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159-13. González de León (obra citada) menciona las calles 1.ª y 2.ª de la Caza, pertenecientes a la parroquia de San Isidoro, y dice de la 1.ª: «se nombra así, porque todas sus casas eran de traficantes en toda especie de caza, de llano y monte».

Don Diego Hurtado de Mendoza, vizconde de la Corzana, en la Ordenanza antes citada, hubo de disponer: «Que los vendedores de la calle de la Caza la tengan colgada a las puertas de sus casas, donde esté de manifiesto, y no la tengan escondida, pena de seiscientos maravedís y la caza que se hallare retirada de lo público perdida.»

La plaza de la Costanilla pertenecía a la parroquia de San Isidoro. «Se nombra así -dice González de León- porque su piso está en cuesta, aunque muy corta y suave.» Aquí estaba la Pescadería, o plaza donde se vendía el pescado y bacalao para el abasto público. El loco Amaro, en sus Sermones (edición de la Sociedad de Bibliófilos Andaluces; Sevilla, 1869; pág. 63), decía, encarándose con un alguacil: «Tiene una vara, que se la ha dado el Rey, mi señor y primo, para que en la Costanilla atienda no le quiten a cada uno lo que es suyo, y él con la vara le quita al pobre cuanto lleva comprado con el sudor de su trabajo.» (Véanse también Novelas Exemplares, I, 228-14.) (N. del E.)

 

22

M.: «passo». (N. del E.)

 

23

M.: «esperiencia». (N. del E.)

 

24

M. omite «la». (N. del E.)

 

25

M.: «demonstraciones». (N. del E.)

 

26

M.: «gauilan». (N. del E.)

 

27

M.: «respeto». (N. del E.)

 

28

162-2. Probablemente se relaciona con este acto la costumbre a que alude Plinio (XXVIII, 7) de escupir cuando se pasa por algún lugar de peligro. -Por otra parte, Correas trae la frase: «Escúpote por que no me escupas (ganar por la mano, adelantarse y prevenir el daño que otro puede hacer; dicen esto los muchachos encontrando con algún sapo o escuerzo, creyendo que, haciéndolo así, quedan libres de que los sapos los escupan a ellos y los dañen).»

En muchas supersticiones populares, el escupir es usado como medio de evitar la fascinación. (Véase Paul Sébillot: Le Paganisme contemporain chez les peuples celto-latins; París, 1908; pág. 33; cita a C. de Mensignac: Le crachat et la salive.)

Pero, según otras tradiciones, se le escupía en la boca al perro para que fuera fiel al rebaño. Sobre esta creencia se pueden ver varias obras de carácter folklórico. Consúltese, por ejemplo, Sébillot, Le Folklore de France, Paris, 1906, III (la domestication), pág. 109. (N. del E.)

 

29

M.: «presas». (N. del E.)

 

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162-8. Los ginetes, guardas o atajadores de las costas, que las recorrían para evitar los desembarcos y latrocinios de piratas. (Véase Persiles y Sigismunda, tomo II, págs. 118 y 120, lib. III, cap. XI.) (N. del E.)