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ArribaAbajo Crear ambientes lectores en la escuela

José García Guerrero7



¡Cuidado con la lectura!

Del horrible peligro de la lectura.

¡Por Dios, señora condesa! ¿Os dais cuenta del crimen que estáis cometiendo? Habéis osado corromper a vuestro tierno e inocente retoño iniciándole en el más nefando de los vicios, la lectura. [...] Sabed que una vez encenagado en la lectura, vuestro pobre hijo ya no se detendrá ante ninguna fechoría: se atreverá a pensar por sí mismo, desobedecerá a los farsantes aunque lleven ropón hasta los pies, intentará descubrir las causas del mundo físico y social que nos rodea en lugar de repetir las jaculatorias usuales y quizá hasta llegue a convencerse de que un buen comerciante o un buen tejedor son personas más útiles a sus semejantes que un rufián de apellido ilustre o un general de caballería. [...]


(Fernando Savater, 1993).                





¿Por qué y para qué leer?

Si de buscar razones y fines para promocionar la lectura se trata, el irónico texto de Fernando Savater es de por sí bastante elocuente y paradigmático. Junto a la familia, la escuela representa un papel esencial en la creación de hábitos lectores. Para que en el centro educativo se trabaje en este campo habrá que hacer un esfuerzo en el sentido de recomendar e invitar al profesorado a corromper a sus inocentes alumnos habituándolos a la lectura.

¿Por qué leer? Es evidente que la lectura es un instrumento fundamental no sólo para el estudio (necesario en todas las áreas del conocimiento), sino también para una armónica adaptación y evolución personal ante las exigencias   —36→   de la sociedad actual, ayudando a comprender, aprehender y conocer mejor el mundo circundante. Hay que tener cuidado con la lectura puesto que puede desarrollar la personalidad, enriqueciéndola permanentemente. Leer puede convertirse en un peligroso hábito personal que, aunque exija esfuerzo y un papel del lector activo, reportará un apoyo inestimable para la autorrealización. No hay duda de que la adaptación a la civilización moderna exige cada vez mayores niveles de dominio de los códigos lingüísticos, mayor capacidad de selección y análisis de los mensajes, etc. El nefando vicio de leer puede facilitar al lector esa mejor adaptación e incluso darle la amenazante posibilidad de pensar por sí mismo.

¿Para qué leer? ¡Cuidado!, puede que sea para gozar, aprender, comprender, informarse, formarse, hacernos más críticos, más reflexivos, más libres, dialogantes, solidarios, tolerantes... ¡Cuidado con la lectura, pedagogos y profesores y educadores y mentores y docentes, y como en los tiempos venideros a los maestros de escuela se les bauticen!




Hechos que NO FAVORECEN el fomento de la lectura/escritura

Pues amigo lector, no favorece la lectura la escala de valores de la sociedad actual, la infravaloración del esfuerzo, la consecución del éxito personal inmediato, el consumismo a ultranza y demás vértigos de la humana condición. No favorece el acercamiento al libro los hábitos sociales respecto a la ocupación del tiempo de ocio con ofertas donde la pasividad se adueña de todo determinando gustos, necesidades e intereses.8

Tampoco beneficia la creación de hábitos lectores la falta de estímulos y motivación desde los centros educativos, desde la propia familia (desinterés, desconocimiento, falta de orientación), desde las mismas instituciones públicas y los medios de comunicación social, la televisión en especial. Ésta, con su inmenso poder, posee algunos inconvenientes bastantes funestos como, por ejemplo, destruir la creatividad, favorecer la pereza intelectual, promover la superficialidad... Por otra parte, los ritmos vertiginosos de su peculiar lenguaje dificultan la reflexión. Sin embargo, la televisión no es ni mala ni buena. ¿No sería una buena estrategia convertirla en aliada y en un recurso más de apoyo de la animación lectora?

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No promueve la lectura la obligación, entendida como exigencia inexcusable y forzosa para superar ciertos objetivos académicos. Daniel Pennac (1993) escribe que el verbo leer no soporta el imperativo. La coerción, las exigencias de trabajos escolares -comentarios, resúmenes, etc.,- no han propiciado el acercamiento y la consecución de una actitud positiva hacia el libro. Se ha visto el libro y su utilización más como castigo que como acto gozoso.

Escuela y familia equivocan a veces los métodos para que el niño y el joven valoren la lectura como una práctica enriquecedora, sobre todo cuando ponen el énfasis en consignas y frases como: «Lee y te harás un hombre de provecho». «Lee y llegarás a ser alguien». «Con tu edad yo me había leído ya...». «Estudia (es decir, lee libros), si no ya sabes lo que te espera...». «Hay que leer cuatro libros durante este curso y son...». «Tenéis un mes para leer este libro y hacerme un resumen, rellenar tres fichas, etc....». «Aprende de tu hermano que todos los días lee y saca las mejores notas»...

Con estas y otras frases o consignas parecidas se hace un flaco favor a los jóvenes y a los niños. Si pretenden hacer lectores, casi siempre logran todo lo contrario.




Factores que pueden favorecer el fomento de la lectura

Puede favorecer el hábito lector el convertir a la televisión en aliada de la lectura a través de programas didácticos y culturales. La utilización del vídeo en el centro escolar por los propios alumnos/as, con una línea de producción propia de programas y con posibilidades de difusión entre la comunidad educativa puede generar un ambiente lector más vivo y participativo dentro y fuera de la escuela. Contribuye positivamente al fomento de la lectura el desarrollo de proyectos o programas para promocionar la lectura en los centros educativos. También incide positivamente un clima familiar sensible y facilitador de los intereses lectores de sus hijos/as y una permanente programación de actividades ofertadas por el municipio (programas en las bibliotecas públicas, campañas, información continua sobre ediciones, etc.), beneficiarían notablemente las relaciones con los libros. Otras acciones estarían en la línea de organizar anualmente ferias del libro, jornadas de animación, días del libro, actos relacionados con la lectura, campañas de fomento, etc. Hay que señalar que se precisará siempre de la continuidad en las intervenciones desde todos los ámbitos,   —38→   con estrategias adecuadas y adaptadas a los receptores (infantil, juvenil, adultos).

Para poder avanzar en este terreno habría que desterrar previamente el conjunto de falsas ideas que aún perviven en no pocas entendederas tanto dentro como fuera de la propia institución docente.




Erradicar las falsas ideas que se tienen del libro, la lectura y la escritura

Es necesario poner todo el énfasis persuasivo e imaginativo en la ardua tarea de hacer comprender a quien no lo supiere o viere que la lectura no es sólo para empollones, eruditos, sabios, catedráticos, gente selecta o rara. Querida lectora, estimado bibliotecario, maestro paciente, haced todo lo posible para que pequeños, jóvenes y mayores vislumbren que la lectura puede ser fuente de gozo y disfrute, incluso la lectura de aquellos libros y textos cuyos contenidos no sean expresamente literarios. Por otra parte, creo que sabéis que la justificación mil veces repetida que los libros son caros no se sostiene en la sociedad actual cuando se intenta esgrimir como una razón más que impide el acceso al libro y mutila el desarrollo de hábitos lectores. Verdad es que existen servicios de préstamo en las bibliotecas públicas y escolares claramente infrautilizados.

Ya es hora de superar el debate de qué leer: clásicos o contemporáneos. A cada libro, a cada lectura, se llega en un momento determinado por un proceso natural y personalísimo del lector. Ni la tradición literaria de una comunidad puede ser desdeñada en el presente, sobre todo por los docentes, pero tampoco debe arrinconarse a la cultura viva del propio presente, construida día a día. Y es que ambas se complementan y necesitan.

Por parte del profesorado debe superarse la idea y el prejuicio de que se pierde el tiempo cuando se realizan técnicas o estrategias de fomento de la lectura con los alumnos. El agobio que produce la falta de tiempo, ¡siempre falta tiempo!, y la obsesión por cumplir, a veces compulsivamente, con los objetivos y contenidos de los programas académicos, del despótico libro de texto, provocan automáticamente el rechazo de otras formas de intervención.

Por parte del alumnado, debe hacerse un esfuerzo por superar el miedo o impotencia infundada a no entender y comprender lo escrito, a ver el   —39→   libro como un objeto extraño, difícil, inextricable. Asimismo, con respecto a la escritura es necesario dejar de considerar al proceso de composición de textos como un acto o trabajo puramente estético y exquisito para el que se necesitan unas cualidades excepcionales. Un esfuerzo más procuraría hacer ver que el contacto con los libros no termina necesariamente cuando finaliza el período de la escolaridad obligatoria. Esta asociación suele resultar bastante nefasta.




Objetivos y métodos claros

Considerando la lectura en su concepto más amplio, la escuela tiene que capacitar, con los recursos y estrategias adecuadas, a los alumnos y alumnas para una lectura crítica y reflexiva de todo tipo de mensajes procedentes de los libros de literatura, libros documentales, prensa, televisión, radio, mensajes corporales, etc.


(Decreto de Educación Primaria.
Área de Lengua Castellana y Literatura
.
Junta de Andalucía, 1992)
               


Toda lectura activa supone un esfuerzo de dominio y gobierno de esa misma lectura. Para ello se necesitan modos de actuar que provoquen precisamente al lector para que éste no quede anulado y haga una lectura irreflexiva y pasiva, sino que adopte una actitud crítica, dialéctica y consciente. La escritura, soporte de gran parte de las actividades escolares, debe alternarse continuamente con las acciones lectoras, en un apoyo mutuo de uso y dominio de los diferentes tipos textuales.

El fomento de la lectura/escritura se lleva a cabo con el diseño por un equipo de profesores y profesoras de un conjunto de estrategias, formas, técnicas, modos, procedimientos, destinados a:

-Acercar el libro al niño, posibilitándole el descubrimiento de las riquezas que contienen los libros, creando situaciones de necesidad de leer y escribir.

-Potenciar los valores inherentes en toda lectura activa, proponiendo la intervención y el protagonismo del alumno/a, recreando, interpretando, modificando textos, comunicando experiencias, colaborando en programas de animación.

-Provocar el interés por los libros en general, buscando siempre el dominio de todo tipo de lectura y escritura.

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-Poner a disposición del alumnado técnicas y recursos para trabajar y utilizar cualquier material bibliográfico con el que se encuentre, creando oportunidades de leer y escribir textos muy diversos, con unos claros propósitos y con unos destinatarios definidos.

-Provocar la sonrisa, el gozo, el disfrute de la lectura. También la reflexión y la crítica, creando situaciones y ambientes en la clase y en el centro que permitan la interacción entre los profesores, los lectores y los propios textos y que propicien una mayor riqueza en la construcción de significados.

La lectura de un libro que no me cuestiona absolutamente nada, que no me enfrenta conmigo mismo o con los demás; que no me angustia o me llena de impavidez relativa o absoluta; que no me vacía de catecismos dogmáticos; que no me hace temblar de frío o de calor, la verdad, no me merece la pena: me alimenta el espíritu, y yo, lo que realmente quiero, es explotarlo. ¡Boom!, la nada, el vacío, el hacerlo polvo, y echarlo, darle guerra sin cuartel y no entrar en ellos.


(Víctor Moreno, 1993).                





Fomentar y desarrollar la lectura/escritura

Fomentar y desarrollar la lectura es función de un equipo de profesores de un centro adscritos a diferentes áreas, ciclos o departamentos, debidamente coordinados; es también responsabilidad de toda la comunidad educativa. Promover el gozo de leer es diseñar estrategias de intervención donde lo lúdico, creativo y participativo, sustenten toda actividad, pero sin olvidar el grado de esfuerzo y concentración en esta labor.

No aporta mucha ayuda culpar a los medios audiovisuales de la falta de hábitos lectores, pero sí beneficia el intento de aprovechar en la escuela las múltiples posibilidades que éstos y otros medios ofrecen para fomentar la lectura/escritura.

Trabajar para fomentar la lectura es entender que el texto completo es la unidad significativa idónea para la enseñanza y aprendizaje de la lectura/escritura y también comprender que tanto la lectura como la escritura consisten en procesos complejos, no lineales y donde intervienen variados agentes y situaciones.

Las bibliotecas desempeñan un papel esencial en toda actuación de promoción lectora. Las bibliotecas de aula y de centro se convierten entonces en elementos claves de dinamización cultural, de acercamiento del libro al alumno/a y en espacios atractivos, confortables, bien adaptados a las nuevas   —41→   exigencias, propiciando una organización, selección y clasificación de los fondos bibliográficos adecuados a las características de los grupos de alumnos y alumnas.

El profesorado procurará estar al día respecto a las publicaciones de títulos de literatura infantil y juvenil, de títulos de libros documentales y seleccionar los textos dedicados a la animación, a las recomendaciones y a las dotaciones de las bibliotecas de centro y de aula, considerando criterios psicológicos, estéticos, de valores humanos. El maestro animador lee libros completos a los alumnos/as, un poco cada día. Dedica asimismo sesiones a leer los textos del alumnado. Por otra parte crea los medios necesarios para que el alumnado pueda editar y difundir sus propios escritos: libros, revistas, trabajos, programas. Hay que insistir en que las estrategias de animación siempre se adecuarán a las características del contexto social y docente en el que se desarrollan las actuaciones.imagen

Il. de Rita Culla, para Excavaciones Block, de Montserrat del Amo. (Barcelona, Juventud, 1979, p. 59).




Lectura y escuela. Crear un ambiente lector en el centro

En el III Simposio Nacional de Literatura Infantil y Lectura, celebrado en Salamanca en diciembre de 1994 (Fundación Germán   —42→   Sánchez Ruipérez), se llegaron, entre otras, a las siguientes conclusiones que deseo destacar:

* Defensa del libro literario en la escuela como lugar privilegiado para la formación de hábitos lectores.

* La animación a la lectura debe transmitir el goce de la palabra, más que el espectáculo en torno al libro, y debe inscribirse en un contexto de globalización cultural.

* Constatado el alto porcentaje de fracaso escolar, se recomienda estimular la educación lectora como medio para paliar, en parte, esa alarmante situación.

* La formación de maestros requiere un conocimiento de la literatura general y de la literatura infantil, y debe ser reflejada tanto en los planes de estudio como en las actividades para el perfeccionamiento y actualización del profesorado.

* Es básica la labor de la familia, la escuela y la biblioteca pública como orientadores sobre los libros más adecuados para la formación del gusto por la lectura...

Es evidente que la familia y la escuela están llamadas a realizar un esfuerzo conjunto arbitrando modos para hacer descubrir a hijos y alumnos los beneficios y bondades de la costumbre lectora y los valores del libro en nuestra civilización. Para terminar, los párrafos siguientes esperan clarificar al paciente lector algunas cuestiones sobre la escuela, la lectura y los elementos básicos a considerar para promocionar el hábito lector.

La disposición física de los lugares del centro escolar donde se desarrollan las actividades cotidianas (biblioteca, aula, salas, equipamiento, etc.), la propia organización de las tareas de animación lectora dentro y fuera del aula, las interacciones profesor-alumno y de los alumnos entre sí (actitudes y expectativas de unos y otros, la actuación de los alumnos como agentes de animación, la integración en las estructuras organizativas creadas, el trabajo cooperativo...), los niveles de la implicación de la comunidad escolar en el programa lector, son hechos relevantes a la hora de crear el ambiente lector del centro.

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Trabajar en equipo para el logro de este objetivo conlleva actuaciones más allá del ámbito del aula o de las intervenciones dirigidas exclusivamente al grupo clase. El esfuerzo se pondrá en generar un importante grado de relaciones e intercambios de experiencias lectoras y escritoras entre el alumnado del centro que culminen en una atmósfera interna cada vez más favorable con respecto al libro y la lectura. Por tanto, se convierte en un valor prioritario del proyecto lector la consecución de un clima escolar adecuado que rodee todas las actividades planificadas para crear y afianzar el hábito lector.

El programa lector del centro contemplará los elementos, condiciones, actividades e intervenciones ordenadas a lo largo del curso, encaminados a promover y desarrollar la lectura en y desde el propio colegio. De esta manera un proyecto de lectura global buscaría garantizar en la realidad escolar cotidiana un clima lector óptimo en todo el centro, pero sin pretender jamás un ambiente cerrado que podría «institucionalizar» en exceso el hecho lector. Para ello sería necesario preocuparse y ocuparse permanentemente por establecer comunicación y participación externas (familia, otros centros, comunidad, medios de comunicación, etc.).

En conclusión, el fin último implica la creación y el mantenimiento de un ambiente cada vez más sólido que permita al alumnado por un lado experimentar el libro como un objeto cultural de gozo y de conocimiento y, por otro lado, entender y asumir la lectura y escritura como procesos, habilidades y competencias al alcance de todos, para todos y para siempre. Y todo ello afrontado con seguridad por niños y jóvenes, sin el miedo, los prejuicios y demás exageraciones producidas por métodos y hábitos poco afortunados del sistema educativo y del contexto vital.




Bibliografía

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GRAVES, D. H. (1991): Didáctica de la escritura. Madrid: Morata/MEC.

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MORENO, Víctor (1993): El deseo de leer. Pamplona-Iruña: Pamiela.

PENNAC, Daniel (1993): Como una novela. Barcelona: Anagrama.

RODARI, Gianni (1985): Gramática de la fantasía. Barcelona: Reforma de la Escuela.

— (1987): Ejercicios de fantasía. Barcelona: Aliorna.

SARTO, Montserrat (1988): Técnicas de animación a la lectura. Madrid: S.M.

SAVATER, Fernando (1993): El jardín de las dudas. Barcelona: Planeta.

SOLÉ, Isabel (1992): Estrategias de lectura. Materiales para la innovación educativa. Barcelona: Graó Editorial/I.C.E.