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ArribaAbajoActo III

 

Guardias y soldados de DON PEDRO.

   

El teatro representa el terrado de la torre del castillo de Montiel, el cual se figura flanqueado de cuatro torreones. En el fondo por encima de las almenas se alcanzarán a lo lejos las hogueras y los pendones que coronan las tiendas de DON ENRIQUE. A la derecha y en el fondo una puertecilla que conduce al torreón, y otra a la izquierda, al lado de la cual por una ventana con reja se verá un interior del torreón donde estará el ASTRÓLOGO BEN-HAGATIN: un pilar de piedra en que está clavado en medio de la escena el pendón del rey DON PEDRO. Es de noche.

 

Escena I

 

Rey DON PEDRO sobre un torreón, mirando al campo de DON ENRIQUE. DOÑA INÉS lo mismo por las almenas. El CAPITÁN dando sus órdenes al ALCAIDE, que estará hablando con él. El ASTRÓLOGO en su torre consultando a la luz de una lámpara sus instrumentos cabalísticos, de los que se sirve para hacer el horóscopo de DON PEDRO.

 
CAPITÁN
Que esté ese paso secreto
guardado por buena gente,
y que entre él solo.
ALCAIDE
Corriente.
CAPITÁN
Ya conocéis el sugeto.
ALCAIDE
Ya le conozco.
CAPITÁN
En los nichos
5
que hay en aquel subterráneo
puede ser triunfo instantáneo
con los hombres de armas dichos.
En estando ese hombre dentro
que se lance vuestra gente 10
allá abajo de repente
de los suyos al encuentro.
Todos prisioneros: y
en tanto por esa puerta
que estén tres o cuatro alerta 15
cuando esté él conmigo aquí.
¿Lo oís? Que él entre no más.
ALCAIDE
Está bien.

 (Vase.) 

CAPITÁN

  (A DOÑA INÉS.) 

Y vos, señora,
retiraos, que ya es hora.
INÉS

 (Con tristeza.) 

No imaginé yo jamás, 20
capitan, eso de vos.
CAPITÁN
¡Ah! lloráis...Por caridad
el llanto de mí ocultad;
no me hagáis dudar de Dios.
INÉS
No le invoquéis, ¡fementido! 25
que a enojo le provocáis
cuando a sus plantas alzáis
corazón tan corrompido.
¡Hombre vil! ¿Esto es amor?
¡Engañará una muger 30
rehenes para tener
con su padre vencedor!
¿Esto es, capitán, nobleza?
¡Decirle a un padre que elija
mostrándole de su hija 35
con el puñal la cabeza!
CAPITÁN
Callad, señora, callad,
que ignoráis lo que me cuesta
con vuestro padre esa apuesta
de inaudita atrocidad. 40
INÉS
Decid mejor lo que os vale,
porque tenéis la esperanza
que mi peso la balanza
de vuestra fortuna iguale.
Porque ¿cómo ha de dejar 45
un padre a su hija morir
tan solo por conseguir
a un enemigo vulgar?
Le diréis: «vida por vida,
salvadme a mí y os la entrego, 50
que al fin es cosa de juego
una muger seducida».
CAPITÁN
Retiraos, doña Inés,
o de mi fe no respondo.
A tu pesar en el fondo 55
mi razón de tu alma ves.
Os engañáis, os lo juro;
vos veis el remordimiento
donde hay otro sentimiento
más noble, si más oscuro. 60
Vos no podéis comprender
que un hombre que a su rey ama,
le sacrifique su fama,
su amor, su razon, su ser.
Ni vos lo comprenderíais, 65
ni yo os lo osara esplicar,
pues a poderlo alcanzar
yo sé que os asombraríais.
Sí; yo estoy viendo una estrella
de quien salvación espero, 70
y para apagarla infiero
que voy corriendo tras ella.
INÉS

 (Con emoción.) 

¡Ah!, rendíos, capitán.
Cuando veo el sentimiento
con que espresa vuestro acento 75
ese incomprensible afán,
aun que me amáis imagino,
y que me decís lo cierto,
aunque la influencia advierto
de algún insondable sino. 80
CAPITÁN
Sino fatal que me impele
á abreviar mi propia vida
desgarrándome una herida
al punto en que más me duele.
INÉS
¡Ah, me amáis! Dejaos vencer. 85
CAPITÁN
Sí; os adoro, ¿á qué mentir?
INÉS
Pues bien, dejadme salir.
CAPITÁN
Señora, no puede ser.
INÉS
¿Es decir, mal caballero,
que debo estar desde aquí 90
en que seréis para mí
mi opresor, mi carcelero?
CAPITÁN
¡Oh por Dios!

 (Desesperado.) 

INÉS
Atado al yugo
que vuestro dueño os impone,
vendréis, si el rey lo dispone, 95
a parar en mi verdugo.
Bien: seré mártir; mas vos
que así me sacrificáis
mi airada sombra arrojáis
entre vuestro paso y Dios. 100
Sí, capitan; yo os perdono
mi bárbaro sacrificio,
pero os aguardo en su juicio,
y os emplazo ante su trono.


Escena II

 

DON PEDRO. El CAPITÁN.

 
CAPITÁN
Emplaza, emplázame, sí; 105
breve ha de ser este plazo,
pues tu muerte de rechazo
me dará la muerte a mí.
¡Oh! Si asomarte pudieras
a mirar mi corazón, 110
moviérate a compasión
al ver cual me lo laceras.
Mas ¡ay! ¡con cuánta verdad
me culpas mi villanía!

 (Pausa.) 

Y atrás no me volvería 115
por toda una eternidad.
DON PEDRO

 (Que se ha vuelto a oír la última parte de la escena anterior, y baja del torreón.) 

Blas.
CAPITÁN
Señor.
DON PEDRO
Esa muger
te cuesta mucho, lo veo;
libertártela deseo:
siento verte padecer. 120
CAPITÁN
Señor, con esa quimera
no andéis desasosegado.
Ya me la habéis entregado,
y haré de ella lo que quiera.
DON PEDRO
En vano ¡infeliz! reclamas 125
tus derechos contra ella,
porque es demasiado bella
y veo cuánto la amas.
CAPITÁN
La adoro, señor, la adoro
con ceguedad. Sin embargo, 130
de atormentarla me encargo,

 (Con resignación.) 

aunque a escondidas lo lloro.
Por cada lágrima suya
daría la vida entera;
mas pide una razón fiera 135
que la vuestra sustituya.
DON PEDRO
Pérez, mi mente se pierde
concibiendo tal maldad,
y a decirte la verdad
la conciencia me remuerde. 140
CAPITÁN
También a mí; mas la acallo
con razón más poderosa.
DON PEDRO
¿Y con cuál?
CAPITÁN
Con la imperiosa
lealtad de buen vasallo.
DON PEDRO
¡No, por Dios! ¿Qué lograrás 145
con tan triste sacrificio?
CAPITÁN
Pagaros un beneficio
que no olvidaré jamás.
Vos, generoso en esceso,
recordarle no queréis; 150
y más, don Pedro, me hacéis
agradecido por eso.
Mirad en tomo, señor.
¿De vuestro reino, qué os queda?
Gracias que esta torre pueda 155
daros tumba con honor.
DON PEDRO

 (Con orgullo.) 

Yo siempre moriré honrado;
que atestiguar harto puedo
que hasta encontrarla, sin miedo
con mi fortuna he lidiado. 160
Huí, es verdad, de Sevilla;
más he revuelto la Europa
para encontrar oro y tropa
con que volver a Castilla.
Entré valeroso en ella 165
con quien seguirme ha querido,
y si vencer no he podido
es porque tal fue mi estrella.
Maté, atropellé, deshice
a cuantos hallé enemigos, 170
y exageran mis castigos
los a quien yo satisfice.
Mil veces les perdoné,
y otras mil se amotinaron,
y repartir me intimaron 175
lo que yo solo heredé.
¿Para esto había razón?
¿Qué derecho se la abona?
¿Por qué pedir mi corona
si les daba el corazón? 180
No. Encerrado como estoy
venga la muerte, sí, venga.
Mientras un soldado tenga
el rey de Castilla soy.
CAPITÁN
Uno siempre os quedará, 185
don Pedro, mientras yo aliente.
DON PEDRO

 (Dándole la mano.) 

Y en lo futuro quien cuente
tu lealtad no faltará.
CAPITÁN
Mi padre fue zapatero,
vasallo, y de él nací yo, 190
y su alteza me nombró
capitán y caballero.
Quiero pagaros leal
vuestro favor con usura,
cavando mi sepultura 195
con la vuestra por igual.
DON PEDRO
No, por mi vida; eso no.
Si Dios no me restituye
mi reino, sálvate y huye;
mis tesoros te doy yo. 200
CAPITÁN
¿Sin vos, para qué los quiero?
Si es que la fortuna ingrata
con el dolor no me mata,
volveré a ser zapatero.
DON PEDRO
Más oye; en esa escalera 205
siento pasos.
CAPITÁN
Es sin duda
Men Rodríguez: quiera ayuda
darnos Dios.
DON PEDRO
¡Ojalá quiera!


Escena III

 

DON PEDRO. El CAPITÁN. MEN RODRÍGUEZ DE SANABRIA.

 
CAPITÁN
Men Rodríguez, ¿qué noticias...
DON PEDRO
¿Habéis visto a ese francés? 210
MEN RODRÍGUEZ
Sí, señor.
DON PEDRO
¿Admite, pues?
MEN RODRÍGUEZ
No oso daros las albricias.
Mas inclinado le he visto
a proteger vuestra fuga,
pues dice que le subyuga 215
vuestra situación.
DON PEDRO
¡Por Cristo!
El oro que yo le ofrezco
es quien le mueve hacia mí;
mas si me saca de aquí
al cabo se lo agradezco. 220
MEN RODRÍGUEZ
Oyóme con gran templanza:
prometí, insté, supliqué:
quién erais le recordé,
y al fin me dio una esperanza.
Díjome que allí venía 225
a sueldo de vuestro hermano,
y que tenderos la mano
sin venderle no podía.
Yo entonces por grande hazaña
el salvaros le pinté, 230
y en vuestra palabra y fe
le prometí media España.
DON PEDRO
Bien hiciste en prometer,
que darse la mitad puede,
pues como mal me la enrede 235
entera la he de perder.
Mas al fin, ¿qué dijo?
MEN RODRÍGUEZ
Al fin,
tras de andar algo reacio,
pidióme un pequeño espacio.
DON PEDRO
¡Ese Beltrán de Claquin 240
me parece un gran traidor!
Porque si leal obrara
que sí o que no contestara.
MEN RODRÍGUEZ
Ya contestará, señor.
Si consiente y nos socorre, 245
hará en señal que se encienda
un farol sobre su tienda,
que se ve desde esta torre.
Vedla, señor.
DON PEDRO
¿Es aquella
que está junto a la corriente? 250
MEN RODRÍGUEZ
Sí señor; la que está enfrente
de la torre de la Estrella.
DON PEDRO
Bueno.
MEN RODRÍGUEZ
Si le veis brillar
podéis sin riesgo salir
y a su misma tienda ir, 255
que él mismo os saldrá al esperar.
DON PEDRO
Men Rodríguez, por si acaso
la luz a brillar acierta,
sobre el torreón alerta
estad, no erremos el paso. 260
 

(Sube MEN RODRÍGUEZ al torreón.)

 
Retírate, Blas, también,
que quiero oír el consejo
de ese celebrado viejo,
mas cerca queda.
CAPITÁN
Está bien.

 (Vase.) 



Escena IV

 

DON PEDRO. El ASTRÓLOGO. MEN RODRÍGUEZ en el torreón, donde ni ve ni oye lo que pasa en la escena.

 
DON PEDRO
¿Habéis concluido ya? 265
ASTRÓLOGO
Vuestro horóscopo he formado,
y mi ciencia he consultado.
DON PEDRO
¿Y qué respuesta nos da?
ASTRÓLOGO
Confusa es la esplicación;
pero vos la entenderéis, 270
que los secretos sabéis
que hay en vuestro corazón.
Ved: en ese pergamino
de los astros está escrita
la razón. Se necesita 275
que él mismo que su destino
busca, su enigma resuelva.
DON PEDRO

 (Lee.) 

Por alrededor de Castro
que he de morir, dice un astro,
y otro dice que en la selva. 280
¿No podéis darme mas clara
esplicación?
ASTRÓLOGO
Sí podría;
pero mucho sentiría
que si lo hiciese os pesara.
DON PEDRO
¡Pesarme! Pues que consulto 285
mi destino a las estrellas,
es para saberlo de ellas
distintamente, no a bulto.
ASTRÓLOGO
Su respuesta es esa; y de ella
el sentido a escudriñar, 290
veo que en este lugar
os es fatal vuestra estrella.
DON PEDRO
Eso ya yo me lo sé

 (Con amargura.) 

desde el punto en que nací;
y que mejorara aquí 295
nunca me esperaba a fe.

 (Señalando al pergamino que tiene en la mano.) 

Esto no vale de nada,
buen astrólogo.
ASTRÓLOGO
Hay aun
consulta menos común
que hacer, pero es arriesgada. 300
DON PEDRO
¿Con quién creéis que tratáis
para dudar del valor?
ASTRÓLOGO
Yo os lo propongo, señor:
vos haréis lo que queráis.
DON PEDRO
¿Sabré?...
ASTRÓLOGO
Toda la futura
305
suerte a que el destino os lleva.
DON PEDRO
¿Cierta?
ASTRÓLOGO
Cierta. Es una prueba
terrible, pero segura.
DON PEDRO
Hacedla, pues.
ASTRÓLOGO
Necesito
prepararos de antemano. 310
DON PEDRO
¿Hay en ella algo profano?
ASTRÓLOGO
Sólo hay riesgo.
DON PEDRO
Pues lo admito.
ASTRÓLOGO
Una lámpara os daré,
cuya luz será encendida
con sangre fresca, estraída 315
de vos mismo.
DON PEDRO
¿Y lograré?
ASTRÓLOGO
Que a vuestros ojos palpable
aparezca el porvenir.
Si osáis, me podéis seguir;
mas es cosa formidable. 320
DON PEDRO
Vamos allá: quiero ver
mi destino ¡vive Dios!
que el más tenaz de los dos
no quiero dejarle ser.
Harto tiempo me ha acosado 325
con infernal fatalismo:
quiero acosarle lo mismo,
y al menos le habré arrostrado.
Vamos, pues.


Escena V

 

DOÑA INÉS, saliendo del torreón de la derecha abajo.

 
[INÉS]
¡Válgame Dios!
¡Qué noche tan fatigosa! 330
¡Cuán fiero el pesar me acosa
de mis memorias en pos!
El aura que inquieta pasa
por entre estos torreones,
a mis negras reflexiones 335
parece que pone tasa.
Ese en que encerrada vivo
con su estrechez me sofoca.

 (Se pasea cavilosa.) 

Mas ¡Dios mío! ¡Yo estoy loca!
Lo veo y no lo concibo. 340
Cuando ese hombre amor me jura,
lo jura con tal pasión
que obliga a mi corazón
a creer en su impostura.
Mil veces le he sorprendido 345
yo de mí misma detrás
llorando...¡oh! llora quizás
de mi infortunio dolido.
Mas si me ama...si le pesa
de mi mal, ¿por qué me guarda? 350
¿Por qué así en librarme tarda
cuando a él mismo le interesa?
Mi padre, si así lo hiciera,
con usuras le pagara,
y acaso le cueste cara 355
su traición si le exaspera.
¡Oh Dios, que del firmamento
tras el azul pabellón
velas, calma mi aflicción,
consuela mi sufrimiento! 360


Escena VI

 

DOÑA INÉS. El ALCAIDE, conduciendo a JUAN PASCUAL, y entrando por el torreón de la derecha arriba.

 
ALCAIDE
Podéis entrar sin temor,
y esperarle aquí.
PASCUAL
Yo fío
mi empresa en mi propio brío,
y en lo que a él le está mejor.
ALCAIDE
Él os esperaba.
PASCUAL
Ya
365
conté yo, alcaide, con eso,
que sabe que está bien preso,
y que en mis manos está.
Tomad por vuestro servicio.
ALCAIDE
Guardad, señor caballero, 370
para otros vuestro dinero,
que el rey me paga mi oficio.
PASCUAL
¡Habrá semejante tonto!
Sea, en fin, como gustéis;
mas suplícoos que llaméis 375
a ese capitán, y pronto,
que no hay tiempo que perder...
Mas ¿qué veo?
INÉS
¡Padre mío!
PASCUAL
¡Inés!
INÉS
¿Es un desvarío
que os vuelvo por fin a ver? 380
Cuánto tiempo os he esperado.
PASCUAL
Y ya ves como he venido
en cuanto posible ha sido.
INÉS
¡Ay padre, cuánto he llorado!
PASCUAL
Esos tigres te habrán hecho 385
mil injurias a porfía.
INÉS
Ni una sola todavía.
Sin el cuarto tan estrecho
que me dan, nadie creyera
según su porte cortes 390
que esta torre cárcel es,
y yo en ella prisionera.
Ese capitán, señor,
de mi custodia encargado.
PASCUAL
Ya sé, Inés, que ese menguado 395
se atreve a tenerte amor.
INÉS
Eso dice, y muchas veces
yo misma a creerlo llego.
PASCUAL
Pero ¿y tú, Inés?
INÉS
No lo niego.
PASCUAL
¡Necia, la muerte mereces 400
por un amor tan villano!
INÉS
Me aterráis. Aunque eso fuera,
señor, ¿morir mereciera?
PASCUAL
Morir por mi propia mano.
INÉS
¡Ay de mí, padre y señor! 405
¿para esto venís aquí?
¿Para amedrentarme así
en vez de darme favor?
PASCUAL
¡Ah! perdona, pobre Inés.
Secretos que desconoces... 410
INÉS
Mas que me dicen a voces
cuánta mi desdicha es.
PASCUAL
Escucha, y tu llanto enjuga.
¿Conoces alguna puerta
que a fuerza o engaño abierta 415
pueda amparar nuestra fuga?
INÉS
No, señor.
PASCUAL
Traigo conmigo
gente leal y resuelta,
y si ganamos la vuelta
de esa escalera, al postigo 420
llegaremos por secreto
callejón, aunque no es este
el objeto que preteste...
INÉS

 (Con afán.) 

Vuestro principal objeto,
padre, el libertarme sea. 425
PASCUAL
Inés, en eso medito.
Ese capitán maldito
INÉS
Fuerza será que nos vea.
PASCUAL
Mas siento pasos.
INÉS
¡Él es!
PASCUAL
Yo mismo he enviado a llamarle. 430


Escena VII

 

Dichos. El CAPITÁN.

 
CAPITÁN
Buenas noches.
PASCUAL
Quiero hablarle
a solas. Aparta, Inés.
CAPITÁN
¿Qué me queréis, Juan Pascual?
PASCUAL
Vengo un pacto a proponeros
que muy útil podrá seros 435
por grave razón.
CAPITÁN
¿Por cuál?
PASCUAL
Por la de que abre el camino
solo, que os puede salvar.
CAPITÁN
Cosa es que hemos de tratar
mejor solos imagino. 440
PASCUAL
Sí, decís bien.
CAPITÁN

  (A DOÑA INÉS.) 

Perdonad
que os retiréis os suplique,
para que a solas me esplique
vuestro padre...
INÉS
Por piedad,
capitán, oíd con calma 445
lo que tiene que deciros.
CAPITÁN
El negarme yo a serviros,
Inés, me destroza el alma.
Lo sabéis; mas mi destino
es para mí tan terrible, 450
que me parece imposible
que abra Juan Pascual camino.
INÉS
¡Ay de mí!

 (Entra, y el CAPITÁN corre tras ella los cerrojos de la torre.)  

PASCUAL

 (Con afán.) 

¿Vais a cerrar?
CAPITÁN
Sí por cierto.
PASCUAL
¡Y a mis ojos!
CAPITÁN
¿Qué queréis? Me dan antojos 455
imposibles de evitar.


Escena VIII

 

El CAPITÁN. JUAN PASCUAL.

 
CAPITÁN
Ea pues: ya estamos solos;
hablad, que el tiempo se acorta
y yo tengo que pagaros
vuestra propuesta con otra. 460
PASCUAL
Con que admitáis vos la mía
bastará a mi ver.
CAPITÁN
No importa.
No estará la mía acaso
tras de la vuestra de sobra.
PASCUAL
Pues bien, capitán: yo vengo 465
como quien amparo implora,
como quien suplica humilde,
arriesgando mi persona,
y esponiéndome a perder,
si me descubren, la honra 470
con la vida, a demandaros
lo que vuestra mano sola
puede volverme, la hija
que mi corazón adora.
Ya veis como las desdichas 475
sobre don Pedro se agolpan:
ya veis como de los suyos
ciento a ciento le abandonan.
No tenéis agua ni víveres;
y esta situación penosa 480
cuanto más os desalienta,
capitán, y os acongoja,
más a don Enrique augura
cercana y fácil victoria.
Pues bien: si me dais mi hija, 485
os juro que en pocas horas
saldréis del castillo libre,
sin condición deshonrosa,
y os daré a más el rescate
que vuestro capricho imponga. 490
CAPITÁN
¿Habéis acabado?
PASCUAL
Sí.
CAPITÁN
Pues oid, que a mi me toca.
Si el rey don Pedro conmigo
igual libertad no logra,
y su perdón don Enrique 495
ante sus plantas no postra
como rebelde, vuestra hija
quedará donde está ahora.
PASCUAL
Os comprendo, miserable.
Ese amor que os emponzoña 500
el corazón, es quien dicta
propuesta tan injuriosa.
CAPITÁN
Sí, Juan Pascual, yo la adoro,
y esta pasión me devora,
me martiriza y me acaba, 505
mas mi voluntad no dobla.
PASCUAL
Capitán, esa pasión,
que fácilmente se ahoga,
hoy que aun es tiempo, os advierto
que os lleva a una muerte próxima. 510
CAPITÁN
Señor Juan Pascual, lo siento;
mas tiene raíces hondas,
y es imposible arrancarla.
Si el medio no os acomoda,
es el único que resta; 515
y en cuanto a mi última hora,
que juzgáis cerca, mirad
que la vuestra es muy dudosa.
PASCUAL
Acabemos, capitán,
y en ideas ilusorias 520
no os gocéis adormecido:
yo tengo ocasión muy pronta
para entrar en esta torre
mucha gente valerosa,
que llevará a sangre y fuego 525
cuanto a su marcha se oponga.
Por solo librar a Inés
he retardado hasta ahora
la ejecución de mi plan;
mas os juro que es muy corta 530
la tregua que puedo datos.
CAPITÁN
Vos sois quien en ilusorias
ideas adormecido
descuida lo que le importa.
Ya sé que en el subterráneo 535
para esa traza traidora
metido habéis vuestra gente;
mas es esperanza loca
la que sobre ella fundéis,
pues mi atención previsora 540
apostó gente más diestra,
que en las revueltas tortuosas
del subterráneo, a mi voz
la hará prisionera toda.
PASCUAL
¿Intentáis amedrentarme 545
con bravatas?
CAPITÁN
¡Oh! No es cosa
para pasarse en la cuenta;
y escuchad bien, que la aurora
no está lejos, y es preciso
que abreviemos. Una bolsa 550
de malla, que asida al cuello
lleváis, donde hay una hoja
de pergamino, que explica
lo que fácil proporciona
del príncipe don Enrique 555
una venganza muy cómoda
PASCUAL
¡Cielos! ¿Quién pudo deciros?
CAPITÁN
Yo lo oí de vuestra boca
una noche en vuestra casa
escondido en vuestra alcoba. 560
Con que ya veis que me guío
por vuestras lecciones propias,
y que no se me ha olvidado
que a quien vengarse ambiciona,
ni precauciones le bastan, 565
ni se contenta con pocas.
PASCUAL
¡Vive Dios, villano astuto!
¿Quién a mi paso te arroja,
que en todas partes te encuentro
y me detienes en todas? 570
CAPITÁN
Concluyamos, Juan Pascual:
o le escribís sin demora
a don Enrique una carta
ofreciendo la persona
de vuestra hija y la vuestra 575
PASCUAL
No, no: primero se rompa
en mil pedazos el alma
CAPITÁN
Pues que tú lo quieres ¡Hola!
¡A mí, soldados!
 

(Salen tres soldados que se apoderan a la fuerza de JUAN PASCUAL que se defiende.)

 
PASCUAL
¡Villanos!
CAPITÁN
Ponedle en la torre próxima, 580
con una amarra en los brazos,
y una mordaza en la boca.
 

(Un soldado queda con JUAN PASCUAL dentro del torreón: los otros dos salen con el CAPITÁN, el cual al cerrar la puerta dice a JUAN PASCUAL a modo de despedida.)

 
Lo que mejor os conviene
pensad, Juan Pascual, a solas,
Porque no tenéis más término 585
que hasta el rayar de la aurora.

 (Al soldado que queda dentro.) 

No me le pierdas de vista.

 (A los otros.) 

Vamos a su gente ahora.
 

(Vase el CAPITÁN. El teatro permanece unos instantes solo. DON PEDRO aparece a poco, trayendo en la mano una lámpara apagada, que deja encima del pilar de piedra donde está clavada su bandera.)

 


Escena IX

 

DON PEDRO.

 
[DON PEDRO]
Veamos este oráculo espantoso.
Quiero apurarle, y de la edad futura 590
embriagarme en el néctar delicioso,
o el cáliz agotar de su amargura.
Por su oculto poder arderá sola
esta lámpara, dice...¡Harto la temo!
Llena está de mi sangre hasta la gola, 595
y yo en mi sangre sin arder me quemo.
¡Si atendiera al pavor la vertería
por no verla inflamarse! ¡Oh, tiemblo y lucho

 (La toca.) 

con mi superstición!... Aún está fría...
¡Si será un impostor!... ¡Oh, tarda mucho! 600
Perdóname tan torpe ceremonia,
¡oh cielo, para mí siempre enemigo!
No mires que al altar de Babilonia
me acerco impuro, sin contar contigo.
En tu bóveda azul, limpia y serena, 605
jamás pude leer de mi fortuna
ni una letra feliz; ni amiga y buena
brilló para don Pedro estrella alguna.
Siempre, sí, su escritura fue siniestra;
siempre se abrió su libro tenebroso 610
por párrafo fatal, dándome muestra
de un porvenir aciago y borrascoso.
Perdona, sí, perdona si te irrito
otro poder diabólico invocando,
porque un calmante pronto necesito, 615
y por do quier que voy lo voy buscando.
Si es mi sino fatal iré sereno
a sepultarme en su tremendo abismo.
Quiero saberlo, sí, contrario o bueno.
para luchar con él con heroísmo. 620

 (Pausa.) 

Ya hierve este licor emponzoñado:
ya de la mecha en derredor se apila:
ya trepa por sus hilos inflamado
¡Ay, medroso mi espíritu vacila!
 

(Empieza a inflamarse la lámpara con un color rojizo y siniestro, con cuyo resplandor se colora todo el teatro.)

 
¡Acúdeme, valor!... Brotó la llama... 625
Ven mis pupilas a su luz apenas
los objetos... ¿Qué es esto?... ¿quién derrama
el fuego de un volcán dentro mis venas?
Próximas a saltárseme las siento
Me acosa el corazón abrasadora 630
de venganza la sed;... y el pensamiento
me desgarra una idea asoladora.
 

(DON PEDRO vuelve los ojos desesperado a todas partes. La sombra de DON ENRIQUE, materializando su idea recóndita, aparece en lo alto del torreón, bajando poco a poco hasta quedarse enfrente de él.)

 
¡Enrique! Siempre Enrique... siempre ese hombre.
Di: ¿qué quieres de mí, bastardo infame?
¿Está escrito mi horóscopo en tu nombre? 635
¿Por qué me asaltas sin que yo te llame?
Ese puñal que abarcas con tu mano
¿lo guardas para mí?... ¡Cuán torbo brilla!
¡Guárdale, por piedad, guárdale, hermano!...
Mas no; mentí, bastardo de Castilla. 640
No le escondas: levántale; te aguardo.
Ven, si te atreves, a amagar mi seno,
y esprimiré en mis brazos ¡vil bastardo!
de tu ruin corazón todo el veneno.
¡Ven, ven! Yo soy don Pedro de Castilla, 645
y aunque infame y traidor venzas al cabo,
no creas, no, que tu valor me humilla.
Yo nací tu señor, y tú mi esclavo.
¿No lo oyes?... De rodillas, miserable.
¿Te niegas?... Tu sardónica sonrisa 650

 (Sonríe.) 

me mueve a compasión... y me precisa
a volverte esa risa abominable.
Mírame sonreír... mírame y huye,
porque a la luz de mis ardientes ojos
tu ser se pulveriza y se destruye... 655
Ni rastro he de dejar de tus despojos.
Mas ¡ahí estás aún!... ¿Qué esperas, sombra,
sonriéndome siempre?... ¿Qué me quieres?
Tu sonrisa me irrita, no me asombra.

 (Sonrisa convulsiva.) 

Yo me río también de... que me esperes. 660
Espera, sí, vasallo, espera, espera;
mas no, no: huye de mí, desaparece.
Tu sonrisa infernal me desespera;
tu mirada voraz me desvanece.
Huye: me das horror... huye al abismo. 665
No temo tu presencia; me fascina.
Te estoy viendo reír, y hago lo mismo;
pero esta risa cruel ¡ay! me asesina.

 (Cae en la piedra sentado, y sigue con su risa convulsiva hasta que apagándose la lámpara desaparece la sombra, y cae sin sentido.) 



Escena X

 

DON PEDRO. El CAPITÁN. MEN RODRÍGUEZ en el torreón.

 
CAPITÁN
Ya todos están rendidos.
Mas ¿qué veo? ¿Si un traidor 670

 (Le toca.) 

llego hasta el rey?... No, respira.
DON PEDRO
¿Quién eres?

 (Volviendo en sí.) 

CAPITÁN
Señor, yo soy.
DON PEDRO
¿Se fue ya?
CAPITÁN
¿Quién?
DON PEDRO
Ese espectro;
ese ensueño aterrador.
CAPITÁN
¿Quién, señor, que no os entiendo? 675
DON PEDRO
¡Ay de mí! Tampoco yo.
De esa lámpara maldita
me ha fascinado el fulgor,
y si no se apaga pronto
me asesina esa visión. 680

 (Vuelve en sí del todo, y se levanta sobreponiéndose a su pavor.) 

Mas ese francés, ¿qué dice?
CAPITÁN
Nada responde.
MEN RODRÍGUEZ
¡El farol!
DON PEDRO
Ea, Blas, ya luce al cabo
la estrella de salvación.
Salgamos de aquí cuanto antes. 685
CAPITÁN
Señor don Pedro, idos vos.
DON PEDRO
¡Qué! ¿Tú también me abandonas?
CAPITÁN
¡Yo abandonaros, señor!
Me quedo para vengaros.
DON PEDRO
Capitán, tienes razón. 690
Si me venden...
CAPITÁN
Id tranquilo,
que de eso me encargo yo.
DON PEDRO
Voy pues a apurar mi estrella
sin fe, pero sin temor;
que lo que en suerte me falta 695
me sobra de corazón.

 (Vase.) 

CAPITÁN
Ahora, o trono para él,
o tumba para los dos.



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