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El misterioso influjo de la barquillera [Presentación]

Fernando Alonso





Hace ya algún tiempo, varias personas me comentaron que algunos cuentos míos no llegaban a muchos lectores a quienes podían interesar. Unos andaban perdidos en viejos libros; otros, por querer acercarlos con grandes ilustraciones a los más pequeños, quedaban fuera del campo de interés de lectores más mayores.

Para ponerlos al alcance de estos, decidí reunirlos en un volumen y pensé que la mejor forma de agruparlos era incluidos en una historia, que sirviera de marco y presentación de todos ellos.

Con esta intención, comencé a revolver entre los papeles de un viejo archivador en el que guardaba notas, apuntes y esquemas de libros que esperaban su turno para comenzar a crecer.

Allí encontré un personaje y una historia, anotados y guardados hacía muchos años, que, de pronto, comenzaron a reclamar su oportunidad para darse a conocer. Era la historia de un hombre que tenía una misteriosa barquillera y que, como yo, había organizado su vida para poder dedicarse a escribir.

Como decía antes, mi deseo era que sirvieran de simples introductores a unas historias ya escritas.

Pero una cosa son los deseos, y otra, la realidad.

Este personaje no se conformó con el simple papel de presentador; y yo, que amo la libertad por encima de todas las cosas, le permití que viviera en libertad su propia vida y desarrollara su propia historia.

Entonces, de pronto, me encontré representando el papel que había querido adjudicarle.

Yo mismo me convertí en el presentador de su vida y de sus inquietudes.

Aunque conseguí introducir dos de mis historias, el resto eran historias suyas y una serie de reflexiones sobre la apasionante aventura de escribir.

Nunca, hasta entonces, había experimentado la fuerza que puede desarrollar un personaje para vivir su propia vida al margen de los deseos iniciales del autor.

En algún momento, llegué a sentir como si yo también estuviera escribiendo bajo el poderoso influjo de su misteriosa barquillera, o sometido a las veleidades arbitrarias de un viejo archivador.

Antes de dejar esta presentación, me gustaría hacer una advertencia a los lectores.

Si estáis leyendo este libro en medio de la noche y escucháis el ruido del palillo de una barquillera al girar, o el sonido metálico de un viejo archivador al cerrarse, yo no me hago responsable del influjo que puedan ejercer sobre la historia.

Si eso sucediera, os recomiendo que leáis el mismo fragmento a la luz del día.

Si las dos versiones coinciden, solo en ese caso, me hago responsable de cuanto en este libro queda escrito.





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