Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice


30

Faltan estos versos en el ms. del estreno. Se advertirá la observancia de la unidad de tiempo en la tragedia.



 

31

En el ms. del apuntador segundo: «la triste voz». Si las «partes» o papeles de los cómicos contenían erratas tan frecuentes y divertidas como las que adornan este texto, no cabe duda de que debieron de quedarse los espectadores más de una vez «a buenas noches».



 

32

La «al presente pavorosa cárcel», en las dos versiones, no es el atrio, ni el palacio, sino el castillo, tras cuya puerta está encerrada la flor de la nobleza asturiana. No estará de más recordar a este respecto que en el acto cuarto de El delincuente honrado no se ve la cárcel del reo de muerte, sino la habitación contigua -parcamente alumbrada, eso sí- en la que está D. Justo. De todas maneras, no carecía ya de patetismo de por sí la situación de los dos personajes.



 

33

Aunque en los cuatro textos le ruegue Dosinda-Ormesinda a Munuza la deje regresar a su hogar, y «tranquila, ver la luz del cielo» (II, 3). En la Hormesinda de Moratín padre (I, 1), la luz del día produce una impresión análoga: «¡Oh temeroso día! / ¡qué lóbrego amanece! ¡qué funesto / a un alma triste ajena de alegría!»



 

34

Tampoco manejaba mal a veces D. Luciano los endecasílabos de sus tragedias o «dragmas trágicos»: véanse por ejemplo Ino y Temisto, Los amantes de Teruel (1793), Cadma y Sinnoris (1798), El mayor rival de Roma, Viriato ( 1799), aunque los hay en esta última obra bastante flojos, etc.



 

35

I, 1, vv. 92-93 en la ed. de Caso.



 

36

Ed. cit., p. 464, n. 67.



 

37

Pienso que el término medio elegido por Caso entre las dos lecciones impresas de Pelayo y Munuza en lo que a los versos 94-95 se refiere no es conveniente: «Podrás creerlo: este cruel secretario / del común opresor...»; en Pelayo: ¿Podrás creerlo? Este era secretario / del común opresor...»; y en Munuza: «Podrás creerlo: este cruel sectario...». Se da cuenta el editor de que aquello «hace mal verso», pues el adjetivo «cruel» suele ser a menudo bisílabo, con diéresis en la «u» o sin ella; y, por otra parte, a Munuza se le considera «perjuro», «traidor [...] al Cielo», «desertor de su iglesia», etc., porque, al menos según una de las fuentes utilizadas por Jovellanos, era godo, como advierte Caso, y, por seguir ya la secta de Mahoma, según solían decir (véase n. 5ª a la tragedia: «todos los sectarios de otras religiones») no es ningún secretario, sino sectario (así también en el ms. de Pelayo); y su ambición, por difícilmente creíble, la anuncia Rogundo con frase interrogativa.



 

38

De la invectiva dirigida a la ya ausente «Ormesinda cruel» se pasa a la invocación del «cruel amor», y en ambos casos se concluye con la palabra clave: venganza. Esta particularidad nada tiene que ver con lo que se puede observar en el ms. del estreno: en éste, se saltó el copista una quincena de versos por inadvertencia, pasando del segundo del parlamento final de Munuza en la escena octava, al tercero de la novena, quedando por lo mismo desprovista de sentido parte de la invectiva del protagonista y naturalmente omitida la mención de la escena última.



 

39

N. 90, p. 465.



 
Indice