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81-3. Los siete montes principales de Roma son: el Capitolino (Campidoglio), el Palatino, el Aventino, el Esquilino, el Celio, el Viminal y el Quirinal. Cervantes cita entre ellos el Vaticano; pero olvida que éste no se contaba entre los «siete montes principales», sino entre los «cinco» secundarios, con el Ianiculo, el Pincio, el Citorio y el Iordano. Consúltese el Tratado nvevo de las cosas maravillosas de la alma civdad de Roma... compvesto por F. Pedro Martyr Felini. ...Traduzido en lengva española por el mvy reuerendo P. F. Alonso Muñoz. (Roma, B. Zannette, 1619; en 8.º; con figuras.) (N. del E.)
32
81-10. San Juan de Letrán, San Pedro en el Vaticano, San Pablo, Santa María la Mayor, San Lorenzo, San Sebastián y Santa Cruz. (Véase el citado libro del Padre Felini, y la nota del tomo III, pág. 234, de las Comedias y entremeses.) (N. del E.)
33
81-22. Messina; está escrito del mismo modo en El Amante liberal (pág. 154 de esta edición). (N. del E.)
34
M.: «propriamente». (N. del E.)
35
M.: «innumerables». (N. del E.)
36
M.: «recibido». (N. del E.)
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82-14. Refiérese a la Santa Casa, o Casa de la Virgen, en la catedral de Loreto (a 10 kilómetros al SE. de Ancona y a 3 del Adriático), Casa que se dice transportada por ángeles, en 1291, de Nazareth a Dalmacia, y de allí, en 1295, a Loreto. (N. del E.)
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82-24. Sobre las calles de Méjico, véase la segunda Carta-relación de Hernán Cortés al Emperador, fechada en Segura de la Sierra a 30 de octubre de 1520 (impresa por primera vez en Sevilla en 1522). Copiamos de la edición Gayangos (París, 1866; pág. 103):
(N. del E.)
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83-9. Milán era famosa, entre otras razones, por sus armeros. «Estos armeros -escribe Suárez de Figueroa en la Plaza vniversal (fol. 204 de la edición de 1615)- son oy excelentes en Bresa, y en Milan, sobre todas las ciudades de Italia.» (N. del E.)
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83-9. Sabido es que una de las causas de la rivalidad entre Francisco I de Francia y Carlos V, fue que el primero era dueño del Milanesado, que el Imperio consideraba como feudo suyo. El Rey francés renunció a Milán, en virtud de la Concordia de 1526; pero volvió a solicitar el ducado años después, y de nuevo hubo de renunciar a él. (N. del E.)