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Leo Rouanet (ed.), Colección de autos, farsas y coloquios del siglo XVI, Barcelona/Madrid/ Macón, Protat Hermanos Impresores, 1901, 4 vols. (ed. facs., Hildesheim/New York, Georg Olms, 1979).

 

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El Hombre aparece mucho antes de Calderón (el Género Humano). Y en imágenes de piloto y navegación. Ya en el Auto de las donas [ed. Eduardo González Pedroso, en Autos sacramentales desde su origen hasta fines del siglo XVII, Madrid, Rivadeneyra (BAE, 58), 1865]. Figura en los autos de Lope, como Adán, rey (El nacimiento de Cristo), como el Hombre, vestido de emperador (Las cortes de la muerte), como el Hombre (La venta de la Zarzuela). Ya estaba en Timoneda, etc. Ver Louise Fothergill-Payne, La alegoría en los autos y farsas anteriores a Calderón, London, Tamesis Books, D.L. 1977. Lo mismo acaece con el Entendimiento. [Anotación, -corregida y parcialmente ampliada por el editor-, complementaria al artículo, como información adicional, sita en folio aparte, manuscrita, de Juan Manuel Rozas].

 

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Ángel Valbuena Prat, Calderón. Su personalidad, su arte dramático, su estilo y sus obras, Barcelona, Juventud, 1941.

 

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Valbuena, en su tesis doctoral (Los autos sacramentales de Calderón, publicada en Revue Hispanique, LXI, 1924, pp. 1-302), no dio importancia a este auto. Lo conoce, lo cita: «Intervienen como personajes: El Hombre (Ulises), los cinco sentidos, La Lascivia (Circe), La Penitencia, etc. Carece de valor literario, y es difícil que obra tan anodina haya podido influir en Calderón. Por su fecha es anterior a El mayor encanto amor y Los encantos de la Culpa, pero es probable que se trate de una coincidencia. Era un lugar común en Post-Renacimiento». Pero en su edición para Clásicos Castellanos [Calderón de la Barca, Autos sacramentales II, ed. Ángel Valbuena Prat, Madrid, Espasa Calpe (Clásicos Castellanos, 74), 1958] rectifica, llevado por el nombre de Valdivielso, aprobador en 1621 del auto, un año antes de publicar sus Doce autos, que influyeron en Calderón: «El nombre de Valdivielso como aprobador del auto de Alçeo es la clave para explicar cómo una composición de escaso interés literario pudo sugerir, en parte, una obra maestra» [p. LXIV]. Y había escrito líneas arriba: «Finalmente, veo otra fuente importante en el "Auto sacramental, La navegación de Ulises, compuesto por Juan Ruiz Alçeo, ermitaño de Santa Quiteria de la Villa de Ajofrín [Toledo]"» [p. LXIII]. Nada más dice. Un análisis detenido nos hace pensar de modo más consecuente. [Anotación, -corregida por el editor-, complementaria al artículo, como ampliación, sita al final, manuscrita, en folio aparte, de Juan Manuel Rozas].

 

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En el original figura, tachado, a continuación: «y 4) la alegoría realizada por Alceo».

 

16

Op. cit. supra.

 

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A continuación, en el original aparece, añadido a mano y entre corchetes: «Como todas las obras, lo primero es la lectura literal y su mensaje primario; pero en un acto de semática y semiología, adrede polifónica, yo encuentro gran simpatía con varios juicios de Valbuena, que Parker, por ejemplo, contradice».

 

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Louise Fothergill-Payne (op. cit. supra), considera que el hombre es el único personaje real, porque todos los demás interlocutores son aspectos de su carácter o proyecciones de su imaginación. Incluso el mismo antagonista existe sólo porque el protagonista «le engendra con pensamiento, palabra y obra». Esta enorme responsabilidad del Hombre resulta demasiado para él, y así presenciamos su grandeza hecha miseria, su mundo vuelto al revés y su locura trocada en amargo desengaño. No obstante, la figura del Hombre, así interpretada, parece harto moderna, incluso existencialista, y apunta al vituperado defecto crítico de querer explicarlo todo desde el punto de vista del siglo XX.

Por su parte, Eugenio Frutos (La filosofía de Calderón, cit., p. 41) explica que «El problema del hombre [...] se mueve entre el contraste, típicamente barroco, de la humildad y la dignidad humanas. Se ha perdido la confianza irreflexiva en las posibilidades del hombre, que caracterizó al Renacimiento, y no sólo por el amargo pesimismo, sino por la altura del ideal humano que tienen los hombres de la época, según advertí, y por un conocimiento más real y completo de la naturaleza humana». Él, como Valbuena, ofrece una visión cristiana, pesimista. Se centra, -frente al naturalismo y al marxismo, optimistas, dogmáticos-, en el problema final de la muerte. [Anotación, -corregida por el editor-, complementaria al artículo, como ampliación, sita al final, manuscrita, en folio aparte, de Juan Manuel Rozas].

 

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Cf. Eugenio Frutos, «Calderón en su época y su carácter filosófico», en La filosofía de Calderón, cit., pp. 15-90.

 

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Al final del artículo figuran en el original, manuscritas (el resto del texto se encuentra mecanografiado, aunque con rectificaciones y adiciones también manuscritas), las siguientes líneas:

Ya el título, como en un atajo, nos daba la clave. Circe será La Culpa, pero una culpa encantadora. Los encantos de la Culpa tiene que ser en la solución final y literal un título irónico, pero en su desarrollo teatral, no. He ahí la paradoja del perspectivismo histórico y su consiguiente relativismo. Lo que era primigenio y literal, la ironía, se puede trocar en lectura real y positiva. Si el dramaturgo no es sólo un predicador. La navegación de Ulises, título que puso a la alegoría Juan Ruiz Alceo, es descriptivo y de época. Los encantos de la Culpa es título conflictivo, sujeto a los tiempos y espacios de la humanidad en un fecundo perspectivismo histórico.