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41

M.: «tropieça». (N. del E.)

 

42

165-13. Debió de ser personaje popular en Madrid. Cervantes le menciona también en el capítulo LXXI de la parte II del Quixote: «o aura sido como vn poeta que andaua los años passados en la Corte, llamado Mauleon, el qual respondia de repente a quanto le preguntauan, y preguntandole vno que que queria dezir Deum de Deo, respondio: dé donde diere.» El Deum de Deo (Dios de Dios), forma parte del Credo o Símbolo de fe, publicado al final de los cánones del Concilio de Nicea, del año 325. (N. del E.)

 

43

165-14. Pellicer hizo notar que esta Academia está citada por Juan Rufo al principio de Las Seyscientas apotegmas (Toledo, 1596). Dice así el Jurado de Córdoba (el cual, como graciosamente escribe Pinheiro da Veiga, «se pone a imprimir los dichos y tonterías que dice»):

«Fundóse en Madrid la Academia Imitatoria, cuyos principios parece que prometían que había de durar como imitadora de las famosísimas de Italia, porque el presidente, aunque era muchacho, era rico y principal, y siendo con esto poeta, y de buen ingenio, acariciaba con liberalidad y cortesía a los hombres de aquella profesión. Esforzaba también las esperanzas de este noble edificio la multitud de personas eminentes que le servían de columnas, y, finalmente, el concurso de oyentes calificados, grandes, títulos y ministros del Rey, que iban a oír con aplauso y atención. Pues como, tras todo esto, la Academia susodicha se acabase tan en flor que no cumplió el año del noviciado, y le preguntase el señor de la Horcajada la causa de haberse logrado tan mal, respondió: “Como el presidente era niño, murió la Academia de alferecía”.»


(Edición Amezúa, en la Sociedad de Bibliófilos Españoles; pág. 16.)                


(N. del E.)

 

44

M.: «preguntó que queria». (N. del E.)

 

45

165-24. El profesor D. Amando Castroviejo nos sugiere la idea de que «marina» sea errata, por «merinada» o algo semejante, alusivo al ganado. Sabido es que algunos han relacionado el vocablo merino con marina. (Consúltese Julius Klein: The Mesta, a Study in Spanish economic History (1273-1836); Cambridge, 1920; pág. 4.) (N. del E.)

 

46

165-29. En El despertar a quien duerme, tomo III, página 347, col. 3 (Bibl. de Aut. Esp.), Lope menciona esta canción. (N. del E.)

 

47

M.: «remendandose». (N. del E.)

 

48

166-8. El texto: Galeteas. (N. del E.)

 

49

M.: «felicissima». (N. del E.)

 

50

167-18. Fueron varias las Camachas de Montilla. Llamábase una de ellas Leonor Rodríguez y vivía en 1573, según noticia comunicada por Rafael Ramírez de Arellano a D. Agustín G. de Amezúa y Mayo (véase la edición de El Casamiento engañoso y el Coloquio de los perros, de este último; Madrid, 1912; pág. 172). Menéndez y Pelayo, en su Historia de los Heterodoxos españoles (II, 665), cita un manuscrito de la Biblioteca Colombina donde se cuenta cómo las Camachas de Montilla llegaron a convertir en caballo a D. Alonso de Aguilar, hijo de los marqueses de Priego, «el cual, por este y otros extraños casos, estuvo dos veces preso en el Santo Oficio de Córdoba». (Véase Gallardo: Ensayo de una Biblioteca española, I, no. 580.) (N. del E.)