21
Op. cit., p. VIII.
22
Alarcón
afirma con no poca rotundidad lo siguiente: «De aquí parten los rayos que derriban a
los reyes de sus tronos o levantan a los pueblos de su tumba. Hacia
aquí tendían las manos suplicantes los soberanos de
Toscana, Módena, Nápoles y Parma. Aquí se
ungió rey de Italia el belicoso duque de Saboya [...] De
aquí han salido los incansables soldados que hoy guerrean en
la Cochinchina, los que turban el secular silencio del Celeste
Imperio, los que ocupan 'a Roma y son el único baluarte del
poder temporal de la Santa Sede...»
, ibíd., p. 35.