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ArribaAbajo Los libros de animales de Hanna Johansen

Amalia Bermejo22


Al hablar de libros de animales -historias de animales, cuentos de animales-, generalmente imaginamos algo muy diferente a los libros de Hanna Johansen, una autora suiza, nacida en Bremen (Alemania) y candidata al Premio Andersen en la pasada convocatoria. No es que escriba exclusivamente historias de animales. Escribe también para adultos y trata otros temas en sus libros juveniles o infantiles. Pero en España no se han publicado más que una buena parte de sus libros para niños, los protagonizados por animales. Quizá la razón sea la estrecha colaboración con una ilustradora, Käthi Bhend, cuyos minuciosos y logrados grabados llaman poderosamente la atención, al tiempo que trasmiten fielmente el espíritu de la autora.

Los animales de Hanna Johansen no están humanizados, aunque hablan y sienten, porque hablan y sienten como animales. Al menos el lector queda convencido de que si los animales hablasen, lo harían así.

Érase una vez dos osos (Espasa-Calpe, 1984) cuenta con suma sencillez la historia de dos osos desde sus primeras semanas de vida hasta que se separan uno de otro y de su madre. El título original es más expresivo (Hermano oso, hermana osa) y las excelentes ilustraciones de Käthi Bhend, permiten ya al primer vistazo «leer» el libro. El breve texto subraya y completa lo que ya ha entrado por los ojos, en uno de los casos más patentes de trabajo sintonizado entre escritor e ilustrador.

Sus Tres cuentos de pájaros y los Cuentos de lirones, en los que firmaba como Hanna Muschg, (Espasa-Calpe, 1987), muy breves, juguetones, ingenuos o maliciosos colocan a los pájaros, en el primer título, entre hombres, niños   —34→   y gatos; los cuentos de lirones pierden gran parte de su gracia ante una imposible traducción, ya que todo el libro es un constante juego con el número siete (Sieben), parte integrante de la palabra lirón en alemán (Siebenschläfer).

Con Félix, Félix (Espasa-Calpe, 1989) la autora consigue una encantadora historia de gatos que es, al mismo tiempo, la historia de todos los gatos. Un año en la vida de un gato doméstico, Felis (ese es el nombre en el idioma original y debería haberse conservado, por su referencia a la especie), contado con detalle, con un profundo conocimiento del comportamiento animal y un gran respeto por sus peculiaridades. Es capaz de describir con gran sensibilidad todas las fases de la vida de Felis, sin caer nunca en el sentimentalismo. Ilustrado también por Käthi Bhend, el libro hará las delicias de cualquier amigo de los gatos -no sólo de los niños, ya que es un regalo para la vista-, pues aporta datos interesantes sobre la especie gatuna y hasta «traduce» con una gracia especial el miau del animalito, decepcionado al sentirse incomprendido por los humanos.

La historia del ganso que no era bastante rápido (Espasa-Calpe, 1990) da noticias minuciosas de las costumbres de los gansos desde antes de salir del huevo hasta la primera migración. Es, además, una moderna fábula que cuenta cómo el pequeño ganso, a pesar de su lentitud, salvó una vez a su manada de los tiros de los cazadores. El hecho pasó a los anales de la bandada, narrado de generación en generación, sirviendo de ejemplo a todo aquel que no nace o se desarrolla con la fuerza y la habilidad deseada. La autora logra incluso llegar al suspense en ciertos pasajes, lo que en una narración de apariencia amable y dedicada en gran medida a describir la vida de los animales es totalmente inusual.

¿Los dinosaurios existen? (Alfaguara, 1993) marca un paréntesis en las historias de animales de Hanna Johansen. Además de tratarse de un animal extinguido, en este caso es de pequeño tamaño -unos 60 cm-, lo que le permite convivir con un niño. Y también habla, pregunta e incordia a su dueño Zawinul, que no sabe ya si imagina o vive lo que está contando. Una historia escrita con fantasía e ingenio, pero muy alejada de sus anteriores libros. La diferencia se acrecienta con las ilustraciones originales de la propia autora, grabados en linoleum, sistema que también utiliza para ilustrar una de sus últimas obras, Ein maulwurf kommt immer allein (1994) -Un topo siempre se las   —35→   arregla solo-, todavía no publicada en España. En ella la autora vuelve a sus acostumbradas historias sobre la vida animal, en este caso la vida de un topo, más exactamente de una hembra. No es en apariencia una historia apasionante, nada parece extraordinario, pero el claro y minucioso relato está detallado con tal mimo y escrito con tanta vivacidad que engancha al lector desde un principio. Las breves rimas en cada capítulo, fragmentos de viejas y conocidas canciones infantiles, con textos renovados, son un motivo más para facilitar la

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Il. de Frank Ruprecht para Tres cuentos de pájaros, de Hanna Muschg (Madrid: Espasa-Calpe, 1987, p. 33).

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lectura en voz alta, a la que tan bien se prestan los libros de Hanna Johansen.

Acerca de la escritura para niños la autora dice:

Debería exigirse a las historias para niños mayor calidad en el texto, no menor, y no sólo porque lo que los niños leen influye en la imagen que se hacen de nuestro mundo, de los hombres y de sí mismos, sino también por algo mucho más simple (...), porque los niños tienen la maravillosa costumbre de leer una y otra vez el libro que les gusta (...). Cuando se desliza una idea innecesaria, cuando una frase no acaba de sonar bien o una palabra es inadecuada, quizá la primera vez no se aprecia. Pero al repetirse comienza inevitablemente a estorbar.23



Podría decirse que Hanna Johansen ha encontrado una fórmula diferente para escribir libros de animales; no es un cuento o una fábula, no es un libro informativo, es una mezcla de ambas cosas sin ser ninguna de ellas. Sus descripciones de la vida animal informan con el esmero y cuidado de los libros de naturalistas, hablan de una observación y un estudio rigurosos, pero trasmiten también vida, humor, acción, hacen participar a los lectores   —37→   en ese mundo cercano y desconocido para muchos de ellos.

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Il. de Käthi Bhend para Félix, Félix, de Hanna Johansen (Madrid: Espasa-Calpe, 1989).

Desde el punto de vista del traductor, los libros de Hanna Johansen son una sucesión de sensaciones, temores y satisfacciones. En principio se aparecen como una tarea fácil y agradable, rápida y gratificante. Esa es la impresión que produce la lectura de sus textos sencillos, musicales y expresivos. Y en efecto, el lenguaje no es complicado, pero desde las primeras frases traducidas uno piensa, «esto queda soso, anodino, no suena ni parecido, tengo que cambiarlo». Y ese cambio no se logra con esfuerzo, con nuevas palabras, con sinónimos. Se consigue con una nueva lectura, cuando se sonríe al «ver» al pequeño ganso durmiéndose dentro del huevo en vez de picotear la cáscara, al «oír» a Felis saludar a sus amos, tan torpes que sólo entienden miau. A lo largo del relato hay muchas ocasiones de sonreír y de admirar ese dominio del lenguaje que finalmente el traductor traslada a su idioma, quedándose con la duda de si habrá reflejado en buena parte la intención de la autora o la habrá traicionado. Un dominio que transmite al lector, junto con el conocimiento de las costumbres y el modo de vida de los animales, el respeto por su entorno, el hecho de la crueldad humana en ese mundo que tiraniza: las gallinas han de luchar   —38→   contra los hombres para conseguir un amplio corral (Tres cuentos de pájaros), Felis es sometido por sus amos a una castración para evitar que vuelva a escaparse, el pequeño ganso y su manada escapan a duras penas de los cazadores. Siempre está allí la idea de un mundo sano, diferente al nuestro, que debemos respetar y amar; está entre líneas, porque Hanna Johansen, por pedagógicos que sean sus libros, no da recetas ni consejos, escribe historias.

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Il. de Käthi Bhend para Historia del pequeño ganso que no era bastante rápido, de Hanna Johansen (Madrid: Espasa-Calpe, 1990).

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Il. de Hanna Johansen para Ein Maulwurf kommt immer allein, de Hanna Johansen (Zürich/Frauenfeld: Verlag Nagel & Kimche AG, 1994).