1
Véase el «Extracto del periódico publicado en Madrid, titulado Atalaya de La Mancha», el 12 de mayo de 1814.
2
Las rentas de la Corona no se componen de ningún modo de solo impuestos, y en España menos que en otra parte. Pero conviene sobre todo a las Cortes el declamar contra los impuestos, mientras que su Constitución no pone límites algunos a los que ellas podrán cargar para subvenir a los gastos que tengan a bien decretar.
3
Los señores liberales no se cuidan de ser turbados, ni aun con remordimientos, en sus placeres, que consisten en matar, en despojar a los ciudadanos, en destronar a los reyes, en trastornar todas las relaciones sociales &c. &c.
4
De ociosa se acusa a la condición más penosa y más laboriosa de la sociedad, la que pide más sacrificios y esfuerzos. ¡Extraña ociosidad la que sola instruye a la juventud, cuida de los enfermos, consuela en todas partes al pobre y al desgraciado, y se encarga de servir a todos los hombres!
5
Estos regimientos son las milicias nacionales.
6
Se sabe que el lenguaje de los liberales se llama superstición a toda religión; es decir, a toda creencia de un poder y de una ley superior.
7
El hombre libre, en el sentido de la secta, es aquel que no reconoce ninguna superioridad política ni religiosa, y que por consecuencia se cree el mismo Rey y soberano Pontífice. Los hermanos y amigos se reconocen en estos términos. En los mismos han sido las escuelas filantrópicas en Alemania el plantel de los hombres libres; y así también hemos visto en Francia el diario de los hombres libres. Las palabras liberal e independiente significan la misma cosa en el estilo moderno.
8
Se ha querido decir 1812, es yerro de imprenta, pero de un género menos grato.
9
En el día que una facción militar y liberal ha forzado al Rey a dar su sanción a este [...]9.1.
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| 9.1 |
[Ilegible en el original. (N. del E.)] |
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Este hecho fue reconocido en 1814 aun por las gacetas liberales; luego dígasenos cuál es el resto de la Nación, exceptuando las cinco clases que acabamos de nombrar, o bien se las querrá mirar como no haciendo parte en ella. Éste es sin duda el secreto de la secta: todos los que no profesan los principios revolucionarios, que reconocen todavía a un Dios en el cielo, y a un superior sobre la Tierra, no pertenecen a lo que ella llama pueblo, y en su lenguaje no merecen ni aun el nombre de hombres.