El «Guarino Mezquino» (1527)
Nieves Baranda
El Guarino Mezquino es un libro de caballerías peculiar en muchos aspectos, para empezar por el extraño nombre de su protagonista, después por sus contenidos, por el hecho de ser una traducción del italiano, por sus vínculos genéricos y, por último, porque hasta cabría dudar de su condición de libro de caballerías. Un breve resumen del argumento es el mejor modo de empezar a observar todas estas peculiaridades.
Guarino es hijo de Milón y de una mora convertida. Milón, a su vez, es uno de los caballeros que acude con Carlomagno a la defensa de Italia y se instala allí como Príncipe de Taranto. Pasado un tiempo conquista a los turcos la plaza fuerte de Durazo1, y se casa con Fenisa, la hermana de uno de los señores. Pocos años después, cuando Guarino2 es un bebé, los anteriores dueños de Durazo la reconquistan y ponen en prisión a Milón y a su mujer Fenisa. El niño es rescatado por un ama, que huye en un pequeño barco, luego atacado -cómo no- por piratas, que acaban matando a todos y vendiendo a la criatura. A partir de aquí se rompe todo vínculo de Guarino con sus orígenes; encontrarlos y restablecer esos lazos será el objetivo del héroe en la obra y el motor fundamental de sus aventuras.
El Mezquino, bautizado nuevamente con ese nombre por haber sido vendido como esclavo, vive en Constantinopla como hijo de un mercader, pero consigue cierta formación como caballero en la corte del emperador. Alexandre, el hijo de éste, se interesa por él y pide que lo manumitan, con lo que se queda a vivir en la corte. Cuando Constantinopla es atacada y rodeada por los turcos, el Mezquino se convertirá en su salvador. Terminado este episodio, el emperador le ofrece una recompensa y él pide averiguar su linaje. Esta decisión está motivada sobre todo por el insulto que recibe de uno de los hijos del rey turco Astiladoro, que se maravilla de que un esclavo haya podido vencer a descendientes de Troya. Guarino le responde con la siguiente promesa:
yo te juro por aquel Dios que fizo los cielos e la tierra que yo no cessaré jamás hasta que yo halle a mi generación. E prométote que si mi generación es de nobles o de hidalgos, que por estas palabras que dixiste que tú morirás a mis manos3. |
Estas palabras son cruciales en la obra, porque en ellas está la razón última de todas las aventuras del protagonista.
El emperador de Constantinopla intenta averiguar los orígenes del Mezquino, pero resulta imposible, así que unos adivinos le recomiendan que acuda a visitar el santuario de los árboles del sol y la luna que está en el extremo Oriente. En este punto (fin del libro I) comienza el amplio periplo del Mezquino, que recorrerá todo el mundo conocido persiguiendo lugares vinculados con lo maravilloso y con la adivinación a fin de obtener noticias de sus padres.
Este recorrido, trufado de aventuras, le guiará primero hacia el santuario de los árboles del sol y la luna: allí le descubren que desciende de un linaje real cristiano, que ha sido bautizado dos veces y que la respuesta a su pregunta la hallará en Occidente. Por la India y África llega hasta un adivino en el monte Atalante, que le dirige hacia la Sibilia Cumana, encerrada en una montaña en el centro de Italia. Este sitio es Norça, donde visita a la Sibila y pasa un año con ella; allí averigua lo siguiente: que sus padres están vivos, que su aya era de Constantinopla y se llamaba Sefera, que huyó con él cuando tenía dos meses y les asaltaron unos piratas, que lo vendieron; y que su auténtico nombre es Guarino. Por último, en un ataque de ira la Sibila le dice algo incomprensible: que debe ir a conjurar a los demonios en el infierno, donde verá a su padre. Guarino queda excomulgado a consecuencia de haber estado en la cueva de la Sibila, así que viaja hasta Roma a implorar la absolución y el Papa en penitencia lo envía al Purgatorio de San Patricio, cuya entrada está en Irlanda. Recorre el purgatorio y, cuando ha superado las pruebas, sus guías le muestran una imagen de sus padres: un hombre y una mujer con pelo largo y ropas en andrajos.
Vuelve a Roma y el Papa le ordena que vaya a comandar las tropas de Girardo, rey de Pulia (en realidad su tío, aunque no lo sepa), que prepara una expedición para vengar la desaparición de su hermano Milón hace treinta años. Terminada la conquista de la plaza, verá aparecer a sus padres al ser sacados de la prisión y los identificará por la imagen del Purgatorio.
Aún quedan dos libros más en la obra (en total tiene ocho), que sirven para cerrar dos aventuras iniciadas anteriormente: la primera contra los turcos, para vengar la afrenta sufrida durante el primer asedio a Constantinopla y cumplir la promesa hecha entonces a su enemigo; la segunda, para casarse con la princesa persa Antinisca, a quien había prometido volver para desposarse. Tiene que salvarla en su ciudad sitiada y vuelve con ella hacia Occidente para ser señor de Durazo. Por último tiene dos hijos, muere su esposa Antinisca y decide hacerse ermitaño: pone orden en sus asuntos terrenos, peregrina a Roma, vuelve, se confiesa y comulga y pocos días después muere «y quando murió avía cinquenta años»
4.
Creo que a partir de este resumen se pueden señalar algunos de los rasgos que diferencian al GM5 de los libros de caballerías «amadisianos»6.
-El linaje del protagonista no está ligado a la materia de Bretaña, como es el caso de Amadís, sino a la materia carolingia. Este vínculo no es sólo a un universo de referencia, sino que se hace de forma directa y explícita, desde el inicio del GMI enlazándolo a la Storia d'Aspramonte, uno de los cantares de gesta prosificados por el mismo autor del GM. De hecho, el primer capítulo del GM resume en unas líneas el argumento del Aspramonte, con lo que la acción adquiere un tiempo y un universo históricos:
Reinando Carlomagno, rey de Francia, emperador de Roma, [...] en el año de nuestro señor Jesuchristo de setecientos e ochenta y tres años e seyendo el dicho Carlomagno nuevo eleto emperador, mas aún no coronado [...] En este tiempo los africanos passaron en Italia [...]7. |
De este modo la obra tiene un hueco propio en la cronología de las sagas carolingias, tal como se organizaron en la literatura toscana del Trescientos8.
-El nombre del protagonista Mezquino no supone un rasgo positivo, como sucede con Palmerín, Amadís, Primaleón9, por ejemplo, sino que asocia el Guarino, derivado del italiano Guerrin (formado sobre el lexema 'guerra') con una condición desfavorable (mezquino) que ha de superar.
-Guarino es el único protagonista de la acción, pues aunque hay otros caballeros cristianos -en especial su amigo Alexandre, heredero de Constantinopla-, en la obra sólo se recogen las aventuras que se desarrollan con la presencia de Guarino. Este hecho tiene una inmediata repercusión sobre la estructura de la obra, porque no necesitará acudir a la técnica narrativa del entrelazamiento ni a las aventuras paralelas características de los libros de caballerías, reduciendo el argumento a la narración lineal.
-La obra sigue el esquema de la biografía caballeresca, es decir, se inicia con el linaje del héroe, nacimiento, crianza, aventuras en la edad madura, consecución de sus objetivos y muerte. Esta estructura no da lugar al procedimiento clímax-anticlímax y, por tanto, tampoco se ofrece como una saga abierta a continuación o con aventuras por resolver. De hecho la obra termina con la muerte del protagonista en su cama, después de haber obtenido la absolución papal y la confesión, aunque la traducción castellana se «inventa» que un hijo bastardo del Guarino «hizo tales cosas en armas que mucho pusieron en olvido a las que su padre avía hecho»
(GM, pág. 1020), lo que nos demuestra que el traductor sentía ese final del GMI como ajeno a su tradición y necesitado de modificaciones.
-Las acciones caballerescas están interiormente motivadas, ya que el protagonista persigue desde su inicio, como muestra el argumento, dos objetivos: encontrar el linaje y vengar la afrenta de los turcos. Durante la consecución del primero de estos objetivos, se producirá la promesa de matrimonio que dará lugar a las últimas aventuras de la obra y con ellas a su fin. Dentro de estas motivaciones generales, se producirán otras de carácter externo, si bien siempre quedarán subordinadas al objetivo fundamental del héroe en cada etapa.
-Tampoco existe la división del espacio típica de los libros de caballerías, donde se alterna la corte con los espacios naturales. Guarino sólo vuelve a algunas ciudades: Constantinopla, Presépoli o Roma, sin hacer de ninguna de ellas el eje de sus andanzas. Además el espacio recorrido presenta características muy diferentes entre unas y otras obras: en los libros de caballerías las cortes son generalmente espacios que se describen aislados de todo entorno urbano real; y en ellas no existen otras clases sociales aparte de las que se inscriben en la corte por derecho propio o con carácter de servicio. En el Guarino Mezquino, aunque el caballero se relaciona principalmente con los gobernantes de cada sitio, ese espacio se configura como una ciudad, en la que aparecen personajes de diferentes clases sociales e incluso el pueblo llano.
-Los espacios de la aventura en los libros de caballerías son núcleos aislados, cuyo topónimo tiene muchas veces un significado simbólico. Sin embargo, en el Guarino Mezquino estos lugares responden a nombres reales y se ordenan siguiendo un itinerario identificable si nos molestamos en trazarlo sobre los mapas de Ptolomeo, como hizo Hawickhorst10. Ese realismo alcanza su máxima expresión cuando el traductor, para la Península Ibérica y ciertas zonas del norte de Francia y los Países Bajos que debía conocer, altera el recorrido de Guarino convirtiéndolo en real y lo hace pasar por Sevilla11, entre otros sitios, antes de llegar a Santiago de Compostela. Por otra parte, tal realismo no está reñido con las mirabilia propias de los lugares lejanos y exóticos, en Asia y África, siguiendo tradiciones tan autorizadas como la carta de Alejandro a su maestro Aristóteles o las famosas cartas del mítico del Preste Juan de las Indias12, por cuyo reino utópico también pasa.
Ahondando aún más en estas diferencias conviene señalar cómo son las aventuras que van sucediéndose mientras el protagonistas recorre el mundo. En líneas generales podemos decir que mientras cabalga siguiendo su itinerario, en algún momento sucede un imprevisto, en el cual Guarino se ve involucrado de una u otra forma. Ese imprevisto puede tener un desarrollo variable en su longitud y complicación argumental, pero para resolver el conflicto siempre será necesario acometer hechos en armas (combates individuales o preferentemente guerras guerreadas), en los que el apoyo del héroe a uno de los bandos es determinante; una vez solucionado el conflicto, el Mezquino reanuda su viaje. Las aventuras de armas que tienen lugar mientras el héroe viaja por el mundo en busca de su linaje podrían clasificarse en tres grupos distintos:
1. Guarino llega a una ciudad en guerra con otro reino; se asegura que el orden ha sido subvertido por los enemigos de sus huéspedes, es nombrado capitán de las tropas defensoras y se restablece la justicia. En premio, a pesar del disgusto de algunos envidiosos maledicentes, se le ofrece una espléndida recompensa que él rechaza, pidiendo a cambio información o ayuda para continuar su viaje. Aventuras de este tipo son las de la guerra en Tigliafa (libro II, caps. 28-30), la liberación de Presópoli (III, caps. 6-19), la guerra contra los Cinamomos que atacan al Preste Juan (III, 26-34), la ayuda al soldán de Egipto y Babilonia (IV, caps. 6-14).
2. Otro tipo de aventura es aquella en la que el héroe consigue la salvación por el amor no deseado de una mujer. Son dos las que responden a estas características: en el primer caso, accede a tener trato carnal con la hija del rey Pacífero (II, caps. 15-19); y en el segundo, otro caballero utiliza la pasión de Rampilla por Guarino para que la mujer mate a su hermano, capitán del ejército enemigo, convencida de que así obtendrá el amor del héroe; dado que éste la rechaza, se acaba suicidando (IV, caps. 30-34).
3. En último lugar, por su pequeña entidad, debemos situar los episodios menores: lucha con un gigante, combate contra perros salvajes o contra animales fabulosos diversos, etc.
Existen, asimismo, pruebas que no son bélicas, es decir, que no implican una progresión del héroe como combatiente, sino que sirven para revelar su dimensión moral; todas estas pruebas o aventuras tienen una esencia sobrenatural. Las tres fundamentales son: la visita al santuario de los árboles del sol y la luna, la estancia de un año en la cueva de la Sibila y el paso por el Purgatorio de San Patricio. Cada una de ellas le plantea a Guarino un dilema moral, porque para obtener información debe aceptar el entrar en relación con poderes condenados por su religión, en un grado sucesivamente más peligroso. En el santuario de los árboles del sol y la Luna, bien conocidos en la Edad Media por medio de la vida de Alejandro, el Mezquino dice que los árboles son un engaño de demonios (pág. 505) y dirigiéndose a ellos, cuando los tenía que adorar los califica de «diablo infernal» y los conjura en nombre de Dios (págs. 506-507). Otro tanto sucede en la cueva de la Sibila, porque a la entrada le avisan de que en caso de morir se convertiría en un condenado, diablo en alma y en cuerpo (pág. 729) y al salir está excomulgado. Por último en el Purgatorio de San Partido corre el mismo peligro de quedar condenado en el interior como un alma que purga sus pecados.
De esta tipología de aventuras se desprenden otra serie de diferencias con los libros de caballerías amadisianos:
1. Aunque el héroe camina solo, la mayor parte de sus victorias no se basan en combates individuales, sino en «guerras guerreadas», en las cuales aparte del valor individual juega un papel importantísimo la estrategia. A modo de ejemplo: para tomar la ciudad de Dulceño, que está rodeada por un foso, ordena por la noche una maniobra de distracción de los sitiados, mientras él atraviesa el foso sobre una especie de barcas hechas con cueros llenos de aire sobre los que ha atado tablas, de modo que consigue entrar sin que el enemigo lo advierta13.
2. Las mujeres, el amor desempeña un papel muy reducido en esta obras. Hay dos mujeres que se enamoran de él e influyen en el desenlace de la aventura en la que intervienen. Una de ellas se acuesta con Guarino, la otra se suicida al no poder alcanzar su amor. Se trata de mujeres infieles, moras, que se caracterizan por su desenvoltura y su lujuria, como era habitual para estos personajes en la materia carolingia14. Por otra parte, la relación con su futura esposa Antinisca supone una parte mínima en las preocupaciones del caballero: la conoce porque es una princesa persa huérfana que va a pedir ayuda para librar su ciudad Presópoli del asedio de los turcos; terminada la guerra, ella se convierte al cristianismo, se desposan en secreto y Antinisca jura esperarle durante diez años. Desde luego cumplirá su promesa, pero nunca combatirá por la belleza de su dama ni suspirará de amores. Solo al comienzo, en la corte de Constantinopla, donde vive la princesa Elisena, podría haberse dado una relación amorosa caballeresca como en el Amadís, pero el desarrollo de la acción pronto descarta esa posibilidad.
3. Las aventuras sobrenaturales son de fundamental importancia en el desarrollo del GM, porque a través de la información que en ellas se obtiene se va marcando el avance de la obra. La característica más destacada de estos lugares o de otros espacios exóticos es que se trata de formas de lo sobrenatural que han sido establecidas por Dios y que tienen su propia tradición: la adivinación, aunque condenados por la Iglesia, estaba perfectamente difundida y aceptada en la vida cotidiana de la Edad Media, por tanto recurrir a ella no se puede considerar como un hecho extraordinario. Las tres grandes aventuras antes mencionadas coinciden en tener como fuentes leyendas bien conocidas por la tradición oral y asimiladas en algunos relatos caballerescos, así lo demuestran el viaje de Antoine de La Sale en Le paradis de la reine Sibille, los abundantes relatos de viajes de caballeros al Purgatorio o el paso de Alejandro Magno por el santuario de los árboles del sol y la luna15. Al margen de que cada uno de estos episodios tiene detrás su propia tradición, creo que hay que destacar que en todos ellos hay una concepción de lo sobrenatural que está más cerca de lo milagroso (permitido o regido por la voluntad divina) que de lo mágico, como era habitual en los libros de caballerías, donde lo más frecuente es la fantasía irreal dominada por humanos con poderes sobrenaturales.
La fuente de una obra de características tan alejadas de lo que se puede considerar el patrón caballeresco amadisiano está en un texto toscano, según se dice en el «Argumento» que precede al prólogo: «El qual libro mudó o trasladó de lengua toscana en nuestro romance castellano Alonso Hernández Alemán, vezino de Sevilla...»
(GM, pág. 337). Bien es cierto que podría tratarse de una muestra más del uso del tópico de la falsa traducción, sin embargo, aquí es cierto. El GM es traducción de Il Guerrin Meschino, una obra escrita a comienzos del siglo XV por Andrea da Barberino (1369/70-1431/33). Aunque el nombre de este autor no tiene una especial relevancia en la literatura italiana, fue un escritor prolífico, que se dedicó a sistematizar los muchos relatos de la materia francesa (es decir, del ciclo carolingio) que se conocían en Italia desde el siglo XIII. La proliferación de cantares antiguos y la creación de obras nuevas en el siglo XIV provocaron la existencia de versiones paralelas y hasta contradictorias sobre muchos personajes y hechos, de modo que con posterioridad se sintió como una necesidad la sistematización, coherencia y continuidad narrativa de estos relatos. En esta tarea la obra más conocida de Andrea da Barberino es I reali di Francia, donde se da continuidad dinástica a toda la casa real francesa a través de la adición organizada de varios cantares anteriores. Pero además es autor de otras cuatro obras, aparte del Guerin Meschino, unas totalmente originales, otras reelaboraciones de textos anteriores16.
Este origen en la materia carolingia y la vinculación del Guerrin Meschino a la Storia d'Aspramonte, según señalábamos anteriormente, sitúa a nuestra obra como un eslabón más en la larga saga dinástica carolingia, según la reorganizó Andrea da Barberino. Con este vínculo se genera inmediatamente un horizonte de expectativas que solo se cumplirá si se respetan los rasgos característicos de la materia carolingia como se desarrolla en Italia. Efectivamente, como ya hemos visto, los aspectos en los que el GM no coincide de los libros de caballerías amadisianos, sí lo hace parcialmente con las obras de la materia carolingia: la conversión de algunos moros al cristianismo y su paso a las filas contrarias; las mujeres activas y lascivas que se entregan al infiel cristiano; el matrimonio del caballero cristiano con la musulmana que se ha convertido por amor; la geografía reconocible; el combate por motivos religiosos. No obstante, no hay que creer que la obra sea una suma de tópicos carolingios, porque para crear su GMI Andrea da Barberino se apoya principalmente en dos modelos: la Storia di Ugone d'Alvernia, que él mismo había reelaborado, y la Vida de Alejandro.
En la Storia di Ugone d'Alvernia, Carlos Martel17, como un nuevo rey David, se enamora de la mujer del conde Ugo de Avernia. Para deshacerse de él, le manda a pedir tributo a Lucifer. El pobre conde, ejemplo del vasallo perfecto, marcha en esta demanda, recorriendo varios lugares del mundo (Hungría, Santiago, Roma, Jerusalén, el reino del Preste Juan, ve un reino de doncellas diabólicas, el Paraíso, etc.) hasta que entra en el infierno, recibe el tributo y es transportado de vuelta a París. Al recibir el tributo Carlos Martel se inviste con los dones diabólicos (trono, cetro, corona) y entonces los demonios lo arrastran al infierno. Aquí se pueden reconocer algunos de los elementos que también están presentes en el Guerrin Meschino, sin necesidad de que insista en ellos18.
En cuanto a la Vida de Alejandro Magno, aunque Andrea da Barberino no la menciona explícitamente como fuente, su peso está poco disimulado: el hijo del emperador de Constantinopla se llama Alexandre, Guarino no solo recorre el mundo por encontrar su linaje, sino también aprecia el valor del viaje por sí, como medio de conocimiento para el hombre; como Alejandro, Guarino recorre la India, llega hasta los árboles del sol y la luna, se encuentra con muchas de las mirabilia que se describen en los relatos medievales o en la carta de Alejandro a su maestro Aristóteles (hombres con pies en la cabeza, animales monstruosos, etc.); además, siempre sale victorioso y domina la estrategia; por no mencionar que el palacio del Preste Juan se describe con parte de los elementos que caracterizaban el del rey Poro, con el que algunas versiones de la leyenda lo identificaban. Además tengo la convicción de que si Guarino se casa con una princesa Persa, solo es explicable porque Alejandro se había casado con Rosana, puesto que de hecho la elección de este matrimonio para el héroe no tiene ninguna motivación fundada en la obra. Como podemos comprobar también desde las fuentes del GMI se pueden explicar la suma de elementos caballerescos que se analizaban en el GM, donde se funden la biografía caballeresca (ninguna mejor que la de Alejandro) con la visión carolingia de la materia y el universo narrativos19.
Del GMI se conocen al menos once manuscritos y hasta 1512, año de la primera edición en castellano, se pueden contar unas veinticinco ediciones del texto toscano20. Sin una edición crítica o al menos filológicamente solvente del texto toscano, resulta complicado establecer de cuál de esas copias o ediciones deriva la traducción castellana. Recurriendo a criterios amplios, como el número de capítulos de las diferentes versiones, se llega a establecer que el GM deriva de alguna de las ediciones venecianas (once hasta 1508) y el cotejo entre ellas y la traducción de Alonso Hernández demuestra que fue muy fiel al original, sin supresiones ni adiciones notables21. Si tenemos en cuenta que las técnicas de traducción permitían una libertad considerable en la adaptación del texto original para insertarlo en la red literaria de la lengua receptora, hemos de concluir que a juicio del editor (impresor) y del traductor, el GMI con una simple trasposición lingüística podía ser entendido o recibido como un libro de caballerías en la Castilla de h. 1510.
Este proceso de traslación del GMI se puede contemplar desde dos planos generales: el de las traducciones italianas al castellano y el de los libros de caballerías impresos en Castilla a finales del XV y principios del XVI. No hace falta recordar que las traducciones del italiano (llamo así a los textos de cualquier lengua itálica y no solo el toscano) tienen ya una larga tradición a finales del XV22. Entonces con la implantación de la imprenta, se recogen algunas de las antiguas y se traducen otras nuevas, en una lista que entre 1492 y 1520 podría ser aproximadamente la siguiente:
Sin necesidad de entrar en pormenores temáticos, salta a la vista que hay sobre todo obras religiosas, tratados varios, obras históricas y de viajes, siendo la materia menos atendida la ficción. De este género «menor» solo podemos mencionar la Historia de dos amantes, de autor prestigioso y asimilable al género sentimental, quizá el Flores y Blancaflor, si su original es efectivamente italiano23, y el GM. Bien es verdad que por esos mismos años se imprimían obras ficticias caballerescas traducidas del francés: Oliveros de Castilla, Roberto el Diablo, la Historia del emperador Carlomagno... En todos los casos -y aquí sí hay coincidencia con el GM- se trataba de obras que gozaban de gran éxito impreso en Francia y que se tradujeron con vistas a su difusión y comercialización impresa, aunque su brevedad las separa de nuestro género24. En este panorama de traducciones el GM es una rara avis.
Si, por otra parte, consideramos nuestra obra entre la serie de libros de caballerías impresos hasta 1512, habrá que tener en cuenta la siguiente relación de obras:
Sobre este conjunto de impresos desde nuestro punto de vista se pueden hacer las siguientes observaciones:
-La materia caballeresca presenta un panorama bastante variopinto en su diversidad genérica y temática, más aún si incluyéramos las historias breves de carácter caballeresco o pseudohistórico. Seguramente para el observador de su propio tiempo aún no estaba claro que el Amadís de Gaula fuera el que marcara definitivamente la andadura del género, aunque visto desde nuestra perspectiva histórica el hecho de que haya dos ediciones y cuatro imitaciones de esa obra, en clara mayoría dentro del conjunto, es ya más que un indicio de su éxito.
-A pesar de su disparidad genérica, todas estas obras tienen un mismo formato material, con una presentación formal en portadas, tamaños, extensiones, etc. muy similares25.
-Por lugares de impresión queda claro que es en la meseta castellana y el interior de la Península donde se lleva la iniciativa en los primeros años (Zaragoza, Valladolid, Salamanca); mientras que Sevilla parece interesarse por el género un poco más tarde, a partir de 1510 aproximadamente, y debido a Jacobo Cromberger.
Si entre las traducciones del italiano, el GM destacaba como una rareza, un acontecimiento aislado, contemplado entre el género caballeresco adquiere su sentido. En Sevilla en 1512 Jacobo Cromberger imprime por vez primera el GM, probablemente a partir de una traducción muy reciente e incluso hecha ex profeso por encargo para la imprenta26. Se trataba de satisfacer con facilidad una demanda de libros de caballerías que prometía sustanciosos beneficios, vista la rapidez con la que salen de las prensas y considerando que se trata de obras extensas y de un precio elevado, que exigían un desembolso económico sustancial en su edición27. El mismo año, poco después imprimirá la Crónica del muy esforzado caballero Cifar, lo que a mi modo de ver reafirma la hipótesis de que Jacobo Cromberger estuviera buscando novedades caballerescas para imprimir, ya que esta obra planteaba más problemas de identificación con los libros de caballerías que el propio GM28.
Esta coyuntura favorable a lo caballeresco serviría para explicar que se hubiera hecho esa primera edición del GM, pero no las dos ediciones posteriores: Sevilla, Juan Varela de Salamanca, 1527, y Sevilla, Andrés de Burgos, 1548. Con ambas se confirmaba que el GM se había integrado en el género de los libros de caballerías, a pesar de las muchas diferencias que con ellos veníamos observando. ¿Cómo fue eso posible? Parece que si en lo formal y en lo temático se observaban tantas diferencias, las similitudes tenían que existir en otro plano, como pudiera ser el ideológico. Efectivamente, el GM participa del mismo espíritu de cruzada que prevaleció durante el reinado fernandino, como ha estudiado Carmen Marín Pina29, y la importancia de ese componente ideológico anti-turco se prolongó a lo largo del siglo XVI debido a la coyuntura político-social. A este propósito señala Albert Mas cómo durante la primera mitad del XVI los turcos representan en España un problema político y religioso y son por antonomasia el enemigo de la cristiandad30. Por tanto, el hecho de que las ediciones del GM concluyan en 1548, diez años antes de la muerte del Emperador, parece corroborar esa hipótesis.
Por otra parte el Mezquino era un caballero cristiano de una sola pieza, más aferrado aún que Esplandián a los principios de la moral religiosa: no se siente nunca tentado por la concupiscencia, se encomienda a Dios ante los peligros y rechaza todo aquello que no esté aprobado por la Iglesia; desde este punto de vista se podría considerar un modelo de caballero cristiano, según los moldes de la ortodoxia más estrecha que defendían los moralistas en sus ataques a los libros de caballerías31. Claro que una conducta tan pía en el héroe podía llevar al aburrimiento del lector, que esperaba en el argumento una combinación de amores y armas. El peligro se evita combinando tanta moralidad con la animación de la aventura caballeresca y una fantasía propia de los libros de viajes a Oriente32. Estos elementos no podían pasar desapercibidos en la Castilla que emigra y recibe noticias de Indias, donde se ubican tantas o más mirabilia que las que hay en nuestra obra, difundidas también por las ediciones sevillanas de Mandeville o los viajes de Marco Polo.
Al comienzo señalaba que el GM era un libro de caballerías peculiar e incluso me preguntaba si podía ser considerado dentro de ese género. Al llegar a final la pregunta sigue quedando abierta, porque solo podremos responderla cuando decidamos dónde fijar el límite para los libros de caballerías españoles. Sin duda debe incluirse si aplicamos un concepto amplio de libro de caballerías, capaz de englobar las muchas vías genéricas de la literatura caballeresca en los inicios del XVI, porque su origen en una traducción real no impidió que sus lectores se lo apropiaran como una pieza más en la red de la literatura caballeresca. Sin embargo, habrá que etiquetarla de libro caballeresco (por ejemplo) si aplicamos una compartimentación genérica como la defendida por Daniel Eisenberg, que tan buenos resultados metodológicos ha ofrecido y que excluye de entre los libros de caballerías las obras que no están escritas en castellano o que no siguen los patrones del Amadís de Gaula. Seguramente lo más riguroso será considerar que dado que el hecho literario es complejo y que nuestras explicaciones necesariamente tienden a reducirlo, tanto menor será la reducción cuanto mayor sea el número de perspectivas de análisis aplicadas. Así el Guarino Mezquino será ambas cosas: un libro de caballerías sin más para los lectores de su tiempo; un libro caballeresco espurio para el investigador de hoy. Que ninguna mirada prescinda de la otra.