lo mismo con los del alto Egipto y Etiopía, según manifesté en el lugar respectivo, y por consiguiente, si tal circunstancia no era una regla general entre los egipcios, esta falta de conformidad nada prueba en contra de las conclusiones generales con que daré fin a esta disertación.

Una circunstancia muy particular y digna de llamar la atención es la de encontrarse la línea de los centros de las dos pirámides en la dirección del meridiano astronómico, de la misma manera que se observa en las pirámides del alto Egipto, aunque no en las de Gizeh. La diferencia de cerca de dos grados que encontré al observar desde la meseta de la pirámide del Sol, sin duda proviene (y en esto estoy de acuerdo con el ingeniero Almaraz) de que los constructores tenían conocimiento del movimiento de la bóveda celeste y se fijaron en la polar, creyéndola exactamente en el eje del mundo. Este hecho podría favorecer el argumento de los que atribuyen a estos monumentos un objeto puramente científico.

No tratando yo sistemáticamente de demostrar la comunicación entre los habitantes del antiguo y nuevo mundo por la comparación de sus monumentos, hago notar que así como manifiesto   —302→   todas sus circunstancias análogas y similares, igualmente pongo en relieve todas las en que difieren. La pirámide del Sol se encuentra además circunvalada, menos por la parte occidental, por una muralla de la misma forma que la de la Ciudadela. En ningún libro he visto descritas obras semejantes al pie de las pirámides egipcias, y si existen, o no he tenido ocasión de notarlas, o no se las menciona, tal vez por hallarse sumergidas en el inmenso mar de arena. Sin embargo, el examen del adjunto plano de las pirámides de Gizeh, que acompaño, hace notar obras análogas que circundan a estos monumentos, y señaladamente a la segunda y tercera.

Respecto de la diversidad de construcciones que acompañan a las grandes pirámides egipcias, existe aun mayor analogía con las de Mitlaltoyuca. Como individuo que fui de la comisión exploradora y encargado particularmente del levantamiento del respectivo plano, tuve ocasión de estudiarlas hasta donde lo permitían los escasos elementos con que contábamos. En las pirámides de estas ruinas, se observa el mismo orden en general que en las de Teotihuacán, pues difieren respecto de su construcción, circunstancia que proviene, sin duda, de la diversidad de materiales de que podían disponer sus constructores.

  —303→  

Las ruinas de Mitlaltoyuca se encuentran en medio de una selva virgen, en donde los corpulentos cedros y árboles frutales, las palmas reales y la innumerable cantidad de bejucos entrelazados impiden al viajero penetrar libremente en ella. Los monumentos se encuentran ocultos por esa exuberante vegetación, obstáculo que nos impidió continuar nuestra exploración, y apenas pudimos examinar unos cuantos monumentos, no obstante el gran número que de ellos existe. En veintidós días, contados desde la salida de México hasta nuestro regreso, la comisión cumplió su encargo, formando el señor Almaraz el croquis del camino de Tulancingo a la Mesa de Coroneles y el cálculo de la extensión de los terrenos baldíos; el señor don Guillermo Hay, sacando las vistas fotográficas y redactando la descripción de las ruinas, y yo levantando el plano. En tan corto plazo era de todo punto imposible la exploración y estudio conveniente de todas las ruinas; pero los datos que recogimos revelaban, desde luego, la importancia arqueológica de dichas ruinas.

El conjunto de monumentos está formado de pequeñas pirámides truncadas, túmulos, collados y rampas. Las mencionadas pirámides son de cortas dimensiones, como que no cuentan más de dos a tres metros, y de una sola grada; la mayor   —304→   parte de ellas están construidas con losas de arenisca, colocadas horizontalmente por capas y cubiertas con una torta bruñida de muy buena mezcla hidráulica. La pirámide principal tiene once metros de altura aparente, por cuanto a que el primer cuerpo se halla oculto, en su mayor parte, por el rico humus de la selva; su base mide cuarenta metros, y sus faces orientadas por el meridiano magnético se cortan en ángulo recto.

Dos circunstancias llamaron mucho nuestra atención: la primera es la disposición de las losas que cubren la parte superior de uno de los túmulos, las cuales guardan el orden que se observa en los arcos y bóvedas de nuestros días. Este descubrimiento, debido al señor Hay, demuestra claramente que los antiguos habitantes de esta tierra conocían la bóveda y la construían con más o menos perfección. La segunda circunstancia es la escultura (lámina 1.ª), ejecutada en un trozo de la misma arenisca. Examinando la figura, se advierte que por sus justas proporciones, el tipo y demás circunstancias, se separa tanto del repugnante aspecto de los ídolos aztecas, cuanto puede acercarse al carácter de las momias egipcias.

La otra figura de la propia lámina, representa el fragmento de una careta encontrada en las ruinas de Teotihuacán. En las facciones se advierten,   —305→   no los rasgos toscos y deformes que por lo general caracterizan a las figuras aztecas, sino la mayor maestría en el modelado, indicio seguro de la existencia de un pueblo más culto.




IV

Objeto de las pirámides


El hecho de estar rodeadas estas pirámides de monumentos fúnebres, induce a creer que fueron construidas con el mismo objeto que las de Egipto. Mas en lo que no cabe duda es que la mayor fue dedicada al sol bajo el nombre de Tonatiuh, así como la menor a la luna con la denominación de Mextli Itzacualt.

En México existen tradiciones vagas referentes al objeto de dichas pirámides; pero respecto de la época de su construcción, no hay ni siquiera hipótesis, o por lo menos no he podido investigarlo en las obras que he consultado.

El Diccionario Mexicano de Historia y Geografía, dice a este respecto lo que sigue:

«Este célebre monumento (Pirámides de Teotihuacán) de las antigüedades mexicanas, cercano a Texcoco, era el templo más suntuoso dedicado a Tonatiuh, es decir, el sol o el que va resplandeciendo, o también Teutl, que significa Dios,   —306→   y por último, el que rige a la luna, el corazón del cielo y el padre de las horas. La pirámide menos alta era el templo de la mujer del sol, Centeotl, que quiere decir rodeada de deidad; la llaman también Tonacayohua, que sólo exigía para sus sacrificios, tórtolas, codornices y conejos.

»Aunque los edificios colosales de los toltecas, los chichimecas, los aculhuas, los tlaxcaltecas y los aztecas presentan diferentes dimensiones, todos tienen una misma forma, la piramidal, y sus lados siguen exactamente la dirección del meridiano y del paralelo del lugar. El templo se eleva en medio de un vasto recinto cuadrado y rodeado de una muralla, dentro de la que había jardines, fuentes, las habitaciones de los sacerdotes y algunas veces almacenes o depósitos de armas. Una grande escalera conducía a la cima de la pirámide truncada, y en ésta, que era como una especie de plataforma, se encontraban una o dos torres que encerraban los ídolos colosales de las deidades a quienes se habían dedicado, y en donde se mantenía el fuego sagrado. Esta construcción proporcionaba la vista, desde mucha distancia, del sacrificio, así como de la procesión y demás ceremonias que hacían los sacerdotes.

»Hay una semejanza demasiado notable entre los templos de los antiguos babilonios, descritos   —307→   por Herodoto y Diódoro de Sicilia, y los Teoallis del Anáhuac.

»Cuando los mexicanos en 1190 vinieron a la región equinoccial de Nueva-España, ya encontraron construidos los monumentos piramidales de Teotihuacán, de Cholula y de Papantla, y los atribuyeran a los toltecas, nación civilizada que habitaba en México hacía quinientos años, pues que no conocían otras tribus que hubiesen habitado el país antes de los toltecas, a quienes atribuían la más remota antigüedad; pero es muy posible que hayan sido construidos antes de la venida de los toltecas, es decir, antes del año de 648 de la era vulgar.

»El templo de México estaba dedicado a Tezcatlipoca y a Huitzilopoxtli, y los aztecas lo construyeron por el modelo de las pirámides de Teotihuacán, seis años, no más, antes del descubrimiento de la América por Cristóbal Colón.

»(...)

»Las pirámides chicas que rodean a la del Sol, apenas tienen de nueve a diez metros de altura. Según las tradiciones de los indígenas, servían de sepulcros a los jefes de sus tribus. Alrededor de Cheops y de Mycerino en Egipto, se distinguen también ocho pirámides chicas, colocadas con mucha simetría y paralelas a los lados de las grandes. Los templos de Teotihuacán tenían cuatro   —308→   plataformas principales; cada una de ellas estaba dividida en pequeños escalones, de los que se distinguen todavía les arêtes (las vértebras)18. Su núcleo es de barro mezclado con piedras pequeñas, y está revestido de un muro de tezontle19. Esta construcción es muy parecida a una de las pirámides egipcias de Sakharah, que tiene seis plataformas, y que según el viaje de Pococke es un conjunto de polvo amarillo, revestidas por fuera de piedras en bruto.

»(...)

»Al principio de la civilización, los pueblos escogían lugares elevados para sacrificar a sus dioses. Los primeros altares, los primeros templos, se erigieron sobre las montañas, y éstas, o eran aisladas, o se procuraba darles formas regulares, en plataforma, o practicando en ellas escaleras para subir a su altura20».

De las líneas anteriores se deduce, que además de servir los monumentos de Teotihuacán de sepulcros, tenían un objeto religioso. Dichos monumentos, así como los de Egipto, se prestan, por la diversidad de circunstancias que los acompañan,   —309→   a toda clase de interpretaciones y conjeturas; la ciencia cree descubrir en la orientación de las pirámides, en la inclinación de sus faces y en todo lo demás que se ha hecho notar en el curso de este artículo, el fin con que fueron construidos tan soberbios monumentos, revelando los conocimientos astronómicos que poseía el pueblo constructor; la teogonía por su parte, en el hecho de depositarse allí animales sagrados, y en la existencia de aras e ídolos, descubre un objeto meramente religioso; el arte de la guerra, hace notar en las murallas de circunvalación, otras tantas líneas de defensa; las costumbres, la historia o las tradiciones los presentan como monumentos fúnebres. No es, de consiguiente, extraño que los sabios, encontrando cada cual pruebas suficientes para las teorías en que se han fijado, estén en desacuerdo.

Los ídolos colosales que el viajero admira en Teotihuacán, la dedicación de las pirámides a las divinidades, el sol y la luna, y los demás que ha podido recoger la historia, manifiestan su objeto religioso; de la misma manera, cada una de las otras circunstancias repetidas, están revelando los demás fines, principales los unos y secundarios los otros. En mi humilde concepto aquellos monumentos eran a la vez tumbas y altares.



  —310→  
V

Monumentos fúnebres


Con la denominación de tlalteles21 se conocen los innumerables túmulos que rodean las pirámides. Esos monumentos se hallan unas veces aislados y otras unidos y alineados, limitando la calzada que comienza cerca de la Ciudadela, pasa por la cara occidental de la pirámide del Sol y termina enfrente de la cara austral del monumento de la Luna, formando al concluir un gran círculo, en cuyo centro se encuentra otro túmulo. Llámase esa calzada, Calle o Valle de los Muertos.

El aspecto que presenta esta doble y simétrica hilera de túmulos, es de los más imponentes. Colocado el observador en el eje de la calle, contemplando esa doble hilera de monumentos que, descubiertos en parte, presentan extensas escalinatas medio derruidas, y teniendo al frente la pirámide de la Luna, que se alza majestuosamente rodeada de los tlalteles que al terminar la calle se separan en forma de anfiteatro, se siente sobrecogido de entusiasmo a la vez que turbado   —311→   por la tristeza que causa el romántico aspecto del lugar. Aquellas obras gigantescas construidas por la mano del hombre, que permanecen allí como para revelar la remota existencia de un pueblo, tal vez feliz y poderoso, y que de su ser no ha dejado otra memoria que esos edificios misteriosos, cuyas páginas, grabadas en las rocas, no han podido aún ser descifradas, admiran a la par que conmueven.

Muchos creen que todas estas pequeñas pirámides que como satélites rodean a las del Sol y de la Luna, representan los astros del firmamento. Esta hipótesis podría ser un nuevo argumento en favor de los que atribuyen a este género de construcción un objeto científico.

Los egipcios, como ha podido notarse, edificaban unas veces suntuosas sepulturas, y otras construían pequeños túmulos, a semejanza de montañas. Si bien las construcciones de que ahora se trata, no están abiertas en las rocas de las grandes eminencias y difieren muy particularmente de las de Tebas, en cambio conservan mucha analogía respecto de los demás monumentos fúnebres, tanto por su situación en los sitios más elevados como por el objeto a que estaban destinados. La Comisión Científica de Pachuca, al ocuparse en el levantamiento del plano de las ruinas, emprendió la demolición de un túmulo situado en el centro   —312→   de la Calle de los Muertos, y encontró un nicho vacío, de las dimensiones del cuerpo de un hombre, y con las paredes y la bóveda perfectamente bruñidas, cual si estuviesen estucadas; tal vez en otros túmulos se encontrarán cadáveres o momias que vendrán a dar la solución definitiva del problema que nos ocupa. De desearse fuera que una comisión exploradora se ocupara de emprender estas interesantes indagaciones, como lo he propuesto al Ministerio de Instrucción Pública.




VI

Dimensiones de las pirámides


He indicado en el artículo tercero, que habiéndome llamado la atención la desviación de cerca de 30º que ofrecen las faces de las pirámides en el plano de la Comisión Científica de Pachuca, me vi obligado, con el fin de no hacer apreciaciones temerarias, a trasladarme a Teotihuacán, como en efecto lo verifiqué en unión de mi compañero el ingeniero don Manuel Espinosa. No sabía a qué atribuir las enormes diferencias que resultaban entren los datos de nuestras observaciones y las del plano referido, conociendo, como conocía, la aptitud y conciencia con que fueron ejecutados los trabajos de dicha Comisión;   —313→   mas al orientar la Calle de los Muertos, pude explicarme aquellas diferencias, advirtiendo que la meridiana astronómica se halla en el repetido plano inclinada 12º al Oeste, error que se advierte desde luego fue cometido por el grabador. Hecha esta rectificación, nuestras observaciones, en general, están de acuerdo con las de la Comisión de Pachuca.

Los resultados que obtuvimos son los siguientes:

Pirámide del Sol

Lado Norte-Sur de la base232m
Lado Este-Oeste, cara austral220m
Altura66m
Inclinación de las caras Norte y Sur31º3'
Inclinación, cara Oeste36º
Meseta, de Norte a Sur18m
Meseta, de Este a Oeste32m
Rumbo de Este-Oeste, cara austral83ºNoroeste
Rumbo Norte-Sur, cara orientalNoreste

Dirección, Calle de los Muertos45'Noreste
Noreste Línea de los centros de las dos pirámides10ºNoroeste

  —314→  

Pirámide de la Luna

Lado Este-Oeste de la base156m
Lado Norte-Sur130m
Altura46m
Inclinación de la cara oriental31º30'
Inclinación de la cara Sur36º
Inclinación en la parte bruñida47º
Inclinación de la cara oriental, bruñida47º
Meseta, seis metros por lado
Orientación, cara Norte, Luna, de Este a Oeste88º30'Noroeste
Orientación, cara oriental, de Sur a Norte30'Noreste

Los datos de la Comisión de Pachuca, son:

Pirámide del Sol

Lado Norte-Sur de la base232m
Lado Este-Oeste224m
Altura62m

Pirámide de la Luna

Lado Este-Oeste de la base156m
Lado Norte-Sur130m
Altura42m

  —315→  

Los datos, que difieren muy particularmente de los anteriores, son los que se contraen a las alturas de las pirámides. Para explicarlas debe tenerse presente que los monumentos se hallan edificados en un suelo inclinado de Norte a Sur, como se ha hecho notar, y que, al tomar la altura, la Comisión tal vez procedió por la parte Norte, mientras que nosotros lo verificamos por la parte Sur. Al efecto, medimos una base de sesenta metros del lado opuesto de la muralla, a corta distancia de la base de la pirámide del Sol y en un pequeño llano; desde los extremos de la base tomamos los ángulos de altura y de proyección; método exacto, el cual nos dio el resultado expresado. Para la altura de la pirámide de la Luna, la base se midió igualmente de sesenta metros en el pequeño espacio que media entre los tlalteles, en el lugar en que, al separarse, forman anfiteatro.

La relación entre la base y la altura de las pirámides de Teotihuacán no es la misma que existe en los elementos de las egipcias; pero si los habitantes de México, admitiendo una hipótesis, poseían también la costumbre de ir aumentando el volumen del monumento durante la vida del monarca, o por cualquiera otra circunstancia, es de creerse que los constructores tenían la intención de elevar más la pirámide del Sol, y a juzgar   —316→   por la base, habría llegado a tener las colosales proporciones de la de Cheops. Por otra parte, no existiendo entre las bases y altura de las pirámides egipcias una relación constante, mal podríamos nosotros tratar de buscar analogías a este respecto.

El ingeniero Almaraz, jefe de la Comisión científica de Pachuca, a la cual tuve la honra de pertenecer, creyó encontrar la unidad lineal del pueblo constructor de las pirámides, haciendo comparaciones con las medidas obtenidas en el levantamiento del plano, resultando de sus observaciones que la extensión lineal de 0,8 es la base o unidad.

En estas arduas cuestiones, todas las teorías descansan en suposiciones; pero muchas veces, de conjetura en conjetura, se logra llegar a una solución acertada. En tal virtud, cada uno puede lanzarse al campo de las hipótesis; las pruebas que se emitan serán las que lleguen a trasformar aquéllos en evidencias. Suponiendo que dicha unidad lineal sea cierta y común para los monumentos de los dos pueblos que comparamos, resulta que aquélla estará contenida en el estadio egipcio 225 veces. Por consiguiente, las pirámides de ambos países tendrán las siguientes dimensiones, arregladas a esa unidad supuesta:

  —317→  

Base, pirámide de Cheops236 00295 00
Altura145 12181 50
Base, pirámide del Sol (Norte-Sur)232 00290 00
Ídem (Este-Oeste)220 00275 00
Ídem según Almaraz224 00280 00
Altura66 0082 50
Base Este-Oeste de la Luna156 00195 00
Lado Norte-Sur de ídem130 00162 50
Altura46 0057 50
Ídem según Almaraz42 0052 50
Distancia entre los centros de las pirámides, ídem, ídem800 001000 00
Lado del cuadrado del túmulo ídem, ídem5 607 00
Espesor de la muralla de la Ciudadela, ídem, ídem80 00100 00
Radio de curvatura del monumento circular ídem, ídem5 206 50




VII

Interior de las pirámides


El punto de que voy a tratar es para mí de la mayor importancia, tanto que puede estimarse decisivo en este mi trabajo; es aquí donde voy a demostrar la grande analogía que existe en los principales detalles que son comunes a las pirámides   —318→   mexicanas y egipcias. Empero debo advertir que sólo me limito a llamar la atención acerca de sus diversas circunstancias, sin que por eso se entienda que pretendo imponer mi opinión. La puerta o abertura, disimulada en una época remota y descubierta en tiempos más recientes; su situación hacia el medio de una de las faces; la colina adherida a esa misma faz y en cuyo término se encuentra la abertura; la estrecha galería que conduce al interior; el profundo pozo que se encuentra al terminar dicha galería, los monumentos fúnebres, las pequeñas pirámides y las demás construcciones que rodean a los monumentos principales, y por fin, los otros pormenores que he hecho notar en el curso de este artículo, no pueden atribuirse a coincidencia casual en la concepción de la misma idea; tal teoría es para mí inadmisible. Bien sé que dos, y aún más pueblos, simultáneamente y sin haber estado en relación, pueden haber descubierto el mismo género de construcciones, como la pirámide, que es un cuerpo tan simétrico, y que bien podemos llamar elemental; pero si en los monumentos como los de que tratamos hay identidad de circunstancias, de pormenores y de caracteres distintivos, preciso es convenir en que hubo comunicación entre un pueblo y el otro.

  —319→  

Se cree que la disposición de las pirámides egipcias en forma de gradas no tuvo más objeto que el de facilitar la ascensión de los materiales a los cuerpos superiores al paso que se iban construyendo, por cuanto a que el pueblo constructor no conocía otras máquinas que el plano inclinado y la palanca. Igual argumento pudiera aducirse respecto de las construcciones mexicanas, pero yo no admito tal suposición; ¿las gradas, en las pirámides egipcias o mexicanas, hacían el oficio de meros andamios? Habría en tal caso regularidad en todas las gradas de todos los monumentos; pero la verdad es que en determinadas pirámides son desiguales las distancias de una a otra grada; que en algunas, como las de Cheops, Chefren, etc., los innumerables escalones de que constan son poco elevados; y que en otras se encuentran pocas gradas, siendo muy grande la distancia entre dos sucesivas; algo más que la simple comodidad tuvieron por mira los constructores de tales monumentos. Semejante disposición, por otra parte, habría convenido en las pirámides de grande altura, pero no en las pequeñas, en donde hubiera sido de todo punto inútil. En las minas de Mitlaltoyuca, la mayor parte de las pirámides apenas llegan a la altura de dos a tres metros, y sin embargo están formadas de gradas. De todas maneras, ya fuese el   —320→   objeto de tal disposición el indicado, u otro que ignoramos, el sistema de escalones en la construcción de unas y otras pirámides, apoya la idea de que ambos pueblos tuvieron desde luego este punto de contacto.

Respecto del método de construcción de las pirámides de Teotihuacán, se siguió el de capas sobrepuestas. En la puerta o abertura estrecha de la pirámide de la Luna se encuentran perfectamente marcadas las distintas capas horizontales de que está formada la pirámide. La primera capa se compone de piedra y barro, y su espesor de 0m,95; la segunda, de toba volcánica, de 0m,57 de espesor; sobre ésta se encuentra la tercera capa, compuesta de una mezcla de arena gruesa de tezontle (basalto escoriáceo) y barro, con un espesor de 0m,08 y por último, esta capa se halla cubierta de otra de finísima cal, de 0m.001 de grueso y bruñida por su parte superior. A estas capas vuelven a sobreponerse otras conforme al mismo sistema. Otras capas guardan el propio orden que las primeras, con la diferencia de que sólo cubren o revisten las pirámides, guardando la inclinación de 47º, como antes se ha indicado. La capa de cal en éstas es de un milímetro y medio; toda se encuentra bruñida y en algunos lugares pintada de rojo; así se hallan cubiertas las faces de las pirámides de Mitlaltoyuca. Una   —321→   gran cantidad de piedra de todas dimensiones y algún lodo, cubren las superficies de las pirámides; de tal manera, que por razón de la gravedad, éstas se han aglomerado hacia las bases, modificando por tal motivo su forma piramidal.

Esta circunstancia me hizo concebir una idea, la cual robustecí apoyándome en las demás observaciones que hice en las mismas pirámides. Pero antes de aventurar una opinión, permítaseme escudarme con los conceptos vertidos por el ilustre sabio Barón de Humboldt.

«Aux limites des connaissances exactes, comme du haut d'un rivage elevé, l'oeil aime à se porter vers les régions lointaines. Les images qu'il voit peuvent étre trompeuses; mais comme ces images décevantes que croyaient apercevoir bien avant le temps de Colomb, les habitants des Canaries et des Acores, elles peuvent amener la découverte d'un nouveau monde».

Pues bien; sin pretensiones de ninguna clase y sólo por hacer uso del derecho que todo hombre tiene de expresar sus pensamientos, aventuro la siguiente conjetura: las pirámides de Teotihuacán, tal cual hoy se encuentran, no se hallan como en su estado primitivo. Existe un hacinamiento de piedra suelta, cuyos intersticios cubiertos de tierra vegetal han hecho nacer la multitud de plantas y flores con que están revestidas   —322→   actualmente las faces de las pirámides. Este hacinamiento de piedra, se aparta del sistema de construcción seguido en todo el cuerpo de los monumentos, y además, el derrumbe de esas piedras efectuado en una gran parte de la faz oriental de la Luna, ha descubierto un plano inclinado perfectamente bruñido, que indica ser la verdadera faz de la pirámide. Esta observación aislada no daría tanta fuerza a mi raciocinio si no estuviese acompañado de las mismas circunstancias en todos los monumentos. Efectuando una circunvolución por las cuatro faces de la Luna, se advierte el mismo sistema: en la faz austral y en la occidental, y a la misma altura, vienen a cortarse en ángulo recto las dos faces descubiertas y bruñidas como la anterior, que conservan respectivamente la misma inclinación de 47º; en la cara septentrional se advierten los mismos derrumbes de piedra suelta y los mismos planos inclinados y bruñidos; y por último, en la faz oriental y hacia la mitad de su altura, idénticas circunstancias y de una manera más clara, todavía, vinieron a confirmar mi opinión, pues el plano inclinado se halla descubierto casi en toda su longitud de Norte a Sur, permitiéndome practicar sobre la masa primitiva la orientación de dicha pirámide. Observando desde el centro de la cara Sur, la colina de que trataremos más   —323→   adelante, y que se encuentra adherida a dicha faz, se advierten los mismos planos inclinados y bruñidos formando escalones, de tal suerte que esa colina, a su vez, no es otra cosa que un trozo de pirámide. No ha mucho tiempo que al visitar, como individuo de la Comisión de Pachuca, todos estos monumentos, los tlalteles no llamaron mi atención sino por su alineamiento, su uniforme altura y su configuración a manera de pequeños cerros; pero mi reciente visita me ha proporcionado la ocasión de poder dar con ellos mismos mayor fuerza a mi argumento. En los tlalteles, no es el derrumbe natural de las piedras y de la tierra, sino las excavaciones recientemente hechas lo que ha motivado la denudación de sus faces; éstas, como en la pirámide de la Luna, se encuentran bruñidas y presentan además la forma de extensas graderías y escalinatas; de manera que, pirámides, colinas, tlalteles y todos los detalles de estas construcciones se hallan ocultos. ¿Qué motivo tendrían los antiguos pobladores de México para hacer desaparecer esos notables monumentos bajo una enorme cantidad de piedras y tierra? En mi concepto, los toltecas, dueños de los referidos monumentos, cuya construcción data tal vez de una época anterior a la era cristiana; los toltecas, repito, restos de una nación culta y civilizada, temiendo las   —324→   depredaciones de los chichimecas, pueblo bárbaro que vino a fijar su residencia en el Valle de México, quizá trataron de dar la forma de montañas a esos santuarios y sepulcros, a fin de evitar que fuesen profanados por los nuevos inmigrantes. Podrá parecer esta opinión demasiado avanzada; no la presento, por tanto, sino como una mera conjetura.

La única abertura conocida, que es la de la pirámide de la Luna, se encuentra en la cara austral, a la altura de veinte metros y en la parte superior del tlaltel sobrepuesto. Esta abertura da entrada a una estrecha galería descendente, interrumpida por un pozo profundo cuadrangular, cuyas paredes están revestidas de sillares de toba volcánica. Se ha creído que esa abertura no es más que una horadación artificial ejecutada por buscadores de tesoros; pero es de observarse que los que en tal cosa se ocupan no suelen perder su tiempo en construir un pozo regular, con sus paredes perfectamente verticales, y mucho menos en revestirlas de sillares y bruñir las superficies. El eje de la galería descendente, el día de mi observación, coincidía exactamente con el meridiano magnético.

El resto de lo interior permanece desconocido; no exploré más adentro, a causa de los grandes derrumbes que obstruyen el paso, y por no contar   —325→   con los elementos necesarios para vencer esa dificultad.

Si en la pirámide de la Luna, que es de menos importancia y dimensiones, existen tales detalles, muy parecidos a los de las pirámides de Gizeh, ¿cuán interesantes no habrán de ser los que presente la pirámide del Sol, cuya base es casi igual a la de Cheops?

Puede decirse, juzgando por analogía, que la abertura de la pirámide del Sol debe encontrarse en la faz occidental, al terminar el tlaltel sobrepuesto.

Por último, debe llamar la atención que las pendientes de las faces de las pirámides son, con poca diferencia, las mismas, exceptuando la cara austral de la Luna y la occidental de la del Sol, en donde existen los tlalteles adheridos; las pendientes en estas faces, según ha podido observarse, son de 36º. Tal vez la intención de los constructores fue hacer más difícil el ascenso a la abertura, oponiendo con eso mayores dificultades al descubrimiento del interior de las pirámides, de la misma manera que se ha presumido, y con fundamento, respecto de las de Egipto.





  —326→  
Conclusión

En el paralelo que intenté establecer en este artículo, entre las pirámides egipcias y las de Teotihuacán, creo haber demostrado las circunstancias comunes a unas y a otras, las cuales, en resumen, son las siguientes:

1.º En la región del Nilo, lo mismo que en Teotihuacán, el lugar elegido para la construcción de las pirámides, es idéntico.

2º. Tanto las pirámides egipcias como las mexicanas, en general, están orientadas; si las de Teotihuacán no lo están con la exactitud que las de Gizeh, no es esto una prueba en contrario, por cuanto a que la orientación en ésta no era regla invariable entre los egipcios, como se echa de ver en otras muchas de aquel mismo país, pues se encuentran en el propio caso que las de Teotihuacán.

3.º La línea que une los centros de las pirámides de Teotihuacán, se halla en el meridiano astronómico, circunstancia que concurre en algunas del alto Egipto.

4.º En punto a construcción, es análogo en unos y otros monumentos el sistema de gradas y escalones.

5.º En ambos países las dos pirámides mayores   —327→   estaban dedicadas al Sol: en la de Cheops, bajo el nombre de Osiris, y en la de Teotihuacán bajo el de Tonatiuh22.

6.º El lugar que en la región del Nilo se llama Valle de los Muertos, tiene analogía topográfica y homónima con el que en Teotihuacán se llama Calle de los Muertos.

7.º Algunos monumentos de Egipto tienen carácter de fortificaciones; idéntico carácter presentan los de Teotihuacán.

8.º Los monumentos menores que se hallan en derredor de las pirámides egipcias y de las mexicanas, inclusos los de Mitlaltoyuca, son del mismo género y estuvieron destinados al propio objeto.

9.º Unos y otros monumentos tienen adherida a una de sus faces una colina artificial.

10.º La puerta disimulada en otro tiempo y abierta recientemente, existe tanto en algunas pirámides egipcias como en la de la Luna. En la del Sol, esa abertura permanece ignorada;   —328→   pero probablemente la tiene en la cara occidental.

11.º El interior de unos y otros monumentos, a juzgar por el de la Luna, tiene analogía; pues si bien ésta no ha sido suficientemente explorada, se le conoce ya la primera galería estrecha y descendente, y el pozo vertical. Es más que probable que en la del Sol se encuentren más detalles, y que éstos tengan mayor similitud con la de Cheops.

12.º El ídolo encontrado en las ruinas de Mitlaltoyuca, tiene exactamente el tipo de las momias egipcias23.

He tratado de demostrar, por medio de este ensayo, que por razón de las analogías que existen entre los monumentos egipcios y los mexicanos, es de inferirse que en épocas remotas hubo relación entre dos continentes separados por la inmensidad del Océano. No sé si habré caminado acertadamente en mis comparaciones; pero   —329→   si así no fuese, mi patria tiene hijos sabios que sabrán dilucidar dignamente tan importante cuestión. Por mi parte, estoy firmemente persuadido de que si los pueblos que construyeron los monumentos americanos no venían directamente del Egipto, por lo menos eran descendientes de otros pueblos a quienes los egipcios trasmitieron sus conocimientos. ¿Qué pueblos fueron? La craneología y la etnografía comparadas resolverán, sin duda alguna, la cuestión.

Al dar a luz el presente estudio, me ha guiado principalmente la idea de hacer que se fije la atención de los hombres pensadores e ilustrados de mi país sobre un punto que tan importante es para el esclarecimiento de nuestra historia antigua. Todas nuestras ruinas ofrecen al hombre estudioso vasto campo de investigaciones, por cuyo medio quizá podamos algún día revelar al viejo mundo un misterio que hace tanto tiempo lo preocupa. Casas-Grandes, Teotihuacán, Papantla, Xochicalco, el Palenque, Uxmal y Mitla son el eslabón que une la historia de dos continentes; lo hallaremos, tal vez, removiendo esos escombros.

México, Julio de 1870.





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ArribaAbajoRuinas de la antigua Tollan

A mi querido amigo José Rosas


No obstante la amenidad del sitio que ocupa la villa de Tula, a pesar de los risueños paisajes que la rodean, embarga la tristeza el ánimo del viajero que llega ante sus muros a fin de conocer las reliquias de un pueblo en otro tiempo feliz y poderoso, restos preciosos que, como medallas históricas de la avanzada civilización tolteca, yacen esparcidos en las faldas de las colinas o cubiertas por el humus de las campiñas. Al recorrer aquellos lugares, que fueron el asiento de la antigua Tollan, no muy distantes de la población moderna, ya sea por la preocupación del ánimo,   —332→   o porque efectivamente la presencia de aquellos restos den al lugar un aspecto desconsolador, el viajero experimenta un pesar, cierta melancolía mezclada con el ardiente deseo de la investigación; los montecillos de piedra, solitarios, que como puntos de defensa se elevan sobre una extensa colina; los monolitos que representan esbeltas columnas o estatuas derribadas, y en su mayor parte ocultas por el terreno, y la multitud de piedras encaladas, trozos de obsidiana y figuras de barro regadas por el suelo, todo imprime al lugar un aspecto triste y de desolación, de tal manera, que parece que todos esos objetos y aun el mismo terreno no reflejan la brillante luz del sol sino pálida y amarillenta.

La moderna Tula, villa y cabecera del distrito de su nombre, en el Estado de Hidalgo, cuya población no llega hoy a mil habitantes, se halla situada a diez y nueve leguas Norte de la ciudad de México, al pie de unos cerros, y barrada por los ríos grande y chico de Tula, ciñéndola el primero por el Este y Norte, y limitándola el segundo por el Poniente. El terreno, por la parte oriental, se extiende formando lomas y colinas que sucesivamente van adquiriendo mayor altura, y se halla circundado por otras eminencias más considerables, tales como el cerro de Jicuco por el Norte, el cual, visto desde Tula, aparece con su   —333→   caprichosa cumbre esférica, sostenida por columnas al parecer de formación basáltica; al Noreste y Este las montañas de Tlahuelilpan y de Bojaij Grande, sobre cuyas cimas asoman en lontananza los famosos monolitos u órganos de Actopan, que dan al paisaje una hermosa perspectiva; y por el Sur, la sucesión de cerros que separan el valle de Tula del de Cuautitlán, y sobre los cuales descuella el famoso cerro del Sincoque, al cual yo me atrevería a llamar, además, cerro Humboldt. Encuéntranse otros cerros inmediatos a la población: por el Norte, el del Tesoro; por el Noroeste, el de Magoni Grande, y el conocido con el nombre de la Malinche; por el Sureste, el del Ocote; por el Sur el del Calvario, y por el Oeste el Cielito. Todas estas eminencias se ligan con otras de tal suerte, que parecen interminables.

El río de Tula, que es el mismo que conocemos con el nombre de Río del Desagüe de Huehuetoca, corre de Sur a Norte, y casi a orillas de la población, por la parte oriental, se desvía al Poniente para volver poco después a dirigir su curso al Norte al recibir las aguas del río chico que desciende de las montañas de Dexcani y Xintdeji, situadas al Poniente de la población. Limitado el lecho del río en su curso hacia el Norte por el pie del elevado cerro de Magoni y por el del Tesoro, y sombreado por el hermoso follaje de   —334→   los álamos, fresnos y otros árboles que en sus orillas crecen, adquiere un poético aspecto que de tal manera seduce al viajero, que instintivamente continúa su paseo sin desviarse para nada de aquellas márgenes tan pintorescas y amenas.

La población ocupa el espacio del ángulo que en su confluencia forman los ríos grande y chico; el aspecto que presenta en su recinto es desagradable, así por sus casas, que en lo general son de un solo piso, como por el carácter de su almenado templo, que aparece más bien como una fortaleza. Pero estas impresiones desfavorables se tornan en sensaciones gratísimas al observar desde las alturas del templo el panorama de la población, interrumpido por numerosos huertos que antes se escondían a la vista, tras de los muros de las habitaciones; descúbrense, en segundo término, hermosas calzadas, sombreadas por el follaje de los árboles, entre los que llaman la atención por su simétrica forma un fresno corpulento; y por último, la vista puede dilatarse en las hermosas campiñas y eminencias que las limitan.

La iglesia parroquial es de sólida construcción, formando un notable contraste el exterior de ella con su interior. Exteriormente no guarda en su arquitectura orden alguno; la fachada o frontispicio, que mide 28 metros de altura, es de muy mal gusto, revelando apenas uno que otro detalle,   —335→   su carácter religioso. Los muros, así de los costados como el que corresponde a la ábside del templo, son más bien propios de edificios fortificados; trece garitas o bastiones en torno de la bóveda, rematan los contrafuertes de los muros, llenando los espacios entre unas y otras multitud de almenas. El interior es notable por su aseo y por la construcción de la bóveda, que forma con sus arcos combinados primorosas labores de estilo gótico. A la entrada del templo se lee en el muro de la derecha esta inscripción: «La parroquia, bajo la advocación de San José, se concluyó en 1553».

En Mayo de 1844, Iberri dio a luz una acabada descripción de este templo, en los términos siguientes:

«La villa de Tula, situada a diez y nueve leguas Noreste de México, tiene por iglesia parroquial un templo que fue convento de religiosos de San Francisco, el cual, así como todos los que hay de esta Orden en la República, está construido con la arquitectura propia para servir también de fortaleza; pero ninguno he visto que manifieste tanto como éste el aspecto de un castillo, y en que se haya puesto tal cuidado y prolijidad para cubrir sus flancos con torres y garitas, para doblar las líneas de defensa y para hacerlo de una dureza cuanto cabe en la mampostería. Su largo es de sesenta varas   —336→   castellanas, su ancho de quince y su alto de treinta; el espesor de las paredes tiene dos y media varas, el cual es el mismo desde lo alto a abajo de ellas, y por la parte exterior están cubiertas totalmente de un revestimiento de piedra de cantería superior, cortada en cuadrilongos perfectamente labrados y pulidos, que por la base del templo tienen hasta tres cuartas cada pieza, y luego disminuyen de tamaño insensiblemente, de modo que los más altos son de una tercia; las hileras de cal con que están pegados son muy delgadas, y se mantienen casi intactas después de doscientos ochenta y dos años que llevan de puestas, pues según dos inscripciones que están en la iglesia, y los informes que me ha dado el señor cura don José María Ruiz de Velasco, fue empezada el año de 1553 y acabada en el de 1561.

»El interior del templo no tiene cosa notable; pero si se fija la atención en la pintura de los santos que se hallan en los altares, se deduce que los pintores fueron de buenos conocimientos y ejecución, según la regularidad de los trazos y lo bien colocado de las sombras; las dos capillas anexas son obras posteriores al templo, muy inferiores en todo. Del otro lado del grande edificio se hallan los claustros, que hoy están casi arruinados, y lo poco que se mantiene en pie, consta de un pequeño patio rodeado de un portillo bajo y otro   —337→   encima de él, sumamente estrechos, y que son como el corazón de un laberinto de celdas, de pasadizos y escaleras, todo tan angosto, tan complicado y tan oscuro, que en muchas partes es necesario ir a tientas.

»El contraste que forma todo esto con la elegancia y suntuosidad del templo, me ha hecho creer que tal estrechez ha sido calculada al intento de la austeridad religiosa, o de no embarazar los medios de defensa.

»El atrio, en forma de un cuadrado, circunda a todo lo que se ha dicho, y su elevación es de cinco varas, contando con el muro. Esta obra es, a mi juicio, tan célebre como la iglesia, pues el muro tiene ochocientas varas de largo, y el terraplén artificial sobre que está, no baja de un millón de varas cúbicas; circunstancias todas que dan un mérito extraordinario a este edificio, atendiendo a lo reciente que estaba la conquista cuando fue hecho, a la escasez de operarios españoles que naturalmente había entonces24 y al lujo y minuciosidad de su manufactura.

»Hay en los archivos de esta parroquia porción de escrituras, de testamentos y de otros papeles, algunos escritos en idioma mexicano, muy correctos   —338→   según la opinión de dicho señor cura; de modo que por estos datos y por los que se han referido, los religiosos fundadores fueron hombres de grandes virtudes y conocimientos, propios para dejar a la posteridad las señales del genio macizo, constante y emprendedor que tuvo la España en aquella época».

Los terrenos de Tula, regados por los ríos antes mencionados y por dos manantiales, de los cuales uno nace en el pueblo de Tepatitlán, y otro de agua salada en las cercanías de la cabecera, son fértiles y producen maíz, trigo y cebada de buena calidad, artículos que rinden cien cargas por una de sembradura.

A la entrada de la hermosa calzada, limitada por hileras de frondosos árboles, y en la cual se encuentran las primeras casas de la población, existe sobre el río grande un puente de sólida construcción, en cuyo centro se eleva una maciza pilastra que contiene la siguiente inscripción, que copio con su propia ortografía:

«Reynando en las Españas la catol. maj. del Sr. D. Cárlos III (Q. D. G.) y en esta N.ª Esp.ª el Exmo. Sr. B.º Frey D. Ant.º Bucarely Birrei de ella y Alcalde Mavor de esta Prov. el cap. D. Franco Martinez Bravo, siendo actualmente cura el Sr. Presb. D. Onofre Gil Barragan a cuyo zelo se deve la fabc.ª de este puente y a la exactitud   —339→   de los diputados de este pueblo, dando los materiales el Becindario y el Sr. Conde de Valparaiso, marques del Jaral del Berrio cap. del órden de Santiago del consejo de su mag. en el de hacienda y contador decano jubilado del tribunal y real audiencia de cuentas, contribuyó a todos los de más gastos hasta su conclusión que se verificó en 8 de Abril de 1779».

La cría de ganado vacuno, lanar, cabrío, de cerda y caballar, es de importancia en las haciendas y contornos de la población.

Entre los animales salvajes se cuentan los leopardos, gato-monteses, lobos, coyotes, venados, liebres y conejos; encuéntranse además tuzas, conchuelas, pachones, ardillas, tejones y tlacoachis, animales que notablemente perjudican los sembrados.

Las principales aves que habitan estos lugares son: cuervos, quebrantahuesos, tórtolas, gavilanes, águilas, tordos, golondrinas, gorriones y calandrias.

Entre los reptiles se enumeran las víboras de cascabel, hocico de puerco, coralillo, culebras y alicantes, las tres primeras muy venenosas, pues su mordedura causa la muerte a quien con brevedad no es atendido; lagartijas, escorpiones venenosos, camaleones y sapos.

Insectos.- Tarántulas y arañas venenosas,   —340→   principalmente la llamada capulina, avispas, zacatón, abejas, mariposas, chapulines, moscones, cochinillas y hormigas.

Se hallan sujetas a la municipalidad de Tula las siguientes poblaciones, ascendiendo en toda ella la población a 5.083 habitantes que hablan el castellano y el otomí, dominando este último.

LocalidadesSu clasificaciónDistancias
de la población
Número de
habitantes
Idiomas
TulaVillaleguasOeste772Castellano
San Antonio TulaHacienda"""287Ídem
San Miguel de las PiedrasPueblo2""160Otomí
Xochitlán"2""187Ídem
San Andrés"1""161Ídem
El HuertoBarrio800varas"366Ídem
SacamilpaPuebloleguasEste290Ídem
Bomintza"2""335Ídem
El LlanoBarrio1""361Ídem
San LucasPueblo"Sur71Ídem
Santa María Ilucan"2""200Ídem
San Miguel Unido"""219Ídem
San Marcos"1""526Castellano
Molino de JazoHacienda""""
San LorenzoPueblo800varas"221Castellano y otomí
Santa Ana"leguasNorte181Otomí
Michimaloya"""412Ídem
San Francisco"1""200Ídem
BojayHacienda1""37Ídem
Dengui"2""97Ídem
_____
5.083

Todo lo que antecede da a conocer geográfica y estadísticamente a la población moderna de Tula; trataremos en seguida de la antigua Tollan.

  —341→  

* * *

La historia antigua de México, tan interesante por sus fastos, tan bella por sus tradiciones y tan poética por sus episodios, ya se la considere relacionada a las demás naciones de la tierra, ya como perteneciente a la de un pueblo autóctona, es de suma importancia, y bien merece, por tanto, el distinguido lugar que la Sociedad mexicana de Geografía le ha fijado en sus anales.

Infructuosas han sido hasta hoy las investigaciones de los sabios que se han ocupado en la interesantísima cuestión de la procedencia de las razas que poblaron la rica y vasta extensión del Anáhuac. Tratando unos de asimilar las antiguas tradiciones de aquellos pueblos al sagrado texto de la Biblia, y empeñándose otros en deducir ese origen de analogías más o menos probables, todos las hacen proceder del antiguo mundo, pero sin poder precisar el lugar que dio origen a la emigración.

Cuestión ardua y muy difícil es ésta, pues con la luz de la hoguera nos sumió en la oscuridad el ciego fanatismo de un hombre. El obispo Zumárraga, al entregar a las llamas los papiros indígenas, preciosos monumentos arqueológicos, sepultó quizá toda la historia de un pueblo en el insondable abismo de la eternidad.

  —342→  

Desde las orillas del Gila a las del Usumacinta, encuéntranse esparcidos en nuestro territorio restos de edificios, cuya importancia, así por la construcción de éstos como por las bellezas de su ornato, va en aumento del Septentrión al Mediodía. Coecillos o Tlateles, pirámides y fortificaciones, templos y suntuosos palacios, son otros tantos monumentos que atestiguan una civilización muy avanzada, y constituyen las huellas que en su peregrinación un pueblo dejó marcadas. Esta circunstancia, muy notable por cierto y las analogías que continuamente se presentan al emprender el estudio de aquellas razas en lo poco que poseemos, corroboran la opinión que he admitido de que los primeros habitantes de México procedieron del Asia. Respeto con toda sinceridad ajenas opiniones, tanto que sería el primero en aplaudir una teoría que destruyese mi error. En las investigaciones deseo, libre de toda preocupación, la verdad histórica, y a falta de datos auténticos admito por precisión el medio de las analogías, poderoso resorte de la historia.

Solamente basando nuestras investigaciones en los caracteres jeroglíficos de las rocas o en el aspecto de los monumentos, y escudriñando la lóbrega cavidad de los sepulcros, quizá nos sea dable con el tiempo lograr la resolución de tan arduo problema.

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Los toltecas, que según la historia fueron los pobladores más antiguos de esta parte del continente americano, después de los Olmecas y Xicalancas, conocieron, a juzgar por la relación de Ixtlilxochitl, la creación del mundo, el diluvio, la erección de la torre de Babel y la confusión de las lenguas. Tenían por seguro que el mundo había sido destruido tres veces, y otras tantas regenerado, llamando a cada destrucción edad o apagamiento del Sol. La primera sobrevino por la catástrofe del diluvio, y la llamaron edad del Sol de agua; la segunda por un huracán, y la dieron por nombre edad del Sol de aire, la tercera por un terremoto, y la llamaron Sol de tierra, y esperaban, por último, la destrucción del mundo por medio del fuego.

Intentando usurpar el poder al legítimo heredero del trono tolteca, dos nobles de estirpe real, llamados Chacaltzin y Tlacanuhtzin, despertaron las ambiciones de sus adictos, y de esas disensiones políticas resultó el decreto de su destierro, que llevose a efecto hacia el año 439 de la era cristiana, primero de su peregrinación hacia estas regiones. La relación histórica señala por punto de partida la ciudad de Tlachicatzincan en la región de Huey Tlapalan, sin precisar la situación de la ciudad, dando sólo un indicio de tal región en la confluencia de los ríos Gila y Colorado. Las   —344→   hipótesis, las conjeturas, el vivísimo deseo de conocer el origen de un pueblo que nos ofrece una historia llena de interesantes detalles, son la consecuencia de aquella omisión por la absoluta falta de datos.

Aquellos caudillos seguidos de una multitud de sus adictos, y guiados por el astrólogo Huematzin, emprendieron su peregrinación fundando pueblos y ciudades, sin encontrar por largo tiempo el soñado lugar en que habían de poner los fundamentos de su imperio.

Después de recorrer sesenta leguas llegaron a un lugar que dieron por nombre Tlapalantongo y en donde permanecieron tres años; de Tlapalantongo pasaron a Hueyxalan, distante unas setenta leguas del anterior, y allí permanecieron cuatro años, y así sucesivamente continuaron su peregrinación, deteniéndose en Jalisco ocho años; en Chimalhuacán, seis; en Atenco, cinco; en Tuxpan, cinco; en Quiyahuixtlan Anáhuac, seis; en Zacatlán, siete; en Tutzapan, seis; en Tepetla, ocho; en Matzatepec, ocho; en Zuihcohua, ocho; en Iztacuetxucha, veintiséis; en Tolantzinco, diez y seis, y en Tollan, donde definitivamente fijaron su residencia.

Ningún lugar parecioles más conveniente para fundar la ciudad que debiera ser la capital de su nación, que el que abraza las hermosas y feraces campiñas de un valle cercado por sierras que en   —345→   nada cedían a aquéllas en fertilidad. El aspecto del suelo, regado por un río caudaloso, los sedujo, poniendo fin a su peregrinación.

Durante los primeros seis años de su permanencia en Tollan levantaron templos y edificios, embelleciendo los primeros interiormente con adornos de oro y piedras preciosas, y los segundos con huertos, parques y jardines.

Establecidos ya y temerosos de ser molestados por los Chichimecas, tribu salvaje que habitaba las regiones inmediatas al Panuco y Huexotla, convinieron en dirigirse a aquel monarca en solicitud de uno de sus hijos, a fin de elegirlo rey. Esta primera resolución que produjo el deseado fin, pues juntamente con el favorable resultado obtuvieron del monarca chichimeca la promesa de que jamás serían molestados por él ni por sus descendientes, revelaba desde luego la astucia y sagacidad que caracterizó después a la nación tolteca.

Año 667. Juraron por rey al príncipe chichimeca, que desde entonces llevó el nombre de Chalchiuetlanetzin (piedra preciosa), y por reina a la hija de Acapichtzin, señor tolteca, la cual dieron a aquél por esposa. Con este rey empieza el catálogo de los monarcas toltecas, y a ponerse en práctica la ley de sucesión que fijaba al reinado de cada uno de aquéllos el periodo de 52   —346→   años, previniendo además, que si el monarca moría antes de terminar su reinado, gobernase la República por el tiempo que faltase, y espirado éste entrase a regir los destinos del país el legítimo sucesor.

Es de admirar que todos los monarcas toltecas, en su reinado, cumplieron el período, y uno de ellos, Mitl, lo excedió en siete años.

Muerto el primer rey casi al cumplir los cincuenta y dos años, fue enterrado con todas sus insignias y haciéndole los mayores honores.

Año 719. Ixtlilquechahuac o Izacateclatl, como legítimo sucesor, subió al trono, y en su reinado prosiguió el engrandecimiento de la Nación, y a éste sucedió el príncipe Huetzin. Poco antes (año 771) de la muerte de Ixtlilquechahuac, el astrólogo Huematzin, en sus últimos días coleccionó en un gran libro que se llamó Teoamoxtli o libro divino, los ritos, sacrificios y ceremonias del pueblo tolteca, las leyes, máximas y sentencias, catálogo de reyes y señores, los preceptos astrológicos, artísticos y científicos; en una palabra, todos los sucesos prósperos y adversos, formando de esta manera la historia de aquel gran pueblo cuya ruina igualmente predijo.

Año 823. A la muerte de Huetzin heredó el trono su hijo Totepeuh, cuyo reinado fue notable   —347→   por la paz y tranquilidad de que disfrutó la nación. A Totepeuh sucedió el príncipe Necazxoh (año 875), y a éste su hijo Mitl, el más sabio de los reyes toltecas, durante cuyo reinado llegó a su apogeo la monarquía. Sabio y prudente, dictó leyes memorables y extendió su poderío a muy grandes distancias; fundándose entonces villas, pueblos y ciudades, entre las cuales sobresalía Teotihuacán (lugar de adoración), que existía ya, y que siendo como era el gran santuario de los toltecas, superó en grandeza a Tula, por sus templos, monumentos y poder. Teotihuacán no sólo era notable por sus edificios y extensión, sino por sus elevadas pirámides, dedicadas, la mayor al Sol, y la menor a la Luna, y tal vez los innumerables tlalteles a las estrellas, si se atiende al carácter emblemático del pueblo que nos ocupa. Estos monumentos, según manifiesto en otro artículo, eran, en mi opinión, tumbas y altares.

Para contrarrestar la supremacía que sobre la capital había adquirido Teotihuacán, Mitl levantó el grandioso templo de la Rana, diosa de las aguas, enriqueciéndolo en su interior con adornos de oro y piedras preciosas, y con la escultura de la diosa, hecha de una esmeralda. En Tollocan se construyeron palacios, cuyas piedras labradas representaban por medio de jeroglíficos,   —348→   los más notables hechos de la historia tolteca. Análogos palacios se edificaron en Cuaunáhuac y en otros lugares a que se extendía su poderío.

Los toltecas sobresalieron en las artes y en las ciencias, y eran tan diestros en aquéllas, que muchos interpretan la palabra tolteca por artífice, aunque lo más probable es que signifique natural de Tollan. Fundían el oro y la plata, haciendo de estos metales curiosos objetos; tallaban las rocas más duras y lapidaban las piedras preciosas. Igualmente sobresalían en las ciencias, como lo acreditan sus trabajos astronómicos que les dio por resultado el exacto cómputo del tiempo, y el cual fue calificado por el ilustre astrónomo Laplace, de original. Dividían el año en diez y ocho períodos de veinte días, agregaban al fin cinco días complementarios, llamados nemonteni (inútiles), completando así los 365 días del año solar; mas como este excede al período de 365 días de poco menos de seis horas, formaban su siglo de 52 años que llamaban Huihmolpia, haz o atadura de años, y la edad o vejez (Huehuetilixtli) de 104, agregando a éstos 25 días, de lo que resultaba solamente un día de diferencia dada 538 años.

La agricultura prosperaba, dedicándose preferentemente los toltecas al cultivo del maíz, chile, frijol y otras semillas, así como al del algodón,   —349→   de que obtenían tanto provecho. Las mujeres hilaban y tejían con él mantas lisas, asargadas y afelpadas, con dibujos y figuras de colores.

En la arquitectura, los toltecas eran muy diestros y construían sus edificios con piedras labradas, unas veces sobrepuestas y otras unidas con finísima mezcla; perpetuaban sus anales por medio de sus caracteres jeroglíficos, y en fin, en sus leyes, en sus usos y costumbres demostraban la muy avanzada civilización de un gran pueblo.

En sus ceremonias religiosas excluían los sacrificios humanos, con excepción de los que practicaban en honor de Tlalotl, dios de las aguas, que adoraban en la cumbre de una de las más elevadas montañas de la Sierra Nevada, al Este de Texcoco, y de Tonacatecuhtli, sacrificando al primero seis donas, y al segundo un criminal que era destrozado por las salientes puntas de dos rocas giratorias.

Las leyes prohibían la poligamia, y según ella los monarcas no podían contraer nupcias por segunda vez, y tan considerado era el valor en los hombres como en las mujeres el pudor.

Una sociedad que como la de los toltecas fundaba su estabilidad en el respeto a la ley, como lo demuestran sus usos y la sucesión legítima   —350→   de sus reyes, no podía menos que ser feliz y poderosa.

La sabiduría y la prudencia fueron la guía de Mitl en su reinado, y por merecimiento de tan grandes cualidades se quebrantó por primera vez la ley, prosiguiendo aquél en el trono hasta el día de su muerte, que acaeció 7 años después de expirado el término de los 52 años, y por la misma causa siguió gobernando la reina viuda Huihtlalzin (año 986), con la aquiescencia de su hijo Tecpancaltzin.

Muerta la reina Huihtlalzin, cuatro años después, tomó las riendas del gobierno el príncipe su hijo, en cuyo reinado empieza la decadencia del imperio.

Un noble tolteca, llamado Papantzin, había descubierto el medio de extraer el jugo del maguey; y deseando hacer a su soberano un presente de ese licor, se hizo acompañar para tal objeto de su hija, nobilísima dona, tan hermosa como su nombre, pues se llamaba Flor (Xochitl). Preséntase la dama y ofrece al rey aquel regalo, que agradó sobremanera al soberano, no tanto por el obsequio, cuanto por la bella dama que lo ofrecía. Desde luego concibió por ella una pasión violenta, y sólo la meditación de un plan para conseguir sus fines preocupaba su ánimo. Despidió al padre y a la hija, pero instándoles a que repitiesen   —351→   su obsequio, y que al serle de nuevo presentado, lo fuese sólo por la hermosa Xochitl. Volvió ésta de nuevo al alcázar real, pero ya no regresó a su hogar. Seducida por los halagos y ofertas del monarca, hubo de ceder a sus instancias y resignarse a vivir en el lugar de recreo que le destinara el rey, quien, para ocultar sus miras, envió a decir a Papantzin, que deseando unir a su hija con un rey su vasallo, la había puesto bajo los solícitos cuidados y educación de una matrona. Pasó algún tiempo; y ya fuese por simples sospechas o por el deseo de ver a su hija, Papantzin se resolvió a inquirir el paradero de ésta. Tras de largas pesquisas y valiéndose de la seducción, logró al fin su objeto, penetrando en unos jardines, donde a la sazón se hallaba la dama con un niño en los brazos. No consintiendo en la deslealtad de su rey, dirigió a su hija estas palabras: «¿Acaso el soberano te ha puesto aquí para que juegues con niños?». Avergonzada y trémula confesó ésta su debilidad, y el noble Papantzin resolvió desde luego dirigirse a pedir al rey satisfacción de su afrenta.

Al día siguiente, al acabar de escuchar Tecpancaltzin la queja del anciano, le consoló ofreciéndole que no tomaría esposa, y que el hijo de Xochitl (que había recibido el nombre de Meconetzin, o sea hijo del maguey), sería su heredero.

  —352→  

Al expirar el término de los cincuenta y dos años de su reinado, Tecpancaltzin cumplió su ofrecimiento, haciendo jurar por rey a su hijo natural Meconetzin, quien tomó el nombre de Topiltzin, y fue la manzana de la discordia en el reino tolteca.

Hízose notable el reinado de este príncipe por la bondad de su gobierno en los primeros años, por su disipación y vida disoluta en los siguientes, y por las enérgicas y acertadas disposiciones que en los últimos años dictó a fin de reparar sus faltas. Su conducta desarreglada contaminó a todas las clases de la sociedad, y el desenfreno fue tal, que los sacerdotes, a pesar de su voto de castidad, vivían públicamente con las damas principales; el vicio y los mayores escándalos reinaban por todas partes; desorden que naturalmente iba precipitando rápidamente a la nación en un abismo, tanto como antes la industria, el trabajo y el respeto a la ley la habían elevado a su mayor esplendor.

A este principio inevitable de decadencia del pueblo, se siguieron algunas calamidades como un justo castigo de sus delitos; unas veces el cielo derramó abundantes lluvias que anegaron las tierras, perdiéndose las cosechas, y otras privándole de ellas, de tal suerte, que una espantosa sequía, unida a los abrasadores rayos del sol,   —353→   arruinaron las mieses y aun las semillas que guardaban los graneros.

Para colmo de desdichas, los señores de Xalisco, de la misma raza, alegando derechos al trono de Tollan, y creyendo conculcada la ley con la exaltación de Topiltzin, invadieron con un grande ejército poblaciones del dominio de este monarca; ni las palabras amistosas de los nobles embajadores enviados a su encuentro por el rey, ni los ricos presentes que en nombre de éste les ofrecieron, fueron bastantes a hacer desistir a los invasores de su intento; antes bien prosiguieron éstos su marcha hasta penetrar en el recinto de Tula.

Infructuosa fue la conducta de persuasiva que respecto a los monarcas de Xalisco observó Topiltzin, encaminada a obtener de ellos el abandono de su empresa, no obteniendo del tiránico empeño de éstos, sino una tregua de diez años, concedida a fin de que pudiera prepararse a la defensa. No es de extrañar esta concesión de una raza que en mucha estima tenía el valor y la lealtad. Este pacto dio por primer resultado la inmediata retirada de las fuerzas invasoras.

Cumplido el plazo convenido, tiempo que no malgastó el ilustre Topiltzin, se aprestó para la guerra, situando convenientemente sus fuerzas y eligiendo para su cuartel general las llanuras de   —354→   Tultitlán. Apenas se avistaron las huestes enemigas, salió a su encuentro el avanzado ejército tolteca. Trábase el primer combate, dando principio a una serie de luchas encarnizadas que duraron tres años, haciendo en todas ellas los toltecas, unas veces vencidos y otras vencedores, inauditos esfuerzos de valor. Derrotado por completo el primer cuerpo de ejército, avanzan Topiltzin y el anciano rey Tecpancaltzin, a la cabeza de sus huestes, y la hermosa Xochitl guiando a las damas, que, como un cuerpo de amazonas, igualmente se disponían para el combate. Viénense a las manos unos y otros contendientes con la mayor bravura y coraje; la presencia de sus soberanos alienta y reanima a los guerreros, que con sus flechas y acertados golpes siembran por todas partes la desolación y la muerte; las mismas damas y mujeres de los soldados, siguiendo el ejemplo de la reina Xochitl, penetran en lo más encarnizado del combate y luchan cuerpo a cuerpo con los soldados enemigos. Tres días y tres noches consecutivas, y sin momento alguno de tregua, duró la refriega, no sin recibir continuamente los enemigos nuevos refuerzos, en tanto que los toltecas no eran reemplazados por nuevos guerreros. Agotadas las fuerzas de éstos por una lucha tan tenaz, crecía en proporción la superioridad del enemigo, que progresivamente ganaba terreno.   —355→   Decidiose al fin el triunfo en favor de los de Xalisco, y el ejército tolteca, disperso ya, se refugió en las montañas y en los lagos, y sólo quedaba en pie un corto cuerpo de ejército, que emprendió su retirada conducido por sus dos reyes y por la reina Xochitl. Este valeroso ejército, perseguido de cerca, y siempre luchando, pasó a Xaltocan; de aquí a Teotihuacán, dirigiéndose luego para las montañas del Sur, rumbo a Totolapan. El rey Tecpancaltzin y la reina Xochitl, con algunos de sus vasallos, fueron alcanzados antes de llegar a Tultecasochitlalpam, que entiendo fue en las colinas de Tlalmanalco, y tuvieron que luchar cuerpo a cuerpo, pereciendo a manos de sus enemigos el primero, sin que le sirviera de escudo su ancianidad, y la segunda, sin respeto a su valor, a su sexo y hermosura.

¡Tal fue el fin trágico de una heroína digna de figurar en un poema!

Topiltzin se refugió en una cueva de Xico, de donde salió después de la retirada de sus enemigos para dirigirse a Tlapalan, que, según creo, era el reino de Aculhuacan, donde dio algunas leyes que confirmó Netzahualcoyotl, viviendo muy considerado hasta el día de su muerte.

El resto de los toltecas se diseminó por distintos rumbos: unos se dirigieron a las costas del mar del Sur y Guatemala, y otros a Tehuantepec,   —356→   Coatzacoalco, Campeche y Xacolotlan.

De esta manera concluyó una monarquía que tan bellas páginas dejó en la historia; páginas que he recogido de la relación histórica de don Fernando de Alva Ixtlilxochitl.

Réstame sólo hablar de los objetos que en su exploración a las ruinas de la antigua Tollan halló la Comisión nombrada por la Sociedad de Geografía, y compuesta del doctor Manfred, presidente; Porter C. Bliss; doctor Ord; Ziehl, y el que suscribe, como ingeniero y cronista en esta vez por ausencia de don Eufemio Mendoza, a quien ocupaciones preferentes le impidieron acompañar a la Comisión.

Las figuras 1 y 2 representan: la primera un zodiaco, y la segunda un jeroglífico, cuyo objeto ignora la Comisión; ambas figuras se encuentran talladas sobre basalto, hallándose actualmente en el dintel de la puerta principal del templo.

La figura 3 representa el fragmento de un utensilio de roca basáltica y de propiedad particular.

Las figuras 4, 5 y 6, constituyen el fuste de una gran columna, igualmente de basalto, de la cual sólo se encuentran hasta ahora en el patio de la casa de diligencias estos tres trozos, que miden: el primero 0m63; el segundo 0m56, y el tercero 1m20, y de diámetro, los tres, 0m830.

Como puede verse por los dibujos, los toltecas   —357→   poseían un medio ingenioso para ligar perfecta y sólidamente las diferentes partes del fuste de una columna, practicando en la parte central de una de las bases un cilindro hueco, mientras que en la base contraria de otra labraban otro cilindro macizo de igual diámetro, de manera que éste ajustase con aquél.

La superficie cilíndrica de los fustes se halla primorosamente tallada, admirándose en los dibujos la corrección y el buen gusto; circunstancias que constituyen una prueba de la justa fama que de buenos artistas gozaban los toltecas, hasta hacer este nombre sinónimo de aquél.

En los dibujos que tan distintamente se advierten en las figuras 4 y 6, se cree observar en pocos detalles el arte clásico de los griegos, aunque en el total se advierta particularmente el egipcio; los de la figura 5, y parte de la 6, son enteramente originales.

Los monumentos, como los representados en la figura 7, merecen una preferente atención. Esas columnas pareadas y construidas en monolitos de basalto, en cuyos fustes se tallaron cuatro nudos o tlalpillis que representan cada uno el período de trece años, demuestran en el conjunto de éstos, bien el siglo tolteca simplemente, o que se quiso tal vez consignar en un monumento   —358→   indestructible la terminante cláusula de la ley de sucesión.

La figura 8 ofrece un gran ídolo, asimismo de basalto, representación horrible y deforme de un animal fantástico.

En una roca, que a mi parecer es toba volcánica y bien tallada, se encuentra una figura que representa a un monarca con todas sus insignias. Este objeto, marcado con el número 9, existe incrustado en uno de los muros interiores de una posada de la plaza principal de Tula.

La figura 10 ofrece un jeroglífico grabado en la roca del Cerro de Magoni Chico, llamado también de La Malinche.

En ninguna de las obras que he leído acerca de la historia antigua de México, se hace mención de todos estos objetos. Acerca de algunos es muy natural que así sea, puesto que la mayor parte de ellos han sido desenterrados últimamente. La misma Comisión promovió y presenció la extracción de las columnas pareadas, que se encontraban ocultas por la tierra vegetal en la falda del Cerro del Tesoro y a orillas de un riachuelo.

Otro fuste de columna, igual a la figura 6, se halla a la entrada del templo sirviendo de pileta de agua bendita, a cuyo fin se le destruyeron los tallados antiguos.

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La mayor parte de las ruinas del antiguo Tollan se encuentran diseminadas al Oeste de la población moderna, frente a un lugar llamado el Salitre, aglomerándose la mayor parte en el Cerro del Tesoro.

Estos monumentos arqueológicos han sido salvados de su total destrucción por los esfuerzos desinteresados de un útil ciudadano cuyo nombre siento sobremanera no recordar.

Tal es el informe que por mi conducto rinde a la Sociedad de Geografía la Comisión exploradora de las ruinas de Tula.

México, 15 de Febrero de 187325.



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ArribaAbajoMemoria con que el secretario de la Sociedad Filarmónica da cuenta de los trabajos de ésta en el año de 1870

Cumpliendo con la obligación que me prescribe el reglamento de la Sociedad Filarmónica Mexicana, tengo la honra de hacer la debida relación de sus actos durante el año de 1870.

Luchando su Junta Directiva con multitud de obstáculos, como una consecuencia de la falta de recursos necesarios a una empresa de la magnitud de la nuestra, ha hecho cuanto ha dependido de sus facultades, atendiendo a la vez al sostenimiento de la Sociedad y al progreso de su Conservatorio. Solamente un empeño decidido,   —362→   la constancia y el patriotismo de que se hallan animados todos los individuos de la junta, pueden haberla conducido a la feliz realización de los filantrópicos fines que se propuso la Sociedad al establecerse.

Uno de los afanes de esta Sociedad ha sido el de propagar entre la interesante clase de artesanos el estudio de la música, arte eminentemente civilizador. Con el establecimiento y sostén del Orfeón Popular, esta afán ha sido coronado por un éxito satisfactorio. Formado el Orfeón de personas laboriosas, honradas, entusiastas por el arte musical y dispuestas siempre a dar el debido cumplimiento a las determinaciones de la Junta, ha contribuido al lucimiento de los conciertos y óperas que se han ejecutado en el teatro, conforme a nuestras disposiciones reglamentarias y bajo la dirección de sus dignos e inteligentes profesores. La constancia, aptitud y conducta intachable de todos los que forman esa utilísima sección del Conservatorio, así como el desprendimiento que manifestaron, cediendo para compra de papeles de música el donativo que en favor suyo hizo la Junta de Instrucción Pública, por haber contribuido a la solemne distribución de premios de las escuelas nacionales, son circunstancias muy honrosas que los hacen acreedores al aprecio de la Sociedad.

  —363→  

La comisión de conciertos ha puesto nueve en ejecución, de los cuales dos fueron de música clásica; y en todos ellos los ejecutantes han hecho brillar sus dotes artísticas, recibiendo de los espectadores el justo y digno homenaje debido a su talento. Debo consignar un voto de gracias a nombre de la Sociedad, a nuestras simpáticas aficionadas y a todos los socios que se han dignado cooperar al brillo de nuestras funciones líricas.

Si la Sociedad no ha podido, por la escasez de sus fondos, socorrer pecuniariamente a sus artistas, ha promovido todos los medios eficaces de protección. A la muerte del señor Aduna, la Junta acordó la ejecución de un concierto a beneficio de la familia de aquel distinguido artista. La comisión nombrada al efecto y compuesta de los señores Bablot, Guichenné y Rivas, cumplió satisfactoriamente con su encargo, permitiendo a la Sociedad poder ofrecer a la familia Aduna el producto líquido de la función, que ascendió a 600 pesos.

No cabe duda de que el divino arte de la música modifica y moraliza las costumbres de un pueblo. Convencida de esta verdad la Sociedad Filarmónica y con el más vivo deseo de proporcionar a los alumnos del Conservatorio los medios a propósito para hacerles adquirir una posición   —364→   digna en la sociedad, no ha perdonado sacrificios de todo género a fin de poner aquel establecimiento a la altura de los de primer orden de la República.

Mucho se ha luchado y mucho aún habrá que luchar para vencer la multitud de obstáculos que presenta una empresa de tamaña magnitud, ora se atienda a la escasez de recursos, ora a las preocupaciones de todo género, que son un escollo, mil veces más temible que la misma falta de recursos, puesto que aquéllas traen consigo inevitablemente la división de un cuerpo, que unido alcanzaría resultados enteramente satisfactorios.

En un plantel como el nuestro no basta, en verdad, la subvención que acordó el Congreso, a moción de nuestro ilustrado ministro de Instrucción pública, el señor Iglesias, y que por la escasez del erario no se percibe con la deseada regularidad; hay establecidas en él cuarenta y dos clases, servidas por veintiséis profesores y cinco señoritas, sustitutas de clases; las gratificaciones son muy cortas; la mayor parte de los profesores sirven gratuitamente una clase por lo menos; pues no obstante todo esto, la subvención no alcanza a cubrir los gastos más indispensables.

Deseando la Junta directiva satisfacer todos sus compromisos y poder adquirir los recursos necesarios   —365→   para la compra de instrumentos, libros de texto y de música, así como para el mejoramiento del edificio, intentó poner en escena la ópera Hernani, la que a pesar de haberse ensayado con esmero, no pudo llevarse a efecto por los grandes gastos que exigía su ejecución, y porque el reclutamiento que en esos días se hizo en la capital, a consecuencia de la revolución de San Luis, retrajo a los artesanos que formaban parte de las masas corales. Se sustituyó después la mencionada ópera con la Sonámbula, partición que por ser favorita del público nos prometía resultados muy satisfactorios. ¿El éxito correspondió a nuestros deseos? Penoso es responder con una negativa a esta interpelación. En tales ocasiones se ha patentizado una idea que hasta hoy expresan mis labios; un corto número de individuos, relativamente a nuestra población, se afana y se esfuerza por el adelanto artístico y literario de México, luchando contra la apatía, la indiferencia, el egoísmo o las preocupaciones de la multitud. Sin pretender exagerar el mérito de la ejecución de la ópera Sonámbula, me tomaré la licencia de hacer observar, para satisfacción de los que en ella tomaron parte, y aunque mis palabras sean de poco valor, que la crítica en esta ocasión fue por demás severa tratándose de personas que no son artistas de profesión.

  —366→  

El teatro estuvo lleno en el ensayo y con escasa concurrencia en la representación; en ésta el éxito pecuniario no fue satisfactorio cual correspondía y era de esperarse atendiendo a la afluencia de gente en la noche anterior. ¿Por qué tal inconsecuencia? ¿No eran en la representación los mismos ameritados artistas que los de la víspera?

De otro orden y de mayor trascendencia fueron los obstáculos que se presentaron para la realización del grandioso pensamiento de los festivales, siendo uno de aquellos el que nace de la división entre los amantes de la música clásica y los intransigentes partidarios de la música italiana. Si éstos no adujesen simplemente en contra de aquella música su única y favorita expresión de «no me gusta», que no es una razón para prevenirla en contra de la opinión general; si desprendiéndose de su preocupación se detuvieran a escuchar con atención las delicadas composiciones de los maestros clásicos, descubrirían que en el conjunto de la riqueza armónica de aquéllas resalta una melodía tan bella y grata como en las composiciones italianas; cesaría desde luego esa división, que no debe existir en los filarmónicos, y todos a la par rendirían tributo a Beethoven y Rossini, a Mozart y a Donizetti, a Haydn y Bellini, a Meyerbeer, a Gounod, y   —367→   a tantos otros genios que han encantado el mundo con sus ricas armonías los unos, y con sus sentidas melodías los otros; el genio ha hermanado aquellos ilustres nombres, y todos ellos deben pronunciarse con respeto, con veneración. Que la música clásica no sea entre nosotros suficientemente conocida, y sí de difícil comprensión desde el primer momento, no es razón para que se la desdeñe, y menos por un cuerpo científico como es el del Conservatorio de música, que está en el imprescindible deber de ofrecer a sus profesores y alumnos modelos que imitar en todos los géneros y muy particularmente de aquel que posee el germen de lo sublime y de las buenas reglas. Si a cada paso fuera preciso evocar nuestros recuerdos y primeras impresiones, deberíamos confesar que nada encontraríamos en lo sucesivo capaz de halagar nuestros sentidos. La misma música italiana, así como la francesa, han agradado después de haberse familiarizado con su estilo. Hernani, Rigoletto, Trovador, Macbet y otras han sido recibidas fríamente en sus primeras representaciones, así como las magníficas particiones de Meyerbeer y Gounod, no han podido aún aclimatarse entre nosotros. ¿Puede darse una partitura más bella, más tierna que la Favorita de Donizetti? Y sin embargo, hasta hoy se reconoce su mérito. La música, a mi ver, cuanto mayor   —368→   sublimidad encierra, es de más tardía comprensión; pero una vez comprendida, el entusiasmo que produce en nosotros es eterno, y no cansa como la música ligera. Veinte y aún más veces se escuchará, y siempre con mayor agrado, la conjuración de Hugonotes, y no habrá paciencia para oír tres veces el coro de Toreros de Traviata y ni una sola vez los desaforados gritos entre Decio y Atila.

La historia de la música viene en apoyo de mis palabras; y aunque mis conceptos parezcan repetidos, debo insistir presentando más argumentos, pues trato de convencer. La partitura, Don Juan, de Mozart, es hoy considerada no solamente por los maestros y los inteligentes, sino aun por los profanos que han habituado su oído al estilo de aquella música, como un modelo de buena composición y como el germen fecundo de magníficas ideas; y sin embargo, antes de ser comprendida, fue recibida con frialdad, en su primera ejecución en Viena, mientras hoy causa el mayor entusiasmo y asombro de los afectos a todo lo grande y bello.

Considerando otros géneros, Roberto el Diablo, Profeta, Hugonotes, Guillermo Tell y Fausto, no son escuchados aún entre nosotros con el agrado y respeto que merecen por su extraordinario mérito. ¡Cuántos se deleitan hoy con   —369→   el Stabat Mater, de Rossini, que ayer calificaban de incomprensible y monótona, esa sublime composición, que hiere las fibras más delicadas del sentimiento.

Todas estas observaciones prueban hasta la evidencia, que la buena música, sea cual fuere su género y escuela y por razón de su misma sublimidad, no puede ser comprendida momentáneamente; ¿pero qué valen unos instantes de desagrado con las inefables y duraderas sensaciones que la buena música despierta en el alma, cuando ha llegado a revelar sus bellezas?

Podrán atribuirse mis palabras a mera pedantería, profano como soy al divino arte de la música, aun cuando por él sienta profunda afición, y debo prevenirme, ante esa calificación, que acepto resignado, porque en todo caso, entre el pedante que defiende lo bueno, porque es bueno, y el pedante que lo ataca por ignorancia, prefiero ser lo primero.

Al presentar a la sociedad la proposición de los festivales, idea iniciada por el señor Bablot, y secundada por el maestro Morales, el señor Fonseca y el que suscribe, se tuvo por objeto: primero, la unión de los filarmónicos; segundo, la propagación de una música que algún día será el encanto de nuestra culta sociedad; y tercero, introducir en México, teniendo en cuenta nuestros escasos   —370→   elementos, la costumbre de los grandiosos espectáculos, que son hoy la admiración de toda Europa. Logrose el primer objeto, puesto que hemos visto la noche del 29 de Diciembre último, ejecutarse entre otras piezas una sinfonía de Beethoven, por las dos orquestas reunidas y algunos de nuestros más distinguidos aficionados, que se confundieron en un laudable sentimiento de confraternidad; esa ejecución fue notable por la precisión y maestría que desplegaron los apreciables instrumentistas, y llamó la atención de los inteligentes la prontitud con que se identificaron con el estilo grandioso y severo del gigante de la sinfonía; sus esfuerzos y su inteligencia son dignos de los mayores elogios, como lo son la ciencia y el reconocido talento del maestro Morales, que tuvo el orgullo de dirigir a esa falange de ameritados ejecutantes; hago partícipe de estos elogios a los apreciables directores de las demás piezas ejecutadas, Agustín Balderas, Félix Sauvinet y Germán Laue. El primer festival mexicano abre la nueva era del progreso de la música trascendental en nuestro país.

No puede negarse que un brillante éxito artístico coronó los afanes de la comisión, y ésta no podrá menos que dar un voto de gracias, no sólo a esos artistas, sino a los señores aficionados de   —371→   la sección de canto de la Sociedad Filarmónica, y muy especialmente a las señoras que se dignaron contribuir al brillo de esa solemnidad artística con el prestigio de su belleza y de su talento.

Si los trabajos de la Junta directiva se han encaminado al bien de la sociedad, no lo han sido menos en provecho y adelantamiento de su Conservatorio. Perenne vigilante del buen orden y de la sólida instrucción de los alumnos, ha dictado todas las medidas conducentes al arreglo interior del establecimiento y al puntual servicio de las cátedras. El alumbrado de gas es una utilísima mejora, puesto que con menor gasto se tiene más ampliamente iluminado todo el edificio de lo que antes estaba.

La Junta ha acordado para el presente año escolar el establecimiento de nuevas cátedras en el Conservatorio, creando además una escuela de declamación, cuyo plan hace que se la deba considerar como la primera que de su género se establece en México. Gloria es esta que justamente corresponde a la Sociedad Filarmónica.

La idea que domina principalmente en los individuos de la Junta, es la de proporcionar a los alumnos del Conservatorio elementos que les faciliten un modo honesto de vivir; tal ha sido el motivo por que no se ha limitado a la instrucción   —372→   musical. Muchas niñas no tenían las facultades necesarias para el estudio de este arte, mientras que poseen brillantes disposiciones para un estudio literario. A la realización del pensamiento feliz de la Junta, se debe que muchas señoritas hayan podido recibirse de profesoras, obteniendo unas gratificaciones en el Conservatorio, otras, sueldos de la corporación municipal, y algunas han abierto, por su cuenta establecimientos de educación; de manera que nuestro Conservatorio debe considerarse no solamente como un establecimiento para formar artistas en el canto y declamación, sino como un plantel de profesores que deben derramar la luz y la enseñanza en toda la extensión de la República.

Igualmente debo llamar la atención respecto de los instrumentistas. El Conservatorio ha dado algunos ejecutantes a las orquestas y bandas militares, aunque es de sentirse que éstos no hayan perfeccionado su educación musical; pero la Junta no ha podido evitarlo, porque ni ha estado en sus facultades ni en sus principios, violentarlos de manera alguna. De desearse fuera que se meditase el asunto convenientemente, en vista de sus consecuencias trascendentales, para que se dictasen algunas providencias, que sin chocar con los principios liberales, evitasen aquel mal.

En los exámenes mensuales, así como en los   —373→   públicos de fin de año, han demostrado los alumnos y alumnas del Conservatorio, que la instrucción que en él se recibe es moral, complexa y sólida. Si el Gobierno, como es de suponerse, sigue impartiendo su protección a este establecimiento, debemos esperar un éxito completo para el porvenir, y que nuestro Conservatorio llegue a ser un plantel-modelo, y digno de rivalizar con los más afamados de Europa.

Tales han sido los actos de la Sociedad Filarmónica durante el año de 1870, los cuales me ha tocado la honra, en esta vez, de enumerar.

México, 8 de Enero de 1871.



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ArribaAbajoMemoria presentada a la Junta Directiva de la Sociedad Filarmónica Mexicana, con motivo de la construcción del Teatro del Conservatorio

Señores de la Junta Directiva:

El espíritu de iniciativa que desde la creación de la Sociedad Filarmónica ha guiado a las juntas que se han sucedido, ha determinado el constante progreso de tan útil instituto, y muy particularmente del Conservatorio de Música y Declamación. Débese a las juntas que han antecedido a la de 1873 la realización de grandes ideas que tan poderosamente han influido en la esmerada instrucción de los educandos del Conservatorio,   —376→   así como a la última que ha regido los destinos de la Sociedad Filarmónica corresponde la honra de haber realizado el pensamiento de la formación de su Teatro; pensamiento de trascendentales resultados para el objeto de nuestra institución. El distinguido lugar que entre los establecimientos de enseñanza pública ocupa hoy el hermoso plantel, objeto de los desvelos de la Junta, exigía urgentemente la mejora que acaba de realizarse. El salón antiguo de conciertos, por su desaseo, por sus malas condiciones acústicas y por el desarreglo de sus localidades, era poco digno de los espectáculos que en él ha ofrecido constantemente la Sociedad; espectáculos por cuyo medio revelaba así a la nación entera como a los ilustrados extranjeros que concurrían, los rápidos progresos de los alumnos del Conservatorio y el delicado gusto de los socios por el arte de la música.

Si la Sociedad Filarmónica hubiera podido disponer de suficientes recursos, la formación del Teatro poco o nada ofrecería de particular; sería tal circunstancia una prueba solamente de la ilustración de sus miembros; consiste el mérito en haber acometido la empresa sin recursos, prescindiendo de las escasas asignaciones de la asociación, que apenas bastan a cubrir sus presupuestos. Diose el acuerdo, y se procuraron los   —377→   primeros fondos apelando a una suscripción entre varios particulares, la que, realizada, nos permitió dar principio a los trabajos, que se ejecutaron son una rapidez extraordinaria. La filantropía de los accionistas obliga a consignar sus nombres, como un justo tributo de agradecimiento; el Conservatorio debe, por tanto, inscribir en el catálogo de sus insignes benefactores a los señores:

  • Don Sebastián Lerdo de Tejada
  • Don José María Iglesias.
  • Don Rafael Martínez de la Torre.
  • Don Ramón Terreros.
  • Don Guillermo Barrón.
  • Don Antonio Escandón.
  • Don Antonio Mier y Celis.
  • Don Pedro del Valle.
  • Don Manuel Fernández del Castillo.
  • Don Manuel Iturbe.
  • Don Luis Muñoz.
  • Don Sebastián Camacho.

Insuficientes los fondos reunidos por medio de esta suscripción para cubrir los presupuestos, y decidida la Junta a cerrarla por la premura del tiempo, apeló a otros recursos, comprometiendo su crédito personal algunos honorables miembros de la misma Junta. Se contrató la obra de   —378→   carpintería con el hábil artesano don Pedro Mendoza, bajo la condición de que el valor correspondiente a dos acciones de a 600 pesos cada una, le sería pagado a la conclusión de la obra con los productos de las primeras entradas; lo cual, aunque establecía una diferencia en su favor respecto de los accionistas, en nada rebajaba el mérito de su patriótico proceder.

Deseando, por mi parte, corresponder dignamente a la confianza que en mí se dignó depositar la Junta Directiva, nombrándome para formar el proyecto del teatro y encargándome de la dirección de las obras, desarrollé aquél, estudiándolo concienzudamente, aunque no sin graves dificultades que vencer, puesto que se me obligaba a circunscribirlo en el paralelogramo del antiguo salón, de dimensiones tan desproporcionadas, que impedían ante todo dar al nuevo teatro la conveniente forma circular. El problema para mí era de muy difícil resolución, por cuanto a que era preciso no incurrir, por la inconveniente forma del local, en el defecto que se advierte en los teatros improvisados, que son, generalmente, largos y estrechos; era de todo punto indispensable procurar al salón otra perspectiva más agradable, sin reducir su extensión. Ésta fue la base de mi proyecto; y fueme preciso, para realizarlo, remeter la línea de los palcos   —379→   respecto de la de las plateas, a fin de que desde las lunetas pudiese verse todo el conjunto, y reducir la extensión longitudinal del salón, en apariencia, avanzando hacia el frente del proscenio las líneas de los palcos y plateas, y sustituyendo las localidades perdidas por esta reducción con los palcos de anfiteatro; circunstancia que ofrecía, además, la ventaja de poder disponer de una pequeña sala para desahogo y para la colocación de las escaleras de los palcos.

Logrado el fin, mediante estas disposiciones, el proyecto fue aprobado en todas sus partes, poniéndose desde luego en ejecución; y aquí me cumple advertir, que si la obra se ha llevado a feliz término, débese particularmente a la eficaz cooperación de los hábiles artistas y artesanos, todos mexicanos, a quienes, por fortuna mía, encomendé los diversos trabajos: los de carpintería al señor don Pedro Mendoza; el ornato del arte sonado a los señores don Agustín Ramírez y don José Serrato; el del proscenio a este mismo señor; los dorados del salón al propio señor Ramírez, y los del proscenio a don Francisco Lazarin; los medallones con los bustos que adornan la primera curva del artesonado y el ornato de la curva superior del proscenio a don Juan Fernández; la pintura del vestíbulo al estilo pompeyano a don Petronilo Monroy; el telón de boca a don Tiburcio Sánchez; el bordado   —380→   del segundo telón a las alumnas del Conservatorio Manuela Marín, Josefina Figueroa, Refugio Valdés y Refugio Cerdá, bajo la inteligente dirección de la Señorita Luz Oropeza; la decoración de conciertos a don Rafael González; las ménsulas de fierro al herrero señor Lazo de la Vega; los candelabros de bronce para gas a don Hipólito Aburto; los festones del proscenio y los del artesonado al señor don José Ortega; y por último, los bustos de Alarcón, Gorostiza, Rodríguez Galván y Calderón, los cuales deben decorar los costados del proscenio, a don Agustín Barragán.

Debo mencionar los buenos oficios del señor don Gonzalo Müller, que tanto me ayudó en las obras materiales que se emprendieron para la formación del Foyer, así como el empeño e inteligencia que mostraron en sus trabajos los oficiales de carpintería y de pintura.

Los retratos que decoran la primera curva del referido artesonado, están fielmente modelados conforme a los magníficos grabados de la obra intitulada Los Músicos célebres; y respecto de los autores dramáticos, de otros no menos buenos grabados y fotografías de contemporáneos.

Para justificar la elección que se hizo de las notabilidades en ambos ramos del arte, bastará citar sus nombres, que, por orden cronológico, son:

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Compositores a la derecha del proscenio
1Palestrina1524-1594
2Rameau1683-1764
3Haendel1685-1759
4Sebastian Bach1685-1759
5Gluck1714-1787
6Haydn1732-1809
7Mozart1756-1791
8Méhul1763-1817
9Beethoven1770-1827
10Auber1782-1874
11Fétis1784-1872
12Rossini1792-1868
13Meyerbeer1794-1864
14Donizetti1798-1848
15Bellini1802-1835
16Verdi1814
17Gounod1818
18José Antonio Gómez1805
19Bustamante1787-1861
20Beristain1817-1839

Autores dramáticos a la izquierda del proscenio
1Esquilo525 A. de J.
2Sófocles495 A. de J.
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3Plauto227 A. de J.
4Terencio193 A. de J.
5Lope de Rueda1500-1567
6Shakespeare1564-1616
7Ben Jonson1574-1637
8Lope de Vega1526-1635
9Calderón de la Barca1600-1681
10Corneille1606-1684
11Molière1622-1684
12Racine1639-1699
13Moreto1640-1676
14Sor Juana1651-1695
15Moratín1760-1828
16Victor Hugo1802
17Alfieri1749-1803
18Goethe1749-1832
19Schiller1759-1805
20Bretón de los Herreros1796-1873

En las cuatro ménsulas, a uno y otro lado del proscenio
Alarcón.
Gorostiza.
Calderón.
Rodríguez Galván.

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Algunos bustos de otros hombres notables han dejado de colocarse en nuestro salón por falta de espacio, y esta circunstancia explica y disculpa suficientemente tan sensible omisión.

No obstante el detenido estudio que emprendí en el desarrollo del proyecto respecto de la forma que debiera darse al salón, faltábanle a aquél las condiciones acústicas e higiénicas tan esenciales en las salas de espectáculos, circunstancias que originaron nuevas dificultades. Las paredes rectangulares del local y la forma del cielo, sostenido por planos inclinados hechos de propósito para cubrir las grandes zapatas que soportan las vigas del techo, contrariaban, de todo punto, las leyes de la acústica; defecto que corregí, sustituyendo los planos inclinados por superficies curvas que no impidiesen la libre propagación del sonido, lo cual, por su combinación, mejoraba notablemente el aspecto del artesonado. Con el mismo fin me propuse evitar en las nuevas construcciones, hasta donde era posible, las formas angulares; y por último, para aumentar la sonoridad, determiné la formación de una caja armónica en el lugar que a la orquesta corresponde, y limitar el arco del proscenio por dos curvas elípticas paralelas. El resultado correspondió a mis deseos, y espero que pronto os convenceréis de ello.

  —384→  

Para la conveniente ventilación del salón, aproveché cuantos recursos estuvieron a mi arbitrio. Hice colocar persianas en las cuatro ventanas, y practicar horadaciones en la parte inferior de las paredes; sistema que, como se sabe, es de los más provechosos resultados. En el zócalo que corresponde a cada platea, se hicieron los convenientes taladros, por donde, sin molestar, penetra el aire que proviene de aquellas horadaciones; y por último, comuniqué el foro, por la parte del techo y en toda su extensión, con la sala perfectamente ventilada que existe en el piso superior.

He procurado dar al escenario las mayores comodidades posibles, no obstante sus límites reducidos, disponiendo, para el pronto servicio de la escena, que las decoraciones sean en su mayor parte cerradas y de rompimiento; que los telones se levanten sin doblar, con lo cual se logra la conservación de ellos y mejor efecto, y que el servicio de los maquinistas se haga por la parte superior, a fin de no entorpecer la escena.

Por la parte posterior del foro se construyeron, en número de once, los cuartos de los actores y las salas para vestuario de coristas y comparsas; dichos cuartos, bien ventilados, rodean el foyer de artistas, que es indispensable a fin de evitar que éstos reciban a sus visitas en los mismos cuartos.

  —385→  

Para concluir con esta parte de mi informe, debo manifestar a la Junta, que con el objeto de precaver al edificio de un incendio, atendiendo a éste prontamente en sus principios, aproveché la fuente que se hallaba en el pequeño patio de la habitación destruida para la formación del foyer, colocando una buena bomba que eleva el agua hasta el depósito que se encuentra en la parte más elevada del edificio.

Paso a tratar de la inversión de los fondos.

Al aceptar el encargo con que me honró la Junta, desde luego propuse se hiciera exclusivamente la distribución de dichos fondos por la tesorería de la Sociedad, previos varios requisitos, y sin más intervención por mi parte que la de poner el visto bueno a los recibos de los interesados, conforme a los presupuestos económicos presentados directamente a la Junta y aprobados por ella. La cuenta que tengo la honra de presentar, es la misma que ha seguido la Tesorería de la Sociedad Filarmónica; todas las partidas, aun aquellas que provienen de gastos menores e insignificantes, están debidamente documentadas y a entera satisfacción de las personas que las han requisitado.

La cuenta a que me refiero es como sigue:

  —386→  

Cuenta que presenta el que suscribe como encargado de la construcción del teatro, de las cantidades que se han invertido en dicha obra
IngresosEgresos
Recibido de los accionistas268.200
Ídem del Gobierno para reposiciones del edificio2.000
Ídem de los propietarios de las localidades262
Ídem de préstamos del señor Escalante6.000
Ídem del señor Iglesias200
  —387→  
A Mendoza por el importe de sus presupuestos275.414 25
A ídem por varios trabajos extraordinarios709 01
A los talladores120 62
A la maderería por vigas y tabla de techar162 25
A Ramírez por sus presupuestos3.465 00
A sus pintores para concluir la obra y pintura del Foyer413 03
A Lazarin, por el proscenio y las galerías808 00
A Fernández, retratos, medallón, etc.680 00
Por trabajos de pintura en el telón, cuarto de fumar y diseño del proscenio210 00
  —388→  
A Müller, encargado de la obra de albañilería por rayas, materiales y gastos menores2.421.12
A Garcilaso y Guillaumin por varios trabajos de herrería208 64
A Valdés, por asfalto82 00
A varios, importe de las cortinas y varillas, balleta, bellotas, flecos, etc., etc.382 11
Por papel sellado para los contratos17 00
A Aburto por candelabros, candil y farola385 00
A Ortega por varios trabajos de yeso155 00
A Serrato, ídem172 50
A Castañares por globos apagados72 00
A Delarue, por hule para tapizar bancas y barandillas128 00
  —389→  
A Alfaro por tapizar las mismas228 00
Por manta para las decoraciones76 75
Por alfombra para los palcos, plateas, escaleras y contaduría, incluso lo dado por cuenta de la postura234 50
A Alfaro, por los inodoros55 06
A Del río, bombillas, plumeros y armellas, etc., etc.21 00
A Monroy, por cuenta del vestíbulo415 00
A González, por la decoración de conciertos250 00
A Simon Philips por cuenta de las sillas300 00
Ídem unos silloncitos36 00
Por sillas para la orquesta36 00
  —390→  
Por post.ª de la bomba4 00
A Dall Aglio por cuenta de decoraciones100 00
__________
Suma del egreso17.761 84
Cantidad suplida del fondo de la Sociedad1.099 84
____________________
Igual17.761 8417.761 84
El tesorero, Liceaga.

He desempeñado la comisión con que me honró la Junta Directiva, procurando interpretar los deseos que la animaban al dar su acuerdo para trasformar el antiguo salón de conciertos en un local que por su decoro fuese digno del arte. No sé, Señores, si habré llenado vuestro intento, más si como lo temo, así no fuere, podéis por lo menos estar convencidos de que he hecho cuanto me ha sido posible, y sólo me resta suplicaros que os dignéis aprobar mis humildes trabajos.

Febrero 1.º de 1874.



  —391→  

ArribaAbajoDiscurso en honor de Samuel Morse

Pronunciado en la solemne sesión celebrada por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística la noche del 21 de Diciembre de 1872


Señores:

No se puede tratar de una obra científica sin rendir grande admiración a la inteligencia humana, a ese destello de la sabiduría divina por el cual se distingue el hombre particularmente de los demás seres vivientes. La naturaleza ha ido cediendo progresivamente sus admirables arcanos al estadio y a la observación del sabio que nada de cuanto existe ha despreciado y todo ha sido objeto de su investigación, así la delicada yerbecilla que colora de verde esmalte las campiñas, como la frondosa ceiba y el secular sabino de los bosques; así la inquieta mariposa como el atrevido cóndor que se cierne sobre las nevadas cúspides de   —392→   las montañas; con el mismo interés ha hecho el estudio anatómico del infusorio, como el del cetáceo de colosales proporciones; y por último, abriéndose paso por entre las densas capas de las aguas, ha descendido a escudriñar el mundo marítimo, y rasgando el sutil velo del éter, se ha lanzado a la indefinida extensión del espacio para inquirir las leyes que rigen a los cuerpos celestes. Así, pues, los conocimientos humanos han adquirido un desarrollo prodigioso; y ya en nuestros días cada materia de una ciencia, constituye otra ciencia separada, aunque íntimamente relacionada con la que le dio origen.

La Física, ciencia sublime de la naturaleza, ha revelado al hombre interesantes misterios. La casualidad, seguida de la observación unas veces, y el estudio y perseverancia otras, han logrado descubrir multitud de fenómenos físicos que han tenido, la mayor parte, utilísimas aplicaciones.

La electricidad, agente principal, del cual según nuevas teorías, dimanan los demás, ha enriquecido notablemente las ciencias, y como fuente inagotable, continuará enriqueciéndolas, produciendo los mayores prodigios; ese poderosísimo agente ha nulificado las distancias trasmitiendo la palabra con la velocidad del rayo, sin que le sirvan de barrera las gigantes cadenas de montañas,   —393→   ni de obstáculo las tremendas agitaciones del Océano.

La electricidad estática, antes del invento de Volta, por fuerte que fuera su acumulación, era insuficiente para aplicarla a la telegrafía de una manera practicable y conveniente; hecho notable que estaba reservado a la electricidad dinámica, o más bien al electro-magnético. Volta inventó el aparato generador de tan poderoso agente; Bequerel modificó el aparato de Volta haciendo constante la elaboración, y por tanto perenne la corriente, y Oersted observó por primera vez la influencia de esa corriente en la brújula. Entonces nació el electro-magnetismo, y con esta ciencia el principio de la telegrafía eléctrica bajo la sabia aplicación de Ampère.

Si la sabiduría de estos hombres ilustres inundó de luz el antiguo mundo, Franklin y Morse brillaron como astros de primera magnitud en el mundo de Colón.

Franklin, como algunos sabios europeos, entrevió la idea de las comunicaciones telegráficas, y Morse la realizó; Franklin desprendió de las nubes el rayo y le sepultó en el inflamado seno de la tierra, y Morse se apoderó de él para encerrarlo en un circuito de metal; Franklin preservó al hombre de la descarga eléctrica, y Morse la utilizó convirtiendo ese terrible meteoro en el   —394→   mensajero rápido, digno émulo por su velocidad, del pensamiento.

Con el aparato de Morse, la idea de la telegrafía eléctrica tuvo su definitiva aplicación, estableciéndose la primera línea entre Washington y Baltimore. Desde entonces los telégrafos se multiplicaron en ambos continentes, y ya sólo preocupaba el ánimo de los hombres científicos el hecho de la colocación del cable submarino, idea maravillosa que debía realizarse más tarde. El 5 de Agosto de 1858 el Nuevo Mundo, por la voz del presidente de los Estados-Unidos, saludaba al antiguo, representado por la reina de Inglaterra. El rayo surcaba la inmensidad del Océano estampando con su estela de fuego las siguientes frases, las más elevadas y dignas de tan grandioso espectáculo: «El telégrafo ha unido a Europa y a América. Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad».

* * *

Veamos ahora de qué manera ha secundado la República Mexicana a las demás naciones respecto de una mejora material de tanta importancia y trascendencia.

Como en Europa, México ha puesto en uso di versos sistemas telegráficos. Los aztecas trasmitían   —395→   sus mensajes por medio de hombres apostados de trecho en trecho; en épocas modernas, el telégrafo aéreo en las torres de nuestra catedral denunciaba los movimientos del invasor norteamericano; Y por último, en 1850, el benemérito don Juan de la Granja hacía el primer ensayo en la capital de la República, de la telegrafía eléctrica, comunicando el palacio nacional con la Escuela de Minas.

Para poder apreciar debidamente el mérito de don Juan de la Granja, preciso es recurrir a la historia, que nos muestra las decepciones y las penalidades que han atribulado el ánimo de varones ilustres que algo nuevo han emprendido, aun cuando los obstáculos para la realización de una idea no hayan tenido por causa la timidez, la envidia, o la ignorancia de los demás hombres; preciso es tener en cuenta los escasos elementos de que podemos disponer, particularmente por el excesivo egoísmo de la mayor parte de nuestra gente acomodada, hecho que inútilmente se ha tratado de justificar. A no existir esta causa principal, extensas líneas telegráficas ceñirían como una diadema de fuego el territorio de la República. Por consiguiente, mucho tuvo que luchar don Juan de la Granja para realizar su empresa, por la falta de accionistas, y aquella hubiera fracasado sin el eficaz auxilio pecuniario   —396→   de don Hermenegildo de Viya y Cosío, actual cesionario de la línea de México a Veracruz.

La patria reconocida premió los afanes del ilustrado emprendedor don Juan de la Granja, honrándole con el título de ciudadano mexicano y de diputado al Congreso de la Unión.

Por orden cronológico expreso en seguida todas las disposiciones dictadas acerca del establecimiento de líneas telegráficas en la República.

1849, 10 de Mayo.- Publícase el primer decreto concediendo privilegio exclusivo a don Juan de la Granja para plantear líneas telegráficas en la República (Gobierno del señor Herrera).

1851.- Queda establecida la línea telegráfica entre México y Puebla, trasmitiéndose el primer telegrama en el mes de Diciembre.

1853.- Primer telegrama de la línea de México a León, contratada con don Juan de la Granja por don Octaviano Muñoz Ledo, Gobernador de Guanajuato, en la cantidad de cien mil pesos.

1859.- Se prorroga al señor don Hermenegildo de Viya y Cosío, cesionario de la testamentaría, de don Juan de la Granja, el privilegio otorgado a este señor el 10 de Mayo de 1849.

1865, 7 de Junio.- Decreto concediendo privilegio a don Carlos C. Clute y socios para el establecimiento de tres líneas: primera, por un año, de Guanajuato a Matamoros, pasando por San   —397→   Luis, Saltillo y Monterrey; segunda, por dos años, de Matamoros a Veracruz, por Victoria, Tampico y Tuxpam; tercera, por dos años, de San Luis Potosí a Durango, pasando por Aguascalientes, Zacatecas, Fresnillo y Sombrerete.

1865, 12 de Agosto.- Decreto concediendo permiso a don Carlos J. Arnoux, como representante de varios capitalistas de Nueva-York, para establecer tres líneas: la primera, de la Capital a San Francisco de California, pasando por Toluca, Morelia, Zamora, La Barca, Guadalajara, Tepic, San Blas, Mazatlán, Culiacán y Guaymas; la segunda, de Mazatlán a Durango, Cuencamé, Parras, Villa-Aldama, Cerralvo y Camargo; y la tercera, del puerto del Manzanillo a Guadalajara.

1865, 16 de Noviembre.- Se concede permiso a don Rodrigo Rincón para establecer una línea de Lagos a Aguascalientes.

1865.- Se aprueba el gasto de 10.000 pesos para el establecimiento de la línea de Tehuacán a Oaxaca.

1865, Julio 27.- Bajo las mismas bases que la línea anterior, Maximiliano acordó la construcción de un ramal de Tepeji a Tula.

1865, Noviembre 12.- En el mismo año se construyó la línea del puerto de Sisal a Mérida.

Además de las expresadas líneas, por convenio   —398→   celebrado con los señores Jecker y Compañía, sobre pago de su crédito, se comprometieron dichos señores a entregar las siguientes líneas en los plazos que se expresan:

De México a León, establecida ya, para Enero de 1866, sin privilegio.

De México a Tampico, pasando por Pachuca, Tulancingo, Zacualtipam, etc.

De León a Guadalajara.

De Amozoc a Veracruz, por Perote.

De México a Cuernavaca.

En tiempo de Maximiliano se hicieron en el propio año propuestas por don Arturo de Marcoantú para establecer dos cables submarinos; uno del cabo de San Antonio al de Catoche, y otro de este punto a Veracruz. Tal proyecto no tuvo efecto.

1869, Abril 30.- Se concede una subvención de 5.000 pesos, en el presupuesto del año, a las compañías concesionarias de Durango a Mazatlán.

1869, Mayo 5.- Se decreta otra subvención de 11 pesos por kilómetro construido del telégrafo de Tlalpam a Cuernavaca, subvencionando a la empresa con una cantidad que no exceda de 2.000 pesos.

1869, Mayo 31.- Se subvenciona a la empresa del telégrafo de México a Toluca con la cantidad de 20 pesos por kilómetro construido.

  —399→  

1870, Noviembre 18.- Se concede otra subvención a la empresa del telégrafo de Veracruz a Tampico, de 25 pesos por kilómetro construido entre este último puerto y el de Matamoros.

1870, Diciembre 10.- Decreto que fija el plazo de seis meses y la cantidad de 32.000 pesos al telégrafo de Durango a Mazatlán y autorizando al Ejecutivo para invertir 12.300 pesos en la compra del de Sombrerete a Durango.

1870, Diciembre 13.- Decreto autorizando a don H. G. Norton, de Nueva-York, para establecer en las aguas de la República un cable electro-submarino que sirva de comunicación entre un punto cualquiera de la costa Norte de Veracruz y otro de la costa de los Estados-Unidos.

1871, Diciembre 7.- Se exceptúan de los derechos aduanales los útiles y materiales para el telégrafo de Campeche, al cantón de Iturbide y estados limítrofes.

1872, Abril 11.- Se prorroga por un año el término fijado a don H. G. Norton para establecer el cable entre Yucatán y la Isla de Cuba.

1872, Octubre 29.- Se decreta la construcción de una línea que partiendo de Tancasnequi, pase por Ciudad Victoria y termine en Matamoros.

1872, Diciembre 23.- Decrétase la línea de Apizaco a Huauchinango por Tlaxco y Chignahuapan,   —400→   y dos ramales en la línea del interior, y son los de Tepeji a Tula y Jilotepec.

1872, Diciembre 13.- Se autoriza al Ejecutivo para la construcción de un telégrafo de Mazatlán a Ures, tocando en Culiacán, el Fuerte, Álamos, Guaymas y Hermosillo. El mismo decreto consigna al telégrafo de Durango a Chihuahua y Paso del Norte, el gasto de 60.000 pesos.

Las líneas que hoy forman en la República la red telegráfica, son las siguientes.

Líneas del Gobierno Federal
Kilómetros
De México a Querétaro209,50
De Querétaro a San Luis por San Miguel251,40
De San Luis a Matamoros por Saltillo, Monterrey, Cadereyta, Cerralvo y Mier900,00
De Querétaro a León por Salamanca, Guanajuato y Silao272,35
De Guanajuato a Dolores Hidalgo (ramal)58,66
De Irapuato a Pénjamo (ramal)62,85
De Celaya a Salvatierra (ramal)44,90
  —401→  
De Salamanca, a Valle de Santiago (ramal)50,28
De México a Tixtla por Cuernavaca y Chilpancingo336,82
De Tehuacán a Oaxaca251,40
De Durango a Mazatlán377,10
De Mérida a Campeche159,22
De Hecelchacán a Iturbide (ramal)83,00
De Mérida a Sisal52,37
De Mérida al Progreso33,52
De Mérida a Izamal67,04
De Mérida a Tekax104,75
De Mérida a Mama56,00
________
Suman los telégrafos construidos3.368,16

Decretados y en construcción
Kilómetros
De San Luis a Tampico444,14
De Minatitlán a Campeche620,00
De Chilpancingo a Acapulco167,00
De Izamal a Valladolid90,00
________
Suma total de las líneas del Gobierno1.321,14

  —402→  

Líneas de los estados
De San Luis a Durango, por Pinos, Ojo Caliente, Zacatecas, Fresnillo, Sombrerete, Chalchihuites y Nombre de Dios500,00
De Ojo Caliente a Aguascalientes (ramal)80,00
De Zacatecas a Jerez y Villanueva (ramal)125,00
De Salvatierra a Maravatio y a Pátzcuaro por Morelia180,00
De Jalacingo a Tampico por Ozuluama452,00
De Veracruz a Minatitlán por Alvarado, Tlacotalpam, Cosamaloapan, Tuxtla y Acayucan404,96
________
Suma de las líneas de los Estados1.741,96

Líneas de particulares
De León a San Blas por Guadalajara320,00
De San Juan de los Lagos a Aguascalientes (ramal)90,00
De Guadalajara al Manzanillo370,00
De México a Toluca67,40
  —403→  
De México a Veracruz por Río Frío, Puebla, Cañada, Orizaba, etc.411,50
De México a Veracruz por Ometusco, Huamantla, Jalapa, etc.581,29
De Apizaco a Puebla por Tlaxcala (ramal)51,95
De Ayotla a Ameca20,00
De Ometusco a Tulancingo por Pachuca (ramal)113,13
De Perote a Teziutlán por Jalacingo (ramal)39,38
De Jalapa a Coactepec (ramal)8,38
De Huamantla a la Cañada por Chalchicomula (ramal)99,51
De la Cañada a Tehuacán (ramal)34,56
Línea del Ferrocarril de México a Veracruz415,00
De Puebla a Apizaco (ramal)45,00
________
Suman las líneas de particulares2.667,10
Total número de kilómetros en la red telegráfica, 9.098,40
Suman las líneas construidas7.777,26
Ídem en construcción y decretadas1.321,14
________
Total9.098,40

  —404→  

No me detendré en encarecer las innumerables ventajas que con el establecimiento de los telégrafos obtienen la industria, la agricultura y el comercio. Todos los dignos miembros de la Sociedad de Geografía que me escuchan, las conocen mejor que yo. Sin embargo, debo hacer notar dos circunstancias dignas de ser observadas y de que les prestéis vuestra atención. El telégrafo en México ha venido a corroborar la idea de que los sacudimientos de tierra no son simultáneos sino progresivos.

Poco tiempo hace que, al sentirse en Veracruz un terremoto, los telegrafistas de aquella oficina comunicaron inmediatamente su observación a los empleados de la de México, donde no se sentía el menor movimiento al recibirse el mensaje. La palabra «tiembla» fue trasmitiéndose progresivamente por el orden de la situación de las oficinas del trayecto, y al cabo de minuto y medio, el suelo en que se asienta la capital empezó a oscilar fuertemente.

Si la agricultura, la industria y el comercio han obtenido inmensas ventajas con el establecimiento de las líneas telegráficas, la ciencia geográfica mucho tiene que esperar de ellas, puesto que por su medio se obtienen pronta y económicamente las diferencias de longitudes. A los esfuerzos de nuestros ingenieros Díaz Covarrubias   —405→   y Jiménez, debemos algunas posiciones geográficas determinadas por este medio; y si la Sociedad de Geografía tomara a su cargo asunto de tanta importancia, en el trascurso de poco tiempo podríamos contar con un gran catálogo de posiciones geográficas exactas, que viniesen a corregir los graves errores que contienen nuestros planos.

Doy fin a mi corto discurso, recomendando a la ilustrada Sociedad de Geografía y Estadística la Carta telegráfica de la República, que con tanto acierto ha sabido llevar a feliz término nuestro distinguido telegrafista y consocio Cristóbal Ortiz.

Diciembre 21 de 1872.



  —[406]→     —407→  

ArribaDiscurso en honor de Lamberto A. S. Quetelet

Pronunciado en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística


Señores:

La famosa ciudad de Gante, patria de tantos hombres ilustres en las ciencias, en las artes y en las armas, vio nacer el 22 de Febrero de 1796 a un niño que con el tiempo llegaría a ser honra y orgullo de la ilustrada Bélgica. Llamose ese niño Lamberto Adolfo Santiago Quetelet. Si pudiera vaticinarse el porvenir de los hombres, la humanidad entera celebraría con fausto el natalicio de aquellos seres que, como Quetelet, vienen al mundo dotados de una privilegiada inteligencia; habría celebrado con júbilo el nacimiento de ese   —408→   niño, saludándole como al futuro astrónomo, al infatigable meteorologista y al estadista profundo.

Como todos los hombres de genio, Quetelet reveló desde su edad temprana las dotes de su claro entendimiento, pues a los diez y ocho años su buena instrucción le permitió elevarse al magisterio, como profesor de Matemáticas en el Colegio de Gante, y cinco años después en el Ateneo de Bruselas, al mismo tiempo que ocupaba un asiento en la Academia Real de Bélgica, de la cual fue más tarde secretario perpetuo.

A fin de perfeccionar sus conocimientos astronómicos, marchó a París en 1824, enviado por el ilustrado gobierno del rey Guillermo, y regresó a su patria, dos años después, para fundar el Observatorio de Bruselas, cuya dirección se le confió, y la cual desempeñó hasta los últimos días de su existencia. Los anuarios científicos, las revistas y los libros de los sabios insertan preciosos datos debidos a las profundas observaciones de Quetelet, a sus variados conocimientos y a su extremada dedicación; bellos e interesantes trabajos, con los cuales el ilustre astrónomo recompensó con usura a su gobierno la protección que de él recibiera.

En las inmortales obras de Humboldt y Arago, en lo concerniente a la meteorología, casi en cada   —409→   página se lee el nombre de Quetelet, y las justas apreciaciones que de sus trabajos e interesantes observaciones hacen ambos sabios. Cada una de aquellas citas, en libros tan eminentes, erige a Quetelet un monumento eterno, como lo son las bellas páginas del Cosmos y la Astronomía popular.

De 1827 a 1829 recorrió Inglaterra, Escocia, Alemania, Suiza e Italia, dando, a fuer de inteligente observador, más dilatado ensanche a sus conocimientos, los cuales reveló tan luego como hubo regresado a su patria, emprendiendo una serie de útiles publicaciones.

La reputación del astrónomo belga se extendió rápidamente y se hizo universal; en 1841 su patria le honró con el título de presidente de la Comisión Central de Estadística, y la Europa toda y la América, le colmaron de honores y de todo género de distinciones.

La Astronomía Elemental de Quetelet ha sido en México el primer libro científico que, como un guía luminoso, ha puesto el profesor en nuestras manos. Sus instructivas páginas nos dejaron percibir la radiante luz de la ciencia, impidiendo con su buen método que aquélla nos ofuscara. Si a esta circunstancia favorable se agrega nuestra inclinación natural a honrar a los sabios erigiéndoles un templo en nuestros corazones, preciso   —410→   era que la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, fiel intérprete de aquel sentimiento, distinguiese al ilustre sabio con el título de socio, y decretase, al saber su muerte, acaecida el 17 de Febrero último, esta solemne sesión en honra de su memoria.

Bajo diversos puntos de vista debe considerarse el genio de Quetelet: como astrónomo distinguido, como hábil meteorologista, como estadista profundo, y más que todo como propagador infatigable de la ciencia. Esta última y envidiable cualidad basta por sí sola para hacer su apología.

Si se consideran los servicios prestados a la sociedad, tanto por el genio creador de los principios como por el sabio propagador de los conocimientos humanos, en sus respectivas esferas, resalta un gran mérito. Si el brillante astro del día resplandece por su propia luz, los planetas con sus reflejos también ahuyentan las tinieblas. Los Laplace, con su genio creador, lanzan al mundo los brillantes rayos de su inteligencia; y los Quetelet, planetas de esos soles, los difunden disipando las tinieblas de la ignorancia. El hombre, en general, no puede poner sus ojos en la radiante fotosfera solar, y sí puede fijar la vista en el disco apacible de la luna.

Aun prescindiendo de las propias observaciones de Quetelet como astrónomo, y de las cuales   —411→   tratará esta misma noche mi apreciable consocio don Francisco Jiménez, la enunciación sólo de las innumerables obras que dio a luz el ilustre sabio, bastan para demostrar su relevante mérito como propagador insigne.

La meteorología, una de las ciencias más difíciles por su aplicación y que demanda la mayor asiduidad en las observaciones, fue el asunto a que dio grande importancia el ilustre astrónomo, consagrándole su tiempo y las ricas dotes de su entendimiento. La lluvia de meteoros cósmicos que había sido observada en América, en 1799, por Humboldt y Bonpland, fue para Quetelet el origen de un importante descubrimiento.

Nada es más digno de las inteligencias privilegiadas que el examen de los fenómenos celestes. En la contemplación del firmamento, el poeta halla la inagotable fuente de inspiración; en el estudio del Universo, el astrónomo descubre las leyes inmutables que rigen a los cuerpos que lo pueblan; y en la atenta meditación de los espacios infinitos, el filósofo, ante los asombrosos arcanos providenciales, adquiere la convicción de las limitadas facultades de su entendimiento.

Consagrado constantemente al estudio, Quetelet contribuyó a descubrir las leyes a que se hallan sujetas en el espacio las masas meteóricas,   —412→   fijando su atención en los anillos de millares de meteoritas que circulan en torno del sol como otros tantos asteroides, y a los cuales la tierra encuentra en su camino.

¿Quién no ha visto aparecer de improviso esos cuerpos, inflamarse al contacto de la atmósfera, cruzar rápidamente el espacio con sus estelas luminosas como pequeños y brillantes cometas, y extinguirse súbitamente? Ese sublime espectáculo que sólo excita la curiosidad y admiración del hombre indiferente, es un manantial de sabiduría para el diligente observador.

Comparando las observaciones modernas con las de los anales chinos, cuyo extracto publicó Biot, llegó Quetelet a determinar la periodicidad de la lluvia de estrellas erráticas, llamadas de San Lorenzo, y que tiene lugar del 9 al 11 de Agosto. Según las distintas circunstancias que concurren en la aparición de esos cuerpos de materia cósmica, forman tres grupos: 1.º Estrellas esporádicas, que aparecen todo el año y cruzan en todas direcciones en número de ocho, término medio, por hora, en el campo de un observador, según el mismo Quetelet. 2.º Lluvia de San Lorenzo, del 9 al 11 de Agosto, que radian de las constelaciones de Perseo y Casiopea, y cuya máxima intensidad se efectúa el día 10, conforme a las observaciones del mismo ilustre sabio; y por último,   —413→   la lluvia del 10 al 15 de Noviembre, cuyo lugar de radiación es la constelación de León, y su máxima intensidad la madrugada del día 14.

En la interesante Memoria que sobre los catálogos de estrellas erráticas publicó Quetelet, manifiesta las relaciones de periodicidad que existen entre las auroras boreales y aquellos meteoros, sin que por esto se entienda que entre aquéllas y éstos existe el mismo origen y pertenecen a una misma clase, sino que debe suponerse que las causas determinantes de las auroras boreales pueden ser favorables al nacimiento del fenómeno meteórico.

A Quetelet se deben interesantes observaciones sobre ciertos movimientos simultáneos atmosféricos, los cuales explica por medio de ingeniosas hipótesis, y además sobre las lluvias, temperatura del suelo y auroras boreales, publicando sus resultados y dando de todo las más sabias descripciones y curiosos detalles.

A ejemplo de estos sabios, el mismo Quetelet hizo multiplicados experimentos, introduciendo el termómetro en la tierra y a distintas profundidades, a fin de resolver la importantísima cuestión de la temperatura del globo. Sus propias observaciones y la comparación que de éstas hizo con las de otros sabios, le dieron un resultado satisfactorio respecto de la velocidad media   —414→   con que se trasmite el calor al interior de la tierra, determinando las dos profundidades en que las variaciones anuales y diurnas de la temperatura pueden considerarse nulas.

Por último, en 1873, Quetelet publicó su Memoria sobre las resoluciones del Congreso de Viena, del cual formó parte. Tenía por objeto esa reunión la discusión de las bases que, en concepto de aquellos sabios, deberían adoptarse para proceder de una manera uniforme a las observaciones meteorológicas en todos los países.

Las obras más notables que nos dejó el eminente Quetelet, independientemente de las estadísticas e históricas, son: la Astronomía Elemental (1826), cuya segunda edición tomó el título de Elementos de Astronomía (1847), Anuario del Observatorio Real de Bruselas (1833-1866), Física del Globo (1861), Meteorología de Bélgica, comparada con la del Globo (1867), y varias Memorias destinadas a la Correspondencia física y matemática de Bélgica y a los Anales del Observatorio.

Los importantes trabajos de Quetelet no se limitaron a la astronomía y meteorología; su talento y su erudición prestaron a su patria servicios no menos importantes, con las obras que escribió sobre estadística.

Estos distintos ramos de la ciencia, basados   —415→   en datos numéricos, demandan cada uno, por su dificultad suma, una inteligencia superior y especial. De los fenómenos celestes y atmosféricos obtiene el astrónomo y meteorologista los datos esenciales de sus cálculos; el estadista los recoge de los hechos naturales, sociales y políticos. Los primeros, respectivamente, fijan las leyes del movimiento de los astros y las causas determinantes de los meteoros, y el segundo da a conocer el estado social de un pueblo en sus elementos naturales de economía, situación y movimiento. Aquéllos predicen la reproducción de los fenómenos celestes y las variaciones del tiempo, y éste prevé los males de la sociedad y propone las medidas necesarias para su remedio.

Estas diversas circunstancias realzan más el mérito del hombre que supo tratar con tanto acierto materias tan variadas como difíciles, y que llenaron toda su laboriosa existencia.

Los títulos sólo de las obras que Quetelet escribió sobre estadística, revelan su inmensa importancia.

Investigaciones estadísticas acerca del renio de los Países-Bajos (1830); Investigaciones sobre la reproducción y mortalidad, y sobre la población de Bélgica (1832); Influencia de las estaciones sobre la mortalidad a diferentes edades (1838);   —416→   Cartas al Duque de Sajonia-Coburgo-Gotha, sobre la teoría de las probabilidades, aplicada a las ciencias morales y políticas (1846); Sistema social y leyes que lo rigen (1848); Estadística moral y leves en que se funda (1848); y con el concurso de M. Heuschlin, Estadística internacional (1865).

Publicó, además, un Proyecto de ley para la enseñanza pública en Bélgica (1838); una Historia de las ciencias físicas y matemáticas (1865), y las Ciencias físicas y matemáticas de los belgas a principios del siglo XIX (1867).

Muy pocas son las noticias que de la vida de Quetelet nos han llegado. Uno que otro rasgo biográfico que consigna el Diccionario de Vapereau respecto de ese sabio, y las menciones y citas de sus obras y observaciones que se encuentran en los libros científicos, han sido el único material de que he podido disponer para dar forma a este corto discurso, en desempeño de la comisión que la Sociedad se dignó conferirme.

Sin embargo, puedo aventurar, acerca de la vida de este sabio, una presunción que no desmentirá ciertamente la biografía que escriban sus compatriotas. Entregado el ilustre Quetelet a sus ocupaciones favoritas en el seno de su familia, estimado de su gobierno y querido de sus   —417→   amigos, entre los cuales contaba en primer lugar a Humboldt, Arago, Agassiz, Maury y otros hombres ilustres, su existencia, con excepción de las penalidades inherentes a la humanidad, debe haber sido tranquila y feliz.

Digna fama le granjearon en vida sus importantes trabajos; de hoy en adelante, sus obras constituyen su fama póstuma.

México, Julio 25 de 1874.


 
 
FIN