En el acto segundo, sus palabras la caracterizaban ya como tal, mejor que en el verso y medio escaso que declama en Munuza: «Templad vuestro dolor, Señora, el cielo / concede a mi lealtad en este trance / el que pueda asistiros. De mi afecto / oíd la voz». En Munuza: «Consolaos, Señora, y de mi afecto / oíd la voz».
Lo mismo ocurre en Munuza, III, 6 (Pelayo, III, 7), in fine «Munuza [a Acmeth]- Pues bien, marcha / y no te alexes».
I, 2. En la Hormesinda de Nicolás Moratín (V, 6 y 10), Pedro tiene ya el título de duque de Cantabria (véanse las notas 9ª y 10ª de Jovellanos).
I, 3, in fine.
I, 3, in fine.
Véase P. Álvarez de Miranda, o. c.
V, 1, v. 18. «Cola de caballo. s.f. Queue de cheval Insignia militar que usan los bajáes en el imperio Otomano. Hay bajá de una cola, de dos y de tres, que podremos compararlos a nuestros grados de mariscal de campo, teniente general y capitán general. Cuando marchan a campaña van precedidos de un oficial de caballería que lleva la pica con una o más colas de caballo atadas a su extremo superior, para manifestar a las tropas y a los pueblos el grado del gefe que manda, y los honores y, prerogativas que se le deben» (Federico Moretti, Diccionario militar español-francés, M., Imprenta Real, 1828, s. v. «cola de caballo»).
En el Pelayo de Cañedo, la lección, correcta, es «parte», pues hay solamente una «puerta», que es la del castillo que da al escenario; las demás salidas o entradas se efectuaban por lo tanto por los bastidores, por tal o cual aparte» (en III, 5 o 6 se va Rogundo por la puerta, y Dosinda-Ormesinda «por otra parte»), o por el «fondo» del teatro. «Palacio» es término general que designa el conjunto a que pertenece el atrio; desde el atrio se «entra al castillo por la puerta que sale a la escena» (IV, 7); y en el mismo castillo debe de estar el «fuerte», a no ser que se trate simplemente de dos voces sinónimas, como en el Diccionario castellano de Terreros, pues dicho fuerte está separado del palacio, si nos fiamos de la primera didascalia y de Munuza («ve al castillo, / arregla [repasa] su custodia, y a palacio / vuelve después» - I, 5): en V, 3, a Pelayo se le lleva al fuerte entrando por la puerta del castillo; en la 1ª, el castillo «se ha quedado / sin centinela alguna», y en la 4ª salen «todos los prisioneros del Castillo. / Mientras duraba el anterior combate, / todo el Fuerte quedó sin centinelas». El «teatro» del tramoyista, poco costoso y reducido a su mínima expresión, ya que ni siquiera menciona el fuerte de la didascalia, debía de servir más bien de mera referencia (ciudad, muralla, mar) que de marco ambiental exacto. Por ello, o a pesar de ello, no resulta tan fácil imaginarlo, o, por mejor decir, imaginar la distribución de sus escasas partes: la mole del palacio propiamente dicho debe de suponerse, creo yo, más o menos «delante» del proscenio, o sea en el mismo teatro y englobando a los espectadores. En la escena 6ª del acto II y en la 2ª del III, Kerim, con los guardias o soldados, sale del castillo y entra en él por la «Yz[quierda]», según el apuntador de 1792, lo cual no puede corresponder sino a la puerta única, dándonos a conocer su posición en el escenario, y parece confirmado por Suero en la escena 1ª del acto IV: «esta plaza, / por parte del poniente defendida / de un gran fuerte, por otra rodeada / del ancho mar...»; aunque no creo que nos valga demasiada lógica...
V, 1. Así también en Perder el regno y poder por querer a una muger, o la pérdida de España, de Concha, «cómico español», en un acto, en la que Rodrigo (vestido de pastor) y Pelayo, vencidos por Tarif y Monuza (sic), resuelven marcharse directamente desde el Guadalete a los montes de Asturias...
La acotación, en Pelayo; no figura en Munuza, pero el parlamento del moro supone esta modalidad.