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El lenguaje cifrado

Sergio Ramírez





En la sección Sextante de la revista Mundo Nuevo (n.º 31, enero de 1969) hay una información curiosa, pero no enteramente sorprendente si tomamos en consideración los usos y costumbres que la era ha establecido para un mundo aparte que tiene sus propias reglas del juego: el mundo de la cracia, habitado por los ócratas. La nota habla de una compañía que ha sido establecida en Sudamérica para auxiliar a tecnócratas, burócratas, expertos internacionales, asesores de organismos multinacionales, planificadores, ídem, ídem, en la preparación de sus memorias, informes, discursos, mensajes, estudios, análisis, proyectos, evaluaciones. La compañía ofrece en venta vocabularios para la formación de frases, las cuales pueden componerse tomando palabras de tres distintas listas; de la combinación de las mismas resultan oraciones que pueden intercalarse en documentos, tales como:

  • Opciones organizativas integradas.
  • Movilidades recíprocas paralelas.
  • Programaciones logísticas responsables.
  • Durabilidad monitoras sistematizadas.

La cosa puede mover a risa, pero hay que conocer a los ócratas para darse cuenta de que va en serio; en ningún otro mundo de los tantos que se combinan y superponen, se auxilian y se trasmutan en la vida moderna, la autenticidad del idioma -que es una manifestación de cultura legítima- sufre tanto como en el de la cracia. El caudal de conocimientos técnicos que se emplea para «promover el desarrollo», no encuentra su cauce en un modo original, abierto y claro de expresión y se pierde así en circunloquios, frases vanas, metáforas mecanizadas y una actitud espantosa de piernas abiertas hacia el idioma inglés (para hablar con propiedad técnica, ahora se reclutan palabras del Webster's New Collegiate Dictionary, a fin de auxiliar a nuestro pobre castellano).

La cracia, como cualquier nación con bandera y todo, tiene sus propias características; los ócratas son una fraternidad, y andan por todos los vientos, dispersados en una diáspora bien sincronizada, con años sabáticos, salarios integrales, pasajes de avión round-trip y grandes cartapacios con infinidad de fólderes, fotocopias, manuales, instructivos, toneladas de tarjetas de visita, y sobre todo, un idioma bien estudiado, con lo mejor del repertorio burotecnocrático a flor de labio, listo para producir frases excepcionales que también toman del fondo de los archivos verbales de sus organismos. Cuando piden hablar con alguien (y si por desgracia ese alguien está desprevenido) como buenos prestidigitadores sacan de sus maletines ejecutivos todo su arsenal y los despliegan sobre la mesa; de muchas de estas conversaciones puede sacarse algo claro: la fundación de un nuevo idioma (el idioma oficial de la cracia), el anglo-spanish.

Otra característica importante de los ócratas es su sistema cifrado de vida; cada uno de ellos está debidamente codificado en sus organismos, para evitar que la computadora que los procesa pueda tener problemas a la hora de alimentarla con sus datos (la antropofagia de estas máquinas de tercera generación, es muy refinada). El mismo Napoleón Solo tendría envidia de una conversación como ésta en un bussiness-party:

-¿Es cierto que la UNESCO te promueve a K-30?

-Sí, me acogí a la escala 12-L-10. La bonificación ya había sido deferida antes en 00L.

-Pues yo siempre en Z-39.

-Sí, el PNUD todavía usa la escala 100-100.

-Tengo ganas de pasarme al BID.

-No te lo recomiendo; allí hay que empezar por 6-90K y el proceso es bastante lento.

-¿Y en la UNESCO?

-Ni pensarlo; yo pasé 12 años antes de ser K-29.

-Lástima.

-Sí, lástima.

En los aeropuertos, es posible oír saludos como éste:

-Hola, 20-30.

-Encantado de verte J-10.

-¿Para dónde vas?

-A Karachi, ¿y tú?

-A Pnom-Penh.

-¿Cuál es tu misión?

-Un trámite de pre inversión para un crédito del tipo L. ¿Y tú?

-Siempre con la FAO. Gallinas ponedoras.

Los ócratas son fácilmente reconocibles; primera señal inequívoca: tipo de aire extranjero visto cerca oficina pública; segunda: lleva maletín negro y tiene aire de redentor, se queja del calor y se enferma fácilmente del estómago. Con tanta cochinada como se come aquí, etc. Tercera: pruebe un día a hablarle; dígale por ejemplo: «amigó, ¿cómo anda el asunto de las compensaciones deferidas en el programa piloto de desarrollo medio?». Verá la felicidad brillar en sus ojos. Es probable que lo invite a almorzar para explicarle bien.

También puede reconocérseles por sus temas preferidos de conversación: ayuda extranjera; subdesarrollo integral; créditos a largo plazo; política uniforme de ayuda; contrapartida gubernamental; desembolso previo; misión exploratoria; misión de reconocimiento; misión de verificación; misión de factibilidad; misión de análisis sobre el terreno; misión que preparará el informe; misión final; (el orden de las misiones es riguroso y se usa en los trámites de aprobación de una solicitud cualquiera).

Su periodicidad de aparición depende de variadas circunstancias; por ejemplo, el anuncio oficial de un nuevo programa multinacional desata una oleada de la cual, al mucho tiempo, quedan aún algunos escribiendo sus últimos informes; una vez que termina su misión, se desplazan hacia otras partes y reaparecen al tiempo, bastante cambiados y con más experiencia; hay que ver a un ócrata aplicando en Honduras toda la experiencia adquirida en la India y cómo se desenvuelve hablando indostano, un idioma tan difícil. Pero no se crea que llegar a ser ócrata es cosa fácil, por el contrario, la cracia es una república estricta con sus leyes de ciudadanía. Primero viene el reclutamiento a nivel internacional, después el examen de aplicaciones; el concurso de antecedentes; la calificación de hábitos y costumbres; la destreza profesional, adaptabilidad al medio extranjero, etc. Una vez que la solicitud ha sido aprobada, viene la codificación. Ser por ejemplo «experto de alto nivel» es la coronación de toda una vida de esfuerzo.

Es de esperar pues, que los tales «vocabularios para la formación de frases» ayuden a reafirmar, a darle un estilo uniforme, al lenguaje profesional de la cracia, y ojalá esa misma ingeniosa compañía, destinada a tener tantos clientes por lo que se ha visto, pronto piense en editar su diccionario completo y una gramática elemental del nuevo idioma.

Para servirse de él hay sin duda alguna, muchos ócratas de aquí y de allá, stand-by.

San José, 23 de marzo 1969.





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