Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice
Abajo

Cinco poesías inéditas de José Mármol

Jimena Sáenz





Al cumplirse cien años de la muerte de José Mármol, ocurrida en Buenos Aires el 9 de agosto de 1871, parece oportuno presentar cinco poemas inéditos del autor de Amalia. Estas páginas han llegado a mi poder gracias a la atención del doctor Carlos Tavares, en cuyo archivo se encuentran. El doctor Tavares es sobrino tataranieto del poeta; las composiciones fueron conservadas por una hermana de este, Emilia Mármol de Lasserre; pasaron a su hijo el comodoro Augusto Lasserre Mármol, fundador de Ushuaia; luego a su hija única, Ana María Lasserre Mármol de Querencio y por último a la madre del coleccionista, Lía Esther Querencio Lasserre de Tavares. Su hijo Carlos Tavares es el actual propietario.

Las poesías, en perfecto estado de conservación, son las siguientes:

  • «Delirio». A Elvira. Buenos Aires, 9 de agosto de 1840. Ocho folios de 15 cm por 19 cm.
  • «Fantasía», Mercedes, 19 de diciembre de 1840. Ocho folios de 15 por 19 cm.
  • «Mi Fantasía». Montevideo, marzo de 1841. Diez folios de 15 por 19 cm.
  • «La Juventud». Montevideo, 21 de junio de 1841. Dos folios de 15 por 19 cm.
  • «Unos y Otros». Montevideo, 7 de agosto de 1841. Seis folios de 15 por 19 cm.

La tercera de ellas, «Mi Fantasía», dedicada a Juan María Gutiérrez, es de puño y letra del autor. Las otras cuatro -quizás obra de un copista-, tienen correcciones autógrafas de Mármol y dos de las fechas finales también parecen de su escritura. Pero todas ellas coinciden con el estilo romántico de los primeros versos del poeta.

La que se titula «Delirio». A Elvira, lleva una fecha interesante: «B. Ay. Agosto 9/840». Escrita en Buenos Aires durante el año del «terror», mientras los unitarios de la ciudad esperan al parecer próxima llegada de Lavalle, quien desembarca en Baradero el 5 de agosto de 1840, es, sin embargo, una poesía de amor, desligada totalmente de los acontecimientos bélicos. Es lo que corresponde al exaltado corazón del joven Mármol y curiosamente la fecha coincide con el día de su muerte, treinta y un años más tarde.

La segunda «Fantasía», escrita en Mercedes (Uruguay), donde el padre del poeta tenía un campo, es una especie de boceto de tragedia y su argumento se asemeja al de El Cruzado, drama que Mármol estrenara al año siguiente en Montevideo. Recién expatriado anota en su diario el 29 de noviembre de 1840, diez días después de su llegada a la Banda Oriental: «Es probable que parta mañana para la Colonia. Si no me arrastrara el compromiso para mí tan sagrado de pasar a Mercedes me quedaría aquí -puedo decir que tengo hoy el porvenir en mis manos- de la novedad siempre se puede sacar un gran partido -mis versos meten ruido- mi nombre se divulga y se disputan los hombres mi amistad».

En Mercedes no sólo escribe esta poesía sino otra: «Una tarde en el Dacá», publicada por Arrieta, fechada en enero de 1841 y casi contemporánea del primer canto «A Rosas el 25 de Mayo de 1841», que obtuvo tan gran éxito en el certamen montevideano celebrado en el teatro Coliseo.

Sobre «Mi Fantasía» Arrieta anota que este poema se encuentra en el Archivo Gutiérrez acompañado del siguiente comentario.

«Al Sr. Don Juan M.ª Gutiérrez

Presente de Amistad

Janeiro - Feb./845.

Vuelvo a leer estos versos después de cuatro años y o bien era yo el año 41 un loco ignorante o soy ahora un cuerdo sabio. Me han hecho el efecto que siente el hombre a los 30 años, volviendo a ver a una mujer fea a quien amó a los 15 y se pregunta a sí mismo: ¿dónde tenía los ojos entonces?.- Mármol».



Arrieta supone que esta composición y tal vez otras que le enviara a Gutiérrez -quien preparaba su América poética en Valparaíso- son las que dan lugar a esta afirmación del autor de Amalia en su carta a Gutiérrez del 26 de marzo de 1846...: «Fuera de ello, no me publique nada de esos mamarrachos que hice antes» (Rafael Alberto Arrieta: José Mármol, Poesías completas, Buenos Aires, Academia Argentina de Letras, 1946-1947, vol. II, XV).

Todas las poesías inéditas que se presentan ahora pertenecen a aquel primer período de la obra de José Mármol, pues están fechadas en el término de un año, entre el 9 de agosto de 1840 en Buenos Aires y el 7 de agosto del año siguiente en Montevideo.

El interés de estas composiciones reside -aparte de su carácter inédito- en que muestran los primeros ejercicios literarios de quien llegaría a ser el máximo poeta de la proscripción. Por eso su publicación en el Boletín de la Academia Argentina de Letras resultará, al mismo tiempo que un homenaje en el centenario de Mármol, un útil aporte para los investigadores.








Delirio


A Elvira

   Hermana: Amiga: mi adorada Elvira
Un momento; por Dios; un solo instante,
Ven á calmar de tu infeliz amante
El infierno ó volcán en que respira
      El ardiente veneno
Que agrio del alma se desliza al seno.


   Ven por piedad. El diente rudo
Del acerbo dolor me rasga y mata:
Hoy es un día de aquellos que rebate
El infierno mi calma, y el sacro nudo
      De mi espíritu y Dios
Se rompe y oigo dese infierno la voz.


   Que como rayos recorren rebullendo
Mil ideas de muerte el Pensamiento.
Que el corazón rebelde al sufrimiento
Maldice hasta mis lágrimas, rugiendo
      Y cual soberbia roca
Ríe a la tempestad y la provoca.


   Que de una en otra fibra correr siento
Un líquido de fuego por mi frente;
Y cual un cráter de volcán ardiente
Mi boca arroja quemador aliento:
      Que aborrezco a la tierra
Y cuanto el orbe en su extensión encierra.


   Que yo mismo rebelde me aborrezco
Que... ¿No te acuerdas mi bien?...
Mil de estos días a tu lado también
Sintió tu amante; mas se huían presto...
      Tú eras el Ángel bueno
Que me tornaba del Eterno al seno...


En mi empanada frente divisabas
Cuanto mi ser en su interior sufría
Imprimiendo en tus manos a la mía
Sin desplegar tus labios me llevabas
      Al sentir de tu canto
El mágico poder que atraía el llanto.


   Tu leve mano del marfil hería
Los más suaves suspiros; los que apenas
Exhalaran amores, y a mis penas
Tocaran suavemente en su armonía...
      Cual de un ángel tu acento
Un himno al padecer mezclaba al viento.


   Cual lumbre sin sustento que se acaba
Mi Espíritu sentía en presta huida,
Y helándose mi sangre, cual si[n] vida
Sobre tu virgen pecho me inclinaba,
      Semejante al que muere
Y el sacerdote santo sostuviere.


   Tu corazón sentía... El lúgubre sonido
De más en más mi espíritu animaba,
Cual de una nueva vida se exhalaba
Un suspiro por tu alma recogido...
      Una gota ligera
Tu cuello de alabastro humedeciera.


¡Ay! cesabas tu canto, y suspendiendo
Mi débil cuerpo entre tus brazos bellos
Mil y mil besos con el alma en ellos
En mis labios sellabas... confundiendo
      Con el néctar fecundo
Tu Elvira te idolatra -burla el mundo.


¡Ángel consolador! ¿dónde te has ido?
¿Dónde te busco di? ¿Dónde el que expira;
Tu amante, dónde a su adorada Elvira
Irá a buscar con el dolor herido?...
      En la tumba en el cielo?
Dime dónde te escondes y allá vuelo...


   Todo es noche sin ti; todo desvío
Triste grano de polvo en mundo extraño.
Mi corazón en su volcán tamaño
Quisiera amarlo todo, y todo es frío:
      En ti sola se siente
Ese amor o fantasma de mi mente.


   En ti, mujer, sublime, poesía,
Ángel o lo que seas; en ti existe
Ese fuego creador que en mí encendiste;
Fuego que entre su llama consumía
      De la fatal fortuna
El negro sello que estampó en mi cuna.


   Fuego de amor, de vida ... ven mi Elvira...
¡Eh! qué importa que orgullosa mano
De mí te aleje con rigor insano...
Tu Dios, tu mundo, tu universo mira
      En la pasión violenta
Que a Dios, al mundo, al universo alienta.


La vida es puro amor, amor los cielos.
Cuando Dios en sus manos contemplaba
El ser primero que a la tierra daba.
Le dijo y lo lanzó «Allá en los suelos
      Mi espíritu te inflama
Antítesis sombrío -Sufre y ama».


   Si te llamo, mi bien, cuando han volado
Dos años o dos siglos, sin mirarte
No es sólo por de nuevo contemplarte
Porque hay algo a mi espíritu robado
      Porque sufre tu pecho
De llanto amargo y de dolor deshecho.


   Rodeada de mortales si te viera
Que perfumaran con su amor tu vida
Yo me riera mi bien; jamás herida
Por los vulgares celos mi alma fuera
      Un corazón quisiste
Lo hubo, su molde entre sí mismo viste.


   Mientras el hado nos separe ingrato
Mi nombre en tu alma vagará constante
Querrás hallar de tu infeliz amante
Acaso en algún ser débil retrato.
      Mas, ¡ay! a tu alma -una-
La mía y nada más. Ella o ninguna.


   Y en los alientos de mi sueño o llanto
De esta tormenta, exhalación perdida
O muerte o lo que tengo y llaman vida
Cual talismán de calma o poder santo
      Entre risa o lamentos
La voz ¡Elvira! llevarán los vientos.

Bs. Ay., Agosto 9/840.




Fantasía

   Y abrazados
A sus almas confundieron
En sus labios que sintieron
      Deleitados.


I

-¡Adiós! Silencio y cautela...
Si el cielo por todos vela,
El infierno le hace guerra
Y la ventura destierra
Cuando el cielo nos la da...
Teme a tu esposo, él está
Más que nunca envanecido,
Y de venganzas nutrido
más venganzas ansiará...
Bien lo sabes, ni la sangre...

-Bien lo sé, su fanatismo
Lo arrebata de sí mismo...
No temas; tiemblo y le temo,
Lo conozco y al extremo
Puede llegar si supiera...

-Oh, Dios! Mirad cual hoguera
Resplandece el firmamento...
Suena el trueno -brama el viento...
Es la noche una visión.
Ya la lluvia se aproxima
Y el relámpago ilumina
Todo cuanto nos rodea...
Id por Dios que no se os vea...
Yo me ausento... Elisa. ¡Adiós!

-No; que mi alma va con vos.


II

Él se fue; y el pie ligero
Una joven deslizaba
Por la senda del jardín...
El orbe todo temblaba
Pues en todo presagiaba
Que ese ruido que escuchaba
Era su instante postrero,
Que el infierno en gozo fiero
Celebraba en un festín.

De repente la oprime una mano.
Tiembla Elisa, y al ver su tirano
Lanza un grito y procura fugar.

-No te irás perjura, no,
Si él se escapa a mi venganza
Hasta ti mi brazo alcanza
Yo te lo prometo... yo...
Dilo pronto... di ¡quién era!
Quién el que contigo aquí
Pasarle el pecho debí
Si tan villano no huyera.

Quien? ¡vive el cielo! mi nombre
Viviendo yo ser deshecho
Y tal vez hasta en mi lecho
Profanado por un hombre!!!
Por un hombre! Y tú perjura,
Tú en sus brazos mancillando...
Al que vive se guardando...
Cual cristal o lumbre pura?

¿Tú de otro hombre?... maldición!!
Vi a un relámpago su manto,
De rebelde es todo cuanto
Viste y lleva su visión...

Y un rebelde mi rival?
Al infierno lo conjuro...
Por el Rey Carlos le juro
No escapar a mi puñal.

Y después aun palpitando
Su rasgado corazón
Has de apagar tu pasión
Su infame sangre tragando.

-Monstruo horrible del infierno
Calla o rasga entre mi pecho
Un corazón que tú has hecho
Bronce duro siendo tierno!!!
Rómpelo pues te aborrece...
Ese rayo que aparece
No hace más mal a la tierra
Que cuanto tu pecho encierra
Y pestilente tu boca
Lanza a torrentes, y toca
Con su aliento destructor...
Tus palabras son puñales
Que me ultiman infernales;
Ese que traés en el cinto
Préstamelo, por favor,
Y verás que al punto tinto
Te lo volveré, impostor.

-Y así burlas mi furor...
Debes morir a mi mano
Y en vez de implorar favor
Quieres más tu fin cercano,
¿O pretendes con su muerte
Darle vida a quien tu suerte
Ha convertido en umbría
Siendo más clara que el día.

Incauta, aleve, perjura,
No acrecientes la amargura
De tu destino fatal.
Puedo elevar mi puñal
Sobre tu pecho, y cercano
De herir; suspende mi mano
Con que nombres mi rival.
Habla -quien era... reviento.

-Quien hasta su nombre el viento
Tiene miedo de escuchar
Quien su espada al desvainar
Hace doblar la rodilla
De los que al pie de su silla
Tienen Marqueses y Condes,
Y a quien tú, Duque, que escondes
Tanto orgullo entre tu seno
Nunca podrás ver sereno
Sin...
-Infame, de rodillas,
Que tu muerte se acercó.

Y prendido del rubio cabello
La mecía con ira brutal.

-De rodillas... nómbralo
Y antes de lucir el día
Juntos en la tumba fría
Esta mi mano os pondrá
Nómbralo y...

-Él buscará
En los cielos a su Elisa...
Mas antes con fiera risa
Clave en tu pecho un puñal...

-Su puñal? Antes el mío...

Y a sus plantas tendida, en su pecho
Por tres veces clavó su puñal...

-Oye Su nombre, tirano...
Era mi Padre... y tu hermano.

Mercedes, 19 de Diciembre de 840.




Mi Fantasía


A don Juan María Gutiérrez


   Mujer, ángel, poesía,
Sombra, sueño, fantasía,
Que mi mente
En los Aires y en el Cielo
En los mares y en el suelo
Te vi ardiente.

   Dónde estás? ¡Mas, oh, qué digo!
Por qué me embriago contigo?
La Ambrosía
Cuyo deleite a los Cielos
De los ángeles en vuelos
Me subía;

   Si apenas la hube probado,
Como á horrendo condenado
Del Eterno,
Desde los Cielos me lanza
Brazo lleno de pujanza
Al infierno...?

Por qué no viste primero
Que hay un sello lastimero
En mi frente
Que arrugándola sombría
Deja al Genio que me guía
Transparente.

   Que está amarilla mi mano
Porque la oprime inhumano
Un destino
Que con burla, saña y risa,
Del dolor me lleva a prisa
En el camino...?

Que marchitas divagando,
Mis miradas van buscando
Una huella
Donde no mire al infierno
Y ocultarme sempiterno
Pueda en ella

   Donde no mire a mi lado
Forma, Demonio inflamado
Que exhalando
Su pestífera humareda
Va á mi vida entre su esfera
Sofocando.

   Donde no mire á mi lado
Un fantasma descarnado,
Que con saña
Como el pensar á la vida,
Como el dolor a la herida
Me acompaña.

   Y que cuando más opreso
Mi pecho siente al exceso
La amargura;
Siento á mi lado un suspiro
Vuelvo mis ojos y miro
Su figura...!

   Y que cuando más la copa
Mi lívido labio toca
De ventura;
Siento me están apretando
Me fijo y veo, temblando,
Su figura...!

   Y que cuando mas cautiva
Del festín mi risa esquiva
La locura;
Entre la risa y bullicio
Veo alzarse cual suplicio
Su figura...!

   Y que cuando mas pretendo
Del porvenir estar viendo
Lumbre pura;
Allí contemplo enlutada
Trayendo en su frente -«nada»
Su figura...!

   Y entre llanto y entre gozo
Y en el festín y el reposo
Va un clamor
Para mí solo lanzando
Y que yo escucho temblando
De pavor.

   Que en el llanto y en el gozo
Y en el festín y reposo:
«Ven, me dice, criatura,
Que esa esencia de ventura
Que has buscado delirando

No se exhala para ti;
Y esa vida que llorando
La vas, terco, conservando
Crélo, crélo, no es de ahí...!!

   No es de ahí? ¡O, y qué cierto!
A mi Espíritu o destino,
Qué es el mundo en que camino
Sino un árido desierto...!

   Mi corazón que ha encontrado
Cuando de amor encendido
Gloria y amor ha buscado
Sino un hielo endurecido...!

   Que ha visto mi Pensamiento
Cuando penetró violento
De lo grande en el arcano
Sino siempre un mundo vano...!

   La Sociedad que me ha dado
Cuando le mostré en su seno
Que tenía el mío bueno,
De amor por ella inflamado...!

Que me ha dado! Desengaños;
Y unas leyes que rompieron
Las cadenas que debieron
Al amor ligar mis años...!

   Y si ya ni una lazada
A mi Espíritu ceñía
Con el mundo do ignorada
Le fué siempre la alegría;

Por que, mujer, convertiste
En volcanes mis pasiones;
Y en vez de amor me pusiste
Del frenesí las prisiones...?

   Por que me enseñaste un mundo
Lleno de Gloria y bonanza,
Y un corazón en mi pecho
Lleno de amor y esperanza...?

Por que, mujer, me enseñaste
Que felicidad existe
Si cuando en ella me viste,
¡Maldicion! me la robaste!!!!

   Mas, ay! deliro, ¡mi Elvira!
El que solo en ti respira
Blasfemo al Cielo en mi voz...
Se atreve á culpar tu amor...?
Culparte á ti? ¡O, que horror!
A tí Suspiro de Dios.

   A tí, mi esposa, mi estrella
Que supo la negra huella
De mi destino alumbrar;
A tí, mi amiga, mi flor
Que supo en ámbar de amor
A mi Espíritu embriagar...?

   A tí, que contra mi seno,
Cual la esperanza y la vida,
Te quisiera ver unida
Una Eternidad, mi bien;
Y del mismo fuego lleno
Que otra vez, verte temblando
En mis brazos y exhalando
En vez de aliento volcán.

   Y cual otra vez, mil años
Tu boca á la mía unir
Y á nuestras almas pasando
De un Cuerpo al otro Sentir...!

   A tí, que ni la distancia,
Ni del tiempo la arrogancia,
Ni del dolor la constancia
Te separan de mi mente,
Donde estás resplandeciente
Como el Sol en su brillar.

A tí, que en la flor que crece,
En la estrella que aparece,
En cuanto bello se ofrece
Con su Sello divinal,
Cual en un terso cristal
Te contemplo reflejar...!

   A tí, que en vela y en sueño
En un delicioso ensueño
Con los ángeles me tienes;
Y del Mundo los vaivenes,
O sus premios ó desdenes
Sombras hacen para mí;
Y suspiro, pienso, vivo,
Solo, errante, fugitivo,
Por volver, mujer, á tí...!

   Y te he culpado? ¡Ángel mío!
Perdona... Mi genio impío
Me separó de tu lado
Y mi Espíritu enlutado
De más negro se cubrió!

   Y esa fantasma sombría
Que me sigue noche y día
Sin huir por compasión;
No es más que mi fantasía,
Que del infierno las llamas
Guarda y quema mi razón...

Montevideo, marzo de 841.




La juventud


   No miráis,? no miráis? se semeja
A la faja de chispas luciente
Que en la linfa de un rio refleja
Cuando asoma la luna en oriente.
Y que a par de la luna en la Esfera
Todas van tremulantes y bellas
Sin temor ni recuerdo siquiera
De la sombra que viene tras ellas.
No miráis? Es el hombre que tiene
En el pecho la vida encerrada,
Y la tierra sagaz lo entretiene
Con su bella corteza dorada.
Ah, sí, sí, juventud, que cautiven
Vuestro pecho los goces del mundo:
Vuestros labios á trágos que liben
Dela vida el deleyte fecundo.
Y que riendo, y cantando, y bebiendo,
Y de lujo y placeres hastiada:
Con deleytes soñando y viviendo
Os paséis á otra edad embriagada.
Mas las rápidas alas que agitas
No suspendas, por Dios, un instante
Empujad cuanto esté por delante
Dela senda de flores que habitas.
Carcajadas, y burlas resuenen
Si un mendigo su pan os pidiere:
Carcajádas y burlas retruenen
Por la estancia del hombre que muere.
No por Dios meditéis un momento
Si la tierra, la vida y lo ideal
No queréis que se os cambie violento
En sarcasmo irrisorio del mal.

Montevideo, 21 de junio de 1841.




Unos y otros


   Hay hombres que con la vida
Reciben un Paraíso:
Vida que trae escondida
En cada fibra un hechizo.
Los días pasan por ellos
Como brisas por las flores
Que mecen sus globos bellos
Sin ofender sus colores.

Sin saber de donde vienen,
Ni porque se les destinan,
A miles deleytes tienen
Y entre deleytes caminan.
Y, vive Dios, que hay algunos
Que tantos placeres beben,
Que ya les son importunos
Y fatigados se mueven.

   Los vendavales violentos
Que conmueven a gigantes,
¡Benditos seres! contentos
Los miran pasar distantes.
Y sin pensar en el mundo
El mundo es siempre con ellos
Festín eterno y fecundo
De los momentos más bellos.


II

   Hay hombres que con la vida
Traen el germen delas penas
O una ponzoña escondida
Rebullendo entre las venas
Que sus días van pasando
Como las olas del mar:
Siempre amargas y rodando
Contra el duro pedernal.

   Desde que pasan la infancia
Ya son bajeles perdidos
Que luchan con la arrogancia
De mares embravecidos.
Ya son lampo al descubierto
Que por el viento agitado,
Ya nos parece desierto,
Ya nos parece inflamado.

   Pasan las horas, y en ellas,
Realidades y visiones;
Todas son penas que huellas
Dejan en sus corazones.
Libertad, Patria, Querida,
Gloria, Virtudes, Saber,
Lo más hermoso en la vida
Es para ellos, padecer.

   Y si prueban algún día
Leve gota de ventura,
Esa gota es profecía
De torrentes de amargura.
Que en ellos como la brisa
La felicidad los toca,
Para robar la sonrisa
Que acaso guarde su boca.

   Pues para mayor penar
Les hace Dios comprender,
Que puede el hombre trocar
En dulzor su padecer.
Mas consumida la miel
Seco el labio empalidece,
Y entonces es que la hiel
más amarga les parece.

Yo respeto tus arcanos,
Hombre que abriendo tus manos
Derramaste como granos
Mundos en el firmamento,
Pero tambien soy tu hechura,
Y otros prueban la ventura
Y yo pruebo el sufrimiento.

Montevideo, Agosto 7, 1841.



Indice