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«Entre tostados árabes nacido...» (Nicolás Moratín, Hormesinda, I, 1); en este caso, la heroína expresa su desprecio hacia el «moro vil, infame y atrevido», por otro nombre Munuza.



 

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«Subir y bajar», como reza la leyenda del Capricho 56 de Coya.



 

52

Estos versos recuerdan la traducción-adaptación, también perteneciente «con toda seguridad al período sevillano», según Caso (O. C., I, p. 140), del conocido poema del fabulista galo, Le chêne et le roseau, intitulado por «Jovino» La encina y la caña, en el cual se lee:


...del opuesto horizonte
un recio vendaval se precipita
con fuerza tempestuosa.
Al punto se encorvó la débil caña,
mas la robusta encina
resiste a los embates,
hasta que al fin, doblando sus esfuerzos
el viento asolador, descuaja y troncha
al árbol...




 

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...Sequar atris ignibus absens;
Et cum Erigida mors anima seduxerit artus,
Omnibus umbra locis adero...

(Aeneidos lib. quart., 384-386)                


«Nuestro Eneas el feroz Pelayo» , escribe Nicolás Moratín en su Sátira tercera.



 

54

O más bien : « ...turris » (Q. Horati Hacci carminum lib. prim., IV, 13-14).



 

55

Tampoco es casual, naturalmente, la frase de Suero «Ya está echada / la suerte...» (IV, 1). Algunos datos más a este respecto en la introducción a mi ed. de La familia a la moda, de María Rosa de Gálvez, Salamanca, Plaza Universitaria, 2001, p. 23-24.



 

56

Faltan en los Munuzas los dos versos: «Revuelven frías... / ...en todas partes».

«Encarnizado» significa también «ensangrentado» («Úsase freqüentemente hablando de los ojos, guando están mui cargados e inflamados», seg. el Dic. Auts.).



 

57


...tantas víctimas tristes, cuyos Manes
piden sobre estos muros la venganza...»


(V 3).                




 

58

A primera vista, este pasaje no despide ningún eco claramente identificable de la Odisea, ni de la Divina Commedia. Algún que otro pormenor recuerda a la Eneida.

Debieron de gustarle a Comella las sombras hurañas y vengativas de la visión de Ormesinda, porque al año escaso de estrenarse «su» tragedia, concretamente el 5 de agosto de 1793, representó con el «drama heroyco» La escocesa Lambrum una pantomima trágica intitulada Medea y Jasón, en cuya escena segunda y última «salen de las tabernas las furias» excitadas por Medea, persiguiendo «a todos precipitadamente» y quedándose al caer el telón «en varias posturas horrorosas»; y en otra piececita comellana de la misma función, Perico el de los palotes, cuyo papel hizo el niño Pedro López, de siete años, un escolar despavorido ante el castigo que le aguarda tiene una alucinación en la que «qual furias / [le] rodean doscientos Incluseros»... Ni tampoco dista mucho del de Munuza el esquema argumental (aunque más... esquemático) de El tirano de Ormuz, ópera seria del mismo autor popular, estrenada en septiembre de 1793, en la que un tirano musulmán enamorado de la prometida de un valiente guerrero ejerce un chantaje abominable sobre la pareja, entre aria y aria.



 

59

Probablemente por haberse adherido, según escribe Voltaire, al «dogma de la predestinación absoluta y de la fatalidad, que parece hoy caracterizar al mahometismo», se refiere Munuza tres veces a «la fuerza del destino », y otras simplemente al influjo del mismo o al «hado», naturalmente contrario a sus designios, como había de serlo para otro héroe la verdiana «forza del destino», de hispana prosapia.



 
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