21
Fick, Bárbara W., El libro de viajes en la España medieval, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1976, p. 44.
22
Carrizo Rueda, Sofía M., Poética del relato de viajes, Kassel, Reichenberger, 1997, p. 28.
23
Gannier, O., ob. cit., p. 5. La autora intenta combinar lo documental con lo subjetivo (se trata de un informe pero dentro de una escritura subjetiva; el informe es con frecuencia posterior a un viaje... que se suele presentar como efectivamente realizado) e introduce en su corpus novelas y otros textos ficcionales, pero el estudio concreto se basa esencialmente en relatos de tipo referencial.
24
López de Mariscal, Blanca, Relatos y relaciones de Viaje al Nuevo Mundo en el siglo XVI, Madrid, Polifemo, 2004, p. 28.
25
La nueva situación podría sintetizarse en los puntos siguientes: el Descubrimiento traslada el centro de interés del viajero desde Asia hacia el nuevo continente, el relato ya no va a privilegiar la exploración sino más bien la conquista, la actitud del relator pasa del maravillarse al intento de racionalizar lo observado; finalmente, el desarrollo de la imprenta va a divulgar el relato viajero hasta ámbitos (sociales y geográficos) no imaginados un siglo antes. Ver sobre este punto el libro citado de López de Mariscal, sobre todo, pp. 83 y 130-131.
26
Salcines de Delás, Diana, La literatura de viajes, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2001, pp. 13-14.
27
Baste indicar aquí el estudio clásico de Raymond Trousson, cuyo subtítulo (título en el original francés) ya es revelador: Historia de la literatura utópica. Viajes a países inexistentes, Barcelona, Península, 1995.
28
Richard, Jean, Les récits de voyages et de pèlerinages, Turnhout (Bélgica), Brepols, 1981, pp. 15-36.
29
Ruiz-Doménec, J. E., «El viaje y sus modos», Viajes y viajeros en la España medieval. Actas del V Curso de Cultura Medieval, celebrado en Aguilar de Campoo (Palencia), Madrid, Polifemo, 1997, sobre todo, pp. 86-87.
30
La distinción entre viajero voluntario e involuntario (por orden ajena) es el criterio utilizado en la tipología presentada por Pedro Chalmeta («El viajero musulmán», ibid., pp. 101-102), que ofrece la ventaja de la simplicidad, aunque luego las subcategorías revelan la multiplicidad que oculta cada uno de los dos tipos (por ejemplo, en el segundo caben diplomáticos, prisioneros, servidores, esclavos, exiliados, emigrantes, etc.).