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201

M.: «quiça». (N. del E.)

 

202

M.: «deleyte». (N. del E.)

 

203

220-17. Díjose también los nombres de las Pascuas. (Véase la nota 238-7 del tomo I de Novelas exemplares y la edición de La Pícara Justina, por D. Julio Puyol; tomo III, pág. 210.)

El origen de estas frases se comprenderá, relacionando las mencionadas con otra que trae el maestro Correas: «Echar las fiestas (por mandar riñendo, o decir baldones y cosas semejantes).» Ahora bien: era obligación de los párrocos (confirmada por el Concilio Tridentino) anunciar al pueblo las fiestas, indulgencias y ayunos, entre otras cosas. Al hacer el anuncio, muchos párrocos aprovechaban la oportunidad para dirigir a los fieles alguna plática, en la cual no faltaban censuras y aun vituperios contra los que no observasen una conducta arreglada, y así, el pueblo se acostumbró a asociar el hecho de anunciar las fiestas, decirlas o echarlas, con la idea de recriminación o censura. Antonio de Guevara, en sus Epístolas familiares (XLIII; al obispo de Zamora), cuenta a este propósito el caso siguiente: «En un lugar que se llama Medina, que está cabe la Palomera de Avila, había allí un clérigo vizcaíno, medio loco, el cual tomaba tanta afección a Juan de Padilla, que, al tiempo de echar las fiestas en las iglesias, las echaba en esta manera: “Encomiéndoos, hermanos míos, un Ave María por la santísima Comunidad, porque nunca caiga; encomiéndoos otra Ave María por S. M. el rey Juan de Padilla, porque Dios le prospere; encomiéndoos otra Ave María por S. A. de la reina nuestra señora D.ª María de Padilla, porque Dios la guarde; que, a la verdad, éstos son los reyes verdaderos, que todos los de hasta aquí eran tiranos.” Duraron estas plegarias poco más o menos de tres semanas, después de las cuales pasó por allí Juan de Padilla con gente de guerra; y como los soldados que posaron en casa del clérigo le sonsacasen a su manceba, le bebiesen el vino, le matasen las gallinas y le comiesen el tocino, dijo en la iglesia luego el siguiente domingo: “Ya sabéis, hermanos míos, cómo pasó por aquí Juan de Padilla, y cómo sus soldados no me dejaron gallina, y me comieron un tocino, y me bebieron una tinaja, y me llevaron mi Catalina; dígolo, porque de aquí adelante no roguéis a Dios por él, sino por el rey D. Carlos y por la reina D.ª Juana, que son reyes verdaderos, y dad al diablo estos reyes toledanos.”»

En el entremés de La Mal Contenta (véase A. Bonilla [El bachiller Mantuano]: Entremeses del siglo XVII, atribuidos al maestro Tirso de Molina; Madrid, 1909; pág. 93) se lee:

«LA MAL
CONTENTA
¡Nicasia!, ¡Estefania!, ¡Iacobina!,
¡Aluarez!, ¡Nuñez!, ¡Perez!... ¿Con quien hablo,
picañotas?
TODAS
¡Señora!
LA MAL
CONTENTA
¡Andallo, amigas!
Siempre andais como gato sobre ascuas,
hasta que os digo el nombre de las Pascuas.»


(N. del E.)

 

204

M. omite «se». (N. del E.)

 

205

M.: «el pensarlo». (N. del E.)

 

206

M.: «entristece». (N. del E.)

 

207

M.: «todauia». (N. del E.)

 

208

M.: «Cañizales». (N. del E.)

 

209

M.: «huessos». (N. del E.)

 

210

M.: «vexigas». (N. del E.)