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Juanamaría Cordones ha demostrado claramente este hecho en su libro Poética de transgresión en la novelística de Luisa Valenzuela (Cordones 1991).
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Para Elzbieta Sklodowska, «la especificidad de la escritura femenina consiste en su actitud ambivalente con respecto a la tradición: una actitud esencialmente paródica que tiene que abrazar los valores del discurso patriarcal para luego subvertirlos»
(Sklodowska, 146).
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Así lo comenta a Claudia André en una esclarecedora entrevista: «Yo también lucho porque se entienda la cosa de la mujer, pero creo que toda mujer hace eso. Creo que toda mujer que piensa en este momento en las postrimerías del siglo XX, está pensando que hay que encontrar el lugar de la mujer, de pelearlo y de defenderlo, pero trasciende el feminismo. Yo no escribo para ningún bando aunque voy con las feministas y me encanta estar con ellas, pero soy independiente»
(André, 2).
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Cf. en este sentido el excelente estudio de Sharon Magnarelli «Women, Dicourse, and Politics in the Works of Luisa Valenzuela» (Kagnarelli, 1994-1995), así como su monografía Reflections/Refractions: Reading Luisa Valenzuela (Magnarelli, 1988).
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El tema se continúa en mayor o menor medida en los siguientes títulos de la autora, constituidos por las novelas El gato eficaz (1972), Como en la guerra (1977), Cola de lagartija (1983), Realidad Nacional desde la Cama (1990) y Novela negra con argentinos (1990), así como por los libros de cuentos Los Heréticos (1967), Aquí pasan cosas raras (1975), Libro que no muerde (1980), Cambio de armas (1982), Donde viven las águilas (1983) y Simetrías (1993).
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Este hecho explica asimismo que en una sección de Simetrías ofrezca la interpretación verdadera -y oculta hasta ahora- de los más conocidos cuentos de hadas, utilizados tradicionalmente como instrumentos de dominación de la mujer. He estudiado este aspecto de su obra en el artículo «La metamorfosis de Caperucita» (Noguerol, 2001a).
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Así lo cita Ernesto Sábato: «Todo eso hace del tango una danza introvertida y hasta introspectiva: un pensamiento triste que se baila»
(Sábato, 16).
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Este hecho ha sido estudiado en trabajos recientes como los realizados por Archetti (1997), Castro (1998), Corbatta (1994), Fisbach (1985) y Savigliano (1998).
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He estudiado los estrechos vínculos existentes entre los relatos de Simetrías en el artículo «Cuentos de Hades de Luisa Valenzuela: relatos integrados en el infierno de la escritura» Noguerol 2001b). «Tango» guarda una relación especialmente estrecha con «El café quieto», donde se presentan hombres y mujeres estáticos, sentados en mesas y filas separadas, silenciosos y llenos de frustración por no poder comunicarse. Los varones pueden arrojar al menos algo de su cuerpo, el escatológico gargajo, pero las mujeres están obligadas al silencio y la autoaniquilación.
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Sí ocurre también en «Final del Tango», del chileno Antonio Skármeta, donde el discurso evidencia en su ritmo entrecortado el torbellino y pasión del baile. En este caso, se trata de la otra cara de la moneda presentada por Valenzuela. El hombre reafirma su identidad en cada pirueta. Sin embargo, pronto siente que se anula ante la figura de la mujer, ente telúrico y «planeta lejano» que provoca su pérdida de control en el ritmo: «Y tú me estás matando, y ya sé lo que va a pasarte, acabarás en ti, o en mí, cuando amanezca definitivamente, y tendrás tu propia repugnancia, tu conciencia latinoamericana, tu traje barato, pero yo estaré allí donde tú dices, en una nación remota, ahí donde tú dices en otra galaxia, ahí lo tienes compañero: ése es el final del tango»
(Skármeta, 100).