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«Adiós Madrid», La Publicidad, 13-VIII-1882.
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No cabe duda de que al marcharse para Zaragoza, tiene ya Leopoldo Alas la clara idea de que será un mero paréntesis entre Madrid y Oviedo, y en Zaragoza no llegará a instalarse de veras. Sobre la imagen de Madrid antes de 1871 en las representaciones de L. Alas a través de la asidua lectura de la prensa de la Corte (El Cascabel, El Gil Blas, etc.), remito a mi estudio titulado «Leopoldo Alas y Ureña sentado es niño para escribir», Leopoldo Alas «Clarín». Actas del Simposio Internacional (abril 2001), ed. Antonio Vilanova y Adolfo Sotelo. Barcelona: Universidad, 2002.
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Asturias, es decir: Oviedo, Carreño (Guimarán y Candás), por supuesto, pero también Avilés («la risueña villa donde todas las muchachas son bonitas»), Gijón (a donde iba Juan Ruiz a «remojarse») y los distintos lugares donde se celebran romerías y fiestas...
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Cuando escribe para la Revista de Asturias (antes colaboró en El Eco de Asturias, en el número del 15-III-1875 con una reseña de La última noche, drama de D. José Echegaray) es cuando más se acuerda de Asturias, comparando profesional pero tal vez también sinceramente Madrid con Asturias... y en la Revista de Asturias es donde publica la mayor parte de sus poemas...
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Mientras no se disponga de colecciones completas y asequibles de la prensa asturiana, como por ejemplo El Carbayón (en cuyos Almanaques publica Clarín algunos textos, como en 1881) o El Eco de Asturias donde dice Posada (1946, 161) que colaboró anónimamente Leopoldo Alas, resulta difícil hacerse una idea exacta y definitiva de sus colaboraciones asturianas.
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De los 131 meses comprendidos en estas fechas, calculo que estuvo Leopoldo Alas en Asturias 43.
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Incluso teniendo en cuenta los posibles resultados de una rebusca por la prensa ovetense de los años 1878 y siguientes de los escritos de Clarín, muchos no firmados, según Posada (1946, 160), la materia asturiana resulta más bien escasa, ya que de los 900 artículos publicados entre 1875 y 1882 no llegan a cien los que, de una forma u otra, pueden relacionarse con Asturias.
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O sea: desde el principio del año universitario (pero también de la temporada teatral, de octubre a marzo (antes de Semana Santa inclusive), hasta el final, incluso, pues, las fiestas navideñas motivo para evocaciones nostálgicas de Asturias (cf., por ejemplo, «Misa del gallo» (El Solfeo, 28 XII-1875; Preludios, 38-40) o el poema «Nochebuena» (El Huracán. Almanaque diabólico para el año 1877, p. 203, apud Valis (1991, 195-205).
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Así, por ejemplo, durante el primer semestre de 1878 y el primer semestre de 1879 está en Oviedo. En octubre de 1877 está en Madrid para preparar su discurso doctoral pero antes del 19-XII-1877 ya está en Oviedo. El 5-VII-1878 está en Madrid con «el pie ya en el estribo». En 1879, antes del 15-I y después del 5, está en Oviedo. En 1882, para preparar oposiciones o para estar con Onofre, está en Oviedo a partir del 1-II-1882 hasta abril y, luego, vuelve a Madrid para participar, el 19-IV, en los debates sobre el naturalismo y ver, antes del 16-V, a Sarah Bernhardt...
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Según el autor de unos versos publicados en el Boletín de la Liga de (contribuyentes de) Oviedo (6-X-1880), «Los Torenos, los Pidales/ Los de Sexto y los Vallín/ Quieren llevar por los aires/ nuestro gran ferrocarril./ Mr. Dononcín, cin, cin, cin/ Mr. Dononcín, cin, cin, cin,/ Te vencemos esta vez/ Mr. Dononcín, etc./ Las pendientes no has de ver/ Mr. Dononcín, etc.».