41
Op. cit., p. 18. No menos importantes son las páginas dedicadas a la descripción y análisis de tertulias o relativas a la vida ociosa de damas y caballeros.
El
propósito de Clavijo aparece en el primer número de
El Pensador: «Yo soy un pasajero
de la nave del mundo; pretendo hacer en ella mi viaje, pero no
mandarla, ni fiscalizar a los que tienen este cargo.
Gobiérnala quien quiera y del modo que guste; todo me es
indiferente, como naveguemos tranquilos. Ni mi genio es
satírico ni me ha puesto la pluma en la mano este maligno
humor, el rencor, ni la venganza. Únicamente me ha
determinado a esta ocupación el gusto de entretener mi
tiempo y el deseo de no haber vivido
inútilmente»
.
42
George Le Gentil, op. cit., p. 16.
Para el citado crítico el primer ejemplo de artículo de costumbres data de 1817. Como señala M. Ucelay Da Cal, op. cit., p. 18, el trabajo que alude Le Gentil apareció en La Minerva o El Revisor General, julio de 1817 (X, 33, segunda época), con el título «La ciencia del pretendiente o el arte de obtener empleos».
43
Art. cit., p. 37.
44
Op. cit., p. 334.
45
E. Correa Calderón, Op.
cit., p. XXV,
afirma que el verdadero costumbrismo del siglo XIX aparecerá
años más tarde, excluyendo por ello a Miñano,
pues señala que «el costumbrismo
del siglo XIX, con una tácita intención semejante en
todos sus cultivadores, sometidos voluntariamente a determinados
cánones aparece años más tarde con la
publicación de los primeros artículos de Mesonero
Romanos, Estébanez Calderón y Larra»
. Para
el citado crítico lo mejor de Miñano se encuentra en
el Cuadro comparativo entre la España de hace sesenta
años y la actual, publicado en la Revista
Enciclopédica de la Civilización Europea,
París, 1843.
46
Autora que insiste en la beligerancia política de Miñano y en el carácter dieciochesco de sus Cartas, pues el presente recurso narrativo -creación de corresponsales ficticios- guarda estrecho paralelismo con el precedente inmediato de las Cartas Marruecas de Cadalso.
47
Cánovas del
Castillo dice al respecto: «Así
como con razón reivindicó la suya El Curioso
Parlante sobre el autor de las Cartas de un Pobrecito
Hablador, don Mariano José de Larra, lícito ha
de serme establecer a mí la prioridad de Estébanez
sobre uno y otro, empresa trivial de puro llana. El primer
artículo de los que formaron luego las Escenas
Matritenses no vio la luz hasta el 12 de enero de 1832,
según confesaba su propio autor, y habían deleitado
ya por entonces en Madrid, a las personas de gusto, dando de un
golpe a Estébanez reputación de ingeniosísimo
escritor de costumbres Pulpete y Balbeja, Los
filósofos en el figón y Las excelencias de
Madrid, artículos que todos reputan por los mejores que
encierran las Escenas Andaluzas. No, no hay que dudarlo:
hasta el firmar con un pseudónimo lo imitó Mesonero
ya de Estébanez, y a éste, no a él, se debe la
introducción, renovación o
creación»
, op. cit.,
p. 138.
48
El citado
crítico censura el programa costumbrista establecido por
Mesonero para el análisis y descripción de la
sociedad española. No menos condescendiente es con el
propósito moralizante que subyace en sus artículos.
Para Montesinos, Mesonero será un hombre «ramplón que escribe libros con
propósitos de maestro de escuela (...), éste nunca
fue joven, siempre tuvo un gusto de ranciedad
desagradable»
, op. cit.,
p. 56. Más adelante salva
del fuego escasas páginas: «Por
fortuna hay páginas suyas que, si no por la agilidad y el
nervio, se salvan por un fuerte sabor de época y por cierta
gracia zumbona de vejez sana, aunque escritas a veces en la
juventud»
, ibid., p. 56. No sabemos a qué obras se
refiere Montesinos, pues tanto su corpus costumbrista inserto en el
Panorama como en las Escenas son más bien
obras de juventud que de plena madurez literaria.
En páginas
posteriores lo tratará con no menos dureza, especialmente en
la comparación establecida entre el escritor costumbrista y
Galdós: «Las mejores
descripciones de Galdós, a quien tantas veces hay que citar
en conexión con Mesoneros, sobre todo cuando de defectos se
trata»
o entre Larra y el propio Mesonero: «Lo que no consigue nunca Mesonero es el nervio
y la gracia de la prosa de Fígaro; ello es
sobremanera sensible en los artículos en que uno y otro
trataron el mismo tema»
, ibid.,
pp. 71-72.
49
Ibid., p. 22. Si Montesinos hubiera reparado en las Memorias de un setentón, sus juicios al respecto serían bien distintos.
50
Cfr. H. Ch. Berkowitz, «Galdós and Mesonero Romanos», Hispanic Review, XXX (1932), pp. 201-205; José F. Montesinos, Costumbrismo y novela, op. cit., pp. 12-18 y 41-47; E. Correa Calderón, «El costumbrismo, germen de la novela realista», en op. cit., pp. XLVI-LI; Stephen Miller, «Mesonero Romanos y la novela moderna en España», Ínsula, núm. 407, octubre de 1980; L. Romero Tobar, «Mesonero Romanos: entre costumbrismo y novela», art. cit., pp. 253-259; Russell P. Sebold, «Comedia clásica y novela moderna en las Escenas Matritenses de Mesonero Romanos», apartado "Hacia la novela pura", art. cit., pp. 360-377; Carlos Seco, Estudio Preliminar a las Obras de Ramón de Mesonero Romanos, capítulo «Mesonero y la novela realista: Galdós, discípulo y maestro», Madrid, BAE, 1967, vol. I, pp. XCII-XCV; E. Rubio Cremades, «El costumbrismo como documentación novelesca en Fortunata y Jacinta», en Galdós, en el centenario de «Fortunata y Jacinta», op. cit., pp. 103-110; M.ª Pilar Palomo, «Galdós y Mesonero (Una vez más. Costumbrismo y novela)», ibid., pp. 217-238 y M.ª de los Ángeles Ayala, «Galdós y Mesonero Romanos», ibid., pp. 121-127.