En los Pelayos se le llama Achmet, con «ch» que sonaba igual que la «c» de Acmet en el ms. de Munuza; en la tragedia impresa por Ruiz, y no, como escribe Caso en la n. 59, en el Pelayo de la ed. Cañedo («En la primera versión...»), se «arabiza» más, digámoslo así, el nombre del moro rematándolo con una «h»: Acmeth (incluso en II, 1, se lee: ¡«Actmeth »!). No creo que sea de lo más importante, por lo que tampoco tengo por mi parte la seguridad de no equivocar alguna vez las ortografías. Sólo recordaré que durante aquella misma temporada de 1792, en diciembre, se estrenó [Los desgraciados felices por] Acmet el Magnánimo, de Zavala y Zamora.
Sin embargo, posteriormente, en su nota destinada a explicar las variantes del Munuza, evoca la posible existencia de una versión más moderna del Pelayo, «acaso corregida antes de representarla en Gijón»...
AMMA, I-397-2. Suprimo las mayúsculas arbitrarias.
Recuerdo que la «mutación» no es ningún cambio de decoración, sino, por extensión, la misma «perspectiva» o decoración, la cual, naturalmente, se puede sustituir por otra si llega el caso. En la acotación de la jornada primera de A padre malo buen hijo, de Rodríguez de Arellano (1791) se lee: «Esta mutación dura toda la comedia», y en la del principio de El sitio de Toro y noble Martín Abarca, del mismo autor y año: «Mutación de campo; vista a lo lejos de la ciudad de Toro...», etc. En el Munuza impreso, la acotación inicial es como sigue: «El teatro representará una parte del palacio del Gobernador, en cuyo atrio se supone la Escena; otra un resto de la Ciudad de Gijón, y en él un fuerte que domine la marina, que deberá descubrirse en el fondo de la Escena»; tampoco es gramaticalmente fluida la del ms.: «...una parte del Palacio [...], a otra un resto...» (unas poquísimas variantes, por lo demás clásicas, en el tiempo o el régimen de los verbos: «representa», «se supondrá», «domine a la marina»). En cambio, sí se entiende mejor el texto de ambos Pelayos, que reza: «...a un lado el Palacio [...], a otro un resto...».
Y no: «Es de ella indigno / quien al buen nombre y fama le prefiere». Todas las particularidades que se enumeran son comunes a los dos ejemplares mss. del Munuza.
El prólogo en verso del estreno de Gijón va dirigido a los «compatriotas» del autor. Acerca del sentido de estas voces, véase Pedro Álvarez de Miranda, Palabras e ideas: el léxico de la Ilustración temprana en España (1680-1760), M., Anejos del Boletín de la Real Academia Española, LI, 1992, p. 242-254.
Nos podemos fiar del apuntador; en cambio, ruego se tenga a bien disimularme a mí, como mucho, un eventual margen de error de un 0,5 %, o, por mejor decir, de un medio punto... Con excepción del tercero, los actos del ms. de Munuza son algo más cortos que los correspondientes del impreso, en particular el cuarto.
IV, 2. No se representó la tragedia de Jovellanos en 1808, pero sí una obra nueva alegórica de Zavala y Zamora, intitulada La sombra de Pelayo, en octubre.
Véase Lucienne Domergue, «El ministerio de Aranda y el control de libros e ideas. El ministro Aranda enfrentado con lo francés (1792)», apud El conde de Aranda y su tiempo, J. A. Ferrer Benimeli ed., Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 2000, p. 373-408.
Aunque no se menciona en los Pelayos, en los cuatro textos «todos descansan» en el palacio, y Munuza y Dosinda-Ormesinda están en sus cuartos.