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Varias veces me han acusado de ser una entusiasta defensora de la mujer; yo afirmo que si canto a la mujer es porque tiene muchos méritos dignos de ser cantados; pero que no adulo sus pequeños defectos. Para demostrar imparcialidad, hoy me ocuparé de censurar a las mujeres frívolas y ociosas: felizmente hay muy pocas en esta culta nación.
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Mlle. Emmeline Raymond, dans ses Lettres d’une Marraine à sa filleule.